EL CONSORTE DEL DRAGÓN IMPERIAL - Capítulo 22
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- Capítulo 22 - 22 Capítulo 22 El emperador que ya no sueña
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22: Capítulo 22: El emperador que ya no sueña 22: Capítulo 22: El emperador que ya no sueña La noche caía como un manto pesado sobre la cámara imperial.
Las lámparas de jade proyectaban sombras largas sobre el suelo pulido.
Jin Long estaba de pie frente al ventanal, con las manos cruzadas detrás de la espalda, observando el firmamento.
Había dejado de soñar .
Nadie sabía eso, salvo su maestro espiritual, que ya no vivía.
Desde aquel día, sus noches eran un vacío profundo, un descanso sin imágenes, sin recuerdos, sin ecos.
Dormía como un emperador: inmóvil, alerta incluso en el sueño.
Pero esa noche fue distinta.
Primero sintió el calor.
Una brisa tenue acarició su piel como si el sol estuviera dentro de su pecho.
Se sentó lentamente en el diván de dragón negro, intentando ignorarlo.
Cerró los ojos.
Y el sueño… llegó.
Un campo cubierto de flores de loto blancas.
Un lago tranquilo.
Un cielo rojo como si el amanecer estuviera atrapado en la noche.
Y allí, entre todo eso, Suwei.
Descalzo.
De espaldas.
Cantando algo que no podía recordar, pero que el alma reconocía.
Cuando Suwei giró el rostro, el dragón dorado apareció sobre el cielo, rugiendo sin sonido.
El emperador extendió la mano hacia él… Y despertó, con el pecho ardiendo.
Se llevó la mano al corazón.
El sello imperial, grabado en su piel, brillaba con un fulgor tenue.
Como si quisiera desprenderse, o como si algo dentro de él reclamara una verdad postergada.
En ese instante, entró su guardia personal, con la cabeza baja: — Su Majestad imperial, ¿todo en orden?
Jin Long tardó en responder.
Luego, con voz firme, sin mirarlo: — He vuelto a soñar.
El guardia alzó los ojos, — ¿Y con qué, mi señor?
Una pausa larga.
— Con un nombre.
El guardia no preguntó más.
Salió en silencio.
Jin Long permaneció despierto hasta el amanecer, observando su reflejo en el espejo de bronce.
Por primera vez, no se vio a sí mismo como emperador… sino como hombre.
Y en lo más profundo de su ser, el dragón dorado —ese que había permanecido encadenado durante años— abrió lentamente un ojo.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES kiroblack El sueño, para Jin Long, no era descanso, sino ausencia; un vacío que lo mantenía intacto pero hueco.
Sin embargo, basta una sola imagen para devolverle al alma aquello que creía perdido.
No fue el dragón, ni el loto, ni siquiera el amanecer rojo… fue un nombre.
Porque a veces el verdadero despertar no ocurre con los ojos abiertos, sino en ese instante en que el corazón recuerda a quién late.
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