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EL CONSORTE DEL DRAGÓN IMPERIAL - Capítulo 37

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  4. Capítulo 37 - 37 Capítulo 7 – Los obsequios del trono
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37: Capítulo 7 – Los obsequios del trono 37: Capítulo 7 – Los obsequios del trono La tarde caía dorada sobre el Palacio de los Cielos Eternos.

En la Sala de los Vientos Plateados, las puertas estaban cerradas, y solo unos pocos elegidos tenían el permiso de estar allí.

Entre ellos: Suwei.

Frente a él, un pequeño cofre de madera de níspero, cubierto de seda roja imperial.

No había guardias, no había anuncios.

Solo el silencio y el peso de lo que estaba a punto de ocurrir.

El emperador entró solo.

Sin armadura, sin corona.

Solo con una mirada que hablaba de certezas suaves y tormentas internas.

—Este regalo —dijo Jin Long con voz grave— no lo entrega el emperador.

Lo entrega el hombre que eligió amar, aún sabiendo lo que eso significaba.

Suwei abrió el cofre.

Dentro, una joya ancestral: un broche de cristal dorado, con forma de loto abierto y un dragón diminuto en su centro.

—Fue hecho con fragmentos del trono celestial.

Lo llevó el primer consorte del primer emperador.

Ahora es tuyo.

Suwei no dijo nada.

Pero sus manos temblaron al tomarlo.

Jin Long no lo besó.

Solo acercó su frente a la de él.

Y en ese momento, las luces del trono, que en las noches titilaban como velas a punto de apagarse, brillaron con fuerza al otro lado del palacio.

Los sirvientes hablaron en voz baja esa noche: “La luz del trono no parpadea… brilla firme.” Medianoche.

El palacio dormía, pero no él.

Jin Long caminó en silencio, sin capa ni escoltas, hasta la habitación del consorte.

Empujó la puerta como quien abre un secreto.

Suwei lo esperaba despierto, mirando las estrellas desde su balcón.

No hablaron mucho.

Ni lo necesitaban.

Salieron del palacio por el jardín nocturno, cruzaron el estanque de los lirios imperiales, y se tendieron sobre las piedras cálidas aún por el sol.

Las estrellas los cubrieron.

El mundo pareció suspenderse.

—No deberíamos hacer esto… —susurró Suwei.

—Por eso lo estamos haciendo ahora —respondió Jin Long.

Sus manos se entrelazaron.

Sus labios también.

No hubo prisa.

No hubo mandato.

Solo dos almas que, bajo la noche infinita, sabían que la historia los había unido… pero el amor los estaba eligiendo.

Al volver antes del alba, las luciérnagas del jardín los siguieron en silencio.

Y ninguna de las piedras que pisaron crujió.

Como si el propio imperio les hubiese concedido ese momento.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES kiroblack El poder une imperios, pero es el amor el que sostiene los corazones.

A veces, basta una noche compartida en silencio para recordar que incluso los que cargan el peso del mundo… merecen ser simplemente humanos.

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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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