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EL CONQUISTADOR - Capítulo 3

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  4. Capítulo 3 - 3 03 Conspiracion
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3: 03 Conspiracion 3: 03 Conspiracion Al día siguiente André se levantó temprano para hacer su rutina diaria de ejercicio.

Luego del desayuno, parado frente al espejo, André no pudo evitar alabarse: —Muy guapo —dijo con narcisismo.

André llevaba un traje negro de tres piezas del siglo XX (chaqueta, pantalón y chaleco).

Fue con la ayuda de Rose que apenas pudo hacerlo, pues no contaba con mucha mano de obra.

Bajando las escaleras hacia la sala del primer piso, Amanda y Rose estaban vestidas muy hermosamente.

Amanda llevaba un hermoso vestido color verde esmeralda, y Rose el vestido de criada cuidadosamente diseñado por André: una falda negra hasta las rodillas y tirantes de encaje color blanco apenas visibles, lo que le daba un encanto elegante y sexy.

Amanda estaba muy nerviosa y feliz.

André no pudo evitar reírse.

—Jajaja, ¿qué pasa mamá, tan nerviosa?

—Hijo, ¿estás bien?

¿No estás nervioso?

Ven, que mamá te mire.

André se acercó y la abrazó con fuerza.

—Estoy bien, mamá.

Desde ahora serás la gran señora de todo el vizcondado.

—Mmmm —asintió, mucho más tranquila.

Media hora después llegó un carruaje de cuatro caballos muy lujoso, con una docena de guardias a su alrededor.

El carruaje estacionó frente a la casa, y de allí bajó una señora ya en sus 50 años.

—Esa es la ama de llaves de la familia Solomon —susurró Amanda al oído de André, quien asintió en silencio.

Caminando hacia el frente, Rose hizo una leve reverencia y la ama de llaves se inclinó ante André con mucha cortesía mientras hablaba: —Encantada de servirle, maestro André.

Mi nombre es Beth —se arrodilló y dijo muy solemnemente—: Juro en el nombre de mis antepasados que le serviré hasta el día de mi muerte.

Por cierto, en este mundo no hay dios, pero hay mucho respeto hacia los antepasados; por eso los juramentos se realizan de esta manera.

—Está bien, puedes levantarte.

—Sí —dijo mientras se levantaba y ordenaba a los sirvientes que subieran el equipaje al carruaje.

—Vamos, mamá —André tomó la mano de Amanda mientras subía al carruaje, seguido por Rose.

Solomon City, bautizada así hace 11 años con la llegada de los nuevos señores del vizcondado, apenas se parece a una ciudad.

Tiene alrededor de 150.000 habitantes.

Las calles están pavimentadas con piedras acuñadas, lo que no se ve mal.

Pero era un dolor en el trasero para André, quien sufrió durante todo el camino.

Jamás olvidará este calvario y juró en su mente que lo primero que haría al tomar el poder sería construir su propio carruaje con amortiguadores hidráulicos.

El castillo del vizcondado era lo suficientemente grande como para verlo desde fuera de la ciudad.

Su ubicación estaba en una pequeña colina junto a un gran lago que, según Beth, desembocaba en el mar.

Entrando en la sala principal del castillo, estaban todos los miembros de la familia Solomon, así como los barones y caballeros vasallos.

También estaban los terratenientes y cobradores de impuestos del vizcondado.

Hoy era la entrega oficial del poder de vizconde a André.

En el centro del salón estaba sentada una anciana.

—Encantado de conocerte, abuela Lucrecia —no necesitaba que nadie le dijera quién era, ya lo sabía.

André hizo una leve reverencia propia de la etiqueta noble.

La anciana sonrió felizmente al ver el comportamiento de André.

—André, mi nieto, es bueno ver que has crecido muy bien.

Te pareces mucho a tu padre cuando tenía tu edad —dijo la anciana con un dejo de lágrimas en los ojos.

—Gracias, abuela, por tu preocupación.

—Todos, este es mi nieto Andrews Solomon y desde hoy le será entregado el vizcondado Solomon.

Será el nuevo vizconde del vizcondado de Solomon.

—¡Felicidades, señor André!

—¡Larga vida al señor André!

—¡Gloria eterna al señor André!

Una multitud de personas lo saludaban con gran sonrisa y lo felicitaban.

André les sonrió con cortesía.

—¡Todos!

—alzando la voz, André logró captar la atención de todos y empezó su discurso de toma de poder—: Espero, con la ayuda de todos, llevar el vizcondado de Solomon a una era llena de prosperidad y gloria.

—¡Viva el vizconde!

—¡Viva!

¡Viva!

¡Viva!

Así la fiesta duró hasta casi la medianoche, cuando todos se retiraron.

—¿Qué piensas del vizconde?

—en una habitación oscura se reunían unas cuantas personas cuyos rostros no eran distinguibles.

—Es un niño, seguro que será fácil de manipular, jejeje.

—Eso espero.

Si no, jejeje, será igual que su primo, jejeje —dijo una sombría voz mientras sonreía de forma grotesca.

—Démosle un tiempo para ver cómo se comporta —dijo otra voz educada.

Otra voz más joven dijo de repente: —Creo que sería mejor que siga los pasos de su primo lo antes posible.

Así todo sería más fácil.

Una vieja voz refutó: —Eso sería muy peligroso.

—No debemos quedar expuestos.

Mejor es ir cada paso seguro.

—Está decidido.

Miremos primero cómo se comporta.

Con eso, la habitación volvió a quedar en silencio.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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