EL CONSORTE DEL DRAGÓN IMPERIAL - Capítulo 44
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- Capítulo 44 - 44 Capítulo 14 – La Corona del Consorte
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44: Capítulo 14 – La Corona del Consorte 44: Capítulo 14 – La Corona del Consorte La sala del trono se cubrió de seda carmesí y estandartes dorados.
No era un día cualquiera.
El pueblo, reunido en la Plaza del Dragón dorada, sabía que estaba a punto de presenciar algo que solo ocurría una vez por generación.
El Consorte del Dragón Imperial recibiría su corona.
Los tambores resonaron al amanecer.
El cielo parecía más claro.
Los pájaros, más silenciosos.
Como si todo el Imperio contuviera el aliento.
Jin Long permanecía en su trono de jade negro y oro, vestido con la túnica imperial bordada con cinco dragones ascendentes.
Suwei, en cambio, llevaba el color perla sagrada: una capa larga con brocados en forma de alas de grulla, abierta por delante, revelando la túnica ceremonial bordada con hilos de plata y cristal lunar.
A su paso, los sacerdotes imperiales rociaban el suelo con esencias de flor de luna y agua del manantial ancestral.
—Suwei, de la Casa Jinhai —proclamó la Gran Maestra de Ceremonias—.
¿Aceptas la carga… y la gloria del título más alto junto al trono?
Suwei alzó la vista.
Su voz fue tranquila, pero profunda: —Acepto con humildad… y con fuego en el alma.
Entonces, el anciano sacerdote trajo un cofre.
Al abrirlo, una luz dorada emergió: La Corona del Consorte, moldeada en forma de grulla alzando vuelo, forjada con oro imperial y gemas azules de las montañas celestes.
Jin Long descendió del trono con la corona entre las manos.
No le habló como emperador, sino como hombre: —Esta corona no es solo símbolo de poder.
Es un pacto.
Una promesa.
Y yo te la entrego con todo lo que soy.
Colocó la corona sobre la cabeza de Suwei.
Y en ese instante, los estandartes de los cinco linajes sagrados se elevaron por sí solos.
Sin viento.
Sin esfuerzo.
Como si el Imperio mismo respirara con ellos.
El sello imperial, invisible para todos excepto para ellos dos, brilló con un pulso vivo en el aire entre ellos.
En el consejo, uno de los ancianos preguntó en voz baja: —¿Eso fue… magia?
El representante de la casa yueji respondió: —No.
Fue algo más raro: fidelidad verdadera.
Esa noche, en los pasillos del Palacio Celeste, todos murmuraban lo mismo: > “El Consorte del Dragón ya no es solo un símbolo.
Ahora… es fuerza.
Es voz.
Es el latido vivo del Imperio.” REFLEXIONES DE LOS CREADORES kiroblack No es el oro ni las gemas lo que otorga poder, sino la intención y el corazón de quien lo lleva.
La verdadera corona no pesa sobre la cabeza; se posa sobre el alma.
Hoy, Suwei no recibe solo un título: recibe la confianza de un imperio, la promesa de un amor que trasciende protocolos, y la fuerza de ser una voz que puede guiar a otros.
En cada gesto, en cada mirada, se revela que el liderazgo y el amor son dos caras de la misma verdad: la fidelidad al propio corazón.
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