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EL CONSORTE DEL DRAGÓN IMPERIAL - Capítulo 45

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  4. Capítulo 45 - 45 Capítulo 15 – El Decreto del Equilibrio
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45: Capítulo 15 – El Decreto del Equilibrio 45: Capítulo 15 – El Decreto del Equilibrio La lluvia caía suave sobre los jardines imperiales.

No era una tormenta, sino una bendición antigua según los monjes del Templo de las Estaciones: Ø “Cuando el cielo llora con dulzura, es porque los equilibrios están por cambiar.” Y aquel día, algo sí cambiaría.

Los ancianos del Consejo Imperial, vestidos con túnicas del color de sus casas, aguardaban sentados en semicírculo.

Frente a ellos, la gran mesa de jade con cinco secciones, una por cada linaje fundador del imperio, lucía vacía en uno de sus extremos.

Los relieves tallados en la mesa reflejaban la luz de los candelabros dorados, y un suave aroma de incienso mezclado con la lluvia penetraba la sala.

Cada consejero mantenía la espalda recta, el semblante sereno, pero con ojos atentos que delataban la tensión acumulada durante años de silencios y conflictos.

La Casa Jinhai seguía sin voz.

Hasta hoy.

Suwei, con su corona nueva y el manto ceremonial de consorte, caminó hacia el centro del Salón del Dragón Dorado.

Sus pasos resonaban sobre el mármol, firmes y serenos.

No temblaba.

No titubeaba.

Cada movimiento era medido, y la sala parecía contener la respiración ante su presencia.

Jin Long, sentado en su trono, no dijo una sola palabra… pero su mirada era un muro férreo de respaldo.

Los reflejos del oro de su corona y los relieves del trono creaban una aureola silenciosa a su alrededor.

—Hoy no hablo como pareja del emperador —dijo Suwei—.

—Hablo como hijo de un linaje que fue silenciado.

Todos los ojos se posaron en él.

Los consejeros intercambiaban miradas: algunos con sorpresa, otros con miedo, y el del Tigre Blanco con evidente desdén.

Recordaba viejas disputas y sentía que su mundo estaba a punto de tambalear.

Suwei desenrolló un pergamino.

El sello real ya estaba marcado.

—Por autoridad delegada del Emperador del Dragón Dorado… …yo decreto: Ø “La Casa Jinhai, protectora de la Grulla Blanca, regresa al Círculo de los Cinco Linajes Sagrados.

Recupera su asiento, su estandarte, sus tierras y su dignidad.” Un murmullo se elevó.

Cada consejero procesaba el impacto: El representante del Tigre Blanco fruncía el ceño, recordando los viejos conflictos entre linajes.

El de la Mariposa de Cristal observaba con cautela, calculando el efecto en la armonía del consejo.

El padre de Suwei, quien había sido testigo de la caída de su casa, hizo un paso al frente.

Su espalda encorvada por los años se enderezó ligeramente, y sus ojos, cargados de emoción y orgullo contenido, se fijaron en el trono.

—Suwei… —murmuró, apenas audible, mientras bajaba la cabeza ante el emperador y ante su hijo—.

Que tu justicia restaure lo que fue arrebatado.

Suwei inclinó la cabeza ligeramente, aceptando el peso del momento.

El silencio era absoluto, solo interrumpido por el leve crujir de los pergaminos y el eco de la lluvia golpeando los ventanales.

El representante de la Casa de la Mariposa de Cristal y de Loto se levantó y se arrodilló: —La Mariposa y El Loto reconoce la justicia en este acto.

Le siguió el Zorro Rojo de tres colas, inclinándose en señal de respeto.

Entonces, el padre de Suwei dio un paso atrás, permitiendo que Suwei ocupara el asiento vacío.

Con reverencia, se inclinó ligeramente ante el trono y susurró: —La Casa de la Grulla Blanca reafirma su lealtad al Imperio y al trono del Dragón.

Suwei tomó el asiento, y al levantar la mirada, el estandarte de la casa Jinhai flotó en la brisa de la sala, mostrando sus colores y símbolos tallados con siglos de historia y honor.

El eco de su lealtad resonó en cada rincón del Salón del Dragón Dorado, y los ancianos del consejo, uno a uno, reconocieron el acto con asentimientos silenciosos.

Pero el consejero del Tigre Blanco no se arrodilló.

