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EL CONSORTE DEL DRAGÓN IMPERIAL - Capítulo 209

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209: Capítulo 8 – Los entrenamientos en las ciudades sede 209: Capítulo 8 – Los entrenamientos en las ciudades sede El sol de la mañana se elevaba despacio, bañando las ciudades de Rashin, Eryundos y Halven con un brillo cálido que parecía tener vida propia.

Las sombras se estiraban sobre calles empedradas, techos coloridos y banderas que ondeaban suavemente, anunciando que los entrenamientos de los Juegos Anuales del Continente habían comenzado oficialmente.

Los ciudadanos despertaban temprano, ansiosos por presenciar lo que hacía décadas no se vivía con tanta armonía.

Las plazas se llenaban, los mercados abrían antes de lo habitual, y los niños corrían entre la multitud imitando a los jinetes, a los nadadores o a los jugadores del gran juego de balón.

Había expectación.

Había inquietud.

Pero sobre todo, había esperanza.

Rashin: la carrera de caballos Los terrenos de Rashin eran amplios, perfectamente delimitados con cercas de madera oscura que brillaban bajo el sol.

La arena fina levantaba pequeños remolinos cada vez que un caballo galopaba con fuerza.

El sonido de los cascos retumbaba en el aire como tambores marcando el destino.

Los caballos relinchaban con energía.

Sus crines doradas o negras se movían como fuego o como sombras, y los jinetes practicaban vueltas, aceleraciones, frenadas y giros cerrados.

Cada respiración de los animales era analizada, cada músculo observado con atención, cada movimiento corregido por entrenadores que conocían los secretos de la velocidad.

La princesa Xiaolian, vestida con un atuendo blanco y dorado del Imperio del Dragón Dorado, caminaba por los establos con una presencia que imponía respeto.

Su mirada era firme, estudiaba los cascos, la postura de los jinetes, el estado del recorrido.

Nada escapaba a sus ojos.

—Todo debe estar listo para dentro de dos días —dijo sin levantar la voz, pero con un tono que hacía que todos se alinearan inmediatamente—.

Cada caballo debe conocer el recorrido.

Cada jinete debe sentir confianza, respeto y control.

Un caballo que confía es un caballo invencible.

Los entrenadores asintieron, ajustando cinchas, revisando sillas de montar, probando la inclinación de las rampas.

A unos metros, Liang, Tao, Meilin, Alina, Serenya, Siyana, Velen y Weilan hacían lo mismo, cada uno desde su propio enfoque cultural y técnico.

Entre ellos no había competencia… todavía.

Había unidad, profesionalismo y un objetivo común: que todo saliera perfecto.

Liang analizaba cronómetros con la precisión de un ingeniero.

Tao revisaba el ritmo respiratorio de los animales.

Meilin corregía la postura de los jinetes.

Alina daba indicaciones tácticas.

Serenya caminaba junto a los jóvenes atletas, transmitiendo calma.

Siyana enseñaba nuevas técnicas de equilibrio.

Velen aseguraba que la pista estuviera nivelada.

Y Weilan se movía entre todos como un comandante silencioso, dando órdenes suaves pero efectivas.

La tensión era mínima, pero existía.

Era la tensión de la excelencia.

Rashin vibraba.

Eryundos: el juego de balón Eryundos era la ciudad de los colores vivos, de los sonidos que llenaban las calles, del ritmo que se sentía en el aire.

Mientras los músicos afinaban instrumentos en las plazas, los equipos de fútbol entrenaban en los campos principales, rodeados por graderías llenas de familias emocionadas.

El sonido del balón golpeando fuerte contra el césped se mezclaba con risas, instrucciones y gritos de ánimo.

Los jugadores practicaban pases cortos, pases largos, tiros a portería y jugadas tácticas que habían sido planeadas durante semanas.

Cada movimiento era rápido, preciso, sincronizado.

Serenya, duquesa heredera de Veyora, caminaba entre los deportistas con el porte de una líder joven pero lista para asumir un papel mayor.

Sus ojos recorrieron las líneas del campo, los cronómetros, las estrategias, las actitudes de cada atleta.

—Recuerden, chicos —dijo reuniendo a un grupo frente a ella—, no solo se trata de ganar.

Se trata de dar lo mejor de ustedes y representar a su país con honor.

Cada paso que den aquí resonará en sus hogares, en sus familias, en la historia.

Los jugadores asintieron con fuerza.

A su alrededor, los demás supervisores observaban: Liang hablaba con los entrenadores de defensa.

Tao estudiaba la resistencia de los jugadores.

Meilin se encargaba de la coordinación femenina del equipo.

Siyana medía el ritmo cardíaco de los atletas.

Velen ajustaba los tiempos y rotaciones.

Alina corregía estrategias ofensivas.

Y Weilan, desde la sombra de un gran arco, analizaba silenciosamente la compatibilidad entre equipos mixtos.

Eryundos vibraba con emoción pura, con la energía del movimiento constante.

Era el lugar donde el espíritu competitivo brillaba más fuerte.

Halven: la natación Halven era diferente.

No era ruido: era flujo.

No era fuerza bruta: era precisión.

No era velocidad seca: era velocidad líquida.

La ciudad portuaria respiraba con el mar.

Los barcos se mecían suavemente, las gaviotas surcaban el cielo, y el viento traía olor a sal y libertad.

Las piscinas, enormes, reflectantes, parecían espejos cortados con diamante.

Los nadadores saltaban al agua creando pequeñas explosiones de luz.

Las brazadas eran perfectamente calculadas.

Cada uno seguía un programa riguroso: carreras de resistencia, velocidad, respiración controlada, coordinación grupal.

—Excelente —comentó Tao, príncipe de Xianbei, con la voz firme, pero cargada de satisfacción contenida, mientras revisaba el avance de los equipos desde la plataforma superior.

Sus ojos, afilados como los de un halcón, seguían cada brazada, cada giro bajo el agua, cada impulso de los nadadores que se deslizaban como serpientes marinas entre la espuma.

—Todo avanza según lo planeado.

En unos días veremos los resultados del esfuerzo —agregó con convicción.

Su tono no era arrogante; era la certeza de un líder que conoce la disciplina y la honra.

Xiaolian caminaba a su lado con paso elegante y controlado.

Su presencia iluminaba el lugar como un rayo de sol filtrándose entre nubes.

El atuendo blanco y dorado del Dragón Dorado se reflejaba en la superficie del agua, creando destellos mágicos a su alrededor.

Ella verificaba la temperatura del agua con artefactos especiales y además colocaba sus dedos dentro de la piscina para sentirla personalmente.

—Un grado arriba y la resistencia baja… un grado abajo y se alteran los tiempos —murmuró mientras anotaba.

Todo debía ser medido, calculado, exacto.

Los demás supervisores —Liang, Meilin, Siyana, Velen, Alina, Serenya y Weilan— trabajaban como piezas de un gigantesco mecanismo en movimiento.

Cada uno tenía una tarea diferente, pero todos operaban bajo la misma energía: excelencia.

Los entrenadores gritaban órdenes desde las plataformas.

Los sonidos se mezclaban: el silbato, el chapoteo, el choque de cuerpos con el agua, las respiraciones controladas.

Un nadador emergía con fuerza, otro giraba bajo el agua, otro se impulsaba desde el borde con una precisión casi militar.

Los nadadores rompían el agua como flechas vivas, dejando estelas plateadas que parecían lineas de luz.

Era como observar una danza liquida, llena de ritmo, de armonía, de control absoluto.

Mientras tanto, los supervisores anotaban datos en tablillas interminables, revisaban estadísticas, comparaban cronómetros, analizaban frecuencias cardíacas y proyecciones.

Los números corrían como ríos en los cuadernos, jamás descansando.

Halven no solo vibraba.

Halven respiraba disciplina.

Halven era belleza.

Halven era técnica en su forma más pura.

Halven era la fusión perfecta entre naturaleza y esfuerzo humano.

Los barcos en el puerto se mecían suavemente, acompañando el ritmo de los entrenamientos.

Las gaviotas sobrevolaban las piscinas en círculos amplios, como si también quisieran ser parte del espectáculo.

Los ciudadanos se reunían en las barandas ubicadas alrededor, observando con orgullo cómo la juventud de sus países se esforzaba sin descanso.

Cada nadador representaba algo más que un país.

Representaba una historia.

Representaba un linaje.

Representaba la unión de Drakoria.

— La coordinación entre ciudades A pesar de que Rashin se enfocaba en la carrera de caballos, Eryundos en el juego de balón y Halven en la natación, la coordinación entre ciudades era impecable.

