EL CONSORTE DEL DRAGÓN IMPERIAL - Capítulo 39
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- Capítulo 39 - 39 Capítulo 9 – El altar de la grulla blanca
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39: Capítulo 9 – El altar de la grulla blanca 39: Capítulo 9 – El altar de la grulla blanca La sala ceremonial del Palacio Imperial resplandecía como un sueño.
Las columnas estaban cubiertas de telas blancas y plateadas, adornadas con flores de cristal y faroles flotantes que parecían estrellas detenidas en el tiempo.
En el centro, un altar de dragón dorado se elevaba como una promesa inquebrantable: era el altar donde, desde hace siglos, los emperadores sellaban sus votos eternos.
Tallada en la cima del altar, una grulla blanca con las alas extendidas parecía alzar el vuelo hacia los cielos, un símbolo ancestral de la Casa Jinhai, la casa de Suwei.
La música comenzó.
Una melodía suave y sagrada, interpretada por flautas de bambú y cuerdas de seda.
Y entonces, Suwei apareció en la entrada.
Vestía su traje ceremonial: blanco como la luna, con bordados en hilo de plata que representaban nubes, agua en movimiento, y delicadas plumas de grulla.
Su capa era traslúcida, ligera como el viento de primavera, y ondeaba a su paso como si danzara con él.
Llevaba en la frente una joya blanca —una perla de espíritu— sostenida por una delicada corona de oro blanco.
Cada paso lo acercaba más al destino que cambiaría su vida… y el destino del Imperio.
Los representantes de todas las Casas Nobles y de las Provincias del Imperio ,representante de otros países reyes , reinas ,príncipes, duques presidentes, se pusieron de pie.
Desde los cristales encantados que transmitían la ceremonia hacia todo el territorio, millones observaban en silencio.
En el altar, Jin Long lo esperaba.
Vestía su armadura ceremonial imperial: sobria, imponente, con tonos oscuros y detalles dorados, pero con un broche nuevo en el pecho: una grulla blanca labrada en jade puro.
Nadie lo había notado antes.
Nadie… excepto Suwei.
Pero cuando Suwei apenas había recorrido la mitad del pasillo sagrado, ocurrió.
Las puertas traseras se abrieron con un leve crujido.
Un murmullo recorrió la sala como un relámpago contenido.
Las miradas giraron.
Incluso Suwei se detuvo.
Allí, en la entrada, de pie con el porte de un gran señor, estaba un hombre de cabello recogido con hilos de plata, rostro curtido por el exilio, ojos tan intensos como el cielo antes de la tormenta: el Duque Jinhai, su padre.
—Padre… —susurró Suwei, sin voz.
El Duque avanzó sin decir nada.
Se detuvo junto a él, lo miró por un instante largo… y le ofreció su brazo.
Suwei, temblando ligeramente, lo aceptó.
Juntos caminaron el resto del camino hasta el altar.
Ninguna palabra fue pronunciada.
No hizo falta.
Jin Long los miró en silencio, con una paz rara en sus ojos.
Lo había hecho.
Había traído de regreso al padre de Suwei, en secreto, como regalo de bodas.
Cuando Suwei soltó el brazo de su padre y se colocó frente al altar, el Duque retrocedió con dignidad y se unió a los asientos de honor.
Había recuperado su lugar.
El emperador y el consorte se miraron.
Bajo el dragón dorado tallada en jade, sellaron el comienzo de una nueva era.
El pasado se había reconciliado.
El futuro acababa de abrir sus alas.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES kiroblack A veces, los caminos hacia el altar no solo unen a dos corazones, sino que también sanan heridas antiguas.
El amor verdadero no solo mira al futuro: también reconcilia al pasado.
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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com