El Demonio más Poderoso de la Zona Este - Capítulo 28
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Capítulo 28: El Extraño I
Saliendo junto a los niños recién vestidos, Aurora cerró las puertas y se dirigió junto a los pequeños al mercado.
En el camino, como siempre, pues se había vuelto una costumbre, Emily guiaba a Kenneth, llevándolo del brazo y hablando sin parar, contando cosas aleatoriamente.
“¡Una vez, caminando con mamá me tropecé junto a ese árbol! Ah, ¿y ves esa casa de allá? El dueño tiene una cabra gorda y una vez… “
Aurora sonreía, siguiéndoles de cerca, recordando a Emily, quien comandaba el camino, hacia donde ir. Los días donde tenía esa cantidad de energía, eran muy raros, y tenían que aprovecharlos, pues algunas veces, significaba que tendría otra recaída.
“¡Vamos más despacio! Ya casi llegamos.”
“¡Sí!”
Luego de un rato, pudieron ver un lugar repleto de personas entrando y saliendo con cosas en las manos, el mercado. Emily se movió entusiasmada, apuntando a los puestos de comida deliciosa que recordaba, arrastrando a Kenneth y a su mamá a comer algunos.
“Eh… “Aurora contó las monedas de plata en su pequeño bolso de mano. “¡Está bien!”
Los niños pronto recibieron bocadillos de todos los tamaños y se pusieron a explorar los puestos pequeños llenos de figuras de madera.
El hombre viejo, sentado en un banquillo pequeño junto a la mesa llena de figuras, miró con el rostro sonriente a los entusiasmados niños.
Emily, quien tenía los ojos bien abiertos, admirando las figuras de criaturas mágicas junto a Kenneth, apuntó a una figura de un dragón.
“¡Señor! ¿Usted vio un dragón y lo tallo?” El entusiasmo se veía en su rostro. Kenneth volteo en dirección al señor, también emocionado.
“Jojojo, no. Nunca podría verlo.”
“¿Entonces cómo lo hizo?”
“Jo, eres muy curiosa. En realidad, son de libros de dibujos viejos, solo los copie.”
Ambos lucieron decepcionados. Pero luego giraron a Aurora, poniendo ojos de cachorro.
Aurora abrió su bolso de monedas. “¿Cuanto por dos figuras señor?”
El anciano abrió bien sus ojos. “¡Oh, te recuerdo! ¡Eres la joven de esa vez! La que me compró la figura del oso, ¿Estos dos cabezones son tus hijos? Ay, tan joven y los niños son muy pequeños. Hey, te daré un descuento, ¿qué te parece?”
“¿Eh? ¿En serio? N-no es necesario.”
“¡No soy cabezona!”
“¡Emily!”
“Jajaja, niños. Sí está bien, no se preocupe. Tomenlo como un regalo, por ser niños tan buenos. ho, ho. ”
Llevando más juguetes de los que tenían planeado, la excursión de Kenneth, con la guía de Emily, siguió su curso, yendo y viniendo de un lugar a otro.
“¡Parada de comida!” Balanceando sus cortas piernas, Emily pidió un pedazo jugoso de pollo.
Kenneth, se quedó mirando su plato un rato, antes de copiar la forma de comer de Emily, y su rostro se sonrojo de emoción al saborear el alimento.
Aurora sonreía mientras los veía disfrutar desde su asiento. Habían parado en un comedor cercano, después de horas de mirar aquí y allá tratando de cansar a los niños.
“Jajaja, ¿no quieren bebidas con eso?” La mujer con un paño en la cabeza, aun sosteniendo la bandeja, sonrió a los niños y preguntó a Aurora.
“No, no. Estamos bien así.” Aurora movió las manos en negación.
“Esta bien, llamen si necesitan algo.”
“Muchas gracias.”
Después de comer, fueron a otra ronda de exploración, pero hasta ese punto, Aurora ya se sentía cansada y tuvo que convencer a los niños de volver.
Caminando por un gentío más tranquilo, aún lejos de la entrada del mercado, repletos de bolsas de todos los tamaños, la familia se retiraba con calma, inusual en los niños. Deben de estar cansados, pensaba Aurora.
De pronto, unos barriles vacíos rodaron rápidamente desde un puesto semi vacío, siendo seguidos por el grito de una persona desde el puesto.
“¡Cuidado!”
