EL CONQUISTADOR - Capítulo 79
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79: 79 Infiltración (2) 79: 79 Infiltración (2) Una vez que no se podían escuchar las voces del grupo, Liss se apoyó en la puerta llorando.
Entonces se arrepintió de no escuchar las advertencias de su criada y lloró más aún.
“Señorita, ¿podría hacerme un favor y desatarme?
Si lo hace le prometo que la sacaré de aquí”.
De repente una voz sonó en la habitación, interrumpiendo el llanto de Liss.
“Aaaaaaaa, aaaaaaaa, aaaaaaaa”.
Liss miró la dirección de la voz y era el cadáver, que no sabe cuándo se había dado la vuelta.
Su rostro se puso pálido del miedo y entonces se puso a gritar desesperadamente.
“Si gritas así de fuerte esos tipos podrían escucharte y volverán.
Entonces ya no habrá salida para los dos”.
El supuesto cadáver habló en voz alta, causando que Liss se calmara y dejara de gritar.
“Señor cadáver, por favor no me coma.
Le aseguro que mi carne no sabe bien, se lo ruego, por favor no me coma”.
Liss empezó a rogar en voz baja, con su espalda apoyada contra la pared y las lágrimas no dejaban de salir.
“Puedes estar segura de que no te voy a comer”.
“¿En serio?”.
Preguntó con algo de duda y poco a poco Liss se fue calmando y sintió que algo no estaba bien.
“Muy en serio, así que puedes venir a desatarme para que podamos huir de aquí”.
El cadáver volvió a hablar para tranquilizar a Liss y que lo desatara.
“Espere un momento, señor cadáver, usted no está muerto.
Leí en los libros que los muertos vivientes no pueden hablar”.
Liss había leído anteriormente una novela sobre muertos vivientes, por eso estaba asustada en un principio.
“Claro que no estaba muerto, solo fingí estarlo para después escapar de aquí.
Además no me llames cadáver, eso me traerá mala suerte.
Así que vamos a presentarnos formalmente”.
Las palabras del cadáver quitaron un peso de encima del corazón de Liss.
Ahora estaba segura de que este hombre no era un cadáver.
“Mi nombre es Liss Antonieta Román Valentín, soy la hija del Conde Bastian Román.
Si me salvas, mi padre te dará lo que quieras”.
Liss vio en el hombre la esperanza de salir con vida de este lugar, así que se presentó primero y declaró su estado para que el hombre la llevara con él.
“Mi nombre es Romeo y no tengo apellido.
Como puedes ver, soy un plebeyo.
En cuanto a tu padre, no sé de él, puesto que es la primera vez que vengo a este reino y no conozco nada de la nobleza local”.
Romeo se presentó y sorprendió a Liss; no esperaba conocer a un viajero de otro reino en estas circunstancias.
“¡Sálvame, por favor, y mi padre te concederá cualquier deseo!”.
Liss estaba en la desesperación hace un momento y ahora estaba llena de esperanza.
“Entonces, si le digo que mi deseo es casarme con su hija, me pregunto si estará de acuerdo”.
Romeo habló causando que Liss quedara en shock.
¿Cómo pudo este hombre tener ánimos para bromas en este momento?
“No bromees, por favor.
Lo que digo es en serio, si me salvas mi padre te recompensará”.
Liss estaba ansiosa en este momento.
“No estoy bromeando.
En cuanto te vi me enamoré de ti.
¿Cómo pueden esos tipos bárbaros tratar a una mujer hermosa de esa manera?”.
El tono de Romeo era muy serio y sus ojos miraban a los de Liss directamente.
“¿Cómo puedes estar tan seguro con solo ver a una persona por primera vez?
En estas cosas primero tienes que conocernos y luego decidir”.
Esta vez la voz de Liss era tan baja como el sonido de un mosquito.
Romeo apenas pudo oírla con su excelente capacidad auditiva.
“Entonces, por el bien de nuestro futuro juntos, ¿qué tal si me desatas primero?”.
“Está bien, ya te voy a ayudar.
¿Cómo puedes decidir las cosas por ti mismo sin pedir mi opinión?”.
Liss siguió hablando en voz baja mientras se acercaba a Romeo y le ayudó a desatar la cuerda.
“Listo, es hora de que salgamos de aquí, mi querida Liss”.
Una vez libre, Romeo sonrió dulcemente a Liss mientras se preparaba para escapar del lugar.
“¿Cómo escaparemos si todo está cerrado por fuera?
Tienes que pensar en algo antes de que vuelvan.
Y además no me llames querida”.
Liss habló en voz baja debido a su timidez.
“No te preocupes, es muy sencillo.
Estos lugares así de viejos por lo general no son muy resistentes.
Presta atención a esto”.
Entonces Romeo tomó carrera y luego le dio una patada a la ventana.
Esta última no resistió el impacto y se rompió.
“Las damas primero”.
Con la ayuda de Romeo, Liss salió primero.
Un momento después él la siguió.
Justo cuando pensaron que estaban libres, se escuchó un grito en la distancia: “¡Se están escapando, persíganlos!”.
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