EL CONQUISTADOR - Capítulo 28
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28: 28 Buques de vapor 28: 28 Buques de vapor Durante la cena, Gregorio le habló a André sobre el desarrollo de Sun City.
Le contó sus planes y expectativas referentes a la misma.
André escuchó atentamente y le dio sugerencias sobre los puntos que él creía convenientes.
—¿Cómo va el comercio recientemente en Sun City, abuelo Gregorio?
—Grace elegantemente sacó un tema de conversación.
—Gracias a los maravillosos inventos que vienen de Solomon City, el comercio en Sun City progresa cada día.
Especialmente la porcelana y los espejos de cobre son productos populares que han convertido a Sun City en un centro comercial de la región.
Gracias al nuevo método de producción de sal, las personas comunes tienen una salida en su economía.
Para los pueblos costeros, este método a gran escala fue de gran ayuda —Gregorio citó felizmente cada punto que él creía importante de Sun City.
—Me alegra oír eso, abuelo Gregorio.
Sabes que todos estos métodos fueron inventados por André —con su elegante voz, Grace estaba presumiendo como si fueran sus logros.
—Claro que lo sé, así como todos en Sun City.
Por lo tanto, en esta ciudad el señor André es la persona más querida y respetada.
—Me pone muy contento saberlo.
Esto hará que mi trabajo aquí sea más fácil y fluido —André sonrió felizmente al enterarse de esto.
La cena concluyó amenamente.
Luego André se dirigió a su estudio, donde lo esperaban algunas personas.
—Veo que todos están aquí —André fue el primero en hablar, relajando la atmósfera de los presentes.
—Señor, me tomé la libertad de traerlos a su estudio.
Permítame presentarlos: estos son Roberto Gómez, el jefe del astillero de Sun City, y este es Sebastián González, el mejor herrero de Sun City —Gregorio, que estaba entre los presentes, habló y los presentó.
Roberto era un anciano en sus sesenta, pero todavía se veía lleno de vitalidad.
André se enteró de que toda su vida había trabajado en el astillero de Sun City; ha visto nacer y morir innumerables barcos.
Sebastián era un hombre de mediana edad, en sus cuarenta, con un fornido cuerpo, como casi todos los herreros que André ha visto desde que llegó a este mundo.
—Está bien, encantado de conocerlos, señores —André saludó a ambos con una sonrisa.
—Es un honor conocerlo, mi señor.
Hemos oído de sus hazañas desde hace mucho tiempo.
Por favor, no dude en pedirnos lo que quiera —ambos se inclinaron y expresaron su admiración por André.
—Me alegra escuchar eso.
Entonces vamos al tema: quiero que construyan esto para mí.
Tengan la certeza de que es solo el primero —André buscó en su maletín, sacó los planos que había dibujado y se los entregó.
—En este proyecto necesito la cooperación de ambos.
Espero que lo tomen con gran seriedad —André advirtió con una cara seria, haciendo que sus rostros se volvieran solemnes.
Lo que André les entregó a los dos fueron los planos de dos buques de acero: uno de carga y otro de guerra.
El modelo del buque de guerra era el Napoleón, que fue construido por los franceses en el año 1850.
El buque tenía 71,76 metros de eslora, 17,15 metros de manga, un puntal de 13,04 metros y 5,24 metros de calado.
La nave desplazaba 5.047 toneladas, de las que 550 correspondían a la planta motriz y 927 al carbón.
Poseía un velamen completo que permitía desplegar a todo trapo 2.852 m² de superficie.
André no cambió el nombre del buque al diseñarlo: creía que Napoleón era un gran nombre.
El armamento original estaba constituido por 90 cañones, dispuestos de la siguiente forma: sobre el primer puente, 4 cañones-obuses de 80 libras (220 mm) y 32 de 30 (160 mm); sobre el segundo puente, 4 obuses de 80 y 32 de 30.
En 1858, el armamento experimentó una primera modificación: se instalaron 88 piezas, repartidas en 4 obuses de 80 y 30 cañones de 30 sobre el primer puente; 4 obuses y 28 cañones en la segunda batería; 20 cañones-obuses de 30 y 2 cañones rayados de 30 en cubierta.
