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EL CONQUISTADOR - Capítulo 33

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  4. Capítulo 33 - 33 33 Simon 2
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33: 33 Simon (2) 33: 33 Simon (2) Caminando por las calles de Sun City, Simón no pudo evitar sorprenderse.

Sun City era un centro comercial y pesquero en el vizcondado de Solomon, pero estaba lejos de lo que veía ahora.

—¿Qué ocurrió durante los seis meses que estuve ausente?

Esta prosperidad y ajetreo solo lo he visto en Green City —Simón estaba viendo una nueva ciudad.

La gran cantidad de plazas de trabajo que se abrieron con los dos grandes proyectos de André, y el reclutamiento a gran escala para la marina, habían provocado un desplazamiento masivo hacia Sun City, causando que la población aumentara hasta cerca de medio millón.

Con el aumento de población, André decidió aprobar el proyecto de reconstrucción de la ciudad.

Además de solucionar el problema de vivienda, se solucionaba el problema de trabajo que empezaba a proliferar.

Toda la nueva ciudad estaría hecha de hormigón.

Aprovechando esta oportunidad, André diseñó el sistema de alcantarillado para Sun City.

Al terminar este proyecto, sería la ciudad más avanzada del mundo.

Simón pasó cerca de la zona recientemente construida y se sorprendió; no podía imaginar de qué estaban hechas las casas.

Luego de caminar durante media hora, Simón llegó al astillero.

Mirando a los guardias, se acercó y dijo: —Hola, soy amigo de Roberto.

¿Podrían decirle que Simón lo está buscando, por favor?

—Espera un momento —un guardia se apresuró hacia dentro del astillero.

—¿De qué organización son estos uniformes?

—Simón preguntó al guardia que se quedó.

—Tú se ve que eres nuevo en Sun City.

De lo contrario, no es posible que no sepas que este es el uniforme de la marina del vizcondado —el guardia dijo orgullosamente.

—Así que el vizconde en realidad formó una marina… —Simón dijo esto para sí mismo.

Al cabo de un rato volvió el guardia, esta vez acompañado de un anciano con una constitución robusta que Simón reconoció de inmediato: era Roberto.

—¡Simón, muchacho!

No sabes cuánto esperaba tu llegada.

Tengo grandes noticias para ti —Roberto dijo con una gran sonrisa y entonces abrazó a Simón.

—Jajaja, Roberto, yo también tengo grandes noticias.

Sabes que creo que ya es hora, así que necesito que le hagas una reparación completa a mi barco.

Saldremos en cuanto esté listo —Simón declaró de inmediato su propósito.

—No te apresures, muchacho.

Primero te presentaré a alguien y luego decidirás qué hacer a continuación —las palabras de Roberto dejaron atónito a Simón; parecía que quería detenerlo de hacer su viaje.

—Roberto, sabes que nada va a detenerme de ir a este viaje —Simón advirtió.

—No te preocupes, no pienso detenerte ni convencerte.

Solo quiero que conozcas a alguien que está en línea con tus planes.

Creo que te beneficiará mucho esto.

Ven, sígueme.

Simón estaba sorprendido: era la primera vez que Roberto no intentaba convencerlo.

—¿A dónde vamos?

—preguntó Simón mientras lo seguía.

—A la mansión del señor de la ciudad.

Sentado en su oficina, André estaba pensando en un problema que surgió recientemente: la misión de exploración carecía de comandantes adecuados.

La tripulación del Demologos I y II estaba lista, pero no había encontrado quién dirigiría la misión.

Necesitaba alguien que tuviera una larga experiencia en navegación y que no tuviera miedo a la “muerte” mencionada regularmente por los navegantes de este mundo.

En el anterior reclutamiento había muchas personas que cumplían con el primer requisito, pero con el segundo absolutamente ninguna.

No era que no hubiera quien cumpliera con la segunda condición, sino que les faltaba la primera.

De hecho, los tres mil marineros seleccionados para esta misión cumplían con aquella condición sorprendentemente.

André se dio cuenta de que esto se debía al desconocimiento: no puedes temerle a algo que no sabes que existe.

La serie de buques de guerra Napoleón se esperaba que a mediados del próximo año pudiera estar navegando estas aguas.

Los dos buques de carga Demologos el próximo mes estarían en el agua, y oficialmente André pensaba iniciar la misión de exploración del océano.

André lo había pensado y enviaría al primero de la serie Napoleón junto con una docena de barcos medianos de la misma serie para esta misión, por lo que se aceleró la construcción de la serie Napoleón y estaría lista al mismo tiempo que la serie Demologos.

Roberto le dijo que las doce unidades del Napoleón tamaño mediano ya estaban listas para su botadura.

Ese mes los ahora cuatro mil marineros se familiarizarían con los barcos y con el uso de la brújula en el océano, ya que no habría mucho tiempo de práctica con la serie Demologos.

Apenas medio mes después de su botadura, partirían hacia el otro lado del océano.

En medio de su dilema, Roberto le dijo que tenía un candidato para comandar la misión: su nombre era Simón Bruce.

Solo que no sabía cuándo esa persona regresaría a Sun City.

André investigó sobre los antecedentes de Simón y estaba sorprendido: este tipo era un genio.

Cuando todo el mundo tenía miedo de la navegación en las profundidades del océano, él solía pasearse en alta mar una o dos veces al año y sin técnicas de navegación avanzadas, solo confiando en la guía de las estrellas.

Quería cruzar el océano hacia el otro lado.

Hay que saber que en la época de Cristóbal Colón ya existía el compass, el predecesor de la brújula.

Además, incluso inventó su propio barco, un tipo mixto de remo con vela.

Mostrando su lealtad al vizcondado, no vendió los planos de dicho barco —que se decía era el más veloz del océano— a comerciantes que ofrecieron cantidades astronómicas.

Dejó en claro que cuando el vizcondado creara su propia marina, entregaría los planos completamente gratis.

André creía que este era un tipo valiente pero muy sensato.

No se lanzó a alta mar igual que su padre, sino que estudió técnicas de navegación y, cuando se sintiera listo, zarparía.

La incógnita era que no se sabía cuándo volvería.

Mientras pensaba, André fue interrumpido por un golpe en la puerta.

—Adelante.

—Con permiso, señor.

Quiero presentarle a Simón.

Este es el hombre de quien le hablé, también es mi recomendación.

Prometo que estará a la altura de sus expectativas —quien entró fue Roberto, seguido de un hombre blanco de piel bronceada, espesa barba y ropa un poco andrajosa.

Le recordaba un poco a Jack (todos deben saber a qué Jack me refiero), solo que más musculoso.

—Mi nombre es Simón Bruce, señor.

Estoy a su orden —Simón saludó con educación.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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