EL CONQUISTADOR - Capítulo 56
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56: 56 Negociaciones 56: 56 Negociaciones “Permítame corregirle, señorita Mónica.
Ahora soy un Conde, tome esto por favor, léalo y lo entenderá”.
Lo que André entregó a Mónica fue el testamento del Conde de Blair.
Mónica tomó el pergamino que le entregaron y entonces comenzó a leerlo.
Al cabo de un rato dejó el pergamino en la mesa y se podía ver una profunda tristeza en su rostro, pero un momento después solo se pudo notar firmeza en su mirada.
“¿Así que mi abuelo está muerto?” Aun sabiendo la respuesta, Mónica optó por preguntar.
“Lo siento, señorita Mónica, esto estaba más allá de mis manos.
En el momento en que el Conde, por instigación de persona ajena, decidió invadir mi territorio, este final era un hecho.
¿Cómo haría yo entonces?
No me dejaba otra opción”.
André expuso los hechos sin ocultarle nada a Mónica.
“¿Puedo tener el cuerpo de mi abuelo de regreso?” Su firme mirada casi se quebraba mientras decía estas palabras.
“Puede estar segura, señorita Mónica.
Independiente del resultado de nuestras negociaciones, el cuerpo de su abuelo le será entregado al terminar las mismas”.
André le hizo una promesa a Mónica, aliviando un poco su preocupación.
“Entonces le prometo, señor Conde Solomon, independiente del resultado de nuestras negociaciones, no le haré daño a sus hombres”.
Mónica solo estaba mostrando buena voluntad a pesar de sus diferencias.
Sabía que tenía que negociar una rendición aquí y ahora; no podía ir hacia una guerra perdida, eso solo aumentaría el número de víctimas.
“Me alegra que pueda ver cuáles son los puntos importantes en este momento, señorita Mónica.
Entonces, por favor, declare cuáles son sus condiciones de rendición”.
André fue al punto clave de una vez por todas.
Una persona inteligente como Mónica sabría que esta reunión solo terminaría con su rendición.
“Está bien, procederemos como quiera usted, señor Conde.
Mi primera condición es que no le hagan daño a los milicianos que fueron reclutados por mí esta vez”.
La petición de Mónica sorprendió a André.
Ciertamente esperaba esta condición, pero no como la primera; creía que Mónica pediría por la seguridad de su familia.
“Tenga seguridad de que no lastimaremos a nadie.
Puesto que se han rendido y no son combatientes, tendrán garantía de su seguridad”.
André aceptó de buena gana esta primera condición.
“Mi segunda condición es que no permita que sus soldados saqueen la ciudad ni dañen la propiedad de las personas comunes.
Sé que evitar el saqueo es imposible, por lo tanto le aseguro que las casas nobles en London City no pondrán resistencia.
Así que le pido que no los lastimen tampoco”.
Las palabras de Mónica hicieron que André supiera que tenía muy buen control de sus súbditos; no cualquiera entregaría de buena gana sus pertenencias.
“Tampoco tengo planes para saquear las propiedades de personas comunes.
En cuanto a los nobles, si las cosas se dan como dices, tampoco tienes que preocuparte.
No lastimaremos a nadie sin motivo alguno.
Entonces acepto tu segunda condición”.
La segunda condición puso muy contento a André.
Se notaba que Mónica no era una persona sin sentido de moralidad, y eso le gustaba mucho.
Mónica estaba muy feliz de que sus primeras condiciones fueran aceptadas.
Desde ese momento miró a André de forma diferente; parecía que este no era un mal señor, así que las personas de su pueblo no sufrirían en el futuro.
“Mi tercera condición: espero que puedas dejar a mi familia y a la familia de los nobles que participaron en la guerra libres de toda culpa.
Todos son personas inocentes, así que te ruego que no los lastimes”.
Mónica en este momento se inclinó frente a André, mantuvo su cabeza agachada esperando su respuesta.
“Por favor, levante la cabeza, señorita Mónica.
No tengo ninguna intención de humillarla.
En cuanto a esta condición, la aceptaré siempre y cuando ninguno de ellos tenga que enfrentarse a mí.
Pueden ir al exilio o pueden quedarse en London City, esto no me importa.
Pero por favor dígales que si alguno tiene planes de rebelarse contra mí, entonces lo ejecutaré junto a toda su familia”.
Aunque las palabras de André fueron duras, Mónica no vio problema en ellas.
Ella era benévola con su pueblo, pero tampoco era tonta.
“Tenga seguridad, señor André, mi familia de Blair no tiene planes de insurgencia.
En cuanto a los demás, si eso llegara a suceder, entonces se lo merecen”.
Las últimas palabras de Mónica fueron muy frías.
André estaba contento por ello; si Mónica fuera demasiado benevolente, entonces tampoco serviría en el ejército.
“En cuanto a mi última condición, espero que usted, señor Conde André Solomon, me pueda decir quién fue la persona que instigó a mi abuelo a ir a la guerra”.
André pudo ver la ira en sus palabras.
No podía soportar que un cobarde codicioso estuviera detrás de esa guerra, mientras que solo su abuelo pagó las consecuencias.
“No veo cuál es su beneficio con esta condición, señorita Mónica.
De antemano le digo que esta persona no es alguien a quien usted pueda enfrentar”.
André trató de persuadirla para observar su reacción.
“Esto es solo para recordarme quién es mi enemigo.
En un futuro no quiero caer en maquinaciones como mi abuelo”.
“Oh, ¿entonces también me tienes como tu enemigo?
Eso no está en línea con la promesa que me acabas de hacer hace un momento”.
André sonrió mientras esperaba su respuesta.
“Entiendo que fue mi abuelo quien invadió tu territorio.
Entonces no puedo odiarte porque él se lo buscó.
Lo que odio son aquellos villanos que instigaron esta guerra y no tuvieron consecuencia alguna”.
Mónica miró a André a los ojos y este último pudo ver la sinceridad en ellos.
“Está bien, te diré quién es.
Espero que no te asustes cuando lo oigas.
La persona detrás de las acciones de tu abuelo es el duque Bloom”.
André se divirtió mirando la reacción de Mónica al escuchar el nombre que quería.
La cara de esta última se puso pálida, apretando los puños, con mucha falta de voluntad en su mirada.
André esperó unos minutos a que se compusiera un poco.
“Todas sus condiciones serán aceptadas, pero yo también tengo una condición”.
André habló de repente, captando la atención de Mónica, que lo miró intensamente esperando a que dijera su condición.
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