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EL CONSORTE DEL DRAGÓN IMPERIAL - Capítulo 233

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233: Capítulo 2 — Los equipos y la leyenda 233: Capítulo 2 — Los equipos y la leyenda La ciudad de Eryndos, ciudad cultural del Gran Ducado de Veyora, amaneció envuelta en un resplandor suave, casi ceremonial.

El día parecía haber sido tallado por manos divinas para lo que estaba por suceder: el comienzo real del Juego de los Nueve Animales Sagrados.

La bruma matinal se deslizaba por los adoquines de la ciudad, como si quisiera acariciar los pies de los visitantes y recordarles que estaban caminando sobre tierra sagrada.

Desde los balcones, banderas extendidas con orgullo flameaban al ritmo de un viento joven que anunciaba expectativas y augurios.

Las calles estaban llenas desde temprano.

Familias enteras, viajeros de tierras lejanas, nobles vestidos con sus mejores tejidos, soldados con armaduras relucientes, comerciantes que habían cerrado sus tiendas solo para no perderse el espectáculo… todos buscaban llegar a tiempo a la Plaza de Alejandra, el epicentro de la apertura del segundo día del torneo.

La ceremonia que había deslumbrado la noche anterior —la de la unión, la música y los colores— había dejado tras de sí una vibración que seguía latente.

Y aquella mañana, esa vibración se transformaba en algo más palpable: competencia.

La Plaza de Alejandra La Plaza de Alejandra nunca había sido tan imponente como ese día.

Su suelo blanco, pulido a mano durante generaciones, brillaba como mármol recién cortado.

En el centro se extendía el campo ceremonial, un enorme círculo perfecto formado por piedra dorada.

Sus bordes estaban decorados con símbolos milenarios, cada uno representando a uno de los nueve países del continente.

Justo en el corazón del campo flotaban los círculos de anotación: cinco por cada equipo, suspendidos mágicamente a diferentes alturas.

Algunos cercanos al suelo, otros casi rozando los edificios más altos.

Parecían espejos dorados sostenidos por nada más que el aire.

El público rodeaba todo, ocupando las gradas elevadas que circundaban la plaza, y los gobernantes estaban ubicados en sus palcos, observando con una mezcla de solemnidad, orgullo y cautela.

Pero ahora, el silencio se quebró.

Los heraldos aparecieron.

Dos al frente, seis detrás, todos vestidos con capas plateadas que se movían como agua al caminar.

Con un golpe seco de sus varas, anunciaron lo que todos esperaban: —¡Que se presenten los nueve equipos!

El murmullo se expandió como una ola.

Los equipos entran en escena Los jugadores comenzaron a avanzar, cinco por cada nación, alineados como si fueran una sola entidad.

Los primeros en aparecer fueron los equipos del Imperio del Dragón Dorado.

Su entrada fue majestuosa.

Llevaban túnicas moradas y doradas hechas de seda fina que brillaba bajo la luz del sol.

Los bordados de dragones serpenteaban a lo largo de sus mangas, como si cada movimiento del jugador diera vida a la criatura.

Sus miradas eran altivas, calculadoras.

Sabían quiénes eran: una potencia histórica, fuertes, disciplinados, temidos.

Luego, avanzó el Reino de Nanxi, vestidos de blanco nieve y verde esmeralda.

Los detalles de pavo real, bordados a mano, parecían extenderse como plumas reales cuando los jugadores caminaban.

Sus rostros eran serenos, con una calma que ocultaba estrategias precisas y perfeccionadas durante siglos.

A ellos les siguió el Reino de Xianbei, cuyos uniformes, rojo, tenían plumas de fénix en los hombros y bordados que representaban fenix en vuelo .

Era un equipo conocido por su velocidad y flexibilidad, los “Espíritus del Bosque”.

El Reino de Andshi fue el cuarto en entrar.

Blanco y dorado quemado.

Sus uniformes estaban decorados con patrones que simbolizaban grifo , Eran jugadores de resistencia, capaces de soportar partidos arduos sin perder fuerza.