Se marchó con pasos firmes y silenciosos, dejando un aire de tensión que recordaba que el equilibrio ancestral aún podía romperse.

Horas más tarde, Suwei estaba solo, contemplando el estandarte de su casa izarse por primera vez en años sobre la Torre de los Linajes.

Sus colores brillaban bajo la lluvia, y los símbolos tallados contaban historias de honor, sacrificio y resistencia.

Cada hilo parecía murmurar secretos del pasado, y Suwei sentía que el peso de su linaje lo abrazaba con fuerza.

Jin Long se acercó con pasos silenciosos pero seguros, cada uno resonando suavemente sobre el mármol húmedo por la lluvia que entraba por las ventanas abiertas del Salón del Dragón Dorado.

Sus ojos, normalmente imperturbables, reflejaban un brillo distinto, cálido, casi humano.

Suwei levantó la mirada y, por un instante, todo el bullicio del consejo, los murmurios y los ecos de la sala desaparecieron.

Solo existían ellos dos, el trono y la historia que los unía.

Jin Long se detuvo frente a él, y sin una palabra más, lo rodeó con sus brazos en un abrazo firme pero protector.

Suwei apoyó la cabeza suavemente sobre el pecho del emperador, sintiendo cómo el latido de su corazón transmitía fuerza y ternura a la vez.

—Has hecho temblar las raíces del Imperio —susurró Jin Long, apoyando un leve beso en la frente de Suwei, un gesto que transmitía amor, orgullo y confianza.

Suwei cerró los ojos, dejando que la calidez del momento lo envolviera.

Había esperado este instante toda su vida, y ahora lo compartía con aquel que comprendía no solo su deber, sino también su carga, su miedo y su esperanza.

—Entonces crecerán más fuertes… o caerán para siempre —respondió Suwei, su voz cargada de emoción y orgullo, mezclada con la fragilidad que solo podía mostrar frente a Jin Long.

Jin Long suspiró suavemente, con un gesto de vulnerabilidad poco habitual.

—Tu padre… es un hombre honorable.

Lo he visto, incluso antes de hoy —dijo, apretando ligeramente a Suwei contra él—.

Nunca lo había comprendido completamente hasta ver la forma en que guiaron a su hijo y su linaje.

Suwei sonrió entrecerrando los ojos, sabiendo que detrás de la máscara del emperador había un hombre capaz de afecto y admiración genuina.

Ambos se giraron ligeramente para mirar hacia los jardines imperiales.

La lluvia aún caía sobre las flores y los senderos de piedra, creando un mosaico de gotas que reflejaban la luz de la mañana.

Suwei sintió cómo la responsabilidad y la historia de su linaje se mezclaban con el presente, con el calor del abrazo y el susurro de Jin Long.

—¿Sabes?

—murmuró Suwei, apoyando la cabeza en el hombro del emperador—.

Nunca imaginé que este momento llegaría así, en paz, con… alguien que me entiende.

—Yo también —respondió Jin Long, con una sonrisa suave—.

Y nunca estarás solo.

La Grulla Blanca ha tomado vuelo, y nosotros lo hacemos juntos.

Se quedaron allí, abrazados, observando cómo los primeros rayos de luz atravesaban las cortinas del salón, mezclándose con la lluvia y la bruma que subía de los jardines.

Cada instante se sentía eterno, cargado de historia, de amor y de la promesa de que, aunque el Imperio enfrentara desafíos, ellos enfrentarían todo juntos.

Y así, la Grulla Blanca toma vuelo de nuevo en medio de las espinas, rodeada por la historia, la esperanza y la memoria de aquellos que habían esperado este momento durante generaciones.

La sala quedó impregnada de un silencio respetuoso, casi sagrado, donde el poder y la ternura coexistían, mostrando que incluso en un Imperio de oro y sangre, la humanidad y el afecto podían abrirse paso.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES kiroblack A veces, restaurar lo justo no es solo un acto de voluntad: es un acto de coraje.

Cuando la voz de la verdad rompe silencios ancestrales, el mundo tiembla y los equilibrios se reacomodan.

Hoy, la grulla blanca alza vuelo nuevamente, recordándonos que la dignidad y la lealtad tienen un precio, y que cada acto de justicia puede transformar para siempre el destino de quienes observan… y de quienes osan actuar.

Su regalo es mi motivación de creación.

Deme más motivación No es fácil crear una obra, ¡deme un voto por favor!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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