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EL CONSORTE DEL DRAGÓN IMPERIAL - Capítulo 215

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215: Capitulo 4 – las Colectividades 215: Capitulo 4 – las Colectividades Con la primera ronda de natación finalizada, Halven seguía vibrando con alegría, curiosidad y un entusiasmo contagioso.

Las calles de la ciudad portuaria estaban repletas de habitantes y visitantes llegados de todos los rincones del continente, mezclando idiomas, acentos y risas en un mismo bullicio armonioso.

Cada paso por los adoquines de Halven parecía contar la historia de los Juegos: los equipos descansaban después de la intensa jornada y se preparaban para la próxima competencia, pero la ciudad no dormía; al contrario, se llenaba de aromas, sonidos y colores que celebraban la diversidad de Drakoria.

Este día no era solo sobre deportes, sino sobre mostrar la riqueza cultural de cada nación y el vínculo que los Juegos lograban entre ellas.

Imperio del Dragón Dorado En un sector especialmente designado de Halven, los representantes del Imperio montaron un pabellón elegante y majestuoso, con telas de seda roja y dorada ondeando suavemente bajo la brisa marina.

El sonido de campanillas colgando de los techos de los pabellones acompañaba el movimiento de la tela, creando un ritmo ligero y ceremonial.

Los perfumes de flores exóticas y especias típicas del Imperio flotaban en el aire, combinándose con el olor del pan recién horneado que algunos artesanos ofrecían en pequeñas bandejas para los visitantes.

Los artesanos exhibían pequeñas esculturas de dragones dorados, cada una con detalles minuciosos en escamas y garras, reflejando la destreza de generaciones.

Los trajes tradicionales del Imperio, bordados con hilos de oro y plata, brillaban bajo la luz del sol y contaban historias de la corte imperial: princesas, guerreros y ceremonias que habían marcado la historia de su nación.

Los visitantes observaban fascinados, mientras algunos niños imitaban los movimientos de dragones en un juego improvisado, recibiendo risas y aplausos de los presentes.

Reino de Nanxi En el extremo norte de la ciudad, Nanxi había recreado sus jardines portátiles, llenos de bambú, flores de loto y pequeños estanques que reflejaban la luz del día.

Los visitantes podían sentarse en bancos de madera frente a fuentes diminutas que emitían un suave murmullo de agua, y probar té de hierbas acompañado de dulces tradicionales.

Músicos vestían túnicas claras y tocaban melodías ancestrales con flautas, tambores y cuerdas, mientras pequeños danzantes representaban escenas de la historia del reino: guerreros,reyes , reinas y criaturas míticas que parecían moverse al ritmo de las canciones.

Las pinturas tradicionales, cuidadosamente desplegadas sobre telas y pergaminos, mostraban el paisaje de Nanxi y su valor cultural, con guerreros en batalla, pavorreales danzantes y aldeas rodeadas de montañas.

Cada visitante podía acercarse a los artistas, quienes explicaban las historias detrás de cada figura, haciendo que la experiencia fuera más que visual: era una inmersión en la memoria y la identidad del reino.

Reino de Xianbei Xianbei ocupaba un espacio amplio y colorido, con tiendas de artesanía y tapices que llenaban las calles de la ciudad.

El aire estaba perfumado con incienso de cedro y resina, creando una atmósfera mística y envolvente.

Los artesanos enseñaban a los niños a tallar figuras de animales míticos y a comprender su significado dentro de las historias tradicionales.

Mientras tanto, las bailarinas realizaban rituales de danza ancestral, girando con movimientos fluidos y elegantes que hipnotizaban a todos los presentes, evocando la conexión entre los hombres, la naturaleza y los dioses del reino.

Los espectadores se agolpaban, tomando fotografías, compartiendo historias y dejando que la magia del espectáculo cultural impregnara cada rincón del corazón de Halven.

La música, intensa y suave a la vez, servía de puente entre el pasado y el presente, haciendo que los Juegos fueran también un recordatorio de la riqueza cultural de cada nación.

Reino de Andshi Andshi destacó con sus plazas adornadas con mosaicos coloridos y fuentes de agua que chispeaban al sol.

Los visitantes podían caminar por los senderos de mármol y admirar los dibujos geométricos que representaban leyendas del reino.

Los puestos ofrecían panes especiados y dulces locales, mientras artistas demostraban técnicas de pintura sobre pergamino, haciendo que cada obra fuera única y contara una historia visual.

La música típica de Andshi, compuesta de cuerdas, tambores y coros, llenaba el aire con una sensación de festividad contagiosa.

Niños y adultos se sumaban al ritmo, aplaudiendo y danzando improvisadamente, como si la ciudad entera se hubiera convertido en un escenario.

Los visitantes podían aprender los movimientos básicos de los bailes tradicionales, llevándose un pedazo de Andshi consigo al volver a sus hogares.

Reino de Koryun El área de Koryun mostraba tiendas con telas bordadas a mano y máscaras ceremoniales de vivos colores.

Los niños participaban activamente en juegos tradicionales, mientras los adultos explicaban los rituales de caza y festividades ancestrales.

