El Demonio más Poderoso de la Zona Este - Capítulo 3
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- Capítulo 3 - 3 El niño I
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3: El niño I 3: El niño I Año del Dragón de Agua.
Reino de Vriven, Zona Este.
El mundo se volvió blanco de la nada después de unos pocos meses con sol, los cielos comenzaron a llorar lágrimas tan frías como el viento mientras los ecos de risitas de un ser pequeño y malvada se desvanecian en las nubes.
El pueblo de Prude se llenó de personas que en un abrir y cerrar de ojos comenzaron a paniquearse por el repentino cambio de clima, tenían que hacer múltiples preparaciones para sobrevivir en un tiempo en que pocos tenían para comer, y ahora más terribles serían sus condiciones a causa del invierno.
Aurora miró a la lejanía donde un duende del cielo había dado su veredicto y condenado, de nuevo, a la Zona Este y sus Afueras en un juego de supervivencia catastrófico.
“Yaal… ” Dijo con los ojos rojos.
Yaal apretó los dientes.
“Tendré que ir al gremio de nuevo.
Aurora quédate aquí con Misa y Agnes.” “¡No!
¡Tenemos que hacer algo!
¡Mira lo mal que estamos!
¿Qué pasa si… m-más de uno no lo l-logra?” Emily notó el comportamiento de su madre y de todos alrededor.
“¡Mami… !” Asustada, dijo aferrándose más a Aurora.
Yaal las miro a las dos, después a Agnes y a Misa, que le dieron una mirada suplicante tras ver la actitud de Aurora.
Suspiró.
“…
Está bien.
Veré que puedo hacer, pero no te metas donde no debes y harás lo que Misa te dice.
Yo tengo que ir al gremio… y de paso haré unas llamadas .” Observó a Aurora.
“Gracias… “ Dijo Aurora.
Sabiendo que él se iría de nuevo.
Yaal las abrazo a las dos, para después irse rápidamente en un rayo de luz, entre las personas desesperadas y desapareciendo entre la multitud.
… Afueras de la Zona Este.
Los gritos estridentes de un tren alejándose con total rapidez invadieron las montañas nevadas, y la tormenta de nieve comenzó a caer con más fuerza, cubriendo la tierra en un manto aún más grande de blanco, que se extendía hasta el final del mundo.
Un punto negro se vislumbro en la distancia, un ser tan pero tan pequeño que podria pasar desapercibido como polvo de las montañas volcanicas que habian más allá.
Poco a poco, la figura pequeña y casi translúcida se movía entre la nieve, lentamente y con debilidad, con cada paso se hacia más y más pequeña, hasta desaparecer.
Los copos de nieve la cubrieron por completo, como intentando mantenerla bajo cuidado y alejarla del resto de mundo, quedando bajo su frío abrazo.
… Aurora miró a la distancia blanca por la ventana, luego a Misa, quién estaba al volante del camión para nieve que Yaal les envio.
Tenían que viajar en los caminos más cercanos de la Afueras porque aunque estaban parcialmente seguras, estaban en la Era del Apoderamiento, por lo tanto, no podrían viajar en los caminos normales, solo en los tradicionales no registrados, que la gente común que vivía muy cerca de las Afueras, tomaban.
Eran caminos angostos y semiocultos a solo unos metros del bosque de las Afueras, por lo que la posibilidad de que aparecieran demonios bestiales de rango menor era alta.
Aunque sean simples demonios bestias de rango menor, cuya inteligencia es menor a la de los niños de dos años, todavía eran peligrosos para personas normales, y el maná que estos emanan sería el doble de peligroso para ellas, ya que podría hacerles desarrollar una severa contaminación de maná.
Pero todas las malas posibilidades habían sido cubiertas por su hermano, quien les envió lo necesario para sobrevivir en tal camino, así que si se encontraban con algún demonio bestia de rango menor, pensaban que estarían bien solo activando los artefactos.
Tras horas de viaje, afortunadamente, lograron dar algo de provisiones a tres pueblos de las Afueras cercanos.
Lamentablemente, no podrían dar más de lo necesario porqué el cargamento no era mucho.
A pesar de que su hermano sea un respetable cazador, eso no significaba que los que viven en la Zona Este podrían conseguir privilegios, así que tuvieron que conformarse con darles solo tres paquetes esenciales a algunas personas y disculparse mientras partían.
Gracias a los artefactos de detección de fluctuación de maná que Yaal les dio, pudieron avanzar sin preocupaciones, ya que él artefacto no detectó nada extraño como maná con actividad inusual, común en demonios bestiales que no podrían pensar en nada más que en su instinto de matar para ser más fuerte.
Mientras partían al último pueblo, pues no tenían más provisiones para los demás, el sol comenzaba a desaparecer y Misa decidió matar el aburrimiento de estar hablando con una ahora preocupada por su hija Aurora, encendiendo la radio de transmisión de ondas de maná, cuyo uso era muy común en los últimos años.
Cambiaba constantemente de canal, mientras Aurora se mantenía en silencio observando sus movimientos, obviamente sabía que la encendía porqué no la quería escuchar.
“¿Es en serio?” Dijo desconcertada.
“Siempre hablas de tu hija, incluso cuando estas junto a ella, no puedes ser más aburrida.” Decía mientras escuchaba brevemente una estación y la cambiaba.
“No puedo evitarlo, si fueras madre lo sabrías.
” Volteó enojada al camino blanco frente a ellas, iluminado por las luces del camión.
“Comprendo lo de ser madre, no comprendo que ese sea tu único tema de conversación, consiguete un novio o algo.” Dijo mientras continuaba su acción.
“¡Eso…!” Cuando Aurora, sonrojada, iba a responder, de la nada el ruido de una voz aguda y gritona, pero poderosa, se apoderó de todo el lugar.
“¡Debemos unirnos contra los demonios!
¡Miren al honorable Patrick, quien enfrentó a un demonio y sin convertirse en un cazador maldito, gracias al Dios de la Salvación… !” Aurora palideció y rápidamente quiso cambiar la estación pero la oscuridad se apoderó de la expresión de Misa y está la detuvo casi arrancando su brazo.
“Escuchemos.” Dijo casi rugiendo, mientras la voz de la persona, que era tan irritante como las uñas pasando con agresividad por una pizarra continuaba su discurso, haciendo que el aura alrededor de Misa se oscureciera más y la incomodidad se apoderara del ambiente.
“No porqué nos protejan los cazadores, están libres de corrupción.
¡Necesitamos unirnos como seres de luz y entregarnos al Dios de la Salvación… !” La voz se extendió como si gritara desesperada, agitada por la locura.
“¡Solo así habrá paz y se acabará la era de los demonios!
¡Entréguese al verdadero poder… !” La voz se cortó de la nada, y Aurora que ahora sentía que tenía un moretón en el brazo, temblaba mientras sus dedos seguían en la perilla de la radio.
Miró a Misa con ojos aterrados.
“M-misa por favor, sé razonable.
E-estás conduciendo-” Con furia, Misa se balanceó hacia la radio y movió con fuerza, de nuevo su mano.
“¡No!
¡No tienes por qué escuchar a la basura como él!
¡Esos tipos no durarán mucho, lo sabes!” Luchando desesperada con la que se suponía que debía conducir, intentó empujar con su pie el pecho de Misa lejos de la radio y apagarla con su mano libre, mientras su otra mano sostenía el brazo de Misa.
“¡No importa que no le quede mucho tiempo!
¡Quiero escuchar que tiene que decir ese hipócrita de secta para atraer a personas inocentes!” Aunque la empujaron, se acercaba con fuerza de nuevo, pero el volante ahora descuidado giró con locura hasta que chocaron con una montaña de nieve a un lado del camino.
Aurora gritó asustada, mientras Misa, al darse cuenta de su error, saltó sobre ella, cubriendola del choque, toda la parte superior del camión se cubrió de blanco.
El golpe fue fuerte, pero gracias a la barrera azul semitransparente que se formó rápidamente por los artefactos de protección que pusieron antes de salir, afuera y adentro no tuvieron menor perturbación.
Sorprendida y preocupada, Aurora preguntó “¿Estás bien…?” Pero Misa no le permitió hablar.
Rápidamente se levantó y salió del camión, que tenía una gran bola de nieve en frente, azotando la puerta muy fuerte, tanto que Aurora se asustó.
Ella se puso de pie y la siguió afuera, estaba abrigada, y antes caliente gracias al mecanismo del camión que contaba con piedras de fuego controladas para la calefacción, pero igual se congeló de inmediato al salir y estornudo incontables veces.
Misa, de espaldas a ella, escuchó sus estornudos y suspiró.
Como disipando su ira, volteó y caminó hacía ella.
“…
Lo siento, emm… volvamos al camino.” “¡Achu!
p-pero, la nieve en el c-camión.” Temblando, apuntó a la punta del camión, Misa suspiró de nuevo.
“¿Había palas atrás verdad?” “…
S-si.” El ambiente antes tenso, mejoró cuando comenzaron a cavar a un lado de la montaña de nieve para sacar el camión, y entre estornudos, con precaución Aurora decidió sacar el tema de nuevo.
“…S-sobre la radio.” “Olvidalo, no debí enojarme, tenías razón, esa basura morirá de todos modos, como siempre lo hacen.” Aurora tenía preparado palabras de consolación pero se las trago al oír el tono con el que Misa dijo la frase final, era aterradora.
Aunque se molestó por como actuó, ella no podía culparla, después de todo, habían crecido juntas en un orfanato bajo una de esas sectas religiosas que tanto querían que se entregasen, aún cuando escaparon hace años, el trauma de Misa, por alguna razón se había desarrollado peor que el de ella y que el de su hermano, Yaal.
No sabían porqué guardaba tanta ira hacia las sectas religiosas, pero era comprensible por lo que habían pasado ahí y la clase de lugar que era.
Pero el nivel de ira que Misa mantenía superaba con creces el de Yaal, y eso ya era decir demasiado.
Contenta con que Misa ya se calmara, pero con frio y aún estornudando, empezó a cavar más rápido hasta ver algo negro entre la nieve.
“¿Eh?
Eso no se ve como una rueda… ¡ah!
“ No se dio cuenta que había cavado en dirección más alejada del frente del camión por distraerse pensando en el humor de Misa, pero aun así, la curiosidad se apoderó de ella.
“…
¿Qué es… eso …?
“ Una cosa negra empezó a aparecer mientras más nieve apartaba.
De repente, sintió como si su corazón dejara de latir, su ojos se abrieron de terror y se volvió tan pálida como la nieve misma, rápidamente empezó apartar con sus manos la nieve, sin importarle que no traía guantes y que tanto sus manos como nariz empezaron a volverse azules.
De repente paró de cavar, y las lágrimas empezaron a correr como ríos de sus ojos, que congelaron aún más su ya azulado rostro, con la voz quebrada y fuerte llamó a Misa, que cavaba del lado izquierdo del camino.
“¡M-Misa!
¡Misa!
¡Ven rápido!
¡Waaa!” Sus ojos rojos se llenaron de lágrimas y una asustada Misa vino a toda prisa.
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