Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

EL CONSORTE DEL DRAGÓN IMPERIAL - Capítulo 61

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. EL CONSORTE DEL DRAGÓN IMPERIAL
  4. Capítulo 61 - 61 Capítulo 31 – El Loto de Ceniza
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

61: Capítulo 31 – El Loto de Ceniza 61: Capítulo 31 – El Loto de Ceniza El sol no salió aquella mañana.

El cielo permanecía cubierto por un gris opaco, como si el mundo mismo contuviera el aliento.

Una niebla densa, cargada de un incienso inexplicable, se enroscaba entre los pilares del templo sagrado y los escalones de piedra.

Cada paso que alguien daba parecía ahogarse en un silencio pesado, como si la bruma hubiera tragado los sonidos del mundo.

Los monjes permanecían inmóviles, sus ojos fijos en algo que parecía desafiar la ley de la naturaleza.

No hablaban, no oraban; solo contemplaban la flor solitaria que había florecido donde no debía florecer nada: justo en el centro del camino de los ancestros.

Era un loto.

Negro como la ceniza.

Y estaba… vivo.

Suwei fue el primero en acercarse.

Su respiración se entrecortaba, no por miedo, sino por la reverencia que imponía la flor.

Cada pétalo parecía absorber la luz de la mañana que no había, como si fuera una pequeña noche en sí mismo.

Jin Long, silencioso como siempre, lo siguió a unos pasos de distancia.

Había algo en la manera en que el emperador avanzaba, una mezcla de temor y fascinación, como si supiera que aquel momento no pertenecía a ningún emperador… sino al Consorte del Loto.

—No la toques —susurró uno de los sabios del templo, la voz temblando apenas—.

Ese loto anuncia sangre.

—O renacimiento —replicó Suwei sin volverse, como si hablara consigo mismo más que con el anciano.

Se agachó lentamente.

El loto parecía latir, cada pétalo vibrando con un ritmo suave, hipnótico.

Suwei extendió los dedos con cuidado, y cuando rozó la flor, una marca luminosa surgió en su muñeca: un pequeño círculo blanco, como una luna en miniatura, rodeada de finos hilos oscuros que parecían moverse lentamente sobre su piel.

Nadie la había visto antes.

Nadie sabía qué significaba.

Jin Long dio un paso al frente, los ojos dorados iluminados por el reflejo de la marca.

—¿Te quemó?

—preguntó, con un hilo de voz que mezclaba miedo y asombro.

—No… me eligió.

—Suwei bajó la mirada hacia su muñeca, notando cómo la luz se expandía con suavidad, como si respirara junto a él.

El emperador se inclinó, tomando la muñeca de Suwei entre ambas manos.

La luz blanca se reflejaba en sus ojos, y por un instante, el mundo entero se redujo a esa marca: un consorte, un emperador y una flor prohibida que parecía sellar un nuevo ciclo.

—¿Te eligió para qué…?

—preguntó Jin Long, la voz temblorosa como si temiera la respuesta.

Suwei sonrió, pero su mirada se perdió en la niebla.

—Para llevar lo que tú no puedes.

Un silencio pesado cayó sobre ellos.

La bruma parecía arrastrarse por los escalones del templo, y por un momento, el tiempo se suspendió.

Esa noche, el emperador no asistió al consejo.

Nadie lo vio.

Y Suwei tampoco fue visto caminando por los jardines.

Porque estaban en su aposento privado.

Las cortinas de seda estaban cerradas, y solo la luz de la luna bañaba el cuarto con un tono plateado.

Cada sombra parecía moverse al compás de su respiración, jugando sobre las paredes y el futón, proyectando formas que se confundían con sus recuerdos.

El aroma del incienso del templo aún flotaba en el aire, mezclándose con la fragancia tenue de la madera pulida del piso y la suavidad de los cojines que cubrían el espacio.

Suwei se recostó lentamente sobre el futón, descalzo, la marca brillando suavemente en su muñeca como un recordatorio silencioso de lo extraordinario que había sucedido ese día.

Jin Long se sentó a su lado, sin armadura, sin corona.

Solo un hombre.

Solo él.

Sus ojos, iluminados por la luz de la luna, parecían más claros, más sinceros que cualquier día en que llevaba su toga imperial.

La distancia entre ellos se sentía pequeña, casi imperceptible, pero cargada de todo lo que no habían dicho en años: recuerdos, promesas, secretos y un deseo que parecía haber estado latente desde siempre.

—Desde que te vi tocar esa flor… siento miedo —dijo el emperador, con la voz apenas un susurro que parecía romper la calma del cuarto.

—Desde que la toqué… siento deseo —respondió Suwei, y un escalofrío recorrió ambos, como si el aire mismo reconociera su tensión.

Se miraron.

No como emperador y consorte.

Sino como Jin Long y Suwei.

Como dos jóvenes que alguna vez fueron promesa… y ahora eran destino.

El silencio se llenó de gestos: un leve temblor de manos, la inclinación de la cabeza, la forma en que la luz plateada dibujaba los contornos de sus rostros.

Jin Long se inclinó.

No hubo palabras.

Solo labios que se encontraron, tímidos al principio, luego con una necesidad que parecía surgir de algo ancestral, una memoria olvidada que volvía a despertar.

Una caricia empezó en la mano marcada, recorrió la piel con un calor que no quemaba, sino que reconfortaba, y terminó en un pecho palpitante que respondía a cada movimiento, a cada contacto.

Sus respiraciones se sincronizaron, lentas, profundas, como si ambos quisieran detener el tiempo y quedarse ahí para siempre.

Suwei cerró los ojos y sintió cada detalle: la textura de la ropa de Jin Long contra su piel, el suave peso de su cuerpo junto al suyo, la sensación de seguridad mezclada con un deseo que nunca había sentido tan intensamente.

Cada latido parecía un eco de aquel loto negro, cada respiro una conexión con algo más grande que ellos mismos.

La flor negra, fuera de la ventana, parecía reflejar la luz de la luna, como si también contemplara aquello que no debía ser visto.

Suwei podía sentir el pulso de la vida en la flor y en Jin Long, y se preguntó si el loto entendía el poder que había despertado en su interior.

Esa noche hicieron el amor como si el mundo pudiera desmoronarse al amanecer… porque tal vez lo haría.

El loto negro, la marca luminosa, la niebla cargada de incienso: todo parecía un aviso de que algo estaba cambiando en el imperio.

Pero allí, en ese cuarto, solo existían ellos dos, un instante suspendido entre pasado, presente y destino.

Un momento en el que nada más importaba que la cercanía de sus cuerpos, la honestidad de sus miradas y la certeza de que, por primera vez, se tenían el uno al otro sin intermediarios ni jerarquías.

Suwei apoyó la cabeza sobre el hombro de Jin Long, sintiendo cómo el calor de su cuerpo se mezclaba con la luz plateada de la luna.

Cerró los ojos y por un instante creyó que podía escuchar el mundo entero contener la respiración: el imperio, el loto, la niebla… todo parecía guardar silencio para ellos.

Y en esa quietud, comprendieron algo que ninguna palabra podía expresar: que el destino no siempre era cruel; a veces, se inclinaba para darles un instante eterno.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES kiroblack Hay flores que nacen donde nada debería vivir.

El loto negro que Suwei encuentra no es solo una señal; es un recordatorio de que incluso en la ceniza, la vida puede renacer.

Este capítulo habla de elección y destino.

La flor no eligió al emperador, eligió al consorte.

Y al tocarla, Suwei no solo recibe una marca: recibe una misión, un vínculo con algo más grande que él mismo.

Aquí la intimidad no es solo carnal; es revelación.

El momento compartido con Jin Long refleja que el poder y el amor pueden coexistir, que el destino puede forjarse en un instante de vulnerabilidad y deseo.

En la ceniza siempre hay posibilidad de luz, y el Loto de Ceniza es la promesa de un nuevo ciclo.

He añadido etiqueta en este libro, añada “Gusta” en el cual para el soporte.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo