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EL CONSORTE DEL DRAGÓN IMPERIAL - Capítulo 30

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  4. Capítulo 30 - 30 Capítulo 30 – El eco del destino
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30: Capítulo 30 – El eco del destino 30: Capítulo 30 – El eco del destino La noche había caído sobre el imperio, pero en el Palacio de las Llamas Eternas, todo parecía detenido.

Después de la danza, nadie había osado hablar en voz alta.

Ni siquiera el emperador.

Las antorchas del salón central ardían con una llama extraña, casi azulada.

Suwei se encontraba solo, en el antiguo pabellón de las estrellas, donde los emperadores meditaban desde generaciones pasadas.

La luna caía a través del techo abierto, iluminando su rostro sereno… pero agotado.

La puerta se abrió.

No hubo anuncio.

No hubo pasos.

Solo Jin Long, de pie en el umbral, vestido con su túnica negra bordada en oro.

Sus ojos no tenían la frialdad habitual.

Tampoco tenían calor.

Tenían algo más.

Memoria.

Dolor.

Duda… Y una chispa que ni siquiera él sabía nombrar.

— Me pregunté —dijo el emperador, al fin— si sabías lo que estabas haciendo allá afuera.

Suwei lo miró.

Sin miedo.

— No lo sabía.

Pero lo sentí.

Como si la danza hubiera estado en mí desde antes de nacer.

Silencio.

Jin Long dio un paso más, acercándose lentamente.

Se detuvo frente a una columna grabada con dragones entrelazados.

— Desde que nací, me enseñaron que debía sellar mis emociones… para no destruir el equilibrio.

— Y desde que yo nací —respondió Suwei—, me enseñaron que debía silenciar mi alma… para no despertar lo que duerme en mí.

Ambos se miraron.

Un instante eterno.

Sin tocarse.

Sin siquiera respirar profundamente.

Entonces, una grieta sutil recorrió el suelo.

Una corriente cálida —casi invisible— danzó entre ellos.

El sello imperial, aquel que Jin Long llevaba desde su ascenso, emitió una luz tenue… Y luego se partió en dos.

No hubo explosión.

No hubo grito.

Solo un murmullo.

Como si todo el imperio exhalara al mismo tiempo.

Suwei bajó la mirada.

— No puedo prometerte obediencia ciega, emperador.

— Y yo no puedo prometerte paz, Suwei.

Una pausa.

Una sonrisa leve, como si ambos supieran que el juego recién comenzaba.

Jin Long dio media vuelta, dispuesto a marcharse.

Pero en el umbral, se detuvo una vez más.

— Mañana comenzará una nueva estación —dijo.

— Entonces, será el primer día… de algo que no tiene nombre aún —respondió Suwei.

Un trueno lejano resonó sobre el palacio.

En las nubes, por un instante, la silueta de un dragón dorado se dibujó entre relámpagos.

Y en el alféizar del pabellón, una grulla blanca batió sus alas antes de perderse en la noche.

Y así terminó el primer libro.

No con una guerra.

Ni con una coronación.

Sino con un vínculo.

Frágil.

Poderoso.

Inevitable.

A cada uno de ustedes, que han caminado junto a mí desde la primera página hasta este último capítulo del Libro 1… gracias.

Gracias por leer, por sentir, por imaginar y por dar vida a cada palabra.

Este viaje apenas comienza.

Suwei, Jin Long y el Imperio no han dicho su última palabra, y yo tampoco.

Mañana iniciaremos un nuevo ciclo, un nuevo libro… y confieso que lo que viene será aún más intenso.

Hasta entonces, gracias por estar aquí.

Este no es el final, es solo el primer vuelo de la grulla REFLEXIONES DE LOS CREADORES kiroblack “El destino no siempre llega con trompetas ni ejércitos.

A veces se acerca en silencio, con pasos que no oímos… y nos encuentra cuando menos lo esperamos.

Suwei y Jin Long no sellaron una alianza ni declararon una guerra.

Sellaron algo más peligroso: un lazo que no responde a coronas, leyes ni juramentos.

El dragón ha abierto un ojo… y la grulla ha recordado cómo volar.

El imperio aún respira en calma.

Pero la calma es solo el suspiro antes de la tormenta.” .¿Le gusta leerlo?

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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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