EL CONSORTE DEL DRAGÓN IMPERIAL - Capítulo 214
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- Capítulo 214 - 214 Capítulo 3 – Primera Ronda de Natación
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214: Capítulo 3 – Primera Ronda de Natación 214: Capítulo 3 – Primera Ronda de Natación El amanecer en Halven trajo consigo una emoción electrizante que parecía recorrer cada calle, cada muelle y cada rincón de la ciudad portuaria.
La gran piscina del Gran Ducado de Veyora brillaba bajo los primeros rayos del sol, reflejando destellos dorados sobre el agua clara y cristalina.
Las gradas, ya llenas de habitantes del continente, vibraban con anticipación; la ciudad parecía latir al mismo ritmo que los corazones de todos los presentes.
Los nueve equipos nacionales se alinearon en sus carriles asignados, con la precisión de quien ha entrenado durante meses para este momento.
Cada nadador ajustaba su gorro y sus gafas, escuchando las últimas indicaciones de sus entrenadores, mientras algunos respiraban profundamente, concentrándose en la rutina que repetirían una y otra vez en el torneo.
La tensión era palpable: no solo representaban a sus países, sino también a la esperanza y orgullo de sus familias, de sus regiones y de cada ciudadano que los había visto crecer.
Desde la plataforma de supervisión, Xiaolian, princesa del Imperio del Dragón Dorado, observaba cada movimiento con una mezcla de orgullo y ansiedad.
Su mirada seguía la trayectoria de cada nadador, anticipando movimientos, analizando respiraciones y la fuerza de cada brazada.
Liang, príncipe del Reino de Nanxi, se inclinaba sobre la baranda, evaluando la postura de su equipo; Tao, de Xianbei, agitaba levemente su mano para animar a los nadadores a mantener la concentración; Meilin y Alina intercambiaban notas con los entrenadores sobre las estrategias de salida y los virajes en los extremos de la piscina; Serenya y Siyana observaban los detalles técnicos, mientras Velen y Weilan se aseguraban de que todo estuviera en orden, desde la señalización de los carriles hasta la seguridad de los jueces y oficiales.
—¡Que comience la primera ronda!
—anunció el juez principal, y un repique profundo de campana resonó en toda la instalación, marcando el inicio de la competencia.
Con un movimiento sincronizado y lleno de fuerza, los nadadores se lanzaron al agua, creando olas que chispeaban bajo el sol de la mañana.
Cada brazada parecía un combate silencioso: el agua se partía con precisión, las piernas impulsaban el cuerpo con potencia, y cada respiración estaba calculada al milímetro.
La competencia era intensa; desde el inicio, el Gran Ducado de Veyora y xianbei mostraban dominio técnico, pero el imperio y Koryun sorprendían con estrategias audaces, aprovechando cada viraje y cada impulso para mantenerse cerca de los primeros lugares.
En las gradas, los aplausos y gritos de ánimo se mezclaban con el olor a sal marina y a pan recién horneado de los vendedores que recorrían los pasillos ofreciendo dulces, frutas exóticas y bebidas refrescantes.
Cada espectador, ya sea un habitante local o un visitante de otro reino, se sentía parte de la emoción, aplaudiendo cada brazada, cada salida y cada viraje con un fervor que convertía la piscina en un mar de voces, banderas y esperanza.
Cuatro niños de cada país, elegidos para portar las banderas, saltaban y agitaban los estandartes con entusiasmo, recordando que los Juegos no eran solo sobre competencia, sino sobre celebración, unidad y orgullo cultural.
Sus ojos brillaban al ver a sus héroes nadar, y su energía contagiaba al público, elevando aún más la tensión en la piscina.
Los primeros metros fueron un despliegue de técnica y velocidad.
Xiaolian observaba cómo uno de los nadadores del Imperio tomaba la delantera, impulsándose con fuerza al salir de cada viraje.
