Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

EL CONSORTE DEL DRAGÓN IMPERIAL - Capítulo 254

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. EL CONSORTE DEL DRAGÓN IMPERIAL
  4. Capítulo 254 - 254 Capítulo 3 — El Consejo Real de Xianbei
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

254: Capítulo 3 — El Consejo Real de Xianbei 254: Capítulo 3 — El Consejo Real de Xianbei En las vastas llanuras del este, donde los campos se extendían como un mar verde que danzaba al ritmo del viento, se alza el orgulloso Reino de Xianbei.

Su tierra era conocida por su abundancia, su disciplina y la sabiduría de su gente.

Los templos antiguos, cubiertos por tejas color jade, guardaban los secretos de generaciones que habían sobrevivido a guerras, alianzas, traiciones y épocas de esplendor.

El amanecer de aquel día bañaba el palacio con una luz anaranjada que parecía anunciar un nuevo inicio.

Los establos reales estaban en silencio, los monjes del templo cercano entonaban cánticos suaves, y los primeros soldados cambiaban la guardia con una solemnidad que hablaba del respeto que sentían por su reino.

Dentro del palacio, en el despacho real decorado con murales del fénix alzando vuelo, la Reina de Xianbei estaba de pie junto a su esposo, el Príncipe Consorte.

Ambos observaban en silencio al joven que tenían frente a ellos.

Era su hijo.

Era su futuro.

Era la próxima voz de Xianbei.

Su Alteza Real, el Príncipe Tao Zharan Heredero al Trono del Reino de Xianbei Duque de Tiansuo City La reina Meiling, mujer de porte imponente, sostenía un pergamino sellado con el emblema real: un fénix dorado rodeado de olas plateadas.

—Hijo mío —dijo, rompiendo el silencio—, este pergamino fue el mismo que recibí de mi madre y ella del suyo.

Contiene las palabras con las que se abre el Consejo Real de Xianbei… por primera vez en tu voz.

Tao Zharan lo recibió con ambas manos, inclinando la cabeza.

Su respiración tembló un segundo, pero su mirada permaneció firme.

—¿Madre… hoy seré yo quien abra el consejo?

La reina sonrió con ternura, pero en su sonrisa había también la fuerza de una guerrera.

—Así es, Tao.

Has observado, has aprendido, has fallado y te has levantado.

Xianbei necesita escuchar tu voz.

El príncipe Consorte avanzó y puso una mano en el hombro de su hijo.

—La grandeza no nace en los tronos —dijo con voz grave—.

Nace en los actos.

Este es tu primer acto como futuro rey.

Tao respiró hondo, y en ese instante sintió algo recorrerlo: no miedo, sino un llamado ancestral.

Como si el fénix del emblema real hubiese extendido sus alas en su pecho.

— Cuando las enormes puertas del salón del Consejo Real se abrieron, todos los ministros, generales y consejeros se levantaron de inmediato.

La tradición dictaba que debía ser la reina quien entrara primero.

Pero el heraldo anunció con voz solemne: —¡Su Alteza Real, el Príncipe Tao Zharan, Heredero al Trono del Reino de Xianbei, Duque de Tiansuo City!

Los murmullos surgieron de inmediato.

—¿El príncipe?

—¿Por qué él?

—¿Y la reina?

—¿Acaso algo ha ocurrido?

El príncipe Tao avanzó con paso firme.

Su capa azul oscuro, bordada con hilos dorados que formaban un fénix ascendente, se movía como si tuviera vida propia.

Sus ojos, tranquilos pero decididos, se posaron en el trono vacío.

El mensaje era claro: aquel día, él sería la voz del reino.

Uno de los ministros más antiguos, el consejero Han, dio un paso adelante.

—Su Alteza… ¿su majestad no presidirá el consejo?

Tao lo miró con respeto.

—En el día de hoy, por deseo de mis padres y en nombre del Reino de Xianbei, seré yo quien dé inicio a este Consejo Real.

Un silencio profundo cubrió el salón como un manto.

El príncipe desplegó el pergamino.

Las letras doradas brillaron como si despertaran con su tacto.

—Nuestro reino —dijo Tao, con voz clara— ha prosperado gracias al esfuerzo de cada familia.

Pero el tiempo nos exige avanzar.

Hoy trataremos tres temas esenciales: 1.

La expansión de las escuelas imperiales.

2.

El fortalecimiento de nuestras fronteras marítimas.

3.

