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EL CONSORTE DEL DRAGÓN IMPERIAL - Capítulo 222

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  4. Capítulo 222 - 222 CAPÍTULO 1 – Camino a Rashin la Ciudad Histórica
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222: CAPÍTULO 1 – Camino a Rashin, la Ciudad Histórica 222: CAPÍTULO 1 – Camino a Rashin, la Ciudad Histórica El amanecer se extendía sobre el continente de Drakoria como un manto de oro líquido.

Era un amanecer distinto, uno que parecía cargado de presagios antiguos, de promesas nuevas y de un latido colectivo que vibraba desde los altos picos nevados del norte hasta los océanos cálidos del sur.

El cielo estaba despejado, pero sobre las colinas que rodeaban Rashin flotaba una neblina fina y plateada, como si los espíritus de las eras pasadas caminaran todavía entre los vivos.

Porque Rashin no era cualquier ciudad: era historia, era memoria, era raíz.

Y ahora, una vez más, se preparaba para recibir a los nueve países del continente entero para la segunda disciplina de los Juegos de Drakoria.

Las caravanas avanzaban lentamente por los caminos de piedra, y cada paso de los caballos levantaba un susurro de polvo que brillaba con la luz del sol naciente.

Los dirigibles cortaban el cielo con su sombra enorme y elegante; los trenes reales rugían con potencia contenida mientras arrastraban vagones decorados con los colores de cada nación.

Todo el continente se movía al mismo tiempo con un solo propósito: llegar a Rashin.

La ciudad del pasado Rashin se extendía sobre una colina en forma de espiral, rodeada por murallas antiguas talladas con inscripciones imperiales.

En cada piedra había una historia escrita, un tratado firmado, una batalla ganada o perdida, un juramento de paz.

Sus puertas eran tan altas que incluso los dirigibles parecían pequeños al pasar sobre ellas.

En el centro se alzaba el Palacio de los Arcantes, una estructura monumental con techos de jade oscuro y columnas blancas que sostenían enormes estatuas de héroes y unicornio.

Las campanas del palacio podían escucharse desde kilómetros de distancia, y ese día repicaban sin descanso, anunciando que una nueva página del continente estaba por comenzar.

Los habitantes de Rashin salían desde temprano.

Llevaban brazaletes rojos , blancos y verdes, rojo ydorados ,azul gris y blanco, violeta amarillo y blanco y morados para representar a todos los países juntos.

Desde los balcones, agitaban pañuelos con entusiasmo, y algunos lanzaban pétalos de flores azules que caían como lluvia sobre las delegaciones que avanzaban por la avenida principal.

Los mercados rebosaban vida: telas colgadas como cascadas de colores, especias que perfumaban el aire, instrumentos de cuerda que resonaban desde cada esquina.

Los músicos tocaban melodías tradicionales de cada nación para honrar a los visitantes; los niños, vestidos con trajes ceremoniales, corrían detrás de las carretas tratando de tocar los escudos brillantes o acariciar las patas de los caballos reales.

Era un estallido de cultura, unidad y emoción.

Las delegaciones del continente Cada país tenía una entrada distinta, una esencia propia, una presencia que dejaba una marca en el corazón de la ciudad.

Imperio del Dragón Dorado Abría el desfile como correspondía: con solemnidad y majestuosidad.

El estandarte morado y dorado, símbolo del imperio ondeaba con fuerza.

Los músicos imperiales golpeaban tambores largos que hacían vibrar el suelo.

Los ciudadanos murmuraban con respeto cuando pasaban los soldados imperiales con sus armaduras ceremoniales.

No eran parte de una escolta de guerra, sino de honor, simbolizando la importancia que el imperio daba a los Juegos.

Gran Ducado de Veyora Los campeones de la primera temporada aparecieron en segundo lugar.

La gente gritó sus nombres, especialmente el de los nadadores que habían logrado el oro en Halven.

Algunos niños sostenían carteles dibujados a mano donde se leía “¡Veyora, orgullo del agua!” y “¡Campeones del continente!” Los atletas veyorianos sonreían, aunque algunos todavía tenían la humildad rígida de quienes saben que la gloria pasada no garantiza la futura.

