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EL CONSORTE DEL DRAGÓN IMPERIAL - Capítulo 46

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  4. Capítulo 46 - 46 Capítulo 16 – Voces en las cortinas de jade
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46: Capítulo 16 – Voces en las cortinas de jade 46: Capítulo 16 – Voces en las cortinas de jade Las cortinas de jade del Palacio de las llamas eternas eran finas, talladas en capas delicadas que filtraban la luz del amanecer como si fueran seda esmeralda.

Sus hilos brillaban con la humedad de la madrugada, reflejando destellos verdes que danzaban sobre los pisos de mármol.

Cada pliegue parecía susurrar secretos de siglos pasados, y aquel día, la luz parecía oscura, cargada de presagios.

Pero esa mañana no filtraban luz… filtraban sombras.

Sombras que se movían con cuidado, observando, evaluando.

Allí, tras los paneles ornamentados, alguien observaba.

Los ojos eran apenas visibles bajo la capucha, atentos a cada movimiento del consorte.

—El consorte está moviendo los hilos del trono —susurró una voz encapuchada, temblorosa y grave.

—Y lo hace con la bendición del dragón —respondió otra, más firme, como si el simple hecho de pronunciarlo reforzara la verdad—.

Eso lo vuelve más peligroso que cualquier general.

El pasillo secreto bajo el Ala de los Consejeros resonaba con pisadas cuidadosas.

Cada eco golpeaba el corazón de quienes conspiraban.

Viejos nombres, antiguos enemigos de la Casa Jinhai, se pronunciaban en susurros.

Los dedos se entrelazaban, apretando dagas, anillos, pergaminos secretos.

Cada movimiento era calculado, cada respiración medida.

La tensión era casi palpable; un solo error podría delatarlos.

Y en la sombra, alguien sonrió, consciente de que los hilos que movía eran antiguos y poderosos… Una pista quedó en la tinta: solo los de Baihuan conocen los secretos de la Casa de la grulla blanca .

“Si la Grulla Blanca levanta vuelo… alguien debe quebrar sus alas antes que llegue al sol.” — En otra parte del palacio, Suwei caminaba por el jardín interior, contemplando los estanques de loto, los senderos de piedra y los cerezos que aún conservaban gotas de rocío en sus flores.

La restauración de su casa había despertado viejos rencores, y lo sentía en la forma en que algunos lo saludaban con una sonrisa sin alma… o evitaban mirarlo por completo.

—Me observan como si fuera una amenaza —murmuró, escuchando el murmullo del agua y el canto distante de los pájaros.

Jin Long estaba a su lado, sus pasos silenciosos, su presencia imponente y serena.

No negó nada.

—Porque lo eres.

Suwei lo miró con sorpresa.

El emperador le tomó la mano con suavidad y la apretó, transmitiéndole fuerza y tranquilidad a la vez.

El viento movía las flores del jardín, y por un instante, todo parecía en calma, como si la naturaleza reconociera que aquel momento era único.

—Has cambiado las reglas de un juego que llevan siglos sin cambiar —susurró Jin Long, acercando su frente a la de Suwei.

—Y eso hace que muchos se pregunten si eres una grieta… o una profecía.

Suwei cerró los ojos un instante, sintiendo la humedad de la lluvia reciente y el aroma de los cerezos.

Cada sonido parecía amplificado: el crujir de las piedras bajo sus pies, el susurro de los árboles, el canto lejano de los pájaros… y también la amenaza latente que flotaba en el aire.

Jin Long apoyó un beso breve en la mejilla de Suwei, un gesto íntimo que decía más que cualquier palabra.

—Tu padre… siempre fue un hombre honorable —dijo el emperador con voz baja—.

Nunca lo dudes.

Suwei lo miró con una mezcla de orgullo y vulnerabilidad.

Por un momento, ambos permanecieron así, entre la lluvia, las sombras y los recuerdos, compartiendo un silencio que hablaba de confianza, afecto y de responsabilidades que pesaban sobre sus hombros.

El sonido de la lluvia sobre los tejados y el murmullo del pequeño arroyo del jardín acompañaban aquel instante, envolviendo la escena en una calma que parecía suspendida en el tiempo.

Las flores, todavía húmedas, desprendían un aroma dulce y fresco, mientras el viento movía suavemente las hojas de los cerezos y los sauces.

Suwei, incapaz de conciliar el sueño, se levantó con cuidado y comenzó a recorrer el ala del consorte.

Cada paso resonaba con suavidad sobre los antiguos tapices, recordándole los ecos del pasado, los juramentos de quienes caminaron antes que él y las decisiones que moldearon la historia del imperio.

Al salir al jardín, la brisa nocturna le acarició el rostro, trayendo consigo el aroma húmedo de las flores y la frescura de la lluvia reciente.

La luna iluminaba los senderos de piedra y reflejaba el movimiento de las hojas, creando sombras que danzaban lentamente entre los árboles y arbustos ornamentales.

Sus pensamientos giraban en torno a los desafíos que le aguardaban: las intrigas dormidas bajo las sombras del palacio, los enemigos que aún acechaban y la necesidad de proteger la Casa Jinhai, que ahora había recuperado su lugar.

Sintió el peso del deber, pero también la fuerza que le otorgaba saber que no estaba solo; Jin Long estaría a su lado, firme y confiable, como un ancla en medio de cualquier tormenta.

Con un último vistazo al jardín iluminado por la luna, Suwei cerró los ojos un instante, dejando que la serenidad de la noche se filtrara en su corazón.

Sabía que los días siguientes traerían desafíos, pero también que cada decisión, cada paso, cada mirada, podía inclinar el equilibrio hacia la justicia… o hacia el caos.

Esa noche, un emisario llegó sin anuncio al Ala del Consorte.

Traía una carta… sin sello oficial.

Suwei la abrió.

Solo decía una frase: “Lo que se rompe, puede sangrar.

Lo que brilla, puede ser robado.” Era una amenaza.

Escrita con una tinta que solo usaban los antiguos clanes del sur… desaparecidos tras la guerra del Loto Carmesí.

Suwei sintió que algo más antiguo que los linajes se estaba despertando.

Y esa noche, durmió con una daga bajo la almohada, con la mente alerta, preparado para lo que viniera.

Cerró los ojos un momento, dejando que la noche hablara en silencio.

Cada sombra, cada susurro del viento, le recordaba que la vigilancia y la prudencia eran ahora sus aliados más cercanos.

Agradecía a quienes compartían su historia, porque cada lector era un testigo de los sueños, los desafíos y la esperanza que iluminaban su camino.

Fin del capítulo REFLEXIONES DE LOS CREADORES kiroblack Toda luz genera sombra.

Cuando un linaje renace y su voz se fortalece, despierta temores, envidias y antiguos rencores.

La verdadera fuerza no está solo en la corona, ni en el poder que se ostenta, sino en la sabiduría para anticipar la traición y el peligro.

Hoy, la grulla blanca se enfrenta a ojos que la desean caída, recordándonos que toda ascensión viene acompañada de desafíos invisibles, pero que son esenciales para forjar la leyenda.

He añadido etiqueta en este libro, añada “Gusta” en el cual para el soporte.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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