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EL CONSORTE DEL DRAGÓN IMPERIAL - Capítulo 207

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207: Capítulo 6 – Los últimos retoques y la supervisión de los herederos 207: Capítulo 6 – Los últimos retoques y la supervisión de los herederos El sol alumbraba Drakoria con un brillo casi solemne, como si los cielos fueran testigos silenciosos de un acontecimiento histórico.

Cada ciudad sede se encontraba en plena actividad, vibrante, llena de vida y movimiento.

En el Gran Ducado de Veyora, los gobernantes y sus parejas trabajaban como un único cuerpo, revisando y ajustando los detalles finales.

Las avenidas estaban decoradas con estandartes brillantes de todos los países; Morado,rojo, blanco y verde, azul oscuro, gris y blanco, blanco, amarillo y blanco, violeta,y rojo y dorado ondeaban con el viento, mientras artistas, guardias y voluntarios corrían de un lado a otro, dando toques finales a los escenarios ceremoniales.

Decoraciones, logística, seguridad, orden público, distribución de recursos, coordinación intercontinental: nada escapaba a su atención.

Cada decisión era tomada con cuidado milimétrico, con el peso de la responsabilidad de unir a los pueblos sobre sus hombros.

Los gobernantes consultaban mapas tridimensionales, discutían con consejeros, revisaban listas interminables de tareas mientras sus parejas asistían en protocolo, cultura, diplomacia y recepción oficial.

Los pasillos del palacio resonaban con pasos apresurados, voces tensas, energía contenida.

Veyora se había convertido en un centro de mando.

Pero el verdadero pulso del día estaba lejos de allí.

Porque en cada país, los herederos —jóvenes, decididos, elegidos por su sangre y por su mérito— habían asumido un rol crucial: supervisar los entrenamientos finales, asegurar que los equipos estuvieran en condiciones perfectas, y demostrar que podían cargar, aunque fuera por un día, el peso del futuro.

Imperio del Dragón Dorado – Princesa Xiaolian heredera del trono dorado La princesa Xiaolian avanzaba con seguridad por los pasillos perfumados de jazmín de la Escuela de Natación Celeste.

Su túnica color marfil flotaba detrás de ella mientras caminaba, y su expresión mezclaba dulzura con disciplina.

Observaba a los nadadores cortar el agua con precisión impecable, como si fueran criaturas marinas talladas por los dioses.

—Más sincronización —ordenó suavemente, sin elevar la voz.

Los entrenadores se apresuraron a ajustar posiciones, movimientos, ritmos.

Luego marchó hacia la Academia de Equitación del Dragón.

Allí los caballos resoplaban con energía, levantando polvo dorado a cada salto.

Xiaolian se detuvo junto a la cerca, analizando la postura de cada jinete con ojos agudos.

Habló con el maestro de establo, recordó detalles de su infancia entrenando allí, corrigió ángulos, señaló mejoras.

Después visitó el Campo Dorado, donde los jugadores de pelota ejecutaban jugadas rápidas.

Xiaolian tomó notas sobre coordinación, velocidad, comunicación.

Su actitud era serena, pero su presencia imponía disciplina.

Reino de Nanxi – Príncipe Liang heredero del trono del pavo real Liang recorría el terreno con pasos largos y firmes.

Su mirada era intensa, acostumbrada a observar más allá de lo evidente.

Verificaba las prácticas, repasaba horarios con los entrenadores, supervisaba calentamientos, estrategias, condiciones físicas.

Se inclinaba para hablar con un atleta nervioso, corregía a un arquero que perdía precisión, animaba a una atleta del miedo a equivocarse.

—Respiren todos juntos —ordenó—.

Los Juegos no se ganan solo con músculo.

Se ganan con mente y espíritu.

Su tono era exigente pero inspirador.

Reino de Xianbei – Príncipe Tao Heredero al trono del fenix dorado Tao inspeccionaba la Piscina de los Mares Eternos, donde el agua azul profundo parecía reflejar el cielo mismo.

Los nadadores se movían como flechas plateadas.

Tao se inclinaba, observaba desde ángulos distintos, preguntaba por el ritmo cardiaco, la resistencia, la velocidad.

Luego caminó hasta los establos de la Colina del Viento.

Allí los caballos blancos de Xianbei relinchaban con fuerza, y los jinetes practicaban maniobras complejas bajo la sombra de los árboles sagrados.

Finalmente llegó al Campo de Jade, donde el juego de pelota tomaba vida entre gritos, estrategias y giros rápidos.

Tao anotó ideas, ajustó formaciones, coordinó con los entrenadores con la calma propia de un líder que piensa a largo plazo.

Reino de Andshi – Princesa Meilin Heredera del trono grifo dorado Meilin era una sombra elegante que se desplazaba entre los equipos.

Su presencia transmitía disciplina y rigurosidad.

Pasó por la piscina, observó a los nadadores, habló con los médicos, revisó hidratación, analizó los movimientos de los entrenadores.

En la equitación, caminó entre los caballos, tocó sus frentes, revisó el estado de los arneses, evaluó el comportamiento de los jinetes.

En el balón, aseguró que los jugadores mantuvieran el espíritu competitivo, pero sin perder el honor del reino.

Su mirada crítica era un faro para todos.

— Reino de Koryun – Princesa Alina Heredera del trono del lobo blanco Alina era precisión y perfección.

Llevaba un cuaderno donde anotaba cada detalle, cada desajuste, cada error.

Verificaba abastecimiento de agua, control de horarios, seguridad del perímetro, orden de las prácticas.

Sacaba conclusiones rápidas, hablaba con los capitanes y marcaba prioridades.

Era el equilibrio entre autoridad y compasión.

Principado de Takrin – Princesa Siyana Heredera del trono búho dorado Siyana era una fuerza que cruzaba los campos con determinación absoluta.

Su mirada era penetrante, su postura recta, su presencia intimidante.

Los atletas se alineaban cuando ella llegaba.

—Concentración —decía, y todos la escuchaban.

Revisó natación, equitación y balón, asegurándose de que cada movimiento tuviera propósito.

Para ella, disciplina era la clave de la victoria.

— Gran Ducado de Veyora – Gran Duquesa Serenya heredera al trono del Unicornio Serenya coordinaba las prácticas como una general dirigiendo un ejército.

Su voz era firme, sus gestos calculados, sus ojos atentos a cada detalle.

Caminaba entre los campos revisando que todo estuviera listo: entrenadores, atletas, horarios, instalaciones.

Era exigente, pero justa, y todos la respetaban.

— República Federada de Oshiran – Velen Velen era orden puro.

Su supervisión meticulosa garantizaba que cada disciplina se desarrollara según lo planeado.

Revisaba tiempos, técnicas, posiciones, condiciones de los equipos.

Era serio, observador, y su tono marcaba el ritmo del día.

Gran Ducado de Suryun — Gran Duque heredero Weilan, el León Coronado Weilan avanzaba por los terrenos de entrenamiento con una calma que parecía derramarse sobre todos a su paso.

Su porte era imponente, pero no por arrogancia, sino por la serenidad que transmitía.

Era la mezcla perfecta entre nobleza y humildad.

Llevaba la capa azul profundo del linaje de Suryun, bordada con hilos plateados que representaban al León Coronado: símbolo de poder, sabiduría y protección.

Cada movimiento suyo —mesurado, constante, firme— inspiraba a quienes lo observaban.

El sol, filtrado entre las nubes blancas que coronaban el cielo de Suryun, daba a su figura un halo cálido.

Los jóvenes se detenían, inclinaban la cabeza o sonreían al verlo acercarse.

Él respondía con gestos suaves, genuinos, un toque en el hombro aquí, una palabra alentadora allá.

—Respiración —decía a un joven nadador con voz tranquila—.

El agua no se domina con fuerza.

Se fluye con ella.

Se arrodillaba sin dudar para quedar a la altura del muchacho, mirándolo directamente a los ojos.

Sus palabras no eran órdenes, eran guía.

El atleta asentía, respiraba profundo, recuperaba la postura y se lanzaba otra vez al agua con una técnica más refinada.

Luego caminaba hacia los establos, donde los caballos relinchaban bajo el aroma de heno fresco.

Los jinetes practicaban maniobras, y él observaba con atención, tomando nota mental.

En ocasiones levantaba la mano, pidiendo detener un salto, corregía un ángulo, sugería un ajuste en la comunicación entre jinete y montura.

—La confianza es mutua —explicaba—.

No es solo dominio.

Es compañerismo.

Los entrenadores escuchaban con respeto.

Weilan no imponía; enseñaba.

Y esa diferencia se sentía.

Luego se dirigía al Campo del León, donde los jugadores de pelota realizaban pases y maniobras rápidas.

Sus pasos eran silenciosos sobre la hierba, pero su presencia era suficiente para que los capitanes enderezaran la espalda y ajustaran la formación.

—Excelente coordinación, pero más comunicación —dijo—.

La estrategia sin armonía se fragmenta.

Todos asentían.

Su tono era firme, pero jamás golpeado por la dureza.

Era el liderazgo suave del heredero destinado a unir antes que a dividir.

Su presencia era una red invisible que sostenía a todos.

Un farol encendido en medio de la preparación frenética.

Un recordatorio de por qué Suryun era respetado: no solo por su fuerza militar o su belleza natural, sino por la calidad humana de su gente y la sabiduría de sus líderes.

— La tarde avanza — El continente respira al unísono A medida que el sol descendía, alargando las sombras y coloreando el cielo con tonos ámbar y violetas, cada país mostraba señales claras de preparación.

Era como ver un gigantesco reloj de engranajes perfectos moviéndose al unísono.

En Nanxi, los entrenadores gritaban indicaciones sobre el ritmo de los equipos.

En Xianbei, los caballos galopaban como flechas blancas cruzando la llanura.

En Andshi, los nadadores cortaban el agua con fuerza de marea.

En Koryun, los estrategas repasaban tácticas y rotaciones.

En Takrin, la disciplina era un latido firme, sincronizado, poderoso.

En Oshiran, la precisión marcaba cada movimiento, cada respiración.

En Suryun, la calma y unidad dominaban el ambiente.

Era una coreografía gigantesca, orquestada por voluntad, responsabilidad y honor.

Los entrenamientos fluían como si el continente entero hubiera aprendido a moverse en la misma canción.

Las voces de los instructores, los pasos de los atletas, los relinchos, los chapoteos del agua, los gritos de ánimo, los aplausos espontáneos… todo formaba un coro de preparación que vibraba en el corazón de Drakoria.

Los hijos de los gobernantes, pese a sus diferencias de personalidad, estilo y temperamento, demostraban madurez real.

Cada uno estaba en su papel, sosteniendo el peso de su nación, afinando lo que sus padres habían comenzado.

La tensión típica de los entrenamientos finales se había transformado en confianza.

Responsabilidad.

Orgullo.

Unidad.

Drakoria estaba lista Cuando el sol finalmente tocó el borde del horizonte y las ciudades adoptaron el brillo dorado del atardecer, una sensación de alivio recorrió el continente.

Todo estaba en su sitio.

Cada pieza se había ajustado.

Cada equipo estaba en forma.

Cada escenario listo para recibir historia.

En el Gran Ducado de Veyora, los gobernantes revisaban por última vez los protocolos.

Los mapas estaban completos.

Las caravanas organizadas.

Los escenarios decorados.

Las rutas aseguradas.

Los padres habían preparado el escenario mayor en Veyora, el corazón donde se recibirían delegaciones, donde los atletas desfilarían por primera vez, donde el fuego sagrado sería encendido.

Los hijos habían cerrado cada detalle en sus países, asegurando que cada atleta, cada caballo, cada nadador, cada artista y cada músico estuviera listo para representar su patria con honor.

La coordinación era impecable.

La sincronía, admirable.

La promesa Cuando las primeras estrellas comenzaron a surgir en el cielo oscuro, una certeza se instaló como un faro en el continente entero: Todo estaba preparado.

Los Juegos Anuales del Continente no serían simplemente un evento deportivo.

No serían solo un festival cultural.

No serían simplemente una tradición reanudada.

Serían un puente.

Un símbolo.

Un juramento silencioso entre pueblos que alguna vez estuvieron distantes.

Una esperanza de futuro.

Un evento que prometía unir a los pueblos.

Un evento que prometía cambiar el destino de Drakoria para siempre.

Y el viento nocturno, suave y frío, transportaba esa promesa como un susurro hacia cada ciudad… Como si el continente entero exhalara al mismo tiempo.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES kiroblack En este capítulo, los herederos no solo supervisan: crecen.

Bajo su guía, Drakoria late como un solo corazón.

La tensión del esfuerzo se convierte en armonía, y la preparación deja de ser trabajo para transformarse en propósito.

Cada joven futuro líder demuestra que la paz también se construye con disciplina, unidad y esperanza.

Aquí, el continente respira al unísono… listo para la historia.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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