El Reino de Koryun llegó después, envuelto en gris y blanco nieve, con símbolos de lobos blancos bordados en el pecho.

Desde lejos parecían sombras elegantes, casi místicas.

El público murmuró: era uno de los equipos más temidos por su precisión letal.

El Gran Ducado de Veyora, anfitrión del torneo, brillaba en violeta profundo.

Sus uniformes tenían un emblema de unicornio bordado en la tela, iluminado con hilos mágicos que parecían latir.

Su entrada desató gritos eufóricos en todo el estadio.

Luego llegó el Principado de Takrin, con ropas azul oscuro .

Un búho bordado en cada pecho parecía observar a todos los presentes con un ojo inteligente y vigilante.

Eran famosos por su estrategia impecable.

La República Federada de Oshiran entró con uniformes rojo intenso y dorado brillante.

Su emblema, un águila bicéfala, parecía casi saltar del pecho de los jugadores.

Su reputación de fuerza y agresividad en los juegos los precedía.

Finalmente, ingresó el Gran Ducado de Suryun, vestido de amarillo y blanco con un león coronado bordado como símbolo de su ferocidad, fuerza y valentía.

Cada país recibió aplausos, gritos, cantos, tambores y banderas ondeando en alto.

La plaza era un océano de colores y energía.

La leyenda del juego Cuando los nueve equipos estuvieron alineados, los ancianos del continente ocuparon el centro del campo.

Eran figuras venerables, algunos encorvados por la edad, otros aún erguidos como si los siglos no los hubieran tocado.

Cada uno representaba la memoria viva de su nación.

Un anciano de barba larga, blanca como los inviernos de Nanxi, alzó su bastón decorado con plumas doradas.

—Escuchen, jóvenes —dijo con voz temblorosa pero potente—.

Antes de que hubiera reyes, antes de que existieran fronteras, antes incluso de que el continente tuviera nombre… los Nueve Animales Sagrados descendieron desde los cielos.

El silencio fue absoluto.

—Trajeron consigo un don —continuó—.

Un juego que no solo mide fuerza… sino inteligencia.

Que no solo mide habilidad… sino corazón.

Donde cada punto representa no una simple victoria, sino la esencia del espíritu de un pueblo.

Otro anciano tomó la palabra: —Cada movimiento en este torneo lleva consigo las expectativas de generaciones enteras… y también la bendición de los Animales.

El público escuchó embelesado.

Se decía que los Nueve Animales habían aparecido en el centro del continente ( arkena) durante la Era de la Creación.

Cada uno representaba un valor: el dragón, el poder; el pavo real, la gracia; el lobo blanco, la lealtad; el león, el valor; el búho, la sabiduría; el águila de dos cabezas, la visión; el unicornio, la pureza; el grifo, liderazgo, Cómo se juega La explicación del juego comenzó, no para educar al público —todos lo sabían desde niños— sino para recordar a los jugadores la importancia del momento.

—Cinco jugadores por equipo —anunció uno de los maestros—.

El balón, prohibido para las manos.

Solo pies, cabeza y codos.

Los jugadores inclinaron ligeramente la cabeza.

Era respeto… y preparación.

—Cada equipo cuenta con un círculo de anotación, suspendidos a media altura —prosiguió otro anciano—.

El objetivo: introducir el balón en los círculos del rival.

—El partido dura diez minutos —concluyó la anciana de Veyora—.

Y quien tenga más puntos, gana.

Pero el sistema tenía una particularidad única: —Como hay nueve países —continuó ella— uno siempre queda en reserva.

Cuando un equipo pierde, ese equipo sale… y entra el que esperaba en reserva.

Era un sistema diseñado para mantener la competencia impredecible, frenética, viva.

La tensión crece Cuando la explicación terminó, el campo ceremonial se llenó de movimiento.

Los jugadores comenzaron a practicar.

Velocidad.

Saltos.

Patadas controladas.

Estrategias silenciosas.

Miradas que decían más que cualquier palabra.

El público murmuraba, emocionado.

Los gobernantes conversaban entre ellos, evaluando a los equipos competidores.

Algunos reían.

Otros permanecían tensos.

