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EL CONSORTE DEL DRAGÓN IMPERIAL - Capítulo 256

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256: Capítulo 5 — La Voz del Principado de Takrin 256: Capítulo 5 — La Voz del Principado de Takrin Al norte del Reino de Nanxi, donde las colinas verdes se entrelazan con bosques frondosos y los ríos serpentean como espejos dorados bajo la luz del sol, se extiende el Principado de Takrin.

Esta tierra, célebre por sus antiguos linajes guerreros y por tradiciones que honran el valor, la disciplina y la sabiduría, parecía contener en su paisaje la respiración misma de la historia.

Las murallas blancas del palacio principal brillaban esa mañana con una intensidad especial.

La brisa que recorrió los patios interiores llevaba consigo el aroma de los nísperos en flor, mezclándose con el olor del acero recién afilado proveniente de los patios de entrenamiento.

Era el tipo de día donde Takrin mismo parecía anunciar que algo importante iba a ocurrir.

Dentro del gran salón del palacio, los tapices colgaban pesados y majestuosos, representando batallas antiguas, alianzas selladas con honor y la historia completa del linaje real.

Banderas azules oscuros, los colores del principado, ondeaban suavemente gracias a pequeñas corrientes de aire que atravesaban las rendijas superiores.

En ese escenario lleno de solemnidad, la Princesa Siyana valore, heredera del principado, ajustaba su capa de ceremonia mientras trataba de controlar el tamborileo acelerado de su corazón.

Su padre, el Príncipe Soberano Lucian valore, un hombre de porte imponente y mirada firme, la observaba en silencio desde el pie de la plataforma del trono.

Sus ojos, que muchas veces imponían respeto a generales y diplomáticos por igual, ahora estaban llenos de una ternura contenida.

En su mano sostenía un pergamino, atado con un lazo azul oscuro.

—Siyana —dijo con voz profunda, modulada por años de mando y experiencia—, hoy es el día en que mostrarás al principado que has aprendido a liderar.

La joven tomó aire, intentando estabilizar la mezcla de emoción y nerviosismo que corría por su pecho.

—Padre… ¿de verdad debo abrir yo el consejo?

Todos esperan verte a ti en el trono.

Lucian sonrió de una forma que pocas personas tenían el privilegio de conocer.

—Ese es el punto, hija mía.

Hoy deberán acostumbrarse a verte a ti.

Le entregó el pergamino con ambas manos, un gesto solemne reservado solo para asuntos de extrema importancia.

—Este documento contiene los temas que deberás tratar ante el Consejo del Principado.

Léelo con atención… pero recuerda algo —su tono se suavizó aún más—: lo que verdaderamente importa no es que repitas lo que aquí dice, sino cómo lo dices, qué transmites, y qué decisiones eres capaz de defender.

Siyana asintió.

Tenía las manos firmes, pero su respiración delataba la intensidad del momento.

Abrió el pergamino y leyó rápidamente las primeras líneas.

Estrategias de defensa, comercio, reformas para los aprendices de guerreros… temas que había estudiado toda su vida pero que nunca antes había presentado oficialmente ante el Consejo.

Era responsabilidad real.

Era liderazgo.

Era el primer paso hacia su futuro.

El sonido de los enormes portones de madera abriéndose resonó con un eco monumental en todo el salón.

Los consejeros, generales y líderes militares se pusieron de pie, esperando ver aparecer al príncipe gobernante.

Pero en lugar de Lucian,un heraldo vestido con uniforme ceremonial avanzó al centro, levantando una vara plateada.

Con voz firme y solemne anunció: —¡Su Alteza Siyana, Heredera al Trono del Principado de Takrin!

El silencio que siguió fue tan profundo que Siyana sintió que podía escuchar incluso su propio pulso.

Los consejeros intercambiaron miradas sorprendidas.

Algunos arrugaron el ceño, otros abrieron los ojos con incredulidad.

Era la primera vez en generaciones que un heredero abría el consejo sin la presencia de su padre.

Siyana avanzó.

Un paso.

Otro.

Y otro más.

Cada paso hacía resonar suavemente sus botas contra el mármol pulido, acompañada únicamente por el sonido de las banderas ondeando a los lados del salón.

Su capa azul se arrastraba con elegancia por el suelo, mientras levantaba la barbilla con determinación.

Cuando llegó frente al trono —el trono donde su padre presidía cada reunión importante—, se detuvo.

No tomó asiento.

Se mantuvo firme, de pie, frente a todos.

—Hoy, —dijo con voz clara, sorprendentemente estable— seré yo quien guíe este consejo.

Un murmullo recorrió la sala como una ola, pero ella no titubeó.

—Debemos discutir la defensa de nuestras fronteras norteñas —continuó—.

Los movimientos de tropas vecinas requieren vigilancia constante.

También es necesario reforzar nuestras rutas comerciales hacia el Reino de Nanxi para asegurar el abastecimiento durante el invierno.

Y, además, nuestros aprendices de guerreros necesitan una revisión estructural en su instrucción.

Es hora de fortalecer nuestra disciplina y modernizar nuestras tácticas.

Las últimas palabras las pronunció con un tono que hizo que varios generales la observaran con renovado respeto.

Por un instante, nadie dijo nada.

Luego, el general más veterano —un hombre endurecido por la guerra y con cicatrices que contaban historias sin necesidad de palabras— se puso de pie.

La miró directamente a los ojos, cruzando los brazos sobre su amplio pecho.

—Su Alteza… —dijo—.

¿Está usted proponiendo cambios en el entrenamiento de nuestros cadetes?

Siyana mantuvo la mirada sin vacilar.

—Sí.

Nuestros cadetes deben aprender tácticas modernas.

