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EL CONSORTE DEL DRAGÓN IMPERIAL - Capítulo 186

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  3. Capítulo 186 - 186 Capítulo 5 — La Voz de la Heredera
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186: Capítulo 5 — La Voz de la Heredera 186: Capítulo 5 — La Voz de la Heredera El murmullo elegante de las conversaciones se deslizaba entre las columnas del Salón de Cristal, un vasto recinto donde cada detalle parecía respirar historia.

El techo, abovedado y translúcido, dejaba pasar la luz de los candelabros suspendidos, reflejándose en los mármoles pulidos del suelo.

Las risas contenidas, el tintineo de las copas y el roce de las telas nobles tejían una sinfonía cortesana que parecía eterna.

El aire olía a vino añejo, a flores reales y a perfumes de tierras lejanas.

A los lados, las armaduras ceremoniales de los guardias brillaban como espejos, custodiando la noche con una solemnidad imperturbable.

De pronto, tres golpes secos quebraron la armonía.

Tac.

Tac.

Tac.

El sonido del bastón de mando resonó en toda la sala, y el murmullo se extinguió de inmediato, como si una brisa de hielo hubiera recorrido el salón.

El Gran Maestro de Ceremonias avanzó hasta el centro, con el rostro tan serio como una estatua de mármol.

Cada paso suyo hacía vibrar los cristales del suelo.

Al llegar al punto exacto bajo la cúpula dorada, levantó el bastón, y su voz grave, profunda, llenó el aire.

— Sus Majestades , sus altezas serenísimas, Señores y señoras… —su voz se elevó como un canto ritual—, el Reino de Koryun agradece vuestra honorable presencia en esta velada.

Una pausa.

Un silencio.

Todos esperaban el nombre del rey Darian Volke, el respetado anfitrión de la Cumbre.

Sin embargo, el Gran Maestro volvió a alzar el bastón, y cuando habló de nuevo, su voz retumbó con un eco solemne que pareció sacudir los corazones presentes.

—Por deseo expreso de Su Majestad, el discurso de apertura será pronunciado por Su Alteza Real, la Princesa Heredera Alina Volker.

Un estremecimiento recorrió la sala.

Los murmullos reaparecieron, suaves, sorprendidos.

Algunos intercambiaron miradas incrédulas; otros, sonrisas discretas.

Nadie esperaba que una niña tomara la palabra en un encuentro de reyes.

En la cabecera de la mesa, el rey Darian inclinó la cabeza con serenidad.

Una sonrisa tenue, paterna, se dibujó en su rostro.

La princesa Alina, de apenas trece años, se levantó lentamente.

El leve temblor de sus manos contrastaba con la firmeza de su mirada.

Vestía un vestido azul pálido, bordado con hilos plateados que reflejaban la luz como olas del mar del norte.

Cada paso suyo parecía una nota musical que resonaba en el mármol.

El Gran Maestro se inclinó, cediéndole el espacio.

—Su Alteza Real, el estrado es suyo.

Alina avanzó entre los tronos, sintiendo el peso de cada mirada sobre sus hombros.

El silencio era tan denso que podía oír el eco de su propio corazón.

Los rayos de luz que entraban por los ventanales la rodeaban con un resplandor casi sagrado, moviendo suavemente su cabello negro.

Al llegar al atril, respiró hondo.

La brisa nocturna se coló por los ventanales, jugando con los pliegues de su vestido.

Entonces, con voz dulce y frágil, pero llena de una fuerza que nadie esperaba, habló: —Sus Majestades Imperiales, Sus Majestades Reales, Sus Altezas Serenísimas y distinguidos invitados… La primera palabra le tembló en los labios, pero no retrocedió.

El rey Darian asintió, mirándola con orgullo contenido.

El silencio era absoluto.

Incluso las llamas de los candelabros parecían inclinarse para escucharla.

—Hoy —prosiguió Alina, con una respiración cuidadosa—, el Reino de Koryun abre sus puertas y su corazón a todos ustedes.

Este palacio ha sido testigo de siglos de historia, de acuerdos y de heridas… pero jamás de un tiempo como este: un tiempo en que seis tronos se reúnen no por guerra, ni por frontera… sino por esperanza.

La palabra esperanza flotó en el aire como un canto.

Alina bajó la mirada apenas un instante, buscando entre la multitud la figura de su padre.

Cuando lo encontró, él le devolvió una sonrisa cálida, y la niña pareció crecer ante los ojos de todos.

—Mi padre, el rey Darian Volker —continuó, con más firmeza—, me ha enseñado que gobernar no es proteger una corona… sino cuidar las almas que viven bajo ella.

Y esta noche, cada uno de ustedes representa miles de almas, miles de sueños, miles de voces que esperan nuestro ejemplo.

Un leve murmullo de aprobación recorrió la mesa imperial.

El Gran consorte del dragón imperial Suwei Jinhai asintió con dulzura, mientras el emperador Jin Long observaba con atención serena.

—En nombre del pueblo de Koryun —dijo Alina, enderezándose—, les doy la bienvenida a esta Cumbre de los Cinco Tronos.

Que estos días sean un faro de entendimiento, donde las diferencias se transformen en puentes, y las palabras sean más fuertes que las espadas.

La melodía de sus palabras se extendió por el salón como un hilo de luz.

Los músicos, atentos, comenzaron a tocar una melodía suave, en tono menor, como si acompañaran la pureza de aquella voz.

Alina alzó la mirada y empezó a nombrar los reinos uno por uno, con una solemnidad que conmovió incluso a los más escépticos.

—Que los mares del Imperio sigan trayendo comercio y sabiduría… —miró a Jin Long, quien inclinó la cabeza—.

Que los campos de Nanxi florezcan bajo la paz.

Que las montañas de Xianbei guarden sus secretos en calma.

Que los valles de Andshi sigan cantando al amor y la vida.

Y que el Principado de Takrin, joven pero noble, siga brillando como una joya en el mapa de nuestra alianza.

Sofía y Lucian, sentados uno junto al otro, se tomaron de la mano.

Sus rostros reflejaban orgullo y emoción.

Alina cerró los ojos un momento, respiró profundamente, y pronunció su última frase con una convicción que estremeció incluso a los veteranos de la guerra.

—Que el destino de nuestros pueblos no lo escriba la guerra, sino la voluntad de permanecer juntos.

Sean todos, de corazón… bienvenidos a Koryun.

Un instante eterno.

Luego, el aplauso.

Al principio fue tímido, respetuoso, pero pronto se transformó en una ovación.

Las copas tintinearon, los músicos elevaron la melodía y hasta los guardias, inmóviles en sus puestos, parecían mirar con orgullo a la joven heredera.

El rey Darian se levantó.

Caminó hacia ella con los ojos húmedos, y cuando la abrazó, lo hizo con la ternura de un padre y el respeto de un rey.

—Has hablado con el alma de una reina —le susurró, con la voz entrecortada.

Alina apoyó su frente en su pecho, sonriendo.

En ese instante, padre e hija se unieron no solo por sangre, sino por destino.

El Maestro de Ceremonias golpeó el bastón una vez más.

—El discurso real ha concluido.

¡Que la cena continúe!

La música creció, las copas se alzaron, y el ambiente recuperó su brillo.

Pero algo había cambiado.

Aquella noche, bajo el resplandor de los cristales, los monarcas del continente comprendieron que una niña de trece años había pronunciado las palabras más sabias de la Cumbre.

Y en algún lugar, entre las columnas del Salón de Cristal, la esperanza tomó forma, como una luz que no se apagaría jamás.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES kiroblack A veces, la fuerza no se mide por la corona que se porta, ni por el ejército que respalda, sino por la claridad de una voz que habla con verdad.

Alina Volke, con apenas trece años, demostró que la sabiduría puede florecer incluso en la inocencia, y que la esperanza de un continente entero puede descansar en las palabras de quien tiene el valor de pronunciarla.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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