Reino de Koryun Koryun avanzó con disciplina impecable.

Sus tambores eran graves, sus colores sobrios, su estandarte plateado.

Sus jinetes marchaban en perfecta sincronía.

Aunque habían quedado segundos en la natación, su determinación por llegar más lejos en el Turf era evidente en cada mirada seria.

Principado de Takrin Cuando Takrin apareció, el ambiente cambió.

Era como si el aire mismo reconociera a los dueños de la pista.

Los caballos takrinianos brillaban aún cubiertos por mantas ceremoniales.

El público gritó con fuerza; no había duda de que este principado, cuna de los jinetes más legendarios de Drakoria, llegaba decidido a reclamar el oro.

Reino de Nanxi Nanxi desfilaba con armonía y belleza.

Sus músicos tocaban flautas y violines largos, creando una melodía suave que contrastaba con la fuerza de otros países.

Los caballos de Nanxi caminaban con pasos elegantes, casi como si bailaran.

Gran Ducado de Suryun Los representantes de Suryun trajeron alegría.

Banderas amarillas y blancas ondeaban, los jóvenes saltaron al ritmo de tambores.

El público los recibió con calidez, recordando la simpatía que habían mostrado en Halven.

República Federada de Oshiran Los oshiranianos ingresaron con orgullo palpable.

Su equipo mezclaba modernidad y tradición, y su estandarte rojo y dorado se movía con elegancia.

Reino de Xianbei Los xianbeianos marchaban con sobriedad.

Su estandarte rojos , sus ropas tupidas y sus caballos robustos hablaban de un país de tierras frías, pero corazones resistentes.

Reino de Andshi Los últimos en llegar fueron los de Andshi.

El blanco de su estandarte se mecían al viento, y varios ciudadanos del país gritaban de emoción al ver cómo su delegación era recibida con aplausos sinceros.

Andshi era un reino pequeño en comparación, al imperio pero su espíritu era grande.

La proclamación del Gran Duque Edric Cuando los nueve países estuvieron reunidos en la Plaza história, las campanas del Palacio de Rashin repicaron con fuerza.

Los gobernantes subieron al gran balcón: emperadores, duques, reyes,reinas, principes y líderes de cada nación.

El aire vibró con expectativa.

El Gran Duque Edric de Veyora dio un paso adelante.

Su voz fuerte, profunda y llena de emoción cruzó la plaza como un rayo: —¡Pueblos de Drakoria!

Hoy reanudamos los Juegos del Continente.

Hemos visto la fuerza del agua… —el público estalló en gritos recordando la natación— …y ahora veremos la velocidad del viento.

Que los caballos galopen con honor… ¡y que el mejor país se lleve la gloria del continente!

Los aplausos fueron tan fuertes que algunos pájaros levantaron vuelo de los tejados del palacio.

Banderas de los nueve países se alzaron al mismo tiempo en la plaza, formando un mosaico perfecto de colores.

Durante unos segundos, todo Drakoria pareció respirar al unísono.

Los jinetes se preparan Mientras la emoción continuaba en las calles, los jinetes se dirigieron a los establos reales.

Allí, el ambiente era distinto: más silencioso, más concentrado, cargado de olor a heno fresco, cuero y sudor de caballo.

Algunos entrenadores ajustaban sillas.

Otros acariciaban los cuellos de sus corceles para calmarlos.

Los jinetes susurraban palabras de ánimo, casi como si compartieran secretos con sus animales.

En los establos reales, el ambiente estaba impregnado de un olor cálido a heno fresco, cuero recién engrasado y tierra húmeda.

Las lámparas colgantes oscilaban con la brisa, proyectando sombras de caballos que se movían como espíritus antiguos sobre las paredes de piedra.

Cada jinete tenía su propio rincón, como si cada espacio marcara un pequeño territorio sagrado antes de la competencia.

Liora Fen, la leyenda viviente En uno de los rincones más apartados, Liora Fen de Takrin respiraba hondo.

Su pecho se elevaba y descendía de manera controlada, como si manejara su ansiedad con la misma precisión con la que manejaba a su caballo.

Pasaba su mano por la melena de Viento Carmesí, que brillaba bajo las luces como una llama en movimiento.

—Tranquilo, compañero… —susurró con voz suave, apenas audible.

El caballo giró ligeramente la cabeza y apoyó el hocico contra su brazo.

Esa simple acción arrancó una sonrisa breve de Liora, una sonrisa que pocos conocían.

Para el público, era una heroína imbatible; para los otros jinetes, una rival temible.

Pero allí, en ese rincón, era solo una mujer hablando con su mejor aliado.

Ella lo sabía: Takrin no solo era favorito.

Takrin era tradición, honor, y presión.

Ser el país del Turf significaba cargar con siglos de historia sobre los hombros, y Liora lo sentía como un peso silencioso que se apoyaba en la nuca.

No podía fallar.

No en Rashin, no frente a miles, no cuando su tierra confiaba en ella con tanta fuerza.

Inspiró profundo, cerró los ojos y apoyó la frente contra el cuello cálido del caballo.

—Ganar no es suficiente… —susurró—.

Debemos honrar a Takrin.

Ji-ho Duran, la espada del Imperio En otro extremo del establo, Ji-ho Duran del Imperio del Dragón Dorado ajustaba por enésima vez las riendas de Luz del Cielo.

El corcel imperial lo observaba con sus ojos oscuros e intensos, como si entendiera la magnitud de lo que se acercaba.

Ji-ho estaba quieto, demasiado quieto.

Sus movimientos eran mecánicos, casi rituales.

La luz amarillenta lo bañaba, resaltando la armadura ligera que llevaba puesta, decorada con grabados de dragones ascendentes.

Para él, competir representaba algo más que gloria: representaba a su linaje.

Su familia había servido al imperio por generaciones, y él era el primer Duran en participar en los Juegos.

Un asistente imperial se acercó.

—Señor Ji-ho, todo parece en orden —dijo inclinándose.

—Nada está en orden antes de una carrera —respondió él sin apartar la mirada de su caballo.

Luz del Cielo relinchó suavemente, como si disputara esa frase.

Ji-ho finalmente sonrió.

—Tienes razón.

Los dos lo estamos.

Colocó una mano sobre el pecho del animal y cerró los ojos por un instante, repitiendo un antiguo rezo imperial que solo los jinetes elegidos conocían.

Una plegaria que no pedía victoria… sino valor.

Elden Kaer, el observador silencioso Cerca de las puertas laterales, Elden Kaer del reino de Koryun se mantenía de pie con los brazos cruzados.

No tocaba las riendas todavía; no acariciaba a Sombra de Acero; no decía palabra alguna.

Observaba.

Era su naturaleza.

Los jinetes hablaban entre ellos.

Los asistentes corrían.

Los entrenadores murmuraban estrategias.

Pero Elden escuchaba todo con una calma inquietante.

Koryun era disciplina.

Koryun era rigidez.

Koryun era precisión.

Y el reino había quedado herido después de Halven.

Segundos.

Tan cerca del oro… tan lejos de la gloria completa.

Elden no buscaba simplemente ganar.

Buscaba restaurar el honor de su país.

Su mirada se posó en Liora.

Luego en Ji-ho.

Después en cada uno de los otros jinetes.

No los juzgaba.

Los calculaba.

Cuando Sombra de Acero golpeó suavemente el suelo con una pezuña, Elden finalmente levantó una mano y acarició el hocico del caballo.

—Mañana correremos como uno —dijo despacio—.

Sin errores.

Sin dudas.

Estrategias, rivalidades y secretos no dichos A esas alturas, el ambiente estaba cargado con una electricidad silenciosa.

Cada país sabía exactamente lo que estaba en juego.

Takrin sabía que era el favorito.

Era un honor… pero también una amenaza.

Todos los demás querrían derribarlos.

Nanxi sabía que era el rival natural.

Sus técnicas ecuestres eran legendarias y solo Takrin había logrado superarlas en la última década.

Veyora quería demostrar que su victoria en la natación no había sido casual.