La voz del hombre advirtió fuerte, pero los niños se quedaron paralizados al ver dos barriles enormes venir a toda velocidad. Aurora, cargando con más cosas, que iba muy detrás de los niños escurridizos, al ver la pesadilla que estaba por pasar frente a sus ojos, corrió con todas sus fuerzas hacia los niños.
Bajo el ojo imperceptible, Kenneth, observó a Aurora desde su lugar, pero sus ojos fueron hacia alguien más, que evitó que su miedo por la situación se mostrará.
Antes de que cualquiera pudiera actuar, un hombre robusto corrió hacia el par de barriles, apunto de colapsar sobre las cabezas de los niños, cubriendolos en su sombra. Kenneth mantuvo los ojos abiertos, pero Emily los cerró, sosteniendo fuerte la mano de su hermano.
¡Bam!
Los barriles chocaron con un hombre alto y robusto, cubierto en un delantal manchado. Cuando apareció, la primera reacción de Kenneth fue tapar su nariz por el fuerte olor rancio que venía de él.
Las piezas del primer barril, que por fortuna era viejo, se esparcieron al encontrarse con el cuerpo defensor del hombre, y el barril que le seguía, rebotó y volvió hacia atrás tras chocar con su cuerpo. Una grieta se formó desde el lugar del impacto del segundo barril con el suelo hasta la tapa.
Aurora, al ver a los pequeños en buen estado, corrió en su dirección con lágrimas en los ojos.
Cuando Emily sintió el abrazo y la voz de su madre, abrió los ojos. En un instante, lágrimas comenzaron a salir de sus ojos.
“¿E-están bien? ¿Estás bien?” Abrazandolos con las manos temblando, bajo su cabeza entre ellos y respiro profundo. Intento contener las lágrimas.
Todo está bien, todo está bien.
Levantando la vista, observó los rostros de ambos. Kenneth, extrañamente se veía normal hasta hace un momento, pero por el llanto prolongado de Emily, su rostro se entristeció. Viendo el rostro rojo de su hija, a la vez que sentía su corazón latir con fuerza, junto a Kenneth, la abrazo fuertemente.
Una multitud se formó por los llantos de Emily, y tras ver la escena, muchos se preocuparon por los niños y la joven madre del lugar.
Al lugar al fin calmarse, luego de que unas cuantas personas preguntaran por su bien, y juntaron sus cosas tiradas cerca suyo. Entre gracias agitados, Aurora levantó la vista, captando la mirada preocupada y cansada del alto pescador del puesto frecuente.
“¿Estás bien… ?” Dijo Don, mirando con un profundo pesar.
Entonces se fijó. Los barriles vienen cuesta abajo del puesto de Don, donde, desde una gran puerta abierta junto con otros barriles al lado de la ventana de su puesto, llenos de pescados, lucían otros barriles vacíos volcados hacia abajo. La rejilla de la puerta del puesto aún se balanceaba rápidamente, como la respiración de los involucrados.
Aurora bajo su mirada a los niños, que al igual que ella, lucían unos círculos rojos bajos los ojos.
“Estamos bien.” Levantó la vista, e intentó sonreír en apreciación, pero su estado, y sus manos sacudidas, hacían imposible el confirmar que esté bien.
Entonces, con las misma intenciones, Don mostró una gran sonrisa, respiró pesadamente, y cuando sus ojos sorprendidos se posaron sobre el niño desconocido, sus piernas le fallaron y se cayó hacia atrás sobre el suelo, inconsciente.
“¡Sr. Don!” Rápidamente, alejándose de los niños ya calmados, se acercó para ayudarlo, pero viéndolo de cerca, sus brazos mostraban grandes moretones y más de una astilla estaban clavados en sus brazos, de donde largas líneas de sangre, que aún seguían fluyendo, se esparcieron por gran parte del lugar.
Las personas de alrededor, que pasaban tranquilamente, fueron sorprendidas al ver a un hombre grande terminar en el piso de la nada, y unos hombres, después de ver a la mujer y a los niños, se acercaron para ofrecer su ayuda.
“¡La ayudaremos señora!”
Junto con el camino de la ayuda, los susurros no tardaron en llegar.
“¿No es esa la hermana del cazador de grado A?”
“Creí que era viuda.”
“Oh, ¿no es eso el pescador tonto?”
Las personas ayudaron a Aurora a llevar al pescador a su casa y pronto, vino un curandero a revisarlo.
Aurora, pateó un poco una de las bolsas de sus compras a un costado, que estaban junto a la puerta de la habitación del pescador.
Llevando un trapo húmedo en su mano, miró a los niños, sentados rectamente en el comedor desconocido.
“Portence bien, ¿de acuerdo?”
Justo a tiempo, el curandero, luciendo lentes enormes y una trenza en su barba corta, quien tenía poco pelo en la cabeza, apareció desde la puerta junto a las compras.
“Oh, ahí estás. Ya puedes ayudarme.”
Su apariencia, causaba risa a Emily, quien veía a pocas personas mayores tan peculiares, y la voz algo aguda del hombre, casi la hizo reír pero recibió una mirada rápida de Aurora, callando.
Aurora entró en la habitación, en donde el olor a pescado se percibía levemente. El fornido Don estaba acostado boca arriba, la parte superior descubierta, mostrando moretones y rasguños de astillas, mientras el resto era cubierto por una sábana. Sus brazos estaban extendidos junto a él, vendados hasta los hombros.
“Ho, ho. Una jovencita como tú comúnmente se sonrojaría al ver escenas como estas.”
“No soy tan joven.” Aurora sumergió el trapo en la pequeña palangana junto a la cama de Don y lo exprimió, estrujandolo dándole vueltas.
“Ho.” El viejo se acarició la barba trenzada.
Después de limpiar correctamente y de ayudar al anciano a vestirlo, sacó lo último de su bolsa de monedas y se despidió del curandero.
Volvió a entrar, respiro hondo. Sus manos aún temblaban y por la situación anterior, unas sensaciones desagradables del pasado del pequeño pasaron por su mente, junto con las escenas.
Todo está bien ahora, todo está bien. Se repite-
“¡Ahhh!” Un par de gritos sonaron al unísono desde la habitación de Don.
Volviendo a toda prisa. Se encontró con los niños, que se apoyaron junto a la cama de Don, y ese hombre, apartado en un rincón de su cama, cubriéndose con la sábana, tenía el rostro asustado. Volvió a gritar al verla pasar por la puerta.
“¡AAAH!”
“¿Qué le pasa?” Pregunto Emily, en dirección de Aurora, después de responder el grito del hombre con otro más pequeño.
“Supongo que le duele…”
“¿S-son reales?” Don abrió bien los ojos y los inspeccionó, suspiro. “Ah, que alivio.” Dijo relajándose, pero al hacerlo, parecía que por fin sintió el dolor. “AH.”
Aurora soltó un bufido, intentando no reírse. Al verla, el rostro de Don se puso un poco rojo.
“Calmate, calmate. Acabas de ser vendado. Gaste 20 de plata en ti. Así que aprecialo.”
“Oh, ¿Qué? No debiste. AY.”
“Deja de moverte.” Suspiro. “Emily, trae la medicina de la mesa.”
“Sí.” Salió por la puerta seguida de Kenneth, con pasos pequeños.
Don se intentó mover de nuevo.
“¿Quieres sentarte? Te ayudaré.”
“No, no.” Pero enseguida Aurora lo ayudó a colocarse en una posición cómoda y Don no se pudo quejar.
“Lo siento… “ Logró decir.
“¿Por qué… ?”
“Si hubiera vigilado los barriles, eso no-”
“Todo está bien.” Miro sus brazos. “Ya hiciste suficiente, estoy agradecida.” Sonrió.
Los ojos de Don casi se pusieron rojos y sonrió, pero de pronto, fue sorprendido por los niños de nuevo.
Emily le dio el pequeño frasco a su madre, y Kenneth observó al hombre detrás de ella.
Ambos se miraron unos segundos. El rostro de Don se puso ligeramente pálido. ¿De dónde salió ese niño?
“De quien-” Cerró su boca.
Qué estoy diciendo. No es de mi incumbencia. Suspiro y sonrió a los niños. “Me alegro que estén bien.”
Los niños sonrieron en respuestas, y Emily pronto se puso tímida.
Pero Aurora escuchó lo que dijo y con una voz baja lo observó para después preguntar. “¿De quién qué?”
Los ojos de Don, se abrieron un momento.
Desde las sombras, viendo la calle que se estaba vaciando de a poco, una figura se aproximó, viendo desde su lugar apartado la puerta de la casa del pescador con ojos poco agraciados.
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