EL CONSORTE DEL DRAGÓN IMPERIAL - Capítulo 197
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197: Capítulo 6 – El despertar del continente 197: Capítulo 6 – El despertar del continente Habían pasado apenas dos semanas desde el cumpleaños de la princesa Siyana, y el Principado de Takrin aún respiraba la alegría de la celebración.
Las calles seguían adornadas con guirnaldas doradas y banderines azules ondeando con la brisa del norte.
Los músicos callejeros todavía repetían las melodías compuestas para la ocasión, y en los jardines del palacio, las flores recién plantadas recordaban el resplandor de aquella noche festiva.
Pero aquella calma no duraría mucho.
Desde el amanecer, los mensajeros a caballo cruzaron fronteras, puertos y valles llevando una sola noticia: la Isla Arkena había convocado una cumbre continental.
El mensaje, sellado con el emblema de la balanza y la paloma, símbolo de la neutralidad de Arkena, llegó a cada nación con la misma advertencia: > “El continente despierta.
Que sus líderes hablen antes de que la tierra vuelva a arder.” Era el llamado más importante desde el fin de la guerra.
Los gobernantes del Imperio, los reinos, los ducados, el principado y la república debían reunirse para definir el nuevo orden, restablecer los lazos rotos y decidir el destino de las tierras que aún sangraban por el conflicto.
Y así, el continente entero volvió a latir al unísono.
Era el inicio de una nueva era.
Imperio del Dragón Dorado En la vasta capital imperial, Xijan city, los rayos del sol naciente teñían de dorado los tejados curvados del Palacio de las Llamas Eternas.
Las banderas del dragón ondeaban sobre los torreones, y el incienso del templo imperial flotaba sobre los patios silenciosos.
El emperador Jin Long revisaba documentos con gesto grave, mientras a su lado, el gran consorte Suwei Long observaba las columnas de cifras y reportes de reconstrucción.
En un rincón, la joven princesa Xiaolian Long los miraba con atención, intentando comprender los engranajes de aquel mundo adulto.
—Han pasado solo dos años desde el fin de la guerra —murmuró Suwei, con voz reflexiva—.
El continente se está levantando… pero las heridas aún no han cerrado.
—Por eso debemos actuar con prudencia —respondió el emperador, sin apartar la mirada de los sellos—.
En Arkena se decidirá no solo el destino de la República, sino el camino de todos nosotros.
Xiaolian levantó la vista, con la inocente curiosidad de una hija del poder.
—¿Y cuándo partiremos, padre?
El emperador la miró con ternura.
—En tres días.
Y mientras tanto, tú, hija mía, asumirás tus primeras responsabilidades.
El pueblo debe verte, y confiar en ti como en nosotros.
El silencio del palacio se volvió solemne.
Los sirvientes, los ministros y los generales comenzaron a moverse con la precisión de un ejército invisible.
El Imperio del Dragón Dorado se preparaba, una vez más, para marcar el destino del continente.
Reino de Nanxi En la capital Shenlin City, el aire olía a tinta fresca y madera pulida.
Los pasillos del palacio real eran un laberinto de mapas, mensajeros y ministros.
El rey Heo de Nanxi, hombre de voz firme y mirada fría, discutía los preparativos junto a la reina consorte Emilia, mientras el príncipe heredero Liang Wang escuchaba con atención.
—Arkena no es un campo de batalla —dijo el rey—, pero allí se libra una guerra diferente: la de las palabras.
La reina, con una sonrisa leve, añadió: —Y la diplomacia.
Recuerda eso, hijo mío.
El joven heredero asintió.
Desde que la guerra había terminado, había aprendido que el silencio y la estrategia podían ser más poderosos que una espada.
En los patios interiores, las tropas se entrenaban, no por miedo, sino por precaución.
Nanxi, tierra de orden y disciplina, no dejaría su destino al azar.
Reino de Xianbei Más al norte, el viento soplaba entre montañas cubiertas de nieve.
En el patio central del Palacio de Hielo, el príncipe Tao Zhoran practicaba con su espada, sus movimientos tan precisos como un poema en movimiento.
La reina Meiling, su madre, lo observaba desde una galería alta junto al príncipe consorte Kaito Ren, quien había sido general durante la guerra.
La noticia de Arkena había llegado al amanecer, acompañada del rumor de los cuervos.
—La guerra nos enseñó que la fuerza no basta —dijo la reina—.
Ahora debemos enseñar a nuestros aliados que Xianbei también sabe mantener la paz.
Zhoran bajó la cabeza en señal de respeto, mientras el viento agitaba su capa azul oscuro.
Su mirada, serena pero determinada, mostraba que había heredado tanto la sabiduría de su madre como la valentía de su padre.
Allí, en las heladas tierras de Xianbei, el deber era una forma de amor.
Reino de Andshi En el Reino de los Lagos, el reflejo del sol bailaba sobre las aguas cristalinas.
La princesa Meilin Thariel caminaba junto a su madre, la reina Selene, por los muelles recién restaurados.