Y otros tomaban notas mentales que seguramente definirían decisiones políticas futuras.

Porque el torneo no era solo deporte.

Era diplomacia.

Era guerra simbólica.

Era la medida del prestigio de una nación.

Los olores de los diferentes países se mezclaban: especias de Oshiran, hierbas dulces de Xianbei, flores perfumadas de Takrin, incienso de Veyora, pan tostado de Andshi seda del imperio … La música también resonaba por toda la plaza, cada nación tocando instrumentos propios, creando un caos hermoso, igual al del día anterior.

El primer partido Y entonces… Los tambores resonaron.

Un sonido profundo, definitivo.

—¡Que se presente el primer enfrentamiento!

—anunció un heraldo.

El público contuvo la respiración.

—Primer partido: Imperio del Dragón Dorado VS República Federada de Oshiran.

El rugido que se escuchó después pareció sacudir los cimientos de Eryndos.

Los jugadores de ambos equipos avanzaron hasta el centro del campo.

Los del Dragón Dorado con paso elegante, seguro, casi arrogante.

Los de Oshiran con tensión eléctrica, miradas afiladas y sonrisas confiadas, como depredadores acercándose al combate.

El balón apareció flotando, iluminado con un resplandor dorado.

Una esfera perfecta, suspendida sobre la arena brillante del campo.

Giraba lentamente, como si estuviera vivo.

Ambos equipos tomaron posición.

Los jugadores del Imperio del Dragón Dorado se desenrollaron sobre la arena como sombras silenciosas, alineándose con una precisión casi militar.

Sus túnicas morado-dorado se mecían con un viento leve, y sus rostros no mostraban nervios: solo concentración absoluta.

Frente a ellos, los representantes de la República Federada de Oshiran se posicionaron como depredadores listos para saltar.

Sus botas hundieron la arena, marcando territorio.

El rojo de sus uniformes ardía bajo el sol, y el emblema del águila bicéfala parecía observar desde sus pechos como si también estuviera dispuesto a luchar.

El aire se volvió denso.

Tan denso que hasta los pájaros que revoloteaban sobre la plaza se alejaron, como si supieran que algo sagrado estaba por suceder.

El público guardó silencio.

Miles de personas conteniendo un solo aliento.

Ni una voz.

Ni un murmullo.

Ni un suspiro.

Era como si el propio continente, con todos sus bosques, desiertos, montañas y mares, se hubiera detenido para observar ese instante.

Los gobernantes se inclinaron hacia adelante.

Rostros solemnes, atentos, cautelosos.

Sabían que lo que sucediera en los próximos diez minutos podía influir en alianzas, rivalidades, tratados comerciales… y en el orgullo de cada nación.

Los ancianos alzaron la vista, cerrando los ojos un segundo, invocando con la mente a los Animales Sagrados.

Al dragón, para que diera honor.

Al águila, para que diera claridad.

Al unicornio, para que diera pureza.

Y al lobo, para que diera instinto.

Una energía casi mística recorrió el campo ceremonial, como un susurro antiguo llamando a despertar.

El árbitro levantó una bandera carmesí.

El color brilló bajo la luz, profundo, solemne, casi rojo sangre.

El silencio se intensificó aún más.

Incluso los jugadores, que hasta entonces parecían estatuas de carne y músculo, tensaron sus cuerpos un milímetro.

Cada jugador sabía que en ese instante —ese segundo suspendido entre la calma y el caos— no solo comenzaba un partido… Comenzaba una historia.

Una que sería contada por siglos.

Una que elevaría nombres, uniría naciones, rompería récords y encendería leyendas.

Una que empezaba aquí, en Eryndos… con los ojos de todo el continente puestos sobre ellos.

Los tambores se detuvieron.

El viento se detuvo.

Incluso el sol pareció detenerse.

La bandera cayó.

Y el estallido del público fue como un trueno que sacudió la ciudad entera.

El torneo había comenzado.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES kiroblack En cada torneo nace una leyenda nueva, pero solo aquellos que entienden el peso de la historia pueden cambiar su destino dentro del juego.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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