Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

EL CONQUISTADOR - Capítulo 46

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. EL CONQUISTADOR
  4. Capítulo 46 - 46 46 Escaramuzas antes de la guerra3
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

46: 46 Escaramuzas antes de la guerra(3) 46: 46 Escaramuzas antes de la guerra(3) —Lisa, ven a darme un masaje —el conde de Blair le ordenó a su criada favorita, que estaba parada en una esquina de la habitación.

—Sí, mi conde.

El conde de Blair ahora se encontraba en la mansión más grande de Black City.

Entrecerrando los ojos en un lujoso sillón, disfrutaba del masaje.

No pudo evitar pensar en lo que había sucedido estos días: desde que entraron al territorio del condado de Solomon no habían podido ver una sombra del enemigo.

El conde estaba casi seguro de que se trataba de una conspiración.

Su intuición le decía que la conspiración se encontraba allí, en Black City.

Pero por más que buscó y buscó, no logró encontrar nada para probar su teoría.

El cansancio se notaba en su rostro.

—Veo que está preocupado, mi señor conde —Lisa le habló al oído con una melodiosa voz.

—Siempre eres tú, Lisa, quien más me conoce —el conde apoyó su rostro contra la mano de la criada, disfrutando de ese pequeño roce.

Siempre le había gustado esta criada, solo que no se había apresurado a disfrutar de ella.

Había estado esperando el mejor momento.

—Es mi deber conocer siempre al señor conde, para poder darle una mejor relajación y consuelo.

Si se siente molesto con algo, puede contarme; aquí estoy para escucharlo —el conde se regocijó al escuchar estas palabras.

—Siempre has sido muy inteligente, Lisa.

Me pregunto cómo terminaste de criada —dijo el conde.

Las palabras no causaron ninguna reacción negativa en la criada, que sonrió y explicó: —Mi madre era la criada de un pequeño barón en nuestro pueblo.

Allí aprendí a estudiar con los hijos de su familia.

Cuando mi madre murió, pensaba seguir trabajando de criada allí, pero la familia de repente entró en quiebra y tuvieron que despedirme.

Pensaba trabajar de camarera en un bar cuando me enteré de que el condado estaba reclutando criadas, y así estoy aquí.

—Lo sé, no estoy hablando de ti, solo lo decía casualmente.

Ahora mi preocupación es otra.

Sabes que mucha gente en el campamento tiene opinión sobre mi decisión de acampar en Black City.

Creen que me estoy haciendo viejo y tengo miedo de una confrontación directa con los soldados del vizconde.

Eso es lo que pasa: he tenido una premonición de que esta es una conspiración del muchacho, así que no quiero moverme hasta estar seguro —inesperadamente, el conde le contó su preocupación a la criada.

—Señor… eh —Lisa intentó hablar, pero volvió a callarse.

—Vamos, dime lo que tengas que decir.

No me voy a ofender porque me des tu opinión —el conde la alentó.

—Señor, creo que usted tiene razón.

Esto me parece muy raro.

Sin hablar de la evacuación temprana, aquellos caminos… yo me temo que de alguna forma están planeando una emboscada —Lisa habló y de repente cerró la boca, un poco temerosa de la reacción del conde.

—No tengas miedo, no estoy enojado.

Así que viste esos caminos, ¿eh?

Yo pienso igual que tú.

Por eso no pienso moverme hasta asegurarme de que todo esté bien —el conde salió aliviado al ver que alguien compartía su misma opinión.

Pum, pum, pum.

De repente alguien golpeó la puerta.

—Señor, es una emergencia.

—Adelante, ¿qué está ocurriendo?

—Es el ejército enemigo, señor.

Según noticias de los exploradores, al otro lado de la montaña se ha visto un ejército de al menos 7,000 personas —un mensajero se apresuró a entrar al salón, se arrodilló y rápidamente informó lo sucedido.

—Está bien, diles a todos que tendremos una reunión de emergencia en media hora.

—Sí, señor —el mensajero se retiró después de una reverencia.

—El muchacho no es poca cosa.

Menudo ejército que ha formado en el poco tiempo que lleva al poder.

Pero algo me parece sospechoso aquí.

Tú, ¿qué opinas, Lisa?

—sorprendentemente, el conde inconscientemente le pidió una opinión a la criada.

—Señor, en mi humilde opinión, creo que pensamos de más anteriormente.

Lo que yo creo es que el pequeño vizconde tenía miedo de su ejército, por lo que marchó junto a la montaña.

En caso de una derrota, puede ser capaz de huir a través de ellas —el conde se sumió en sus pensamientos; no esperaba una respuesta tan elaborada de la criada.

El conde le dio una mirada de aprobación a Lisa, para luego echarse a reír fuerte y alegremente, con un poco de histeria incluida.

—Sí, parece que pienso de más.

¿Cómo un conde tan distinguido como yo podría haber estado embobado y tan cauteloso contra un pequeño vizconde?

Las cosas deberían ser al revés, y tal parece que así lo es.

Jajajaja —el conde hizo su análisis con un poco de alevosía sobre sí mismo.

—Exactamente, mi señor.

Y creo que el pequeño vizconde debe estar lleno de sí mismo.

Atreverse a ir de frente contra las fuerzas del señor conde… creo que es el momento de acabar con ellos de una vez por todas —Lisa decidió agregar más leña al fuego.

El conde de repente sintió algo extraño en las palabras de la criada, pero luego de pensarlo no encontró dónde.

Aun así, dentro de sus dudas, decidió hacerle otra pregunta para probar su respuesta.

En ese momento le lanzó una mirada aguda y peligrosa y preguntó: —Entonces, ¿qué me recomiendas que haga según mi situación?

¿Crees que debería atacar con todo mi ejército?

—Creo que sí, señor.

Hay un dicho popular en mi pueblo natal: cuando un león pelea contra un ratón, utilizará toda su fuerza.

Pero creo que debería dejar a un gran grupo de exploradores y situarlos cada 100 metros.

Así podría enterarse de cualquier situación en la retaguardia y darle opción a la retirada en caso de emboscada —consciente de la mirada peligrosa del conde, la criada volvió a dar su análisis propio.

El conde tuvo una mirada de alivio al escuchar la respuesta de Lisa.

Entonces se culpó a sí mismo por desconfiado y pensar demasiado.

Parece que la criada solo era una mujer inteligente.

—Partiremos al amanecer.

Sabes que no puedo confiar en nadie.

Ahora la única persona de confianza que tengo eres tú.

Te dejaré encargada del grupo de exploradores, y tu misión será enviarlos a que tomen posiciones una hora después de nuestra partida —el conde dijo algo increíble para lo que Lisa no estaba preparada, pero luego de un momento se tranquilizó y aceptó de buena gana.

—Sé que dejándote aquí correrás un gran peligro, pero ten por seguro que si todo sale bien serás muy bien recompensada —el conde dijo en un tono de preocupación por la criada.

—Es mi deber servirle, señor, incluso si muero.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo