EL CONSORTE DEL DRAGÓN IMPERIAL - Capítulo 9
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- Capítulo 9 - 9 Capítulo 9 La primera elección
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9: Capítulo 9: La primera elección 9: Capítulo 9: La primera elección La gran Plaza del Trono Celeste se preparaba para un evento que solo ocurría cuando un emperador se acercaba a elegir consorte.
Miles de estandartes ondeaban con símbolos de casas nobles.
Los cinco caminos de piedra blanca que llevaban al centro de la plaza estaban custodiados por soldados imperiales y monjes del templo ancestral.
Y en lo más alto, en la terraza dorada del Salón del dragón dorada, se alzaba el trono de ceremonia.
Jin Long ya estaba allí.
Inmóvil.
Majestuoso.
Con su rostro cubierto por una máscara ritual de oro con la forma de un dragón dormido.
La tradición dictaba que, en esta ceremonia simbólica, el Emperador debía observar a los candidatos presentados por el Consejo… Y aceptar o rechazar la llama que ardía frente a ellos.
Si el fuego se alzaba, era señal de favor.
Si se apagaba, era el fin de la aspiración.
Nadie había logrado encender esa llama desde hacía más de veinte años.
Suwei fue el último en presentarse.
Avanzó por el Camino del Este, con su túnica blanca y bordados en oro y piedra preciosa.
La caja mística que le acompañaba permanecía pegada a su cuerpo, vibrando.
Cuando llegó al centro del círculo, el sacerdote encendió una pequeña llama frente a él.
Era débil, tímida… como el corazón de un niño.
Jin Long no se movió.
El silencio era absoluto.
Solo el viento agitaba las banderas.
Todos observaban.
Esperaban.
— Y entonces, sucedió.
La llama frente a Suwei ardió con fuerza repentina, elevándose en espiral como una columna viva.
Un rugido, apenas audible, resonó entre las montañas.
El cielo, que hasta ese momento había estado nublado, se abrió un instante, dejando pasar un rayo de luz directa sobre él.
Las otras llamas, las de los demás candidatos, se apagaron.
Un murmullo recorrió la plaza como una ola.
Jin Long cerró los puños bajo sus mangas.
La marca imperial en su pecho volvió a brillar, apenas, pero dolió como fuego puro.
Su sello estaba reaccionando.
Y solo a Suwei.
— El Consejo intercambió miradas inquietas.
Los nobles comenzaron a murmurar.
Las casas Baihuan y Renxia mostraron desagrado abierto.
Pero el fuego no mentía.
La Llama del Destino lo había elegido.
— Jin Long descendió lentamente los escalones.
Cada paso resonaba como un golpe de tambor antiguo.
Suwei mantuvo la mirada en alto.
No parpadeó.
El emperador se detuvo frente a él.
Le retiró el broche del hombro con el símbolo de su casa… y en su lugar colocó un emblema dorado, el del dragón imperial en su forma más antigua: rodeado por una luna creciente.
Un gesto no definitivo, pero sí de aceptación para ser puesto a prueba.
El fuego entre ellos crepitó.
Y la voz del Emperador resonó por todo el recinto: —El destino ha hablado.
Que arda lo que deba arder.
— Los nobles aplaudieron por deber, no por convicción.
Pero Suwei sintió que acababa de entrar, no en una historia… Sino en una guerra sin cuartel.
— Esa noche, la caja bajo su túnica se abrió sola por primera vez.
Dentro, había un cristal rojo como sangre… Y en su interior, una silueta de dragón dormido.
Suwei lo comprendió sin palabras: —Ya no hay vuelta atrás.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES kiroblack Hay momentos en los que el destino deja de susurrar… y comienza a gritar.
Este capítulo marca un antes y un después.
Suwei ya no es solo un nombre: es un símbolo, una amenaza, una esperanza.
Y el Emperador… no podrá seguir ignorando lo que el fuego ha señalado.
Gracias por seguir cada paso de esta saga.
Las decisiones recién comienzan, y cada una traerá consecuencias.
Prepárense.
Lo que viene… no se puede detener.
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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com