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EL CONSORTE DEL DRAGÓN IMPERIAL - Capítulo 187

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  3. Capítulo 187 - 187 Capítulo 6 — “El Consejo de las Coronas”
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187: Capítulo 6 — “El Consejo de las Coronas” 187: Capítulo 6 — “El Consejo de las Coronas” En lo más alto del Palacio de Tiecheng, más allá de los jardines del lobo blanco y las fuentes en espiral, se encontraba el Salón del Alba Eterna, un recinto reservado únicamente para los gobernantes.

Los ventanales, altos y estrechos, dejaban entrar la luz de la tarde, reflejada en los mosaicos que cubrían los muros.

Cada mosaico representaba antiguos pactos entre los reinos, escenas de batallas y alianzas, un recordatorio silencioso de que la historia estaba viva en cada piedra.

En el centro del salón, una mesa circular de mármol blanco con filigranas doradas sostenía un mapa del continente de Drakoria.

Las fronteras, los ríos y las montañas estaban marcadas con precisión, y pequeños símbolos en relieve señalaban ciudades importantes y rutas comerciales.

Solo seis tronos rodeaban la mesa: el del Imperio, los cuatros de los reinos aliados y el del Principado de Takrin.

Ningún consejero, ningún asistente estaba presente; solo los líderes y sus pensamientos, pesados como la historia que compartían.

El aire era denso, cargado de expectativa, y un silencio casi reverente reinaba mientras los monarcas se acomodaban en sus tronos.

Cada movimiento parecía medido, cada mirada contenida, mientras los reflejos dorados de la mesa y los mosaicos danzaban suavemente sobre sus rostros.

El Emperador Jin Long presidía la sesión con una serenidad imponente.

Su túnica bordada con hilos dorados brillaba bajo la luz tenue de las lámparas, y sus ojos, profundos y observadores, recorrían a los presentes con atención calculada.

A su derecha, el Rey Heo Wang de Nanxi y la Reina Meling de Xianbei se mantenían firmes, pero sus manos ocultaban un leve nerviosismo, apenas perceptible.

A la izquierda, la Reina Selene de Andshi y el Príncipe Soberano Lucian de Takrin aguardaban, conscientes de la importancia de cada palabra.

El Rey Darian Volker de Koryun, anfitrión del cónclave, se levantó con una compostura elegante y habló con solemnidad: —Doy inicio al primer día del Consejo de las Coronas.

El tema central será la reconstrucción del Principado de Takrin, cuya devastación ha sido una herida para todo Drakoria.

El Emperador asintió con gravedad, tomando la palabra: —El Imperio propone establecer un fondo común de ayuda.

Cada nación contribuirá con recursos proporcionales a su fuerza económica.

En cuanto a Takrin, recibirán un préstamo sin intereses durante los primeros diez años, para permitir su recuperación gradual.

Se produjo un pequeño murmullo apenas perceptible; los ojos de los monarcas se cruzaron en silencio, evaluando la propuesta.

Nadie habló todavía, pero la tensión se sentía en la leve rigidez de sus hombros y en la forma en que cada uno respiraba, midiendo el momento.

El Rey Heo Wang intervino con voz firme pero controlada: —Nanxi puede aportar recursos y alimentos, pero debemos establecer plazos claros de devolución.

Nuestras economías también han sufrido.

La Reina Meling añadió, con un tono que combinaba firmeza y delicadeza: —La ayuda debe venir acompañada de compromiso.

Si Takrin desea reconstruirse, debe abrir sus rutas comerciales y compartir sus puertos una vez restablecidos.

Lucian permanecía en silencio.

Sus manos, entrelazadas sobre la mesa, reflejaban una tensión contenida.

Sabía que cada palabra tenía un peso inmenso, y que su respuesta definiría la posición de Takrin frente a los cinco tronos.

Podía sentir cómo el sudor frío se acumulaba en su nuca, apenas perceptible, como un recordatorio de la responsabilidad que llevaba sobre los hombros.

