EL CONSORTE DEL DRAGÓN IMPERIAL - Capítulo 34
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- Capítulo 34 - 34 Capítulo 4 El templo de las alianzas
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34: Capítulo 4: El templo de las alianzas 34: Capítulo 4: El templo de las alianzas Las puertas del Templo de las alianzas se abrieron con un susurro apenas audible.
No hubo campanas, ni coros.
Solo el viento tibio del amanecer y la voz del Gran Guardián: —Consorte designado Suwei de la Casa Jinhai… hoy grabarás tu nombre entre los elegidos.
La sala era inmensa.
En su centro, un altar de piedra blanca rodeado de cinco pilares —uno por cada casa sagrada del imperio—.
Las antorchas se encendieron solas al paso de Suwei, como si reconocieran su presencia.
Vestía una túnica color marfil, bordada con hilos de oro en forma de alas.
Caminaba descalzo sobre pétalos de flor de luna, colocados esa madrugada por las Vírgenes de la Memoria.
A cada paso, Suwei sentía el eco de los que lo habían precedido.
Voces, miradas, juramentos.
El Guardián colocó ante él un pergamino cubierto de sellos.
—Aquí están los nombres de los consortes que caminaron antes que tú.
Cada uno dejó su huella… y su destino.
Suwei tomó el pincel sagrado.
Su mano tembló.
—Respira —dijo una voz.
No era el Guardián.
Era Jin Long.
Estaba allí, en el umbral, sin corona, sin guardias.
Solo él.
—Estaré contigo en cada letra.
Suwei lo miró, sonrió… y firmó.
El momento exacto en que su tinta tocó el pergamino, los cinco pilares emitieron un zumbido bajo.
Uno de ellos —el de la Casa Jinhai— se iluminó con un resplandor azul-plateado, como el cielo antes del alba.
—Está hecho —dijo el Guardián con reverencia—.
Eres parte del linaje.
El templo lo ha aceptado.
Pero no fue solo eso.
Cuando Suwei se giró para retirarse, una figura lo esperaba frente a la puerta.
No era real.
No tenía sombra.
Un consorte del pasado.
De cabello largo y blanco, vestido como un espíritu, con la frente marcada por el símbolo del dragón.
—Protege al Imperio… incluso de sí mismo —susurró—.
Y no olvides nunca quién eres cuando nadie te ve.
Suwei parpadeó.
La figura se desvaneció.
Pero la frase quedó grabada en él como fuego sobre la piel.
Esa noche, los pájaros no cantaron sobre el palacio.
Esa noche, los ancestros velaban.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES kiroblack El nombre que escribimos ante el mundo no siempre es solo nuestro: es la voz de quienes nos precedieron y la semilla de quienes vendrán.
Suwei entendió que no basta con ser aceptado por un imperio… hay que aprender a sostener el peso invisible de las miradas que ya no existen, pero que aún nos juzgan.
Tal vez ese sea el verdadero desafío de la historia: no olvidar quién eres cuando todos quieren que seas alguien distinto.
No es fácil crear una obra, ¡deme un voto por favor!
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