La creación de nuevas alianzas culturales con el Reino de Nanxi, el Imperio del Dragón Dorado, el Reino de Andshi, los grandes ducados, el Principado de Takrin y la República.

Los consejeros intercambiaron miradas.

Esto ya no era un niño repitiendo palabras.

Era un heredero formando el futuro.

Tao continuó: —Las escuelas imperiales necesitan nuevas bibliotecas, más maestros y un sistema que permita que los hijos de campesinos prometedores también accedan al aprendizaje.

Un reino que educa a su pueblo, fortalece sus raíces.

El consejero Han frunció el ceño.

—Pero Su Alteza, eso aumentaría el gasto… —Aumentaría el futuro —respondió Tao sin dudar—.

Y un reino que no invierte en su gente está condenado a caer.

Un murmullo de aprobación se oyó.

El joven hablaba con sabiduría que nadie esperaba tan pronto.

— Mientras tanto, detrás del trono, ocultos por un biombo de seda bordada, la reina y el príncipe Consorte observaban con orgullo.

—Mira cómo sostiene el pergamino —susurró la reina—.

Exactamente como yo lo sostuve la primera vez.

—Y como mi suegra antes que tú —respondió su esposo—.

Nuestro linaje es fuerte, pero hoy… hoy lo es más.

Los dos intercambiaron una mirada que solo los padres de un heredero destinado a la grandeza pueden comprender.

— De regreso en el salón, Tao continuó: —En cuanto a nuestras fronteras marítimas, debemos reforzar nuestros puertos y aumentar la cooperación con los navegantes de Oshiran.

Las tormentas del este han sido más intensas.

No podemos ignorarlas.

Los ministros asentían, tomando notas apresuradas.

—Y en cuanto a las alianzas culturales… —Tao hizo una pausa, midiendo cada palabra— debemos abrir nuestras puertas.

El conocimiento no prospera encerrado.

El intercambio cultural fortalecerá nuestras artes, nuestras ciencias y nuestra identidad.

El consejero Ming, uno de los más estrictos, lo observó con atención.

Su Alteza… hablas como si hubieras llevado años preparándote para este día.

Tao inclinó la cabeza respetuosamente, dejando entrever en sus ojos la determinación que había forjado durante años de estudio, entrenamiento y observación.

—Llevo toda mi vida preparándome —respondió con voz firme, cargada de convicción y serenidad.

El silencio que siguió no fue de duda.

No era incertidumbre ni desconcierto; era un momento de reconocimiento colectivo.

Los ministros y consejeros, muchos de ellos veteranos de innumerables sesiones y debates, percibieron que frente a ellos ya no estaba solo un joven heredero, sino un líder que comprendía su responsabilidad y la gravedad de su deber.

Cada palabra de Tao parecía resonar con la sabiduría de generaciones, y su postura, recta y segura, transmitía confianza sin necesidad de gestos grandilocuentes.

En ese instante, en todo el salón, algo cambió.

Una energía nueva comenzó a fluir entre los presentes.

Una mezcla de respeto profundo, admiración silenciosa y esperanza que no se veía desde hacía décadas.

El aire mismo parecía vibrar con esa fuerza intangible: el reconocimiento de que Xianbei no solo continuaría, sino que estaba a punto de entrar en una etapa de renovación y grandeza.

Los rayos del sol matutino entraban por los ventanales altos, iluminando los ornamentos dorados del salón y reflejando los emblemas del fénix en cada estandarte, pergamino y tapiz.

Cada destello de luz sobre el mármol y la madera antigua parecía subrayar la importancia del momento.

Los consejeros, de pie con reverencia, sentían cómo esa luz se mezclaba con la energía de Tao, como si el reino entero apoyara simbólicamente a su heredero.

Uno de los ministros más experimentados, que había servido bajo tres monarcas antes, se acercó con un leve asentimiento y dijo en voz baja, casi para sí mismo: —Nunca pensé que vería a un joven hablar con tanta madurez… y aún así, mantener la frescura de la juventud en cada palabra.

El comentario se esparció en silencio, y pronto todos comprendieron que no era solo un elogio al discurso del príncipe, sino un reconocimiento del equilibrio perfecto entre tradición y renovación que Tao representaba.

Cada decisión que comenzaba a tomar, cada comentario y sugerencia que ofrecía, llevaba consigo la promesa de un liderazgo capaz de guiar al reino hacia un futuro brillante, sin olvidar las raíces que lo habían sostenido durante siglos.

Desde la cámara oculta, la Reina de Xianbei murmuró con orgullo contenido: —El fénix… ya comenzó a levantar vuelo.

