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EL CONSORTE DEL DRAGÓN IMPERIAL - Capítulo 264

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  4. Capítulo 264 - 264 Capítulo 2 – El Reino de Nanxi El Amanecer del Pavo Real
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264: Capítulo 2 – El Reino de Nanxi: El Amanecer del Pavo Real 264: Capítulo 2 – El Reino de Nanxi: El Amanecer del Pavo Real El amanecer de aquel día cubría el Palacio Real de Nanxi con una luz dorada y serena.

Desde las altas torres hasta los jardines de jade, todo el reino despertaba bajo una atmósfera de celebración.

Las avenidas estaban cubiertas de flores blancas y verdes, los colores de la bandera nacional, y en cada balcón ondeaban estandartes con la imagen del pavo real dorado, símbolo de realeza, gracia y prosperidad.

El aire estaba lleno del perfume de las orquídeas que los sirvientes habían colocado en jarrones de cristal tallado.

Los músicos de la corte afinaban sus instrumentos de cuerda, y el sonido suave de los tambores de ceremonia marcaba el ritmo del corazón del reino.

Miles de ciudadanos se habían reunido desde la madrugada para presenciar el evento que marcaría la historia moderna de Nanxi: la ascensión del príncipe heredero al trono.

En el Gran Salón de Cristal, donde el trono real brillaba bajo la cúpula de esmeralda, el Rey Heo Wang y la Reina consorte Emilia Hana —ya mayores, vestidos con los ropajes ceremoniales bordados con plumas de pavo real— esperaban a su hijo con una mezcla de orgullo y nostalgia.

Ambos sabían que aquel día no solo representaba el fin de una era, sino también el cierre de un largo capítulo de su propia vida.

El príncipe Liang Wang, vestido con un traje blanco de seda con bordes dorados, se encontraba en la cámara real, rodeado por sus consejeros y su hermana menor, la princesa Liyue.

Sobre su pecho, una joya con forma de pluma verde simbolizaba el espíritu del reino.

Mientras los sirvientes terminaban de ajustar su capa real, el joven príncipe respiró hondo.

—Ha llegado el momento, Su Alteza —dijo su Consejero Jefe con voz solemne—.

Hoy Nanxi recibirá no a un Príncipe, sino al Soberano que inaugurará la Era de la Gracia.

La princesa Liyue tomó las manos de su hermano y lo miró con afecto.

—Nanxi te necesita.

Y yo… también te apoyo —susurró con la sinceridad que solo un hermano puede ofrecer.

Las trompetas reales sonaron, su eco recorrió los jardines y las avenidas llenas de gente.

Los ciudadanos, vestidos con túnicas verdes y blancas, alzaron banderas y lanzaron pétalos de flores mientras el gran portón del salón se abría.

El príncipe Liang Wang entró con paso firme.

Su túnica reflejaba la luz de los cristales del techo, y su corona —aún sostenida sobre un cojín de terciopelo— brillaba como un amanecer contenido.

Cuando se acercó al trono, sus padres se levantaron.

El rey Heo tomó la corona real y, con voz grave y emocionada, pronunció las palabras que marcarían la historia: —¡El Reino de Nanxi se alza en la Gracia de un Nuevo Amanecer!

Por la inquebrantable voluntad del linaje real y el consentimiento del pueblo, abdicamos y transferimos la Soberanía Plena a nuestro heredero, el Príncipe Liang Wang.

Que el Pavo Real de Nanxi te guíe, y que reines con sabiduría, compasión y fuerza.

El príncipe se arrodilló ante su padre, y el monarca colocó la corona sobre su cabeza.

En ese instante, los tambores resonaron y el pueblo, afuera, estalló en vítores: —¡Larga vida al Rey Liang Wang!

¡Que la Casa Real del Pavo Real perdure!

La reina Emilia Hana se acercó, con lágrimas en los ojos, y besó la frente de su hijo.

—Nanxi florecerá contigo, mi amado hijo —susurró.

Detrás de ellos, los consejeros reales intercambiaron miradas solemnes.

El ascenso de Liang no solo significaba continuidad, sino también renovación.

El reino había enfrentado tensiones diplomáticas, disputas fronterizas y desafíos comerciales en los últimos años; muchos esperaban que el joven rey trajera una visión fresca y una nueva estrategia para fortalecer a Nanxi en el continente.

El nuevo Rey Liang Wang de Nanxi se levantó, caminó hacia el balcón del palacio, y alzó la mano ante miles de ciudadanos reunidos en la plaza.

La multitud guardó silencio al instante, como si el reino entero contuviera la respiración.

—Pueblo de Nanxi, con la corona sobre mi cabeza, declaro que la Era de la Gracia ha comenzado.

Prometo ser un rey que escucha, que protege y que honra la belleza de esta tierra y de su gente.

Prometo velar por la paz, fortalecer nuestros lazos con las naciones vecinas, y preservar el espíritu que nos hace únicos.

¡Que el majestuoso espíritu del pavo real nos guíe siempre hacia la prosperidad!

La multitud respondió con una ovación que pareció estremecer el cielo.

Los estandartes ondearon con fuerza, los tambores repicaron como truenos de júbilo y las campanas del palacio repicaron por toda la ciudad: Nanxi tenía un nuevo rey.

La princesa Liyue observaba a su hermano desde el interior del salón, sintiendo una mezcla de orgullo y emoción.

Sabía que, aunque la coronación era un acto solemne, lo verdaderamente difícil comenzaba después.

Nanxi enfrentaba un mundo que estaba cambiando rápidamente, con nuevas alianzas formándose en cada región del continente.

Pero Liyue confiaba en Liang.

Confiaba en su corazón, en su disciplina, en la nobleza que siempre había demostrado incluso en los días donde el peso del deber parecía aplastarlo.

—Serás un gran rey —murmuró para sí misma.

En el salón, el rey Heo tomó la mano de su esposa.

—Hicimos nuestro camino, Emilia —dijo con voz suave—.

Ahora comienza el de ellos.

Ella apoyó la cabeza en su hombro, conmovida.

—Nanxi está en buenas manos.

Afuera, el júbilo continuaba.

Fuegos artificiales de tonos verdes y dorados estallaron en el cielo, y columnas de bailarines tradicionales cruzaban las calles principales en celebración.

Los mercados ofrecían comida y artesanía para todos, y las familias se reunían para compartir el inicio de una nueva era.

La Era de la Gracia había empezado.

Y con ella, un nuevo capítulo del continente.

Un capítulo donde los herederos asumían los tronos no por imposición, sino por convicción.

Donde el linaje no era solo una carga, sino un propósito elegido.

Y donde el joven Rey Liang Wang, bajo el símbolo del pavo real dorado, prometía guiar a Nanxi hacia un futuro de armonía, grandeza y esperanza.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES kiroblack La coronación del Rey Liang Wang no es solo un acto de protocolo, sino el nacimiento de un liderazgo consciente.

Hereda un trono, sí, pero sobre todo hereda la confianza de su pueblo y la responsabilidad de servir con sabiduría y corazón.

La Era de la Gracia comienza no con la corona, sino con la voluntad de guiar, proteger y honrar lo que se ama.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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