En 1862, el armamento fue aumentado a 90 piezas, todas ellas de nuevo tipo: 36 cañones rayados de 30 en la primera batería, 34 de 30 en la segunda y 20 cañones-obuses de 30 en cubierta.
André copió completamente su diseño y no tenía planes de cambiar la configuración de armas.
El modelo para el buque de carga que André diseñó era el Great Eastern, construido por los británicos en el año 1958.
El Great Eastern —210 metros de eslora por 24 de manga— estaba propulsado por un sistema mixto: una hélice y dos ruedas de paletas, conservando un aparejo bélico considerable.
Diseñado para transportar a cuatro mil pasajeros, las acomodaciones de primera clase eran de un lujo desconocido hasta entonces a bordo de un buque.
A André le gustaba este buque, por lo que lo tomó como modelo.
El nombre de este barco sí lo cambió, poniéndole Demologos, en honor a otro gran barco que a André le gustó mucho.
La mayor innovación tecnológica que se introdujo en el Great Eastern fue el concepto de «doble casco».
El buque tenía dos cascos, uno dentro del otro, separados por 86 centímetros.
Entre ellos habría una estructura reticular de vigas de hierro, con una clara (separación entre cuadernas) de 1,8 metros.
El casco interior llegaba hasta un metro y medio por encima de la línea de flotación en condiciones de máxima carga y estaba dividido por dos mamparos longitudinales de 107 metros de longitud y 18 de altura que, al cruzarse con los mamparos transversales, dividían el barco en 19 compartimentos estancos.
Esta distribución y el doble casco convertían al Great Eastern en un barco insumergible.
Después de un largo tiempo, los dos hombres estaban conmocionados por los diseños que yacían en sus manos y miraron a André con incredulidad.
—Mi señor, nunca imaginé que un barco podría ser de esta forma.
Si esto se logra construir, creo que no tendrá otro igual en el mundo; pero, con el debido respeto, creo que este barco es imposible de navegar —como ha construido barcos toda su vida, podía ver grandes fallas en el funcionamiento.
—¿Cuál crees que es el principal problema?
—André preguntó, evaluando al hombre.
—Creo que un barco hecho de acero y tan grande es imposible de navegar, y no entiendo cómo puede moverlo esa máquina de vapor —Roberto dijo sus dudas sin contemplaciones.
—Cuéntame, Sebastián, ¿tú qué piensas?
—André no aclaró sus dudas, en cambio le preguntó a Sebastián lo que pensaba.
—Señor, mis dudas son las mismas.
Además, tengo otra: ¿cómo lograremos unir tantas planchas de acero?
Me temo que quedarán grietas por todos lados y el barco se hundirá —como excelente herrero, Sebastián hizo una gran pregunta.
—Para esto aquí tengo la solución.
Mírala y estúdiala.
Quiero que todos los que trabajen en esto dominen esta técnica —André sonrió y sacó un documento del maletín, dándoselo a Sebastián.
Lo que le dio André fue la técnica de remaches en caliente.
Para hacer este tipo de uniones, las planchas que se debían unir se perforaban, reforzando los empalmes y traslapes con planchas igualmente perforadas.
Muchas veces estas planchas adicionales llegaban a representar hasta el 20% del peso total de la estructura.
Los roblones o remaches tienen una cabeza ya preformada en forma redondeada y se colocan precalentados a una temperatura de aproximadamente 1.200 ºC, pasándolos por las perforaciones y remachando la cara opuesta hasta conformar la segunda cabeza.
Al enfriarse, su caña sufre una contracción que ejerce una fuerte presión sobre los elementos que se están uniendo.
Este sistema de unión funciona por la enorme dilatación térmica del acero, que permite que, aun elementos relativamente cortos como los roblones, se contraigan significativamente al enfriarse desde los 1.200 ºC hasta la temperatura ambiente, consiguiéndose así una unión perfecta.
—Quiero que estudies bien esta técnica.
En cuanto a tus dudas, Roberto, serán respondidas mañana: viene otra persona de Solomon City y trabajará junto a ustedes en el principio del proyecto mientras se familiarizan con ello.
Diciendo eso, André tomó la iniciativa de salir primero del estudio.
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