EL CONSORTE DEL DRAGÓN IMPERIAL - Capítulo 51
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- Capítulo 51 - 51 Capítulo 21 – Ecos de un trono agrietado
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51: Capítulo 21 – Ecos de un trono agrietado 51: Capítulo 21 – Ecos de un trono agrietado El amanecer apenas tocaba los tejados de jade del Palacio Imperial cuando un estremecimiento recorrió los cimientos de la estructura.
Primero fue apenas un suspiro bajo la tierra, un murmullo que parecía surgir de las entrañas mismas del continente.
Luego, la vibración se intensificó, llenando el aire con una presión silenciosa que parecía querer arrancar suspiros de todos los presentes.
No era un temblor común; era algo más profundo, ancestral, como si el mundo mismo despertara después de siglos de letargo.
Los sirvientes se detuvieron en seco.
El tintinear de las teteras se mezcló con el crujido de los suelos de madera.
Las flores de loto en los estanques sagrados se agitaban como si olas invisibles las empujaran con delicadeza.
Y, en lo alto de la sala del trono, el estandarte imperial del Dragón Dorado ondeó con fuerza… aunque no había viento alguno.
Una extraña electricidad recorría la sala, y el aroma a incienso se mezclaba con el polvo levantado por la vibración, creando una sensación de misterio y peligro contenido.
En la Sala del Consejo, el Maestro Xian dejó caer los pergaminos que sostenía.
Su rostro, normalmente sereno y sabio, se transformó en una máscara de preocupación.
Por primera vez en décadas, sus ojos mostraron una chispa de miedo.
El General Ru, con la mandíbula tensa y los músculos rígidos, empuñaba el mango de su espada con desconfianza, como si pudiera contener la fuerza que temblaba bajo sus pies.
—Esto no es obra de los elementos —murmuró el Maestro, con voz cargada de gravedad—.
No es un terremoto común… esto es algo más.
Uno de los señores de la Casa Baihuan giró hacia el Ala Este, donde se encontraban los aposentos del Consorte Imperial, su mirada llena de preguntas y temor.
Las murallas imperiales no habían temblado desde la Era de los Tres Soles, un periodo recordado por presagios de guerra civil y traiciones ocultas.
Suwei se incorporó en su lecho aún cálido, pero no por el temblor: algo más lo despertaba, una presión en el pecho, ligera pero ardiente, como brasas que florecían sin quemar.
Soñó con fuego; no el fuego destructor de las llamas comunes, sino un fuego que emergía desde dentro, iluminando un loto en su corazón, brillante y sereno, a la vez poderoso y puro.
Descalzo, Suwei caminó lentamente hacia la ventana tallada en mármol blanco, cada paso sobre el piso frío y pulido haciendo eco apenas perceptible en la quietud del amanecer.
Sus dedos rozaron los bordes lisos y fríos de la ventana, y un escalofrío recorrió su piel, haciéndole erizar cada vello.
Podía sentir cómo las paredes del Palacio parecían respirar junto a él, una vibración sutil que recorría el mármol, los cimientos y hasta su propia sangre.
Era como si el corazón del Imperio latiera al mismo ritmo que el suyo, un pulso profundo que mezclaba anticipación, miedo y algo indescriptible.
—El vínculo… está despertando —susurró, su voz apenas un murmullo, pero cargada de una certeza que parecía atravesar la misma luz del amanecer.
Sus palabras flotaron en la sala, resonando con fuerza invisible entre las paredes de jade y mármol.
La puerta se abrió de repente, sin aviso, y el sonido del pestillo fue un ligero eco en la quietud de la habitación.
Jin Long apareció, sus pasos suaves y medidos, casi como si deslizara los pies sobre el suelo sin tocarlo realmente.
Sus ojos, normalmente imperturbables, reflejaban tensión contenida y una mezcla de respeto y preocupación.
Llevaba ropajes ligeros, sin insignias, sin escoltas; su presencia era suficiente para llenar la sala de un peso innegable, como si cada centímetro del espacio se inclinara ante él.
—¿Lo sentiste?
—preguntó, cerrando la puerta tras de sí con un leve clic que resonó como un latido más entre el silencio absoluto.
—Lo estoy sintiendo aún —respondió Suwei, sin apartar la mirada del horizonte teñido de oro y rosa por los primeros rayos del sol—.
