EL CONQUISTADOR - Capítulo 76
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76: 76 Misión TERMITA 76: 76 Misión TERMITA Viendo la partida del coronel Óscar, André empezó a pensar en sus planes inmediatos.
Justo en ese momento se abrió la puerta de su oficina y André no necesitó levantar la mirada para saber quién era.
La única persona que entraba a su oficina sin siquiera tocar la puerta era su tía Lucía; incluso su madre Amanda tocaba por cortesía, aun cuando André le dijo que no era necesario.
“Llegaste en el momento indicado, yo estaba a punto de llamarte”.
André levantó la cabeza y le sonrió a Lucía.
“Qué coincidencia, entonces, porque yo tenía asuntos contigo.
Todos nuestros agentes están en posición esperando órdenes para empezar la misión”.
Las palabras de Lucía pusieron muy contento a André, quien había planeado acelerar todos sus planes.
“Grandioso, entonces dale inicio a la misión TERMITA.
Por ahora necesito evitar el centro de atención en Solomon City, así que en este momento me dirijo hacia Sun City”.
André sacó una vaga excusa para irse.
“Creo que deberías enfrentar a Alicia.
Correr no te servirá de nada; en cualquier momento tienes que volver.
Incluso ella podría ir hacia ti muy fácilmente”.
Lucía ya sabía cuáles eran las preocupaciones de André, por lo que trató de darle consejos como una de sus mayores.
“Incluso te enteraste de esto, no parece que lo supieras de antes.
¿Por qué no me lo dijiste?”.
André estaba sorprendido por la capacidad de inteligencia que Lucía recibía; incluso cosas tan privadas podía enterarse.
“Creí que era mejor que lo supieras de su propia boca para que lo creyeras.
Incluso si confías plenamente en mí, no necesariamente creerías mis palabras referente a este tema”.
Lucía explicó rápidamente, temiendo que André tuviera una insatisfacción con ella.
“Está bien, no te reprochaba nada, y creo que tienes razón.
Estas cosas, si no me doy cuenta yo mismo, es difícil de creer”.
“En todo caso, espero que puedas arreglar las cosas con ella lo antes posible”.
“Las cosas entre nosotros están bien.
Yo simplemente me doy cuenta de sus sentimientos hacia mí; ella no me lo dijo directamente.
¿Cómo las cosas llegaron a estar de esta manera?”.
André dio un largo suspiro mientras trataba de pensar cómo ocurrió todo esto.
“La respuesta no es muy difícil.
Tú y ella nunca antes habían convivido juntos como familia, y en el momento en que te conoció te habías convertido en un excelente hombre que no tiene comparación con los demás.
Todo eso, sumado a que no tenía a nadie en su corazón y que está en la etapa de enamorarse”.
Lucía hizo una pequeña pausa y miró a André para luego continuar.
“Todos esos sentimientos que ella trató de darte como su familia se convirtieron en admiración primero y luego, sin darse cuenta, en amor.
He visto cómo te mira y estoy segura de que esto no es pasajero, es amor verdadero.
Sea cual sea tu conclusión, no la alejes porque eso solo la lastimará más”.
Las palabras de Lucía estaban llenas de preocupación por Alicia; después de todo, ella la vio crecer y seguro la trataba como si fuera su propia hija.
“No te preocupes, no estaba pensando en alejarme de ella.
Pase lo que pase, es mi hermana.
Este viaje a Sun City, además de resolver algunos asuntos, es solo para reflexionar las cosas un poco”.
André dijo tranquilizadoramente.
“Estoy aliviada de escuchar esto.
Que tengas buen viaje entonces, y espero que no tardes mucho en volver”.
“Gracias por tus buenos deseos, entonces estaré esperando buenas noticias de tu lado”.
Con estas palabras, Lucía salió con André de su oficina.
Ella se dirigió a algún lugar desconocido, mientras que André se dirigía hacia la estación de tren de Solomon City.
Cerca de las costas del condado de Piedra Negra, un velero grande de dos mástiles estaba estacionado.
Mientras tanto, dos tripulantes estaban hablando en secreto en una esquina del barco.
“¿Por qué crees que estamos aquí y no tocamos puerto todavía, si solo íbamos a reabastecer suministros aquí en el puerto de Bangladesh?”.
Un marinero le preguntó a su compañero sobre esta extraña situación en voz baja.
Este barco se suponía que se dirigía a un reino vecino, pero de manera sorpresiva decidió desviar su camino hacia Bangladesh con el fin de reponer suministros, aun cuando apenas hacía una semana que había zarpado.
“Lo que te voy a decir es un secreto, pero escuché al capitán hablando con uno de los pasajeros.
El barco está esperando a alguien que aborde para ser llevado a Bangladesh”.
El otro marinero habló en voz baja para que nadie lo escuchara, sin darse cuenta de que no muy lejos de ellos se encontraba alguien escuchándolos.
“No te parece extraño?
Digo, ahora estamos muy cerca de Bangladesh, estoy seguro de que puedo llegar nadando al puerto desde este lugar”.
El primer marinero en hablar dijo esto.
“Exactamente, es por eso que estamos aquí.
Como mi mejor amigo te comparto este secreto para que averigüemos qué está pasando.
Tal vez podríamos sacar provecho, porque vi a ese pasajero darle una gran bolsa de monedas al capitán, y estoy seguro de que no eran de cobre; por lo menos eran de plata”.
El segundo marinero le contó a su amigo lo que vio.
“¿Me estás diciendo que averigüemos qué negocio está haciendo el capitán y luego chantajearlo?
¿Pero cómo lo haremos?”.
El primer marinero preguntó con duda.
“¿Eres estúpido?
Según los hechos, se trata de un secreto.
Simplemente amenazarlo con contar lo que vimos y el capitán tendrá que darnos una parte de sus ganancias”.
El segundo marinero habló.
“Siempre eres tan inteligente, mi amigo”.
“Así es, solo sígueme y tendrás un gran futuro”.
Después de un momento, los dos marineros se pusieron en cuclillas en una esquina del barco y esperaron.
No muy lejos de ellos, una joven mujer que escuchó su conversación los miró mientras se escondían furtivamente en una esquina del barco.
Simplemente sonrió fríamente y se dio vuelta.
Cerca del amanecer, un pequeño bote se acercó al barco.
Un hombre que parecía tener cerca de treinta años, desde el bote lanzó una cuerda con un gancho y subió al barco.
Allí lo esperaba el capitán del barco junto a la joven mujer que había observado la conversación de los marineros tiempo atrás.
La joven mujer le hizo un gesto al capitán y este último, de buena gana, se alejó dejando a los dos solos.
“Bienvenido, Romeo.
Me presento, mi nombre en clave es TOPO, encargada de la distribución de información”.
La joven mujer saludó con una gran reverencia y dijo su nombre.
Hay que decir que ambos nombres eran alias; sus verdaderos nombres no estaba permitido revelarlos a nadie.
“¿Dónde está la información del objetivo y las instrucciones?”.
El hombre habló con indiferencia y fue directo al punto.
“Aquí está, tómalo.
Tienes hasta que atraque el barco en Bangladesh para memorizarlo.
Una vez que el barco atraque debes quemarlo”.
A la mujer no le importó el tono frío del hombre, solo le entregó una carpeta que contenía información de la misión.
El hombre tomó la carpeta, pero ni siquiera la miró.
En cambio, miró hacia un rincón del barco y dijo: “Antes de empezar la misión TERMITA, hay que eliminar algunos topos”.
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