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EL CONSORTE DEL DRAGÓN IMPERIAL - Capítulo 55

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55: Capítulo 25 – El día sin sol 55: Capítulo 25 – El día sin sol El sol no amaneció aquel día.

Los habitantes del Imperio del Dragón Dorado despertaron en un mundo extraño: la penumbra cubría los campos, y en el cielo solo flotaba un resplandor apagado, como si una mano invisible hubiera apagado la luz del mundo.

Los campesinos dejaron caer las herramientas de labranza; los niños que corrían por los patios quedaron inmóviles, aferrados a las faldas de sus madres.

Era como si el propio aliento del cielo se hubiera detenido.

En el corazón del Imperio, las campanas del Palacio de las llamas eternas repicaron con urgencia.

El sonido metálico viajaba como un llamado ancestral, quebrando el silencio ominoso que se había extendido con el amanecer fallido.

En la sala de guerra, Suwei estaba de pie frente al gran mapa desplegado sobre la mesa de jade.

Sus dedos temblaban ligeramente mientras recorrían las líneas que marcaban las fronteras y los ríos, pero su mirada estaba fija en las velas.

Cada una ardía débil, con una llama inestable que parecía a punto de extinguirse.

—Esto no es un eclipse… —susurró para sí mismo, la voz cargada de un presentimiento oscuro—.

Es un presagio.

Detrás de él, los generales murmuraban en voz baja, incapaces de ocultar la inquietud.

Nadie se atrevía a hablar demasiado fuerte, como si temieran que el sonido mismo pudiera atraer a lo que se escondía tras esa sombra sin origen.

El Emperador Jin Long apareció entonces, vestido con su túnica negra bordada en hilos dorados.

Su porte era imponente, pero en sus ojos brillaba un fuego distinto al habitual: mezcla de rabia y miedo contenido.

Caminó hacia Suwei, cada paso resonando como un tambor en el silencio.

—¿Qué ves, Suwei?

—preguntó el Emperador con voz grave—.

Dímelo sin adornos.

Suwei respiró hondo.

Cerró los ojos y dejó que su conciencia recorriera las energías del mundo.

El Jardín de los Ecos Eternos aún vibraba en su memoria, como un eco lejano.

Entonces lo sintió: un vacío, un hueco profundo que parecía devorar la esencia misma del cielo.

—Veo cadenas oscuras —dijo finalmente—.

Y al otro lado de esas cadenas… un ojo.

Un ojo que nos observa desde la grieta de lo eterno.

Los generales dieron un paso atrás, algunos haciendo el gesto de protección con sus manos.

El Emperador, sin embargo, se inclinó levemente hacia adelante, como si quisiera escuchar aún más.

—¿El sello?

—preguntó Jin Long.

Suwei asintió.

—La Piedra Oculta tiembla.

Algo intenta liberarse.

Un silencio pesado cayó sobre la sala.

Solo el golpeteo de una vela derramando cera marcaba el paso del tiempo.

De pronto, un soldado irrumpió en la sala, jadeando, con la armadura cubierta de rocío.

—¡Majestad!

¡En las aldeas cercanas al río Xian, los animales están huyendo hacia las montañas!

¡Dicen que el agua misma se ha oscurecido!

El Emperador cerró los ojos por un instante.

Cuando los abrió, brillaban con decisión.

—No hay tiempo para dudas.

Convocad al consejo completo.

Nadie abandona esta sala hasta que sepamos cómo enfrentar esto.

— La penumbra se extendía sin piedad.

Desde las torres del Palacio, los guardianes observaban el cielo inmóvil, y juraban ver figuras moverse entre las nubes.

No eran aves.

No eran dragones.

Eran sombras sin forma, fragmentos de un sueño olvidado que se deslizaban sobre el mundo.

Suwei, en silencio, pensaba en el antiguo pergamino que había leído en el Jardín de los Ecos Eternos: “Cuando llegue el día sin sol, el mundo recordará aquello que nunca debió despertar.” Se volvió hacia el Emperador, con el rostro endurecido.

—Jin Long… si el sello se rompe, ni siquiera tus ejércitos podrán contener lo que saldrá.

El Emperador lo miró fijo.

—Entonces lo reforzaremos.

O lo destruiremos antes de que despierte.

La decisión estaba tomada.

— Esa misma noche, bajo la falsa penumbra del cielo sin sol, Suwei y el Emperador se dirigieron hacia la cámara subterránea donde reposaba la Piedra Oculta.

El camino era custodiado por antorchas que chisporroteaban débilmente, incapaces de alejar por completo la oscuridad que parecía pegada a las paredes.

Cada paso resonaba hueco, como si los corredores estuvieran más vacíos de lo que realmente eran.

Suwei sintió la presión de algo invisible sobre su pecho, como si un corazón gigantesco latiera enterrado en las profundidades.

Finalmente llegaron.

La cámara estaba cubierta de símbolos antiguos, grabados en espiral alrededor de un pedestal de obsidiana.

Sobre este, la Piedra Oculta brillaba débilmente, pero su luz ya no era estable: palpitaba, como si estuviera respirando.

Jin Long apretó el puño.

—Así que aquí comienza todo.

Suwei se arrodilló frente a la Piedra.

Colocó sus manos sobre el suelo frío y comenzó a entonar un canto en una lengua olvidada.

Las paredes respondieron: los símbolos brillaron con un resplandor azul, tembloroso, como llamas agitadas por el viento.

Entonces ocurrió.

Una grieta se abrió en la superficie de la Piedra.

Un sonido seco, como un hueso quebrándose, llenó la cámara.

De la grieta emergió un destello carmesí, y una voz profunda, gutural, reverberó en las mentes de todos los presentes: “He esperado… demasiado tiempo.” El Emperador desenvainó su espada de jade, la hoja resplandeciendo en la penumbra.

—Suwei, dime que aún podemos detenerlo.

Suwei apretó los dientes, el sudor corriendo por su frente.

—No podemos detenerlo… pero tal vez podemos retrasarlo.

El suelo comenzó a temblar.

Desde las sombras, una figura oscura empezó a tomar forma, sin rostro definido, como humo vivo que se contorsionaba en direcciones imposibles.

El Emperador dio un paso adelante, la espada lista, y gritó: —¡Este Imperio no caerá en la oscuridad!

La voz volvió a retumbar, más fuerte, como un rugido que atravesaba hueso y alma: “El día sin sol… es solo el principio.” — La cámara se llenó de un viento helado que apagó varias antorchas.

Las sombras comenzaron a reptar por las paredes, buscando escapar hacia la superficie.

Suwei alzó ambas manos, pronunciando sellos antiguos, y las espirales en el suelo se encendieron como un círculo de fuego azul.

Las sombras chillaron, un sonido agudo que no pertenecía a este mundo.

El Emperador, en un movimiento firme, cortó una de ellas con su espada, y aunque la hoja atravesó el humo, este se partió en dos y se desintegró con un gemido.

Pero cada vez que destruían una sombra, otra surgía de la grieta.

Suwei gritó, la voz cargada de desesperación y furia: —¡Debemos cerrar el sello ahora, o no quedará Imperio al amanecer!

El Emperador clavó su espada en el suelo junto al pedestal, y la hoja se encendió con el resplandor del dragón dorado, su linaje respondiendo al llamado de la urgencia.

La grieta se estremeció, resistiéndose.

Ambos hombres, lado a lado, lanzaron su fuerza contra lo imposible.

La cámara entera tembló como si el mundo estuviera a punto de colapsar.

Y entonces, la voz retumbó por última vez: “No importa cuánto resistan.

Ya he despertado.” Un silencio absoluto cayó.

La grieta se cerró, pero la Piedra Oculta quedó marcada con una línea roja brillante, como una herida que nunca sanaría.

Suwei cayó de rodillas, exhausto, el pecho ardiendo.

El Emperador respiraba agitado, la espada aún vibrando en el suelo.

Ambos comprendieron lo mismo: aquello no había terminado.

El día sin sol era solo el prólogo de una guerra que aún no tenía nombre.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES kiroblack Cuando la luz se esconde y el sol rehúsa despertar, el mundo entero se convierte en un espejo de nuestras propias sombras.

En ese día sin sol, el destino de Suwei no fue escrito en la claridad, sino en la penumbra que obliga a enfrentar lo que duerme en el interior.

Un arma puede cortar la carne, pero solo los fragmentos del pasado son capaces de desgarrar el espíritu.

La daga no fue un golpe aislado: fue la memoria de una profecía que intenta abrirse paso en la sangre del presente.

Y aun así, entre el miedo y la traición, Suwei descubrió que sobrevivir no es una acción pasiva: es una declaración.

Sobrevivir es resistir el veneno, soportar la herida y convertir la oscuridad en la primera chispa de fuego que arde contra el destino.

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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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