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EL CONSORTE DEL DRAGÓN IMPERIAL - Capítulo 164

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  3. Capítulo 164 - 164 Capítulo 4 — “La Armada en la Sombra”
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164: Capítulo 4 — “La Armada en la Sombra” 164: Capítulo 4 — “La Armada en la Sombra” La luz de la tarde lamía los muros de Takrin con tonos dorados y anaranjados, pero no traía la calidez de la tranquilidad.

Las primeras noticias habían llegado con la frialdad de la autoridad: el Imperio del Dragón Dorado estaba en movimiento, pero no como un volcán que explota sin control.

Sus acciones serían calculadas, precisas, como un coloso que extiende su sombra sin aplastar todo a su paso.

En la capital imperial, la gran plaza de la ciudad se encontraba abarrotada.

Los habitantes sostenían retratos de los muertos, velas y mantas extendidas sobre escalinatas y balcones.

Los gritos reclamaban justicia, y la multitud parecía un océano de emociones contenidas.

Jin Long apareció en el balcón imperial, vestido con su túnica dorada que reflejaba los últimos rayos de sol, mientras Suwei lo acompañaba con un hanfu azul profundo que irradiaba calma y control.

No era un discurso de furia: era un acto de autoridad templada por la compasión.

—Hijos de la casa del Dragón —dijo Jin Long, la voz profunda y resonante—.

No olvidaremos a quienes cayeron.

No permitiremos que su muerte sea en vano.

Suwei añadió con delicadeza y determinación: —Buscaremos reparación y justicia.

Los responsables deberán responder.

Pero también defenderemos la paz del pueblo.

Actuaremos con rectitud, no por sed de sangre.

La plaza respondió con aplausos y lágrimas.

La gente sentía que su dolor era escuchado, reconocido, y comprendía que el Imperio no ignoraría la afrenta, pero tampoco sacrificaría la justicia por impulsos de ira.

La armada en movimiento Poco después, en el horizonte, comenzaron a vislumbrarse las velas morados y doradas de la gran armada imperial.

La flota más poderosa de Drakoria se concentraba en los puertos del sur.

No se trataba de una invasión automática: eran naves de escolta, fragatas acorazadas, galeones preparados para el asalto y barcos estratégicos listos para atacar únicamente objetivos militares concretos.

Cada movimiento era estudiado, cada maniobra diseñada para enviar un mensaje: atacar al Imperio tendría consecuencias, pero la guerra ciega no era la intención.

Los comandantes recibieron órdenes precisas: realizar bloqueos selectivos a convoyes republicanos, ataques quirúrgicos a instalaciones militares clave, proteger rutas humanitarias hacia Takrin y garantizar que ningún barco con bandera imperial fuera obstaculizado de nuevo.

La disciplina era estricta; la estrategia, impecable.

La reacción de los reinos aliados Desde Nanxi hasta Xianbei y Koryun, pasando por Andshi, los reinos aliados se movilizaron también.

No todos enviarían soldados a luchar, pero sí reforzarían la logística del Principado: provisiones, médicos, consejeros y permisos para cruzar fronteras.

Cada movimiento mostraba un bloque sólido frente a la República: ningún pequeño aliado del Imperio sería aplastado sin coste.

El Reino de Nanxi, en particular, mantuvo abierta su frontera montañosa para las caravanas, reforzando los pasos y vigilando posibles infiltraciones.

El rey Heo XIII se comunicaba directamente con Jin Long, estableciendo protocolos y asegurando que los convoyes llegarían sin riesgo.

La alianza se mostraba como un muro impenetrable.

Las esposas y consortes: manos que sostienen el frente Mientras los generales trazaban cartas y las naves se preparaban, las parejas de los monarcas trabajaban en un frente distinto pero igualmente vital.

Suwei coordinaba equipos médicos flotantes para escoltar convoyes hacia Takrin; Valentina Mei y Emilia Hana organizaban voluntarios para atender a desplazados; Kaito Ren y Matteo Riku trabajaban con capitanes en tácticas de evacuación civil.

Sofía, en Takrin, recibía por mensajería itinerante los nombres de las aldeas prioritarias.

Su presencia calmaba la ciudad, prevenía el caos y aseguraba que los recursos llegaran a los más vulnerables.

En cada decisión de Sofía había un doble efecto: salvar vidas y fortalecer la moral de un Principado que ya no estaba solo.

La República en asedio interno La respuesta imperial tuvo repercusiones inmediatas en la República.

La mención de “Imperio” provocó temblores en la economía y tensiones en la capital.

Manifestaciones que antes pedían el fin de la guerra se mezclaban con escaramuzas entre partidarios del gobierno y opositores.

La policía se volvió más estricta: dispersión de plazas, cierres de mercados y control de prensa.

Arius Korrin y Federico Verek intentaban contener la situación: promesas de investigación, acusaciones contra “fracciones extremistas” y llamados a la calma.

Sin embargo, las acciones del Imperio no eran solo palabras: la retirada de la embajada y la presencia de fragatas imperiales inspeccionando convoyes republicanos eran recordatorios tangibles de la superioridad militar y la vigilancia implacable del Dragón Dorado.

Jin Long no buscaba destruir la República, sino marcar una línea.

Las primeras semanas fueron un delicado equilibrio: bloqueos navales selectivos, ataques precisos a infraestructuras militares, liberación de civiles retenidos y un ultimátum diplomático.

La intención era doble: castigar a los responsables y proteger a los inocentes.

El Imperio demostraba que atacar a sus hombres tenía consecuencias graves, pero sin sacrificar la estabilidad continental.

En Takrin, el efecto fue inmediato.

La llegada de provisiones y escoltas elevó la moral y alivió la presión del hambre.

Las patrullas se reorganizaron, los mercados se reabastecieron y la población se adaptó a la presencia de una armada amiga en el horizonte.

Lucian comprendió que el Principado ya no libraba una guerra solo: la contienda tomaba una escala que sobrepasaba fronteras y alianzas previas.

La noche cerró con dos luces contrastantes: en la costa de Takrin, hogueras de celebración por las remesas salvadoras iluminaban la ciudad; en la capital republicana, faroles se apagaban en distritos donde familias abandonaban sus hogares para protegerse del conflicto.

En los navíos imperiales, oficiales repasaban mapas y marcaban objetivos; en los aposentos de Jin Long y Suwei, la conversación privada continuaba siendo la brújula moral que guiaba la furia pública.

Cada decisión tomada allí resonaría en mares y ciudades, vidas y destinos.

En los grandes ducados de Suryan y Veyora, los líderes observaban desde la distancia, calculando cuándo acercarse a la tormenta sin ser arrastrados.

El tablero político y militar cambiaba de color: la guerra dejaba de ser amenaza lejana para convertirse en la provincia de todos, y la sombra de la armada imperial marcaba la diferencia entre supervivencia y desastre.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES kiroblack “El poder verdadero no siempre se muestra con fuego y ruido; a veces, se mueve en silencio, con precisión y decisión.

La fuerza que protege y no destruye, que castiga pero también salva, es la que realmente marca la historia.”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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