Deben ser entrenados para responder a los nuevos tipos de amenazas que se extienden por el continente.

Takrin siempre ha sido un principado de guerreros… pero incluso los guerreros más fuertes deben adaptarse para seguir siendo invencibles.

El veterano la observó durante largos segundos.

Finalmente, inclinó la cabeza en reconocimiento.

—Habla como una líder que entiende su tierra.

Ese gesto, que en apariencia era simple, marcó un antes y un después en la percepción del consejo.

Uno a uno, los consejeros comenzaron a asentir, algunos tímidamente, otros con convicción.

Las dudas empezaban a desvanecerse.

— Desde una sala lateral, visible solo a través de una pequeña abertura tallada en la pared, Lucian observaba acompañado de su esposa, la Princesa Consorte Sofia.

Él mantenía los brazos cruzados, pero sus ojos brillaban con un orgullo desbordante.

Sofia apoyó una mano en su brazo, sin dejar de mirar a su hija.

—Has hecho bien en dejarla tomar el mando —susurró—.

Mira cómo se sostiene, cómo habla… cómo respira como una soberana.

Lucian esbozó una sonrisa que mezclaba amor, nostalgia y respeto.

—Ha llegado su tiempo, Sofía —respondió él en voz baja—.

Siyana… ya tiene el espíritu del principado en su interior.

— De vuelta en la sala, la reunión avanzaba con una energía nueva.

Siyana respondía preguntas complejas, escuchaba con atención los argumentos de cada consejero y ofrecía soluciones prácticas pero firmes.

Su claridad sorprendía incluso a aquellos que habían dudado de su capacidad para liderar.

Cuando un consejero mayor expresó preocupación por los costos de modernizar el entrenamiento militar, ella respondió: —La paz es un tesoro, pero también es un lujo que se protege con preparación.

El costo de estar listos es mucho menor que el costo de no estarlo.

Los presentes intercambiaron miradas.

Esa frase se repetiría en el principado durante semanas.

A medida que la reunión avanzaba, la luz del sol atravesaba los vitrales del salón, proyectando destellos azules y plateados sobre las paredes.

Era como si el mismo principado estuviera observando y aprobando ese momento.

Cuando finalmente el tema más importante se discutió —la situación de las aldeas fronterizas y las tensiones con los clanes del sur —, Siyana deslizó el pergamino a un lado y habló desde su convicción más profunda: —Nuestras aldeas fronterizas representan la primera línea de defensa y la última línea de humanidad.

No son números, no son puestos estratégicos… son familias.

Takrin no debe proteger solo su territorio.

Debe proteger a su gente.

Ese es el propósito de un líder.

El silencio fue absoluto.

Luego… El consejo entero se puso de pie.

Sin órdenes, sin protocolo.

Solo respeto puro.

Por primera vez, la joven heredera sintió cómo el peso de la responsabilidad dejaba de ser una carga para convertirse en un propósito.

Una voz joven, pero firme, guiaba el futuro del principado.

Desde la sala lateral, Lucian exhaló lentamente, como si soltara un peso que llevaba años acumulándose en su pecho.

Apoyó una mano en el marco de la puerta y observó a su hija desde la distancia.

La luz del vitral caía sobre Siyana como un manto dorado, haciendo brillar el bordado plateado de su capa.

No era solo una joven preparada para gobernar… era el símbolo de un nuevo amanecer para todo Takrin.

—Nuestra hija… —susurró, su voz apenas un hilo quebrado entre orgullo y nostalgia— ya no necesita mi sombra.

El principado está listo para verla gobernar.

Sofía se acercó a él, colocándole una mano suave sobre el antebrazo.

Sus ojos brillaban, no de tristeza, sino de un orgullo tan profundo que parecía traspasar su alma.

Había criado a Siyana para ese día, la había visto caer, levantarse, aprender, discutir, luchar, amar a su gente con el corazón de una verdadera líder.

—Takrin está en buenas manos —murmuró, y sus labios se curvaron en la sonrisa tranquila de una madre que acepta que su hija ya no es una niña, sino la voz de una generación entera.

Lucian cerró los ojos por un instante.

Recordó cuando enseñó a Siyana a montar a caballo, cuando la llevaba en brazos por los pasillos del castillo, cuando ella se escondía detrás de su capa durante las audiencias porque no le gustaba que la vieran.

Ahora estaba allí, frente a él, sin miedo, sin dudas, enfrentando al Consejo entero con una firmeza digna de los grandes gobernantes del pasado.

El murmullo de la sala principal comenzó a desvanecerse, reemplazado por un silencio expectante.

Un silencio que no se construía sobre tensión, sino sobre esperanza.

— Y así, en una sala bañada por la luz del sol y la historia, el Consejo del Principado de Takrin comenzó bajo la voz de su heredera.

Una voz joven.

Una voz llena de fuerza.

Una voz que había nacido entre el acero, el deber y el cariño de su pueblo.

Una voz que prometía un futuro donde tradición y renovación caminarían juntas, sin pisarse, sin anularse, como dos ríos que convergen para formar uno más grande y más fuerte.

El Principado de Takrin acababa de entrar en una nueva era.

Y Siyana, la joven heredera, se erguía como el puente entre el pasado glorioso y el futuro prometedor; la última flor de una dinastía legendaria y la primera chispa de una nueva generación destinada a redefinir el mundo.

Fin del capítulo 5 REFLEXIONES DE LOS CREADORES kiroblack Takrin, la voz de la heredera finalmente se alza.

Este capítulo marca el inicio de una nueva fuerza: una líder que aprende a hablar no desde la sombra, sino desde su propio destino.

Hoy comienza la era de Siyana.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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