EL CONQUISTADOR - Capítulo 34
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34: 34 Simón (3) 34: 34 Simón (3) —Muy bien, Roberto.
Estoy agradecido por tu ayuda al vizcondado de forma desinteresada.
Ahora déjame a solas con Simón; quiero hablar con él a ver si es a quien estoy buscando —André habló, haciendo que Roberto se guardara sus siguientes palabras y saliera.
—Muy bien, señor, hasta luego.
Después de que Roberto salió, André miró hacia Simón, quien estaba parado nerviosamente, y dijo: —Siéntate, no seas tan educado.
Simón se relajó un poco y luego se sentó frente a André.
—¿Sabes lo que quiero pedirte?
—Me imagino que quiere que me una a la marina, señor.
Pero espero me perdone: no tengo planes de unirme a la marina, al menos no ahora.
Creo que Roberto debe haberle contado mis planes.
Puede parecerle una locura, pero estoy decidido a hacerlo y no hay nada que me impida hacerlo —Simón habló rápidamente, sin darle oportunidad a André; se negó categóricamente a lo que fuera que le pidiera.
—Creo que estás equivocado.
En ningún momento quería impedir que explores el océano.
Mi objetivo es el mismo que el tuyo y necesito un comandante experimentado para esta misión.
Roberto habló muy bien de ti, así que quiero probarte.
Ya veo que eres muy valiente —André habló, haciendo que Simón quedara en shock.
Era increíble que algún noble estuviera interesado en ir al otro lado del océano.
—Ya veo… ¿el señor quiere financiar mi expedición?
—Simón preguntó.
—Claro que no.
Tengo mi propia expedición y quiero que seas el comandante de ella.
Esta vez Simón quedó aún más sorprendido; no esperaba que André incluso hubiera construido una flota para explorar mar adentro.
—Con el debido respeto, señor, creo que los barcos actuales no están preparados para tal viaje, tanto en velocidad como en soporte.
Puedo permitirle financiación en mi expedición si es posible, pero le ruego que desista de su idea —Simón habló casi haciendo reír a André.
—Te digo que he desarrollado un tipo de embarcación que puede navegar hasta con cinco mil toneladas, a una velocidad de hasta veinte nudos en tiempos favorables y con tiempos adversos doce nudos.
En cuanto al aguante, están hechos de acero.
Dime si no tienen aguante —André se burló despiadadamente de las palabras de Simón, quien no se enojó por las burlas; en cambio, tenía conmoción en su corazón.
Con este tipo de embarcación estaba noventa por ciento seguro de lograr su objetivo.
No creía que André le estuviera mintiendo.
—Por favor, déjeme dirigir esta misión —Simón se puso de pie, luego se inclinó y pidió dirigir la expedición.
—Espera un momento.
Aún no he decidido que tú serás el comandante de esta expedición.
Toma esto y trata de decirme lo que entiendas de ello.
Ten en cuenta que será tu primera prueba.
André le entregó un pequeño objeto a Simón, quien lo tomó con seriedad en su rostro y empezó a estudiarlo.
Lo que André le entregó a Simón fue una brújula, la cual fue muy sencilla de hacer para André.
Una brújula tiene básicamente tres elementos fundamentales: una base con una regla y una flecha de referencia; un limbo o disco graduado que gira sobre su propio eje; y una aguja imantada que apunta hacia el norte.
André esperó pacientemente y, al cabo de un rato, Simón dijo: —Señor, creo que esto es algún tipo de indicador de dirección.
Todavía no consigo entender por qué las agujas solo apuntan a una dirección específica, pero esto será de gran utilidad en el mar.
—Digno de ser un genio de la navegación.
Puedes ver que en el mar esto es de gran uso.
Así es: esto se llama brújula.
En cuanto a la dirección a la que apunta, es el norte.
Con conocimiento de navegación, has de saber que desde este punto es muy fácil trazar líneas de dirección —André explicó brevemente el uso de la brújula a Simón.
—Señor, esto es un gran avance en la navegación.
Con esto podemos trazar mapas del océano.
Creo que seremos pioneros explorando el mar —Simón estaba emocionado.
—Creo que otras personas, aun teniendo esta brújula, no se atreverían a explorar el océano —André dijo algo que dejó desconcertado a Simón.
—Muy bien, pasaste mi primera prueba.
Ahora dime: ¿qué piensas de la muerte que mencionaban en los registros del emperador mundial?
Creo que debes saber a qué me refiero.
Esto era lo más importante para André.
Dependiendo de su respuesta, decidiría si Simón era apto para ser comandante de la expedición.
Entonces Simón entendió por qué André decía que nadie se atrevería a explorar el océano incluso con la brújula.
Pensó por un momento antes de responder: —Señor, yo creo que dicha muerte en realidad sí existió.
No sé de dónde vendría o si todavía existe, pero eso no me detendrá.
Aunque en estos diez años de navegación en alta mar nunca avistamos ningún indicio de su existencia —Simón dijo con una cara de firmeza.
Se podía ver que estaba determinado incluso a morir.
André estaba muy complacido.
—Muy bien, pasaste mi prueba.
De ahora en adelante serás Capitán General de la marina del vizcondado de Solomon.
Toma este pequeño libro: contiene todas las regulaciones de la marina.
Espero que las aprendas; esto es muy importante.
Simón asintió y tomó el libro muy seriamente.
—Ve, mañana serás presentado formalmente —André lo despidió.
—Sí, señor.
Viendo su partida, André estaba ocupado pensando.
Simón parecía haber nacido para esta misión.
De repente André se dio cuenta de que todo lo que necesitaba siempre encontraba a la persona más indicada para ello, como si todo fuera arreglado de antemano.
Su cara se puso seria de inmediato, se levantó y caminó hacia el jardín, donde Grace se encontraba pintando.
—¿Qué pasa con tanta prisa?
—Grace le pareció raro al ver la cara de apuro de André.
Al ver la sonrisa de Grace, André se puso de mejor ánimo.
Se dio cuenta de que, incluso si sus conjeturas eran correctas, ahora no podría hacer nada.
Decidió acelerar la excavación de la nave en la mina; siempre sintió que allí encontraría varias respuestas a sus dudas.
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