EL CONSORTE DEL DRAGÓN IMPERIAL - Capítulo 266
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- Capítulo 266 - 266 Capítulo 4 — La Coronación de la Reina Meilin Thariel del Reino de Andshi
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266: Capítulo 4 — La Coronación de la Reina Meilin Thariel del Reino de Andshi 266: Capítulo 4 — La Coronación de la Reina Meilin Thariel del Reino de Andshi El sol ascendía lentamente sobre los picos nevados del norte, tiñendo el cielo con reflejos dorados que se mezclaban con suaves tonos rosas y naranjas.
Los rayos recorrían los picos helados, haciendo que cada cristal de hielo brillara como diamantes al amanecer.
Desde lo alto del Palacio de Marfil, las campanas sonaban con un tono claro y sereno, un canto que parecía atravesar valles y montañas hasta alcanzar cada rincón del Reino de Andshi.
El sonido, puro y resonante, se mezclaba con el aire frío que llegaba del norte, llevando consigo un perfume natural de pinos, nieve y tierra helada.
Las torres del palacio ondeaban con majestuosas banderas blancas, adornadas con finas franjas doradas que relucían bajo la luz del sol naciente.
Cada estandarte mostraba el emblema del grifo alado, guardián eterno del reino, cuyos ojos parecían observar a todos con sabiduría ancestral.
Los centinelas del palacio permanecían firmes, con armaduras pulidas que reflejaban la luz como espejos, y en sus corazones una mezcla de respeto y orgullo por el momento que estaba por comenzar.
Dentro del gran salón de coronación, la magnificencia del lugar dejaba sin aliento.
Los vitrales de colores dispersaban la luz en haces multicolores sobre las columnas de piedra pulida, creando un efecto de arcoíris que se movía lentamente a medida que los rayos de sol avanzaban.
Cada columna estaba tallada con símbolos de antiguas leyendas del reino: grifos protegiendo ciudades, héroes de antaño enfrentando bestias míticas y escenas de paz y prosperidad.
El aroma de flores de lirio y mirto llenaba el aire, mezclándose con el incienso ceremonial y el sutil perfume del oro bruñido del trono.
Era un olor que evocaba pureza, fortaleza y solemnidad.
En el centro del salón, la princesa Meilin Thariel avanzaba con paso firme y sereno, cada movimiento medido y elegante.
Su manto blanco parecía absorber la luz del sol, haciendo que brillara como nieve recién caída al amanecer.
El bordado dorado sobre sus hombros representaba las alas del grifo, un símbolo de protección, valentía y nobleza.
Con cada paso, las pliegues de su vestido se movían suavemente, y su mirada reflejaba concentración, respeto y un profundo sentido del deber que la acompañaría toda su vida.
El trono de oro resplandecía al frente del salón.
La Reina Selene emérita, de porte sabio y mirada serena, sostenía la corona real con delicadeza, como si tocara un fragmento de los cielos mismos.
A su lado, la Princesa Consorte emérita Valentina Mei observaba en silencio, los ojos llenos de orgullo y emoción contenida.
Cada gesto de la reina y la consorte hablaba de historia, de tradición y de un linaje que se mantenía intacto gracias al respeto y la devoción hacia la corona y el pueblo.
Cuando Meilin Thariel llegó frente a ellas, la Reina Selene emérita emérita alzó la voz, clara y solemne, resonando en todo el gran salón: —Ante los ojos del cielo y la tierra, ante los grifos que nos custodian desde tiempos antiguos, te nombro Meilin thariel Reina de Andshi.
Que tu sabiduría sea luz, y tu valor, escudo.
El corazón de Meilin latía con fuerza, una mezcla de emoción, respeto y responsabilidad.
Cada palabra de Selene parecía envolverla en un manto de poder y protección.
Mientras la corona descendía suavemente sobre su cabeza, un escalofrío de solemnidad recorrió a todos los presentes.
Los coros comenzaron a entonar una melodía ancestral, voces que parecían elevarse más allá del salón, mezclándose con los ecos de las montañas y resonando en cada valle del norte.
En ese momento, las enormes puertas del palacio se abrieron, dejando entrar un viento frío que traía consigo el aroma de nieve y bosques helados.
Un grifo dorado surcó el cielo, sus alas extendidas cortando el aire con majestuosidad.
Su vuelo era lento y poderoso, y parecía posar su mirada sobre la nueva reina, otorgándole la bendición de los cielos.
Cada batir de sus alas generaba corrientes de aire que hacían que las túnicas y mantos de los nobles y ciudadanos presentes se movieran suavemente, como saludando a la nueva guardiana del reino.
El pueblo reunido en la plaza exterior levantó la vista y, al ver al grifo sobrevolar el castillo, exclamó al unísono: —¡Larga vida a la Reina Meilin Thariel!
¡Larga vida al Reino de Andshi!.
Larga vida a las Reinas enteritas.
Sus voces llenaban el aire con un murmullo que se transformó en un rugido colectivo, reflejando orgullo, esperanza y alegría.
Cada ciudadano, desde el más humilde campesino hasta el noble más elevado, sentía que estaba presenciando un momento que quedaría grabado en los libros de historia.
La nueva reina dio un paso hacia adelante, levantando su cetro con calma.
La luz del sol se reflejaba en él, proyectando destellos sobre el mármol pulido y los rostros de todos los presentes.
Su voz, aunque dulce, resonó con fuerza y determinación: —Amado pueblo de Andshi, herederos de la luz del norte… Una leve pausa, que permitió a todos captar la profundidad de sus palabras, y continuó: Hoy juro protegerlos con la misma fuerza con la que el grifo protege su nido.
Juro mantener la justicia, la paz y la dignidad de nuestro reino.
Y ante mis madres, la reina emérita Selene y la princesa consorte emérita Valentina Mei, prometo que su legado no se desvanecerá… sino que volará aún más alto.
Cada palabra estaba cargada de convicción y de promesa.
La mirada de Meilin recorría a los presentes, reconociendo la inmensa responsabilidad que ahora recaía sobre sus hombros.
Cada rostro era un reflejo de esperanza, temor y orgullo.
Cada mirada que se encontraba con la suya le recordaba que no gobernaba para sí misma, sino para todo un pueblo que confiaba en su fuerza y su sabiduría.
Los nobles, soldados y ciudadanos sintieron que la nueva reina no solo llevaba la corona, sino también la esencia de un liderazgo puro, firme y compasivo.
Los niños que miraban desde los balcones se quedaron boquiabiertos, como si presenciaran un milagro; los ancianos susurraban oraciones de bendición y gratitud; y los guerreros que habían protegido el reino durante décadas sintieron una renovada determinación, sabiendo que su sacrificio tendría un propósito aún más grande bajo su reinado.
Entonces, la reina se inclinó ante sus madres, un gesto de humildad y amor que hizo que incluso los nobles más severos inclinaran la cabeza con respeto.
Este simple acto fue un recordatorio de que el poder no es solo autoridad, sino también respeto, gratitud y conexión con quienes nos precedieron.
En ese instante, Meilin recordó cada enseñanza, cada consejo de Selene y Valentina Mei, y sintió que sus palabras y acciones resonaban a través del tiempo, guiándola como estrellas en la noche.
El grifo, testigo de la coronación, sobrevoló el castillo una vez más, dejando caer una lluvia de plumas doradas.
Cada pluma brillaba bajo el sol como un pequeño fragmento del cielo, simbolizando bendición, prosperidad y protección divina.
Las plumas flotaban suavemente sobre el público, algunas rozando los hombros de los presentes, y cada toque parecía transmitir un mensaje silencioso de esperanza y unidad.
Los aplausos y vítores del pueblo se mezclaron con el sonido de campanas, creando una sinfonía que elevaba el espíritu de todos los presentes, y que hacía sentir a cada individuo que formaba parte de algo más grande que ellos mismos.
Meilin levantó la mirada hacia el horizonte, donde las montañas del norte se teñían de tonos dorados y rosados, y comprendió la magnitud de su juramento.
No era solo una promesa de protección, sino un compromiso de guiar con justicia, de inspirar con el ejemplo, y de ser un faro de esperanza incluso en los días más oscuros.
Su corazón latía con fuerza, mezclando emoción y determinación, mientras cada respiración parecía sincronizarse con el latido colectivo del pueblo que la observaba.
Y así comenzó el reinado de Meilin Thariel, la Reina de la Luz Dorada, guardiana del Reino del Grifo.
Bajo su liderazgo, la esperanza del norte se encendería como un fuego brillante, guiando al pueblo de Andshi hacia un futuro lleno de paz, justicia y grandeza.
Desde aquel día, la corona no solo representaba poder, sino también luz, amor y un compromiso eterno con cada corazón del reino.
Cada acción de la nueva reina estaría impregnada de propósito, y cada decisión tomada sería un reflejo del amor que sentía por su gente, un amor que prometía crecer con cada amanecer y fortalecerse con cada desafío que enfrentara.
Mientras la multitud comenzaba a dispersarse, las campanas del palacio continuaban sonando, y el grifo descendió lentamente sobre la plaza, sus ojos brillando con inteligencia y reconocimiento.
Algunos niños corrieron bajo sus alas, tratando de tocar las plumas doradas que aún caían del cielo, mientras los adultos observaban con sonrisas llenas de orgullo.
En el aire quedaba un silencio reverente, cargado de respeto y admiración, un instante que todos sabían que recordarían durante toda su vida.
En ese momento, Meilin supo que su reinado no comenzaba solo con ceremonias y palabras, sino con un vínculo profundo entre ella y su pueblo, un lazo invisible hecho de confianza, esperanza y amor compartido.
Cada paso que daría a partir de entonces estaría guiado por ese vínculo, y cada decisión se convertiría en un eco de la promesa que acababa de hacer ante el cielo, las montañas, sus madres y todos los habitantes de Andshi.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES kiroblack La coronación de Meilin Thariel simboliza más que un trono: es el inicio de un liderazgo basado en justicia, valentía y cuidado por su pueblo.
Bajo la luz del norte y la bendición del grifo, la nueva reina asume su deber con humildad y determinación.
Andshi no solo recibe a un monarca, sino a una guardiana que guiará su reino con sabiduría y corazón, prometiendo un futuro de paz y esperanza.
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