Los aromas de hierbas curativas, mezclados con pan recién horneado y especias locales, se esparcían por las calles, creando una experiencia multisensorial para todos los presentes.

Los maestros artesanos enseñaban a los visitantes a preparar máscaras, a reconocer los símbolos antiguos y a comprender el significado de cada detalle.

El sonido de tambores acompañaba el ritmo de la vida, y muchos niños terminaban sus tardes imitando los pasos de baile de los ancianos, despertando sonrisas entre los espectadores.

Gran Ducado de Veyora Como anfitriones, los duques de Veyora mostraban la riqueza de Halven con orgullo y esmero.

Las plazas estaban iluminadas con faroles que reflejaban la luz en el agua, los mercados ofrecían frutas frescas y mariscos recién llegados del puerto, y los músicos tocaban melodías marinas que evocaban la historia naval del ducado.

Los visitantes podían recorrer embarcaciones decoradas y aprender sobre la vida de los marineros, la pesca tradicional y las aventuras que los barcos habían vivido a lo largo de los años.

El ambiente en Halven era festivo, pero también cargado de respeto y admiración por la labor de los organizadores.

Cada detalle estaba cuidadosamente pensado para que los visitantes se sintieran inmersos en la cultura local y en la grandeza de los Juegos.

Principado de Takrin Takrin presentó calles y puentes de piedra adornados con esculturas de caballos y flores.

La gastronomía ofrecía quesos curados, panes de maíz y bebidas tradicionales que deleitaban a los sentidos.

Los jóvenes enseñaban danzas de festivales locales, mientras la música, en tonos azules y plateados, reflejaba la majestuosidad de ríos y montañas de su tierra natal.

Cada visitante podía unirse a las danzas, probar la comida y aprender de las historias narradas por los ancianos, que relataban los orígenes de sus tradiciones y festivales.

República Federada de Oshiran Oshiran había transformado su espacio en Halven en un auténtico festival de colores, aromas y sonidos.

Los mercados se extendían por plazas amplias y calles adoquinadas, decoradas con banderas y emblemas representativos de cada provincia, ondeando al viento como un homenaje a la unidad y diversidad de la federación.

Las tiendas y puestos estaban llenos de cerámicas pintadas a mano, mosaicos con intrincados patrones geométricos y textiles que contaban historias de héroes antiguos y escenas cotidianas de sus ciudades y pueblos.

Cada pieza era una ventana hacia la cultura oshirana, y los visitantes se detenían a admirar la perfección de los detalles, a tocar con respeto las superficies pulidas, y a preguntar a los artesanos sobre sus técnicas y significado de los diseños.

El aroma de la comida recorría las plazas, invitando a todos a probar la gastronomía local.

Cocineros con delantales coloridos preparaban platos típicos de cada provincia: estofados especiados, panes rellenos con hierbas y carnes marinadas, dulces de miel y frutas secas.

Cada bocado era un descubrimiento de sabores, y el público podía seguir el ritmo de los cuchillos y ollas que se movían con precisión y rapidez.

Los niños corrían entre los puestos, probando pequeñas porciones y riendo ante cada sorpresa, mientras los adultos se deleitaban con los aromas y la variedad de texturas que ofrecía la cocina oshirana.

En los rincones de las plazas, músicos populares tocaban instrumentos tradicionales: laúd, tamboril, flauta y cuerdas.

Sus canciones no solo acompañaban la gastronomía, sino que narraban historias de héroes, batallas y festivales que habían dado forma a la federación.

Los ancianos, sentados sobre bancos y alfombras, relataban leyendas y recuerdos del pasado a los visitantes atentos, que escuchaban con fascinación, como si cada palabra los transportara siglos atrás.

La combinación de colores, sonidos y sabores hacía que cada paso por el pabellón de Oshiran fuera una experiencia educativa y festiva, y los visitantes no solo disfrutaban, sino que se sentían parte de esa historia viva.

Los artesanos, mientras tanto, ofrecían talleres improvisados.

Enseñaban a los niños y adultos cómo hacer mosaicos sencillos, cómo bordar patrones básicos en tela, y cómo moldear pequeñas figuras de cerámica.

Los visitantes se sentían orgullosos de crear algo con sus propias manos, llevando consigo un recuerdo tangible de Oshiran y de la conexión cultural que los Juegos estaban promoviendo.

Algunos padres incluso aprovechaban la oportunidad para enseñar a sus hijos los valores de paciencia, precisión y respeto por la tradición, mientras que los más jóvenes se maravillaban con la posibilidad de aprender habilidades que normalmente solo se transmitían dentro de los hogares oshiranos.

— Gran Ducado de Suryun Suryun, por su parte, destacó con una elegancia imponente.

Sus tiendas de mármol y mosaicos relucientes reflejaban la luz del sol, creando destellos que brillaban sobre las calles adoquinadas y capturaban la atención de los visitantes desde lejos.

Cada escultura de héroes y animales míticos narraba historias de grandeza, valentía y justicia, invitando a quienes las observaban a imaginar batallas épicas, gestas heroicas y leyendas que habían marcado la historia del gran ducado.