El príncipe Consorte la observó con una sonrisa serena, los ojos reflejando la emoción que contenía su voz.

—Sí —respondió suavemente—.

Xianbei está listo para la nueva era.

Ambos compartieron un momento de silencio, conscientes de que aquel día marcaba un punto de inflexión en la historia del reino.

Cada gesto de Tao, cada inflexión de su voz, cada mirada a los consejeros, estaba cargado de significado: no solo como heredero, sino como un símbolo del renacimiento del reino.

El joven príncipe avanzó unos pasos más, su capa azul oscuro rozando apenas el suelo, el emblema del fénix bordado en oro brillando tenuemente bajo la luz.

Los consejeros lo observaron atentamente, algunos inclinando la cabeza, otros murmurando entre ellos pequeñas palabras de admiración.

La solemnidad del momento estaba impregnada de una sensación casi mágica, como si la tradición misma reconociera la llegada de un líder digno de continuarla.

Tao tomó aire profundamente y desplegó el pergamino sellado, que parecía emitir un resplandor sutil al reflejar la luz del sol.

Su voz, clara y firme, comenzó a resonar en el salón: —Nuestros temas de hoy serán la expansión de las escuelas imperiales, el fortalecimiento de nuestras fronteras marítimas y la creación de nuevas alianzas culturales con el Reino de Nanxi, el Imperio del Dragón Dorado, el Reino de Andshi, los grandes ducados, el principado de Takrin y la República.

Cada palabra se sentía medida, cuidadosamente elegida, capaz de inspirar confianza en los consejeros y nobles presentes.

Se notaba que había estudiado cada detalle, que había escuchado, observado y aprendido de las decisiones pasadas, y ahora podía guiar con seguridad y perspectiva.

Los consejeros intercambiaban miradas de admiración.

El muchacho que alguna vez había corrido por los jardines del palacio, jugando bajo los cerezos en flor, ahora hablaba con la temple de un futuro rey, capaz de equilibrar la firmeza con la empatía, la autoridad con la sabiduría.

El murmullo de aprobación crecía gradualmente, sin necesidad de palabras altisonantes.

Los jardines del palacio, visibles desde los ventanales, parecían reflejar la armonía interna del salón.

Los pétalos de los cerezos flotaban suavemente en el aire, el viento llevaba aromas de flores y tierra mojada, y las fuentes salpicaban agua que brillaba con la luz de la mañana.

Era como si la naturaleza misma celebrara el nacimiento de una nueva era, alineándose con la determinación del joven príncipe.

Tao continuó con sus palabras, delineando los planes, escuchando los comentarios y respondiendo con precisión.

Cada intervención era un acto de construcción del futuro: debatía con respeto, corregía errores de manera sutil y proponía ideas innovadoras sin quebrantar las tradiciones del reino.

La sala estaba impregnada de una sensación de renovación y esperanza, como si cada decisión representara un hilo más en el tejido de la historia de Xianbei.

Desde la cámara oculta, los ojos de la reina brillaban con emoción contenida.

Su corazón se llenaba de orgullo y alivio, sabiendo que su hijo no solo estaba preparado, sino que estaba destinado a llevar al reino hacia horizontes más amplios.

El príncipe Consorte, de pie junto a ella, compartía la misma sensación: un orgullo silencioso, profundo, que no necesitaba palabras para expresarse.

Y así, bajo la luz del sol matutino que se filtraba por los ventanales, el Consejo Real de Xianbei dio inicio a una etapa que resonaría en la historia.

Una etapa donde las alas del fénix se abrían nuevamente, desplegando su majestuosidad ante todos los presentes.

Una etapa donde la tradición se unía con la visión de un joven líder, capaz de honrar el pasado mientras trazaba el camino hacia un futuro de grandeza.

El Consejo Real de Xianbei había comenzado.

Y con él… el nuevo vuelo del fénix, un vuelo que prometía sabiduría, fuerza y esperanza para generaciones venideras.

Cada mirada, cada gesto y cada decisión tomada aquel día quedaría grabada en la memoria de quienes presenciaron el momento, recordando que el verdadero poder de un reino reside no solo en sus leyes o títulos, sino en la capacidad de unir a su pueblo bajo un liderazgo que inspire respeto, lealtad y confianza.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES kiroblack En Xianbei, el linaje no solo se hereda: se despierta.

Este capítulo marca el momento en que un heredero deja de ser un observador para convertirse en la voz que guía el destino de su reino.

El vuelo del fénix comienza aquí.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo