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EL CONQUISTADOR - Capítulo 77

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  4. Capítulo 77 - 77 77 Romeo
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77: 77 Romeo 77: 77 Romeo “Parece que te diste cuenta por ti mismo, no esperaba menos del famoso Romeo.

Entonces te molestarte para que te hagas cargo, ya sabes que eso está fuera de mi ámbito de competencia”.

La agente de nombre en clave TOPO se hizo a un lado y miró a Romeo.

Romeo sacó una pequeña pistola con su mano derecha y con su mano izquierda le instaló un silenciador, y entonces: “Puchi, Puchi… Puchi, Puchi”.

Los marineros escondidos en una esquina cayeron en un charco de sangre.

“¡Guaooo!

Ese es el nuevo producto del laboratorio de desarrollo.

Qué envidia, con uno de estos mis misiones serían mucho más sencillas”.

La mujer joven sonrió sin preocuparse por los cadáveres ensangrentados en el piso.

“Ve y dile al capitán que se encargue de eso y zarpemos enseguida”.

Romeo ignoró el tono coqueto de la joven e ingresó en un camarote vacío que estaban preparando para él.

“Sí, señor”.

La joven mujer dejó su tono alegre de hace un momento y respondió seriamente.

Entonces le hizo un gesto al capitán, quien estaba con un poco de miedo no muy lejos.

“Ve a tirarlos al mar para alimentar a los tiburones.

Con esto ya sabes las consecuencias si tus errores nos causan problemas”.

Con un tono extremadamente frío, la joven mujer le dijo al capitán.

Su tono estaba en total contraste con su comportamiento de hace un momento.

“Tenga seguridad, señorita, que este fue mi error y no volverá a ocurrir”.

El capitán estaba sudando frío en ese momento.

Unas horas más tarde en el puerto de Bangladesh.

“Bueno muchachos, una vez cargados los suministros pueden ir de fiesta.

Nos quedaremos una semana aquí en Bangladesh”.

El barco ya estaba atracado en el puerto de Bangladesh.

En cuanto a los agentes Romeo y TOPO, no se veía rastro de ellos.

En cuanto el barco atracó, Romeo desembarcó con gran pompa asegurándose de que todo el mundo lo viera.

En cuanto a TOPO, desapareció y nadie la vio bajar del barco.

Por otro lado.

“Señorita, su padre ya envió una caravana al condado de Solomon y en un mes estará de vuelta.

No era necesario que viniera hasta aquí para conseguir el llamado perfume.

Además, las noticias pueden no ser ciertas y usted vino sin guardias.

Puede ser peligroso, esto no es White City”.

Una sirvienta de mediana edad seguía a una hermosa joven vestida lujosamente mientras intentaba convencerla de regresar.

“Un mes es demasiado tiempo y no podré soportar ver el rostro de Amelia presumiendo su oloroso perfume ante mí.

La última vez que una flota comercial del condado de Solomon pasó me lo perdí, y gracias a eso ahora tengo que aguantar su cara de presunción.

Ella no pierde oportunidad para presumir lo rico que huele su nuevo perfume”.

La joven apenas le contestó a la criada y siguió su camino.

“Pero señorita, es peligroso salir sin escoltas”.

“Está bien, no pasará nada.

Es más, si volvemos ahora papá no me dejará salir de nuevo por lo menos una semana.

Mira, encontré la posada donde pasaremos la noche.

Cruzamos este pequeño callejón y estaremos allí”.

Mientras cruzaban el callejón, de repente frente a ellas aparecieron dos hombres de aspecto feroz.

Ambas se asustaron e intentaron dar media vuelta, pero entonces se pusieron pálidas del miedo: otro grupo de personas estaba detrás de ellas.

“Vaya, vaya, ¿no es esta la señorita Liss, la hija del Conde Román?

No esperaba conocerla, ya que tengo unos asuntos con usted.

Sabía que hoy era mi día de suerte, que en un callejón cualquiera la encuentro”.

Del grupo de personas se adelantó un joven con un aspecto desaliñado y espesa barba, y saludó a la hermosa joven.

“¿Qué quieres de mí?

Yo no te conozco, ¿por qué me hablas con un tono tan familiar?”.

Liss le gritó enojada al joven desaliñado.

“Señorita, no creo que tengan buenas intenciones”.

La criada tomó el brazo de Liss, quien intentaba confrontar a estas personas.

“Jejeje, no debiste haber salido sin guardias y ahora tengo la oportunidad perfecta.

¡Atrápenlas!”.

Con las palabras del joven de aspecto desaliñado, los hombres que lo seguían enseguida se dirigieron hacia ellas.

“¿Qué están haciendo?

¡Aléjense de mí!

¿Acaso no saben quién es mi padre?

No podrán soportar la ira de mi papá”.

Liss entró en pánico e intentó escapar mientras amenazaba a esos hombres.

“Jajajaja, qué niña tan ingenua.

¿No entiendes que te estamos atrapando debido a tu padre?

Vamos, no pierdan el tiempo”.

“¿Qué quieres decir?

No, no, no, suéltenme.

En serio tendrán grandes problemas, suéltenme.

Quita tus manos sucias de mí… mmb bmm”.

Liss y su criada rápidamente fueron controladas por este grupo de hombres y fueron amordazadas.

“¿Qué están haciendo?”.

El joven desaliñado gritó de repente, causando que los demás lo miraran con duda.

“Las amordazamos, señor”.

Explicó uno de ellos.

“Ya lo sé, lo que te pregunto es para qué amordazar a la criada.

No la llevaremos con nosotros”.

“Pero señor, si la dejamos libre dará alerta y nos será difícil escapar luego”.

Explicó el hombre que sostenía a la criada.

“¿Quién dijo que la dejaríamos libre?

Simplemente mátala, eso sería más sencillo que traerla con nosotros como un lastre”.

“Uugr, uugr, uugr, uugr”.

Liss se sacudió fuertemente y lloraba tratando de impedir que mataran a su criada, a quien quería como su familia.

“Ya veo, eso tiene sentido”.

Haciendo caso omiso de las lágrimas de Liss y de la criada, uno de los hombres sacó un cuchillo y se acercó a la criada.

“Chi, Chi, Chi, Chi, Chi, Chi…!” El hombre apuñaló en múltiples ocasiones a la criada, quien cayó al suelo sin saber si estaba viva o muerta.

“Uuuuugr, uuuuugr, uuuuugr, uuuuugr, uuuuugr”.

Las lágrimas de Liss no paraban mientras intentaba liberarse sin éxito.

“Está bien, vamos antes de que alguien nos vea”.

Con esas palabras, todos se fueron llevándose a la melancólica Liss y dejando sola a la pobre criada en un charco de sangre.

Luego de unos momentos, de las sombras salió una joven mujer y miró a la criada mientras murmuró: “Eres tan despiadado como dicen los rumores… ‘Romeo'”.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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