EL CONSORTE DEL DRAGÓN IMPERIAL - Capítulo 8
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- Capítulo 8 - 8 Capítulo 8 Ecos en el salón de las grullas
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8: Capítulo 8: Ecos en el salón de las grullas 8: Capítulo 8: Ecos en el salón de las grullas El Palacio de las Llamas Eternas era un laberinto de secretos.
Y entre todos sus rincones, existía uno al que pocos acudían: El Salón de las Grullas Silenciosas.
Un pabellón antiguo, apartado del ala imperial, donde los techos eran bajos, el aire estaba quieto y las paredes hablaban sin voz.
Suwei llegó allí sin guía.
Fue la caja, pegada a su pecho, la que comenzó a arder suavemente, llevándolo como un faro silencioso.
La sala estaba vacía.
Solo grullas talladas en piedra colgaban del techo con finos hilos dorados.
Sus alas extendidas formaban un cielo suspendido sobre un suelo cubierto de losas de jade.
En las paredes, pinturas antiguas narraban la historia del Imperio… y algo más.
— Uno de los lienzos lo llamó.
Una pintura desvaída por el tiempo: Un joven de cabello largo, arrodillado frente a un dragón dorado.
Pero lo más extraño era su rostro: Suwei sintió que lo conocía.
Era… él mismo.
Al acercarse, una brisa recorrió el salón, aunque no había ventanas.
Y entonces, todo cambió.
— El jade del suelo brilló.
La pintura comenzó a moverse, sutilmente, como si las pinceladas fueran humo.
Y Suwei entró en la visión.
Vio un trono antiguo, de piedra incandescente.
Vio un emperador que no era Jin Long… pero tenía los mismos ojos negros.
Y junto a él, ese mismo joven de la pintura.
La escena no era amorosa.
Era solemne.
Un juramento.
Una unión sellada por fuego y sangre.
Y entonces escuchó las palabras, no con los oídos, sino con el alma: —Cada mil años… el fuego elige.
Y cuando lo hace, no arde solo lo que debe.
Arde todo lo que fue, y todo lo que será.
— Suwei cayó de rodillas.
El suelo del pabellón tembló.
Y desde lo alto, una de las grullas de piedra se soltó, cayendo frente a él… Pero antes de tocar el suelo, se convirtió en ceniza.
Donde cayó, apareció un símbolo grabado: Un círculo abierto, con una llama en el centro.
El mismo que había tenido en la espalda de niño.
— Recuperando el aliento, Suwei se puso de pie.
El fuego en su pecho se había calmado… pero algo en él había cambiado.
Sabía, sin que nadie se lo dijera, que eso no fue un sueño, ni una ilusión.
Fue un recuerdo de otro tiempo.
Una vida que aún no ha vivido… o quizás, que está comenzando a repetir.
— Antes de salir del salón, una última pintura llamó su atención.
Estaba cubierta por un velo de seda negra.
La levantó con delicadeza.
Y ahí estaba: El mismo emperador de sus visiones… con los ojos vendados.
Y a su lado, un consorte de blanco, ardiendo desde adentro.
Debajo, una inscripción: —“El fuego une… pero también consume.” REFLEXIONES DE LOS CREADORES kiroblack A veces, el alma recuerda lo que la mente aún no comprende.
Y el destino… solo espera a que recordemos quiénes fuimos para mostrarnos quiénes debemos ser.
Este capítulo es un eco de otras vidas.
Una advertencia.
Un susurro de algo que ya fue y que… quizá esté por repetirse.
Gracias por leer.
Las piezas empiezan a encajar, pero aún faltan secretos por revelarse.
El fuego no ha dicho su última palabra.
Nos leemos pronto.
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