EL CONSORTE DEL DRAGÓN IMPERIAL - Capítulo 205
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205: Capítulo 4 – Preparativos y coordinación continental 205: Capítulo 4 – Preparativos y coordinación continental El amanecer bañaba Drakoria con una luz dorada que parecía fluir desde los cielos mismos.
Las montañas al este del Gran Ducado de Veyora se encendían lentamente, y un velo de neblina cubría los valles, como si la tierra respirara antes de un gran acontecimiento.
Los pueblos despertaban con una mezcla de entusiasmo, orgullo y ansiedad: hacía más de una década que el continente no celebraba unos juegos conjuntos, y ahora, por decisión unánime del Consejo de Naciones, Veyora sería el corazón de todo.
Desde las torres del Palacio Ducal, los estandartes ondeaban al ritmo del viento matinal.
Banderas de colores distintos se mecían en armonía: el morado del imperio, el verde y blanco de Nanxi, el gris y blanco de Koryun, el rojo de Xianbei, el blanco de Andshi , Azul oscuro de Takrin , el violeta de Veyora, Amarillo y blanco de Suryun, y finalmente el Rojo y dorado de Oshiran símbolo de unión y paz.
Los mensajeros galopaban por las avenidas adoquinadas llevando órdenes, los artesanos abrían sus talleres, los jardineros limpiaban los caminos de flores marchitas y los soldados ayudaban a montar estructuras temporales.
En cada rincón del Gran Ducado se sentía el mismo pulso: la preparación de algo más grande que cualquier frontera.
Rashín: Ciudad histórica En Rashín, ciudad histórica del gran Ducado y sede de las competiciones ecuestres, la Gran Duquesa consorte Alejandra de Veyora inspeccionaba personalmente los preparativos.
Vestía una capa azul oscuro con bordes plateados y llevaba el cabello recogido en un moño sobrio.
Su paso era firme, y su voz, tranquila pero inquebrantable, se imponía sobre el murmullo de los obreros.
—Asegúrense de reforzar las barreras del flanco este —ordenó—.
Y que los cuidadores alimenten a los caballos antes del mediodía.
No quiero animales exhaustos ni maltratados en esta pista.
Su tono no admitía réplica.
A su lado, el Gran Consorte Imperial, Suwei Jinhai, observaba con una sonrisa contenida.
Sostenía un plano en sus manos, revisando las rutas de acceso, los puestos de descanso y las gradas.
—Cada detalle cuenta, Alejandra —dijo con calma—.
Cuando llegue el día, los pueblos verán que la unidad puede organizarse sin jerarquías, sin soberbia, solo con respeto y propósito.
Ella asintió.
—Eso espero, Susu (Suwei).
Que estos juegos no sean solo un espectáculo… sino una lección para todo Drakoria.
Un grupo de aprendices de arquitectura pasó cerca, llevando rollos de tela y herramientas.
La Duquesa consorte los detuvo un momento, observando sus rostros jóvenes, llenos de nervios y esperanza.
—Recordad esto —les dijo suavemente—: no construís gradas, sino recuerdos.
Cada persona que se siente aquí recordará que fue testigo del comienzo de una nueva era.
Los muchachos inclinaron la cabeza con respeto antes de continuar.
— Eryundos: El alma del arte Mientras tanto, en Eryundos, la ciudad cultural de Veyora, la actividad era un torbellino de color y ritmo.
Las avenidas estaban cubiertas de guirnaldas, los mercados rebosaban de telas y aromas, y los artistas afinaban sus instrumentos bajo toldos adornados con símbolos de todas las naciones.
Emilia Hana, Reina Consorte de Nanxi, recorría los pabellones junto a , Kaito Ten Principe Consorte de Xianbei, y Matteo Riku, Príncipe Consorte de Koryun.
Entre los tres supervisaban los escenarios donde se realizarían los juegos de pelota, las exhibiciones de danza, canto y artesanía.
—Los juegos no son solo deporte —comentó Emilia mientras revisaba una hilera de tapices bordados—.
Cada color, cada melodía, cada plato que sirvamos contará quiénes somos.
Nuestro arte es el alma de nuestras tierras.
Kaito Ren asintió, observando a un grupo de músicos practicar una melodía ancestral con flautas de bambú y tambores de cuero.
—La música une lo que la historia separó —dijo—.
Quizá eso es lo que realmente necesitamos: un mismo ritmo, aunque hablemos distintos idiomas.
Matteo, con una sonrisa serena, trazó con el dedo sobre un mapa la ubicación de los pabellones.
—Si colocamos los puestos de Nanxi cerca del lago artificial, el reflejo de sus linternas creará una vista impresionante al anochecer —propuso—.
Y los de Koryun podrían ubicarse junto al anfiteatro, para que el sonido del tambor resuene en toda la ciudad.
Emilia lo miró con admiración.
—Hablas como un arquitecto de almas, Matteo.
Él soltó una pequeña risa.
—Solo intento que cada rincón respire armonía.
— Halven: La joya del mar Al suroeste, Halven, la ciudad portuaria del Ducado, bullía con una energía distinta.
El aire olía a sal y madera húmeda, y las gaviotas revoloteaban sobre los muelles donde se alzaban tribunas flotantes para las competencias de natación.
Los ingenieros supervisaban el anclaje de las plataformas, y los pescadores del lugar ofrecían su ayuda con orgullo, deseosos de que su ciudad brillara ante el continente entero.
En medio de aquella actividad se encontraba Valentina Mei, Princesa Consorte de Andshi,la princesa consorte Sofía de Takrin ,Bruno Sora gran duque consorte de suryun, Isabella esposa del canciller de oshiran.
A sus lados, un grupo de nadadores entrenaba en el agua, sus brazadas sincronizadas formando destellos plateados bajo el sol.
—El mar es nuestra herencia —dijo Valentina con voz serena—.
Cada brazada, cada movimiento, debe reflejar no solo fuerza, sino también respeto.
Que los pueblos vean que la disciplina puede ser arte.
Un entrenador asintió.
—Estamos trabajando en eso, Altezas.
Los equipos de Andshi y Veyora entrenan juntos.
Ya casi nadan como si fueran uno solo.
Valentina sonrió.
—Entonces estamos en el camino correcto.
A pocos metros, los niños del puerto colocaban pequeñas banderas de colores a lo largo del muelle.
Uno de ellos, con la cara manchada de pintura, se acercó a ofrecerle una con los colores de su nación.
—Para usted, señora.
Es la bandera del mar.
Dice mi abuela que da suerte.
La princesa se arrodilló y tomó la bandera con gratitud.
—Gracias, pequeño.
Entonces que el mar nos bendiga a todos.
— Los preparativos globales A lo largo del Ducado, el mismo espíritu se repetía.
En las plazas, los músicos ensayaban marchas solemnes; en los templos, los sacerdotes preparaban ceremonias de bendición; en las academias, los jóvenes entrenaban con fervor.
Todo Veyora se había convertido en un gigantesco corazón latiendo al ritmo del deber y la esperanza.
En los salones de planificación del Palacio Ducal, los gobernantes se reunían con sus parejas.
Mapas, cronogramas y cartas diplomáticas cubrían las mesas.
Cada línea representaba una promesa, cada sello un pacto de confianza.
—Debemos asegurarnos de que los equipos tengan alojamiento y rutas seguras —explicó Suwei Jinhai, señalando las rutas de transporte—.
La puntualidad es tan importante como la gloria de los ganadores.
Bruno lo escuchaba, pensativo, mientras revisaba la lista de delegaciones.
—La cooperación será nuestra verdadera victoria, Susu.
No quiero medallas, quiero respeto.
Que cuando esto termine, las naciones regresen a casa con la certeza de que pueden confiar unas en otras.
Emilia Hana levantó la vista.
—Eso depende de nosotros.
Si los líderes no damos ejemplo, los pueblos repetirán los errores del pasado.
Matteo Riku cruzó los brazos, meditando.
—Quizás por eso estos juegos son tan importantes.
No para competir… sino para reconciliar.
El silencio que siguió fue profundo, casi espiritual.
Cada uno de ellos entendía el peso de esas palabras.
— El atardecer sobre Veyora El sol descendía lentamente, tiñendo los tejados de oro y escarlata.
Las campanas resonaron en las torres del Palacio Ducal, y el sonido se extendió por las colinas, mezclándose con el canto de los pájaros que volvían a sus nidos.
Los líderes se reunieron en el balcón principal del palacio.
Desde allí podían ver las luces encenderse una a una, como estrellas naciendo en la tierra.
Las risas de los trabajadores, los cantos de los niños, los ecos de martillos y flautas formaban una melodía que hablaba de unión.
Alejandra apoyó las manos en la baranda de piedra y habló con voz emocionada: —Drakoria está a punto de presenciar algo histórico.
No serán solo juegos… será el símbolo de lo que podemos construir cuando dejamos de mirar hacia atrás.
Suwei asintió, mirando el horizonte.
—El pasado nos dividió.
Pero el futuro, Alejandra… el futuro puede ser nuestro legado.
Valentina Mei añadió suavemente: —Que los mares, las montañas y los desiertos sean testigos.
Que nuestros pueblos aprendan a competir sin destruirse, a celebrar sin humillar, a soñar sin fronteras.
Isabella cerró los ojos, dejando que el viento le acariciara el rostro.
—Quizá, al final, la verdadera victoria sea la paz.
El grupo permaneció en silencio unos segundos más, observando cómo las antorchas se encendían en cada calle, en cada plaza, en cada puerto.
Veyora brillaba como una constelación viva.
Y en ese instante, todos comprendieron que el destino del continente ya había comenzado a cambiar.
— El viento nocturno trajo consigo un silencio solemne.
Las estrellas aparecieron, reflejándose en los ríos y canales del Ducado.
En las aldeas más lejanas, los campesinos también levantaban los ojos al cielo, sabiendo que algo grande estaba por llegar.
Las grandes responsabilidades pesaban sobre los hombros de los líderes, pero también los impulsaban.
Sabían que no bastaba con organizar juegos: debían encender una llama que sobreviviera a las estaciones, a los conflictos y al tiempo.
Porque la determinación, la planificación y la cooperación podían transformar un continente.
Y esa noche, bajo el manto de un cielo en calma, el Gran Ducado de Veyora se convirtió en el corazón palpitante de la esperanza.
Fin del Capítulo 4 – Preparativos y coordinación continental REFLEXIONES DE LOS CREADORES kiroblack Entre manos que construyen, líderes que guían y pueblos que sueñan, se revela una verdad simple: cuando las naciones cooperan, los muros se derrumban y nacen los puentes.
Los juegos son solo el inicio; el verdadero triunfo está en la armonía que une corazones más allá de las fronteras.
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