Ser campeones en dos disciplinas sería histórico.

Koryun buscaba redención.

Su nación entera esperaba que Elden llevara el estandarte plateado al podio.

Oshiran y Suryun querían sorprender, mostrar que los países pequeños también podían marcar la historia.

Xianbei tenía al caballo más resistente de todos.

Podían no ganar en velocidad… pero podían ganar por estrategia.

Andshi quería honor, quería presencia, quería ser recordado.

Su jinete, Daren Sol, no competía por medallas: competía por orgullo.

Y así, en esos silencios pesados, nacían estrategias invisibles: Miradas que se cruzaban con significado.

Murmullos entre entrenadores.

Cálculos mentales sobre la curva del hipódromo y su tramo más peligroso.

Cada jinete cargaba con el peso de miles.

Ese establo parecía un templo antes de una guerra.

— Una noche que anunciaba futuro — Versión Ampliada Cuando cayó la noche, Rashin se transformó por completo.

El cielo oscuro quedó encendido por miles de antorchas y faroles colgantes.

Los artesanos habían decorado las calles con hilos dorados que atrapaban la luz del fuego, haciendo que toda la ciudad pareciera un cielo estrellado puesto al revés.

Música, mercados y almas mezclándose El sonido de los instrumentos tradicionales llenó el aire: tambores profundos, flautas suaves, cuerdas vibrantes.

Los mercados nocturnos rebosaban de vida.

Suryun vendía dulces dorados bañados en miel.

Takrin ofrecía carne asada con especias rojas.

Nanxi repartía té de loto caliente.

Oshiran brindaba con bebidas frutales burbujeantes.

Andshi mostraba artesanías verdes talladas en madera de montaña.

El Imperio del Dragón Dorado regalaba pergaminos con frases de buena fortuna.

El aire estaba lleno de aromas, risas y pasos.

Las delegaciones no se quedaron encerradas: salieron a mezclarse con el pueblo.

Encuentros inesperados En una taberna cercana al lago, tres jinetes de distintos países se encontraron bebiendo juntos sin protocolo: Serin Valtor de Veyora, Ravel Onir de Suryun, y Han Zhuo de Nanxi.

Reían, compartían historias, comparaban técnicas.

Había rivalidad, sí… pero también respeto.

Eran enemigos en la pista.

Amigos en la mesa.

Niños jugando mientras el futuro los observa En la plaza central, un grupo de niños imitaba la carrera: —¡Yo soy Liora de!

—¡No, yo quiero ser Elden Kaer!

—¡Yo soy Ji-ho, miren cómo corro!

—¡ Yo soy Serin!

—¡ El mío es mejor Ha!

—¡ No me digas es mejor Ravel!

Sus risas llenaban el aire, y varios adultos los observaban con ternura.

Quizá uno de esos niños sería un héroe del futuro.

Serenya, desde lo alto En un balcón lejano del Palacio de Rashin, Serenya observaba todo con una sonrisa serena.

La luz de las antorchas iluminaba su rostro joven, pero sus ojos transmitían la sabiduría de alguien que había visto al continente transformarse.

—Drakoria se siente diferente —murmuró a la consejera que la acompañaba.

—¿Mejor?

—preguntó la mujer.

Serenya asintió.

—Más unido.

La promesa suspendida en el aire Y era verdad.

Había unión.

Había paz.

Había emoción.

Todo el continente parecía estar conteniendo el aliento, esperando la carrera que definiría honores, destinos, reputaciones y futuros.

Las estrellas brillaban sobre Rashin como si la ciudad hubiera sido colocada directamente bajo los ojos de los dioses.

La promesa de una carrera legendaria flotaba en el aire.

Un murmullo invisible, suave, potente, parecía recorrer las calles: “Mañana… galoparán.” Y Rashin, la ciudad histórica, se preparaba para ser testigo de una nueva página que sería escrita no con tinta… sino con cascos y viento.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES kiroblack Una nueva temporada comienza, y con ella, un camino distinto se abre ante Drakoria.

Que este capítulo marque el primer paso hacia desafíos más grandes y historias aún más profundas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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