Liang murmuraba instrucciones a su equipo, mientras Tao animaba a sus nadadores con gritos cortos y motivadores, sus palabras mezcladas con el rugido de la multitud.
Cada movimiento en el agua contaba: una brazada más lenta podía significar perder posiciones, y un viraje mal ejecutado podía costar la clasificación.
A medida que la carrera avanzaba, se notaba el desgaste físico de los atletas.
Los músculos tensos brillaban bajo el sol, la respiración coordinada de cada nadador marcaba la diferencia entre avanzar o quedar fuera.
Los entrenadores se movían a lo largo de la plataforma, ajustando posiciones, gritos de apoyo y pequeñas instrucciones tácticas.
La concentración era total; el sonido de los silbatos y los cronómetros electrónicos competía con el rugido del público, creando una sinfonía de adrenalina y emoción.
El clímax de la primera ronda llegó cuando los cuatro primeros equipos comenzaron a destacar de manera definitiva.
La técnica del Gran Ducado de Veyora brillaba por su sincronización; el Reino de Xianbei mostraba velocidad y resistencia sorprendentes; el Imperio del Dragón Dorado mantenía un ritmo impecable, demostrando fuerza y precisión; y el Reino de Koryun, con su estilo poco convencional pero eficaz, lograba mantenerse en la competencia, desafiando las expectativas de los espectadores y entrenadores.
Cada viraje final, cada brazada, cada impulso desde la pared de la piscina era crucial, y los nadadores lo sabían.
Al terminar la ronda, la multitud estalló en aplausos.
Los cinco equipos restantes, aunque eliminados de la natación, recibieron el respeto de todos por su esfuerzo y disciplina.
Los entrenadores se acercaron a sus nadadores, ofreciéndoles palabras de aliento, corregidos gestos y recordándoles que aún quedaban competencias por delante.
Los hijos de los gobernantes felicitaron a sus equipos, con sonrisas, apretones de manos y gestos de orgullo silencioso, conscientes de que cada paso en los Juegos tenía un peso simbólico y emocional enorme.
Cuando la tarde llegó, Halven se transformó en un mar de luces y colores.
Los faroles colgantes se encendieron, reflejando sus tonos cálidos sobre el agua de la piscina y las calles cercanas.
Los comerciantes ofrecían alimentos típicos, mientras músicos locales tocaban melodías que mezclaban ritmos tradicionales con notas modernas, creando un ambiente que celebraba tanto la cultura como la competencia.
Las familias cenaban al aire libre, mientras niños corrían entre los puestos y gritaban nombres de sus héroes.
Desde su balcón en el alojamiento imperial, Xiaolian contemplaba el horizonte con una calma tensa, como si cada detalle del paisaje llevara consigo un mensaje secreto sobre lo que estaba por venir.
Las luces de los barcos se balanceaban suavemente sobre el agua, reflejándose en la superficie como pequeños espejos que brillaban en la penumbra.
Podía escuchar el murmullo del mar mezclado con las voces y risas del pueblo que todavía recorría los muelles y calles cercanas al puerto, celebrando con alegría el primer día de los Juegos.
Cada risa, cada grito de ánimo y cada aplauso parecían resonar en su pecho, recordándole que no estaba sola: toda Drakoria estaba conectada a través de esa energía vibrante.
El aroma de la brisa marina traía consigo una mezcla de sal, madera húmeda de los barcos y el dulzor de los puestos de pan recién horneado que aún permanecían abiertos para quienes buscaban un último bocado antes de la noche.
Xiaolian cerró los ojos un instante, inhalando profundamente, dejando que los olores y sonidos la llenaran de serenidad y fuerza a la vez.
Sabía que mañana, en las semifinales, cada detalle contaría: la técnica, la resistencia y la estrategia serían decisivos, pero también lo serían la calma, la concentración y el corazón de cada nadador.
A lo lejos, los faroles colgantes de Halven empezaban a encenderse uno a uno, arrojando un brillo cálido sobre las calles adoquinadas y las embarcaciones amarradas en los muelles.