Los barcos de carga partían hacia las costas del norte llevando trigo, medicinas y promesas de comercio.
—Madre —preguntó Meilin, mientras el viento jugaba con su cabello—, ¿por qué todos deben ir a Arkena?
La reina sonrió, observando el horizonte.
—Porque la paz necesita guardianes, hija mía.
Y cada nación debe ser uno de ellos.
Meilin asintió, comprendiendo.
En su mirada había la calma del agua, pero también la firmeza de quien entiende que la belleza debe ser protegida.
Reino de Koryun En el sur, entre montañas y templos antiguos, los monjes encendían incienso y repicaban las campanas del amanecer.
La princesa Alina Volker revisaba junto a su padre, el rey Dorian Volker, los documentos que llevarían a la cumbre.
Era una joven decidida, de espíritu fuerte y mente analítica, una flor de acero del sur.
—Padre, ¿crees que la República aceptará sus errores?
—preguntó con tono sereno.
Darian exhaló despacio.
—No todos los hombres lo hacen, hija… pero el continente necesita justicia, no venganza.
Aquellas palabras quedaron grabadas en su corazón.
La justicia, comprendió Alina, podía ser más difícil de alcanzar que la victoria.
Gran Ducado de Veyora En Voyporte, los muelles resonaban con el martilleo de los carpinteros.
El aire olía a sal, alquitrán y esperanza.
La gran duquesa heredera Serenya Falecor supervisaba los trabajos de restauración del puerto mientras su padre, el duque Edric Falecor, leía la carta de Arkena bajo la luz de la mañana.
Su expresión cambió lentamente: primero sorpresa, luego reflexión, y finalmente, determinación.
—Será en Arkena —dijo con voz firme—, y allí se decidirá el futuro del continente.
Nadie en ese momento imaginaba que semanas después, Veyora sería elegida como sede de los Juegos Anuales del Continente, símbolo de unidad y esperanza.
Serenya sonrió, mirando el mar.
“Tal vez esta vez,” pensó, “la historia no se escriba con sangre.” Principado de Takrin En el palacio de mármol blanco, la princesa Siyana Takrin aún guardaba los regalos de su cumpleaños cuando su padre, el príncipe soberano Lucian de Takrin, la llamó a su despacho.
La luz del sol atravesaba los ventanales, iluminando el rostro del gobernante, que observaba el horizonte con expresión serena.
—La paz no se mantiene sola, hija —dijo con voz tranquila—.
Debemos defenderla también con decisiones justas.
Siyana asintió con serenidad.
A sus dieciocho años, ya no era la niña de antaño, sino una joven formada por la responsabilidad y la empatía.
Había aprendido que el liderazgo no solo se hereda, sino que se demuestra en los momentos difíciles.
En su mirada brillaba una determinación tranquila, la misma que había caracterizado a los grandes soberanos de su linaje.
Las celebraciones habían quedado atrás; ahora comenzaba el verdadero deber.
La princesa de Takrin comprendía que su destino ya no era esperar órdenes, sino empezar a forjar su propio camino.
Gran Ducado de Suryun En los valles nevados del norte, el joven duque heredero Weilan Atham entrenaba con su lanza, rodeado por los ecos del acero.
Su padre, el gran duque Roderic Atham, lo observaba desde las gradas de piedra.
—Mientras estemos fuera —ordenó el duque—, quiero que supervises los talleres de artesanos.
Que cada ciudadano sienta que su esfuerzo es visto y valorado.
Weilan asintió con seriedad.
La responsabilidad pesaba sobre sus hombros, pero en su mirada había fuego.
Suryun, tierra de montañas y juramentos, era conocida por su lealtad inquebrantable.
República Federada de Oshiran En el otro extremo del continente, el panorama era distinto.
La capital, Oshira City, aún mostraba cicatrices de la guerra: fachadas ennegrecidas, calles reparadas a medias y monumentos cubiertos de andamios.
En el despacho presidencial, el canciller Federico Verek observaba desde su ventana los restos de un pasado que no terminaba de desaparecer.
La carta de Arkena y la convocatoria lo habían sorprendido, pero no intimidado.
Rodeado de ministros y generales, habló con una voz que retumbó como acero: —Nos llaman para rendir cuentas —dijo con frialdad—.
Pues iremos… pero no para inclinarnos.
Nadie respondió.
El eco de sus palabras se quedó flotando en el aire, como un presagio.
Fin del Capítulo 6 Los vientos del continente comenzaron a cambiar.
Por primera vez desde la guerra, los nueve países volvían a mirar hacia un mismo punto en el mapa: la Isla Arkena, donde se decidiría el destino de todos.
El continente despertaba… y con él, también lo hacían las ambiciones, los secretos y las esperanzas dormidas.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES kiroblack Cada nación guarda sus heridas, sus orgullos y sus sueños.
Pero cuando el destino llama, incluso los imperios y reinos más distantes deben escuchar.
Este capítulo marca el amanecer de un nuevo mundo, donde la paz no es un regalo… sino una elección que todos deberán defender.
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