EL CONQUISTADOR - Capítulo 6
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6: 06 ALQUIMISTAS 6: 06 ALQUIMISTAS Tres días pasaron muy rápido.
André estaba sentado en su escritorio bebiendo una taza de té preparada por Rose.
Ya se resignó a que no hubiera café en este mundo.
Al principio, cuando se hizo cargo del vizcondado, detalló la forma del café y pidió a los sirvientes que lo buscaran, pero lo golpeó la cruel realidad: en este mundo no hay café, o al menos no en esta región.
Así que se conformó con el té.
De repente llamaron a la puerta.
—Adelante.
—Con permiso, señor —entró Mario seguido de cinco ancianos con túnicas color blanco.
—Mi lord, estos son los alquimistas que quería —Mario los presentó uno por uno.
—Mi lord, mi nombre es Antonio.
Soy un alquimista en Solomon City.
Cualquiera que fuera su pedido, tengo confianza en lograrlo.
Otro alquimista habló enseguida: —Yo soy Julián, mi lord, al igual que Antonio, un alquimista.
—Estos son Mark, José y Tony, alquimistas avanzados en Solomon City —Mario presentó al resto, quienes se inclinaron y saludaron.
André sonrió amistosamente y luego dijo: —Señores, tengo algo que mostrarles.
Vamos al jardín trasero.
Mario, muestra el camino.
—Sí, señor.
Señores, síganme, por favor.
En el jardín, André tomó una caja de las manos de Rose, quien había estado esperando por orden suya.
—Señores, quiero que miren esto —dijo André, mostrando un polvo color negro.
Le puso un mechero y luego dijo: —Retrocedan, por favor.
Entonces André encendió el mechero, retrocedió y dijo: —Tápense los oídos.
¡BOOOMMMMM!
Un fuerte estruendo resonó en toda la mansión, asustando a todo el mundo.
Antonio pensó que moriría; todavía le latía el pecho fuertemente.
Entonces se emocionó y dijo: —Mi lord, qué cosa maravillosa es este polvo negro.
Suena como un trueno, parece que el cielo se está cayendo.
—Esto se llama pólvora negra.
Esto es lo que quiero que hagan para mí.
Como ven, esto es muy peligroso, por eso quería mostrarles su poder para que tengan cuidado en la elaboración.
André tomó un pergamino donde estaba detallado todo el proceso de elaboración de la pólvora.
Se lo entregó a Julián, que estaba a su lado, y dijo: —Esta es la fórmula.
Pueden trabajar en ello después de firmar un contrato de confidencialidad.
Deben saber que si filtran esta información, solo les esperará la muerte —dijo André en un tono serio.
Julián leyó, un poco incrédulo.
No esperaba que esta combinación de elementos tuviera un poder tan grande.
Químicamente, la proporción exacta para la pólvora negra es: 75 % de nitrato de potasio, 13 % de carbono y 12 % de azufre.
André lo tenía muy claro, todo eso y mucho más en su mente.
Solo faltaban las personas indicadas para usar toda esta información.
Sabía muy bien que él solo no acabaría en esta vida, así que se concentraría en buscar aliados para desentrañar y entender todo este mar de conocimiento.
Julián dijo, todo emocionado: —Señor, tenga seguridad de que cumpliremos con su pedido.
Pero creo que yo soy suficiente para eso, no veo necesidad de otro alquimista, señor —luego miró hacia Antonio con una mirada condescendiente.
—En ese caso, creo que no hará falta el alquimista Julián para este trabajo, mi lord —Antonio respondió en consecuencia.
—Está bien, voy a necesitar a ambos.
Necesito la mayor cantidad de pólvora posible.
Incluso voy a requerir que recluten muchos aprendices.
—Todavía tengo muchas fórmulas esperando que las estudien.
Si conocen algún otro alquimista, quiero que intenten reclutarlo.
Al escuchar de André que había muchas fórmulas esperando para ser estudiadas, todos no pudieron ocultar su emoción.
—Por motivos de confidencialidad, tendrán que mudar su taller de alquimia al bosque, en la parte posterior de la mansión.
—Tenga seguridad, mi lord, de que cumpliremos con sus requisitos —Julián fue el primero en hablar.
—Eso espero.
Tengo muchas esperanzas puestas en ustedes.
—Mario, tú te encargarás de los materiales necesarios.
—Sí, señor.
Con su permiso, nos retiramos.
—Pueden salir.
Sentado en su escritorio, pensando en su siguiente paso, André notó la mirada interrogativa de Rose.
Entonces dijo: —Pregunta lo que quieras.
Los años juntos que pasaron no fueron en vano.
André confiaba completamente en Rose.
—¿Para qué sirve esa cosa, aparte de ser muy ruidosa y destructiva?
—Jajajaja, no entenderás aunque te lo explique.
Será mejor que lo veas en unos días —André sonrió alegremente, dejando a Rose más confundida.
—Está bien, Rose.
Necesito uno de tus maravillosos masajes.
He trabajado mucho estos días.
—Sí, André —Rose se sonrojó y se puso detrás de André para darle un masaje.
André tomó su mano y le dijo en voz baja: —Pronto serás la señora de Solomon, mi linda Rose, jajaja.
Aunque solo tenía 11 años, le había dejado en claro a Rose su propósito referente a ella.
Rose se sonrojó aún más y bajó la cabeza sin decir una palabra.
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