Algunos reflejaban su luz en la superficie de la piscina, creando ondas de color que se movían al compás de la brisa.
Xiaolian se inclinó ligeramente sobre la baranda del balcón, observando cómo los últimos rayos de sol acariciaban las banderas de las naciones, que ondeaban firmes, recordando a todos los presentes la magnitud de aquel evento y la responsabilidad que cada país llevaba sobre sus hombros.
El murmullo de las conversaciones y los pasos sobre la madera del puerto se apagaba poco a poco, sustituido por un silencio expectante, profundo, como si la misma ciudad contuviera la respiración ante el inminente amanecer de la competencia.
Xiaolian sintió un escalofrío recorrer su espalda: no era miedo, sino una mezcla de anticipación y orgullo.
Cada brazada que se ejecutaría mañana tendría eco en cada rincón de Drakoria; cada victoria y cada derrota serían historias que se contarían durante generaciones.
Mientras la luna se alzaba lentamente sobre Halven, reflejándose en el agua tranquila de la piscina, Xiaolian permitió que su mente viajara por los recuerdos de los entrenamientos, los consejos de los entrenadores y las miradas de confianza que había compartido con sus compañeros.
Recordó los momentos de duda, los instantes de cansancio extremo y las pequeñas victorias que habían construido la fuerza de su equipo.
Todo eso convergía ahora en un solo punto, en la promesa de un día que marcaría la primera página de la historia de esta temporada de los Juegos Anuales del Continente.
El viento nocturno trajo consigo un murmullo de olas y el lejano sonido de campanas de los templos cercanos, bendiciendo la jornada y recordando a todos los presentes la importancia de la armonía entre la fuerza y la sabiduría.
Xiaolian abrió los ojos y vio cómo algunos barcos lanzaban pequeñas luces flotantes al agua, un gesto de celebración y esperanza.
Cada destello se reflejaba en la piscina, creando un efecto mágico que parecía prometerle que, pase lo que pase en la competencia, Halven siempre recordaría esa primera ronda de natación como un momento de unión y belleza.
Sus pensamientos se extendieron hacia los demás hijos de los gobernantes, quienes también se encontraban atentos a sus equipos, vigilando cada movimiento y cada respiración, preparándolos no solo para nadar, sino para enfrentar los desafíos que la competencia y la vida pondrían frente a ellos.
Sabía que detrás de cada sonrisa, cada gesto de apoyo y cada palabra de ánimo, había un universo de disciplina, esfuerzo y amor por su patria.
Mientras la ciudad se sumía lentamente en la tranquilidad de la noche, Xiaolian permaneció en el balcón, observando cómo el reflejo de la luna y las luces de los muelles dibujaban un mapa de sueños y expectativas sobre la superficie del agua.
El continente entero parecía contener la respiración, consciente de que mañana sería un día de decisiones, de demostraciones de habilidad y, sobre todo, de corazones puestos a prueba.
Con una mezcla de orgullo, emoción y un hilo de ansiedad, Xiaolian bajó finalmente del balcón.
Se acercó a la ventana del salón principal, dejando que la brisa marina acariciara su rostro mientras cerraba los ojos un instante, visualizando cada brazada perfecta, cada viraje ejecutado con precisión y la sensación de victoria compartida con su equipo.
Sabía que la noche sería corta, pero la emoción de la anticipación la mantendría despierta, respirando al mismo ritmo que todo Halven, lista para recibir el amanecer que traería consigo las primeras semifinales de natación, y con ellas, la promesa de historia, unidad y esperanza que marcaría a Drakoria para siempre.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES kiroblack En este capítulo quise mostrar que la competencia no es solo velocidad ni fuerza: es disciplina, concentración y respeto.
Cada brazada refleja esfuerzo, orgullo y la unión de un continente que aprende a brillar junto, celebrando el espíritu de los Juegos más allá de la victoria.
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