El Emperador Jin Long fijó su mirada en él, intensa pero serena: —¿Qué dice el Principado, Príncipe Lucian?

Lucian inhaló profundamente, levantando la mirada hacia los mosaicos que decoraban el salón.

Cada imagen de pactos antiguos parecía recordarle que la diplomacia era un arte delicado, donde un paso en falso podía romper décadas de equilibrio.

—Mi pueblo necesita ayuda, sí —comenzó, su voz firme pero cargada de una leve emoción contenida—.

Pero me duele tener que llamarla “préstamo”.

Takrin no busca riquezas… busca dignidad.

Hemos perdido mucho, y no sé cuándo podré devolver lo que pidan.

Pero si Drakoria nos tiende la mano, juro que cada piedra que levantemos llevará el nombre de esta unión.

El silencio se extendió como una brisa que detiene el tiempo.

Los monarcas se miraron entre sí, midiendo la sinceridad y la intención detrás de cada palabra.

La tensión era ligera, casi imperceptible, pero suficiente para que cada respiración se sintiera más pesada de lo habitual.

En ese momento, las puertas del salón se abrieron suavemente.

El Gran Maestro de Ceremonias anunció con voz grave y clara: —Su Alteza serenísima la princesa Consorte Sofía de Takrin, solicita la palabra en nombre del pueblo.

Lucian giró hacia ella, sorprendido.

Sofía avanzó con paso firme, portando un pergamino sellado con el emblema del Búho dorado.

Cada movimiento suyo irradiaba confianza, y al inclinarse respetuosamente ante los monarcas, parecía que la sala misma contenía el aliento.

—Esta es la voz de mi pueblo —dijo con calma, sosteniendo el pergamino con firmeza—.

Aquí están los nombres de las aldeas sin médicos, de los niños sin escuela, de los ancianos sin pan.

No pedimos oro, pedimos tiempo y humanidad.

El Emperador Jin Long la observó con atención, sus ojos evaluando la sinceridad y la profundidad del mensaje.

Después de un momento de pausa, hizo un leve gesto de aprobación.

El pergamino fue colocado cuidadosamente sobre la mesa.

Y en ese instante, sin que nadie lo dijera, todos comprendieron que aquel día no trataba solo de cifras o préstamos, sino de vidas y destinos entrelazados.

La tensión se suavizó, transformándose en un respeto silencioso que llenaba cada rincón del Salón del Alba Eterna.

El Rey Darian cerró la sesión con voz solemne: —Mañana hablaremos de cifras.

Hoy, que el eco de estas palabras nos acompañe.

Mientras los gobernantes se levantaban, Lucian tomó la mano de Sofía.

Ella le sonrió, una mezcla de ternura y fortaleza iluminando su rostro.

—No es debilidad pedir ayuda —le susurró—.

Es valentía querer salvar a los tuyos.

Lucian asintió, sintiendo que, aunque el camino por delante sería arduo, no estaban solos.

La diplomacia había trazado su primer hilo, y el destino del Principado, aunque incierto, comenzaba a entrelazarse con los de los demás reinos, bajo la suave tensión de la esperanza compartida.

El salón se vació lentamente, pero la sensación de que algo trascendental acababa de suceder permaneció.

Cada líder sabía que ese primer encuentro había marcado un punto de inflexión, un inicio donde la prudencia, la humanidad y la firmeza debían caminar juntas.

Afuera, la brisa nocturna recorría los jardines, meciendo los árboles de jade, y parecía susurrar un mensaje: la historia se está escribiendo, y cada acción dejará su huella.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES kiroblack “No siempre el poder se mide por ejércitos o riquezas.

A veces, la verdadera fuerza yace en la sinceridad, en la voz que habla por quienes no pueden, y en la convicción de quien defiende la dignidad de su pueblo.

Lucian y Sofía, al enfrentar a los cinco tronos, aprendieron que la diplomacia no es solo un juego de cifras, sino un arte donde la humanidad es tan vital como la estrategia.”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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