No había ruido innecesario.

No había desorden.

No había cortocircuitos.

Era como si un mapa invisible conectara cada rincón del continente.

Los mensajeros viajaban con una velocidad casi sobrenatural.

Cabalgaban durante el día y la noche, sabiendo que cada segundo era crucial para el progreso de las delegaciones.

Los comunicadores mágicos funcionaban como espejos que permitían ver y escuchar a distancia, permitiendo reuniones instantáneas entre supervisores, entrenadores y autoridades.

Cada noche, en algún punto del Gran Ducado de Veyora, los hijos de los gobernantes se reunían para discutir avances y ajustar estrategias.

Liang comentaba sobre tiempos promedio.

Meilin informaba sobre lesiones menores.

Siyana compartía análisis de resistencia.

Alina proponía ajustes tácticos.

Velen recalculaba horarios.

Xiaolian explicaba los riesgos de temperatura fluctuante.

Tao revisaba el equilibrio emocional de los equipos.

Weilan velaba por la seguridad general.

Era una orquesta perfecta, donde cada nota debía encajar con armonía.

No había caos.

No había improvisación.

No había decisiones impulsivas.

Todo era medido, estudiado, planeado.

El continente lo sabía.

Y lo celebraba con orgullo.

Los mercados se llenaban de colores, los niños imitaban movimientos de los atletas, los músicos creaban canciones inspiradas en los Juegos.

Las familias conversaban sobre quién podría ganar, los ancianos recordaban historias antiguas, y los comerciantes adornaban sus puestos con símbolos de cada país.

Drakoria no solo se estaba preparando.

Drakoria estaba despertando.

— Cierre del capítulo Cuando llegó el atardecer, el cielo se convirtió en un lienzo que los dioses parecían pintar a mano.

Los tonos de naranja, púrpura, violeta y rojo se mezclaron como fuego líquido, iluminando cada ciudad con un brillo casi sagrado.

En Rashin, los últimos caballos galopaban con elegancia mientras el sol se reflejaba en sus crines.

Los jinetes completaban los últimos recorridos del día, sudorosos pero satisfechos, sabiendo que habían superado sus marcas.

En Eryundos, los balones rebotaban suavemente en el césped, entre risas y comentarios de entrenadores.

Las prácticas concluyeron con un aplauso general que se escuchó incluso desde las torres del centro.

En Halven, el agua se teñía de púrpura mientras los nadadores completaban sus últimas vueltas en silencio.

El sonido del agua era más suave, más lento, como si también quisiera descansar después de tanto esfuerzo.

Los entrenamientos iniciales estaban en marcha.

Los equipos estaban instalados.

Las ciudades respiraban una mezcla de orgullo, energía y un sueño compartido.

Sobre una colina cercana, elevada y bañada por el viento fresco, Serenya observaba el panorama como si fuera un cuadro pintado por el destino.

Su capa azul se movía con el viento, ondulando como una bandera, como el símbolo de un continente que por fin encontraba equilibrio.

Sus ojos, profundos y brillantes, contemplaban el epicentro del mundo.

No miraban solo ciudades: miraban historia.

—Drakoria… —susurró—.

Hoy, por fin, respira unida.

Su voz se mezcló con el viento, con el mar, con la arena, con los cascos de los caballos, con el chapoteo del agua y con las risas de los jugadores.

Era una voz que llevaba un mensaje, una voz que cargaba esperanza, una voz que los dioses escuchaban.

Bajo ese cielo que parecía inaugurado por los dioses, la verdadera historia comenzaba.

Pronto iniciarían los entrenamientos conjuntos.

Pronto llegaría la competencia oficial.

Pronto el continente sería testigo de algo que no veía desde hacía generaciones.

La magia de los Juegos Anuales estaba naciendo.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES kiroblack Escribir este capítulo fue como observar el corazón de Drakoria latiendo desde tres lugares distintos.

Aquí no hay guerra ni sombras, solo movimiento, dedicación y un sueño compartido.

Cada ciudad brilla con su propia energía, pero todas vibran al mismo ritmo: el de un continente que vuelve a creer en la unión.

Los entrenamientos no son solo preparación física; son el renacer de una identidad colectiva.

Aquí, Drakoria se descubre a sí misma… y respira unida.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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