EL CONQUISTADOR - Capítulo 5
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5: 05 ALTO HORNO 5: 05 ALTO HORNO Saliendo del salón, mientras caminaba por el pasillo, antes de entrar a su estudio André se giró para mirar a Mario, quien lo seguía de cerca, y dijo: —Mario, quiero que busques al mejor herrero de la ciudad y lo lleves ante mí.
Tienes media hora.
—Sí, mi lord —Mario no preguntó, simplemente asintió y se fue a toda prisa.
André entró al estudio, se sentó en la silla del escritorio y cerró los ojos, pensando en lo que ocurrió hace un momento en el salón.
Pudo sentir las miradas maliciosas mientras salía, lo que lo llevó a pensar que ahora no tenía forma de protegerse.
Después de todo, era solo un humano reencarnado; podría morir de una puñalada por la espalda repentinamente.
—Parece que tendré que cambiar ligeramente mis planes —André habló solo en la habitación.
Entonces agarró un pergamino y empezó a escribir algunas notas, hasta que escuchó que llamaban a la puerta.
—Adelante.
Entonces entró Mario, seguido de un hombre de mediana edad, con un cuerpo corpulento y una espesa barba.
—Señor, aquí se lo traje.
—Bien, puedes salir, Mario.
—Está bien, mi lord —Mario se inclinó y salió cerrando la puerta.
—¿Cómo te llamas?
—preguntó André.
—Mi nombre es Orobio, señor.
—Orobio, dime cómo está la producción de acero en tu taller.
Cabe decir que las unidades de medida en este mundo son exactamente iguales a las de la Tierra en la vida anterior de André.
—Señor, cuando se trata de producir acero tengo mucha confianza.
Mi taller puede producir un kilo de acero por cada diez kilos de hierro.
André no estaba decepcionado; esperaba una respuesta parecida, ya que la producción de acero en este mundo parecía más bien al azar.
Se lograba mientras refinaban hierro con carbón vegetal y, de vez en cuando, conseguían una pieza de acero.
André abrió un cajón del escritorio, sacó un pergamino y se lo pasó a Orobio.
—Quiero que mires esto y me digas si puedes hacerlo.
Orobio tomó el pergamino y lo abrió.
Lo que vio fueron unos dibujos que nunca había visto: un tubo alargado junto con otras partes que no sabía para qué podrían servir.
—Quiero que tomes estos planos y me hagas una muestra con mineral de acero.
Al escuchar lo que dijo André, Orobio quitó la mirada del pergamino, pensó por un momento y luego dijo: —Mi lord, lo haré lo mejor posible.
En una semana le traeré la muestra.
—Está bien.
Tengo otra cosa que mostrarte que es de suma importancia para todo el feudo —dijo André, haciendo que la cara de Orobio se pusiera solemne.
André tomó otro pergamino del escritorio y se lo entregó a Orobio.
Este último lo tomó y miró los dibujos y letras con una cara de vergüenza.
André miró su cara avergonzada y se dio cuenta de lo que pasaba.
Entonces también dijo, con un poco de vergüenza: —No sabes leer.
—No, mi lord.
Este no sabe leer, pero estoy seguro de que tengo muy claras las matemáticas, así que puedo completar su encargo.
André tomó el pergamino, lo desplegó en la mesa y procedió a explicarle a Orobio: —Este es un método de fundición de acero que desarrollé.
Lo llamo el método de ALTO HORNO.
André procedió a explicarle cómo funcionaba: Un alto horno típico está formado por una cápsula cilíndrica de acero de unos 30 metros de alto, forrada con un material no metálico y resistente al calor, como asbestos o ladrillos refractarios.
El diámetro de la cápsula disminuye hacia arriba y hacia abajo, y es máximo en un punto situado aproximadamente a una cuarta parte de su altura total.
La parte inferior del horno está dotada de varias aberturas tubulares llamadas toberas, por donde se fuerza el paso del aire precalentado que provoca la combustión del coque.
El coque es un combustible sólido formado por la destilación de carbón bituminoso, calentado a temperaturas de 500 a 1100 °C sin contacto con el aire.
Cerca del fondo se encuentra un orificio por el que fluye el arrabio cuando se vacía el alto horno.
Encima de ese orificio, pero debajo de las toberas, hay otro agujero para retirar la escoria.
El arrabio se pone en un crisol, que es igualmente un contenedor en el que un metal se funde, por regla general a temperaturas por encima de los 500 °C.
Estos crisoles se elaboran a menudo de grafito con barro como ligazón entre los materiales.
La parte superior del horno contiene respiraderos para los gases de escape y un par de tolvas redondas, cerradas por válvulas en forma de campana, por las que se introduce el mineral de hierro, el coque y la caliza.
Escuchando la explicación detallada de André, Orobio no pudo ocultar su excitación mientras miraba a su joven señor como si mirara a un monstruo.
Recogiendo el pergamino todo emocionado, como si recogiera el mayor tesoro del mundo, Orobio se preparaba para despedirse.
No podía esperar para ir a su taller.
—Mi lord, le aseguro que en un mes estará listo el ALTO HORNO.
André tomó una nota y se la dio a Orobio.
—Toma esto, dáselo a Mario.
Con esto tienes derecho a disponer de la cantidad de herreros que sean necesarios.
—Quiero que tengas cinco hornos en tres meses, y el número irá aumentando según las necesidades.
—Sí, mi lord.
Orobio se preguntaba para qué su señor necesitaba tanto acero.
—Está bien, puedes salir.
Mario entró después de la salida de Orobio.
—Mario, toma esto.
Necesito un grupo de artesanos para que se hagan cargo de este proyecto —André le dio el método de fabricación de papel a Mario.
—Recuerda que necesito gente de confianza en la mansión, que no tenga ninguna conexión con otros nobles.
Todo esto es confidencial.
Mario tomó la nota y asintió.
Mientras se preparaba para salir, vio a su señor que de repente se llevó la mano a la frente y dijo: —También necesito que reclutes a un grupo de alquimistas, mientras más mejor.
En tres días los quiero ver.
—Sí, mi lord.
—Bien —espetó André, permitiéndole salir a Mario.
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