EL CONSORTE DEL DRAGÓN IMPERIAL - Capítulo 2
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- Capítulo 2 - 2 Capítulo 2 La llamada de la corte imperial
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2: Capítulo 2: La llamada de la corte imperial 2: Capítulo 2: La llamada de la corte imperial El sonido de los cascos de los caballos rompió el silencio del amanecer.
Las aves se dispersaron entre las ramas.
Las hojas temblaron.
Y la vieja campana de piedra, colgada en el arco de la entrada a la mansión Jinhai, volvió a resonar después de muchos años.
Un mensajero imperial descendió con solemnidad.
Vestía rojo y oro.
El sello del Consejo de Ancestros colgaba de su cinturón.
Frente a él, la señora Wuyin inclinó la cabeza.
—¿Qué busca el Sol Imperial en una casa que ya no brilla?
El emisario desplegó el pergamino con una reverencia marcada por siglos de tradición.
—Por orden del Emperador Jin Long y del Alto Consejo: “Ha sido elegido un Omega entre las casas nobles para presentarse ante la Corte del Dragón.
Que las estrellas guíen su paso.” Wuyin bajó la vista.
Sus dedos temblaron por un instante.
—¿Quién ha sido nombrado?
El emisario alzó la voz con firmeza.
—Jinhai Suwei, descendiente directo de la línea de la grulla blanca.
El aire se detuvo.
Suwei, que había estado observando desde el pasillo de madera, dio un paso al frente, sereno… pero con el corazón tamborileando en el pecho.
—Yo soy.
El emisario lo miró con un dejo de sorpresa.
No esperaba que aquel joven tuviera esa voz firme, ni esa mirada de hielo y fuego al mismo tiempo.
—Tendrás siete días para presentarte en el Palacio de las Llamas Eternas.
Dejó el pergamino sellado y se retiró con la misma precisión con la que había llegado.
En el salón principal, el pergamino yacía sobre la mesa ancestral.
Suwei lo leía en silencio por tercera vez.
La tinta dorada brillaba bajo la luz de las lámparas.
Wuyin habló sin levantar la mirada.
—Hace siglos, la Casa Jinhai dio consortes.
Y algunos… dieron su vida.
Pero tú, Suwei… tú no eres uno más.
—No fui criado para servir —dijo él con calma—.
Pero tampoco para rechazar mi destino.
La anciana lo miró entonces.
Sus ojos se humedecieron, pero no cayó ni una lágrima.
—El palacio no es como el lago.
Ahí, los reflejos son cuchillos.
Suwei asintió.
Sabía que no podía escapar de la visión del dragón, ni del fuego que crecía dentro de él desde aquel día en el santuario.
Esa noche, en su habitación, Suwei sostuvo entre sus manos un pequeño relicario de grulla.
Lo había heredado de su padre antes de su desaparición.
Lo abrió.
Dentro, un pétalo marchito de flor de luna… aún con aroma.
Lo cerró con delicadeza.
—Padre… madre… No sé si esto es castigo o renacer.
Pero voy a caminar ese camino.
En las sombras del jardín, una figura observaba desde la distancia.
Un guardián silencioso.
Un enviado del palacio… o quizás alguien más.
Solo susurró, con voz grave: Así comienza.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES kiroblack A veces, no elegimos cuándo comienza el viaje… pero sí cómo caminamos.
Este capítulo marca el primer llamado, el instante donde el destino deja de ser una visión y se vuelve un camino real.
Suwei ya no es solo un muchacho frente a un lago: ahora es un nombre escrito en tinta dorada.
Gracias por seguir esta saga.
Lo que viene… cambia todo.
kiro No es fácil crear una obra, ¡deme un voto por favor!
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