La gastronomía suntuosa ofrecida por Suryun era un festín para los sentidos: pasteles rellenos de frutos secos, dulces bañados en miel y bebidas aromáticas que dejaban un regusto persistente de especias.

Los visitantes podían probar pequeñas porciones, mientras los cocineros explicaban el origen de cada receta, la tradición detrás de los ingredientes y los festivales en los que cada plato tenía un papel especial.

Los aromas dulces y cálidos se mezclaban con la música solemne, creando un ambiente de refinamiento y solemnidad.

La música, interpretada por grupos de músicos con instrumentos clásicos y percusiones profundas, impregnaba la plaza de un aire solemne y elegante.

Los visitantes caminaban lentamente, admirando tanto los objetos como la precisión de los músicos, y muchos se detenían para escuchar la historia detrás de cada melodía, que hablaba de héroes, batallas, celebraciones y la unión de generaciones.

La combinación de gastronomía, arte y música hacía que cada paso por el Gran Ducado de Suryun fuera un recordatorio de la riqueza cultural y el respeto por la tradición que caracterizaba al ducado.

Los talleres de Suryun eran igualmente fascinantes.

Artesanos enseñaban a los visitantes a trabajar el mármol, a hacer mosaicos sencillos y a tallar pequeñas figuras en madera y piedra.

Los adultos aprendían con interés, mientras los niños observaban con asombro cómo, a través de paciencia y habilidad, un bloque de material simple podía convertirse en una obra de arte.

La interacción era continua, con preguntas, demostraciones y sonrisas compartidas, haciendo que cada visitante sintiera que contribuía de manera simbólica a la historia y cultura del ducado.

— Mientras todo esto sucedía, los equipos de natación se preparaban mental y físicamente para las semifinales.

Los hijos de los gobernantes, aunque presentes en la apertura, permanecían atentos desde la plataforma de supervisión, observando cada movimiento de sus equipos con ojos críticos y llenos de orgullo.

Xiaolian revisaba la postura de cada nadador, asegurándose de que la técnica fuera impecable; Liang animaba con palabras de aliento y correcciones precisas; Tao, con una mirada calmada, recordaba a los suyos la importancia de mantener la concentración y no dejarse llevar por la presión del público.

Los entrenadores repasaban estrategias finales, ajustaban posiciones de salida, revisaban cada detalle de la técnica y hablaban en voz baja con los atletas.

Cada gesto, cada palabra, estaba cuidadosamente pensado para mantener la armonía entre fuerza, concentración y confianza.

Los equipos sabían que, aunque la primera ronda había terminado, las semifinales serían una verdadera prueba de resistencia y estrategia, y la tensión podía sentirse incluso a kilómetros de distancia, en la brisa que acariciaba la ciudad.

El día avanzaba con la mezcla perfecta de competencia, cultura y festividades.

Las calles de Halven se habían transformado en un mapa vivo del continente, donde cada nación mostraba su identidad y al mismo tiempo celebraba la unidad.

Los visitantes se movían entre pabellones, escuchando historias, probando comidas, aprendiendo bailes y técnicas artesanales, mientras los equipos se preparaban para escribir la próxima página de la historia de los Juegos.

La ciudad parecía respirar junto con los equipos, cada calle y plaza vibraba al ritmo de la música, los aromas y los colores.

La anticipación crecía con cada minuto, y la emoción de los habitantes se mezclaba con la tensión contenida de los competidores.

Halven estaba lista para otro día lleno de historia, emoción y sorpresas, y el espíritu de los Juegos del Continente brillaba en cada rincón: en los mercados, en las plazas, en las calles y, sobre todo, en los corazones de quienes estaban presentes.

A medida que el sol descendía, los últimos visitantes se detenían en los puestos para llevar recuerdos, mientras las luces de los faroles comenzaban a encenderse y la ciudad adquiría un brillo cálido y acogedor.

Desde los balcones, los hijos de los gobernantes observaban Halven con una mezcla de orgullo y responsabilidad, conscientes de que los próximos días serían decisivos, y que cada victoria o derrota no solo afectaría a los equipos, sino también a la memoria de los Juegos y a la historia que estaban escribiendo juntos.

El aire estaba impregnado de aromas, risas y música, y el mar cercano parecía susurrar historias de navegación, comercio y aventuras antiguas.

Cada pabellón, cada calle, cada plaza, recordaba a los visitantes que los Juegos no eran solo competencia, sino un puente entre culturas, uniendo corazones y tradiciones bajo un mismo cielo.

Halven se había convertido en el corazón palpitante del continente, y todo estaba preparado para que la magia de los Juegos continuara en los días siguientes.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES kiroblack En este capítulo quise mostrar que los Juegos no son solo competencia: son la celebración de la diversidad, la historia y la identidad de cada nación.

Cada pabellón, cada danza, cada aroma y color revela que la verdadera riqueza de Drakoria está en la unión de sus culturas y en el respeto mutuo que surge cuando se comparten tradiciones.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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