Hay algo dentro de mí que responde a ti… y algo que responde desde el trono.
Como si el jade del Imperio ya no supiera a quién pertenece, como si cada piedra, cada muro, se cuestionara su propia lealtad.
Jin Long lo observó en silencio, dejando que el peso de sus emociones hablara antes que sus palabras.
Admiración, temor y una reverencia silenciosa se mezclaban en su mirada.
Era la primera vez que se sentía vulnerable, desnudo ante la fuerza de un vínculo que superaba todo control imperial.
La sala entera parecía temblar, aunque de manera invisible, y un escalofrío recorrió incluso a los guardias apostados discretamente en las esquinas.
—Suwei… desde que unimos nuestras almas —susurró Jin Long, con voz profunda y resonante—, siento grietas en lo que antes creía inquebrantable.
Algunas en mí… otras en lo que heredé.
Grietas que nunca quise ver, pero que ahora se muestran con una claridad que no puedo ignorar.
Afuera, la vibración finalmente se calmó, pero una corriente invisible seguía latiendo bajo los suelos y muros del Palacio.
No era un simple terremoto; era un despertar antiguo, un murmullo del mundo que anunciaba que nada volvería a ser igual.
La luz del amanecer se filtraba por los ventanales de jade, iluminando motas de polvo que danzaban en el aire, como diminutos testigos de la historia que se escribía en ese instante.
Horas más tarde, en la Cámara de los Ancestros, se convocó al Consejo Imperial con urgencia.
Los representantes de las Cinco Casas Sagradas llegaron con rostros tensos, bocas llenas de teorías y manos crispadas por la anticipación y el miedo.
Cada uno parecía luchar por imponer su interpretación de lo inexplicable, pero la verdad se mantenía esquiva y silenciosa.
—¡Esto es el precio de un vínculo inadecuado!
—exclamó un miembro de la Casa Baihuan, con la túnica todavía salpicada de polvo—.
¡El emperador ha unido su destino a alguien que lleva dentro una marca dormida!
¡Y ahora la tierra responde!
El padre de Suwei se levantó, envuelto en la túnica azul celeste de los Jinhai.
Sus ojos brillaban con una mezcla de tormenta contenida, determinación férrea y orgullo silencioso.
—Mi hijo no es una maldición —dijo, su voz resonando como truenos lejanos que golpeaban los pilares del tiempo—.
Es el equilibrio que ustedes rompieron hace generaciones.
Su unión con el emperador no es el origen del caos, sino el reflejo de todo lo que han ignorado por siglos.
Un silencio denso y cargado de tensión se apoderó de la sala.
Cada respiración parecía escucharse con fuerza, cada mirada era un desafío silencioso, cada movimiento mínimo tenía un peso que podía alterar el equilibrio del momento.
Entonces, el Maestro de Estrellas deslizó un pergamino abierto sobre la mesa central.
Era un mapa estelar, con constelaciones que brillaban como si absorbieran la luz de los siglos y proyectaran secretos antiguos sobre los presentes.
—Durante la vibración, las constelaciones se alteraron.
El Dragón y el Loto… se están alineando.
No ocurría desde la caída de la Dama de los Cielos, hace quinientos años.
Jin Long no apartaba la mirada de Suwei, y Suwei mantenía sus ojos firmes frente al Consejo.
Detrás de ellos, una grieta finísima recorría uno de los pilares de jade.
No era física; era un mensaje silencioso del Imperio mismo, recordando que el poder y la historia nunca son estáticos, que incluso los cimientos más antiguos pueden ceder ante un cambio inevitable.
Algo estaba cambiando.
Algo se estaba resquebrajando.
Y de esas grietas podría nacer una nueva era… o la caída definitiva del Imperio.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES kiroblack A veces, los cimientos más sólidos no se quiebran por fuerza externa, sino por aquello que arde en silencio en el corazón de quienes los sostienen.
El vínculo entre Suwei y el Emperador no es solo un lazo de afecto, sino la chispa capaz de despertar siglos de memoria dormida en la piedra, el jade y el alma del Imperio.
Las grietas que vemos no son señales de debilidad, sino puertas hacia la transformación, recordándonos que incluso el poder más antiguo necesita renacer para seguir siendo eterno.
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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com