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El Demonio más Poderoso de la Zona Este - Capítulo 5

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  4. Capítulo 5 - 5 La Criatura
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5: La Criatura 5: La Criatura En medio del frío pueblo de Nicel, un cálido sol se alzaba en lo alto, iluminando el mundo ahora blanco, pero no calentándolo.

Con movimientos torpes, Aurora cambiaba lentamente las vendas del niño, a la distancia, Abraham observaba como sus manos temblaban al aplicar el vendaje nuevo.

“Es hora de comer, hice gachas.” “…

D-de acuerdo.” Al levantarse, acomodó la manta del niño y acarició suavemente su pecho, sintiendo como este subía y bajaba lentamente, antes de salir de la habitación.

Una vez que el plato le fue servido sobre un comedor repleto de cajas bien cerradas, Abraham fue el primero en hablar.

“Su plato está en ese tazón.” Apuntó a un pequeño tazón con gachas aun mas disueltas y fáciles de tragar.

“…

Se lo daré después.” “¿Tienes alguna noticia de tu familia?” “Aún no.

Agnes no responde mis cartas, pero han de estar bien, hay una gran cantidad de comida que Yaal trajo y Emily se entretiene bien sola.” Abraham se llevó una cuchara con gachas a la boca.

“Hablando de tu hermano.

¿Sigue de expedición?” “…

Sí.” “¿Esas cosas suelen tomar mucho tiempo?

Creía que los lugares donde el duende ocultaba los tesoros eran bastantes visibles.” “Lo son, el lugar en realidad no es muy accesible que digamos.

La última vez…

” Aurora cerró los ojos, intentando no sentirse mal con ese recuerdo de la última búsqueda en la que Yaal terminó en coma por más de dos días.

“…

Debe ser difícil ser cazador.

Aunque me dedico a la medicina, aun no he podido atender a uno, pero escucho historias, de los grandes poderes, además de las heridas.

Aquí en especial, hay demasiados peligros…

” “Si…

¿Es por eso que te vas?” “Así es.

Además de por la oferta de trabajo que me llegó desde Leioa.” Aurora sonrió.

“Es un buen lugar, espero que te vaya bien…

” Abraham hizo una pausa, miró a las cajas luego al exterior blanco a través de la ventana, por último a Aurora que aún no calmaba ese temblor nervioso de sus manos.

“…

Me iré mañana Aurora.” “¿Tan pronto?

P-pero creí que podías retrasarlo más.” Suspiró.

“Tenía planeado quedarme más tiempo, pero han pasado dos días, se suponía que partiría el día después de que vinieran ustedes, ya estoy retrazado…

” Y puede que me den un puesto bajo o me rechacen.

Esto último lo dijo solo en su mente.

“Tienes razón…

Es que creí que podías quedarte más tiempo.

Ha sido…

complicado.” Abraham extendió sus manos y sostuvo las de ella.

“Se que puede ser difícil, aun no has superado tu miedo, y temes lo que los demás piensen, pero es un niño pequeño, podría ser mejor que los demás, con tu ayuda y …

la de tu hermano.” Con la mirada bajo, Aurora respondió.

“Aún no se que piense él…

del plan.” Abraham volvió a su posición.

“Estoy seguro que todo irá bien, porqué te quiere mucho.” Aurora suspiró, continuó comiendo a pequeños bocados.

Al terminar, alguien golpeó la puerta del frente y Aurora se levantó por costumbre para abrirla.

“Yo iré.

” Dijo Abraham.

“Ve a darle de comer.” “…

Sí.” Mientras iba en dirección a la habitación esquivando cajas, logró escuchar la conversación en la entrada.

“Carta para Abraham Colins.” “Oh…

Llego antes de lo que pensaba.” Cuando Aurora llegó a la puerta de la habitación, se escuchó una despedida y la puerta de enfrente cerrarse.

Aurora cerró la puerta con cuidado y con pasos lentos, se acercó a la cama.

Vio el rostro pálido del niño, su cuerpo frágil y pequeño, no podía pensar que era más mayor de lo que parecía ni qué había sufrido.

Se sentó al lado de él, en la silla que había usado hace poco y lo contempló un tiempo.

Intentó esfumar sus pensamientos para calmar el temblor de sus manos.

Sus ojos ya estaban secos de tanto llorar desde que lo conoció, pero el dolor de querer hacerlo persistía.

Se parece…

tanto a Emily, cuando estaba muy enferma, y a…

Aurora sacudió su cabeza e intentó respirar para calmarse.

Todo está bien, eso fue entonces y ella ya está mejor.

Tomó la cuchara con gachas disueltas con una mano y con la otra sostuvo su cabeza con cuidado.

El niño tragaba con dificultad y muy despacio.

El temblor en las manos de Aurora volvía mientras más lo veía tragar con dificultad.

Al terminar medio tazón, supo que el niño no podía comer más.

Se sentó a contemplarlo un tiempo, mientras sus pensamientos iban y venían.

Se parece…

a Kenneth, antes de que él…

Antes de que pudiera seguir pensando en su horrible pasado.

Se escuchó un estruendo.

“¡Ah!

¡Ten cuidado!

¡Tengo Piedras de Maná ahí adentro!

¡Son un regalo muy preciado!” Aurora se levantó al escuchar la voz, salió rápidamente dejando al durmiente pequeño en la oscuridad de la habitación.

Al entrar en la sala, vio a un montón de hombres del pueblo moviendo las cajas de la casa y llevándolas afuera.

Supo entonces lo que estaba pasando.

“¡Abraham!” Salió de la casa y vio al viejo metiendo de vuelta un montón de piedras de maná de fuego en una caja que aparentemente fue volcada junto a un joven nervioso.

Al verla, se levantó y corrió hasta ella.

“¡Aurora!

¿Por qué sales desabrigada?

¿Tienes idea del frío que hace?

¡Mirate ya estás temblando!” “¡Eso no importa ahora!

¿Te vas ya?

¿No era mañana?” “Entremos primero.” Al entrar, Abraham comenzó a explicar.

“Hace un rato, recibí una carta de mi amigo en Leioa, el puesto que me ofrecieron será tomado si no voy en dos días.

Tengo que partir ya si quiero llegar y llame a los chicos para que me ayuden.” “¿Por qué no dijiste nada?” “Estabas con el niño, y no quería que te pongas peor de lo ya estas.” Vio su aspecto asustado y sus manos temblorosas, no por el frío.

“…

Estarás bien, Aurora.

Confío en ti, y seguro él también.” Dijo tomando sus manos para calentarlas.

“Es demasiado pronto…

que voy a hacer si algo sale mal.” “Podrá resistir el viaje, cuando esté lo suficientemente estable, si es que se toman muchos descansos, volverán a Prude seguros.” Miró su expresión preocupada.

“O si no estás segura, quédate más tiempo, hasta que despierte.

O incluso después de que despierte, jajaja.” “…

Gracias.” Dijo bajando la mirada.

“No es nada.” La abrazó ligeramente.

“Espero que tengas un buen viaje.” “Lo tendré.

Jeje, no te preocupes por este viejo, solo haz lo que crees mejor.” Aurora asintió con resistencia.

Desde entonces, Aurora pasó los siguientes tres días viviendo en la casa de Abraham.

Él había dejado suficiente comida, pues no se iban a quedar mucho tiempo, una vez que el niño estuviera más estable, se iría con él de vuelta a Prude.

Aunque había escrito cartas correspondientes a su situación a Agnes para que no se preocupen ella y Emily, aún no había respondido.

Por dentro estaba ansiosa por muchas razones, por la falta de respuesta a sus cartas, no había noticias de su hermano, y el estado del niño resultó ser una gran piedra en su corazón.

Habían pasado días y se suponía que ya se había acostumbrado, vuelto más fuerte, pero seguía sintiendo náuseas y nervios al enfrentarse al niño.

Lo peor, era que él aún no mostraba signos de despertar.

¿Qué males ha de haber pasado para preferir dormir tanto envés de ver el mundo?

Además de la incesante inquietud en su corazón, algo cálido también crecía en ella, un sentimiento de amor maternal, similar al que sentía por Emily.

Cada día se levantaba temprano a aplicar medicina a sus ya cerradas heridas para que las cicatrices desaparezcan, cambiaba sus vendas y lo alimentaba con comida ligera, abriendo su boca y ayudándolo a tragar con cuidado.

Y cuando más dolía su corazón, se sentaba por horas viéndolo respirar despacito, en una habitación caliente donde el antes frío aliento del niño se estabilizaba poco a poco.

Su mano acariciaba su pecho con ternura y de vez en cuando arrglaba el alborotado cabello de su frente, revelando dos bultitos negros que algun dia se convertirian en extensos cuernos.

“…

Debiste llegar antes.” Susurraba, en el silencio de la habitación, junto con múltiples palabras dulces de consolación.

“Podrás hacerlo.” “Serás un buen niño.” “Si yo hubiera sido tu madre…

” La paz en su corazón poco a poco se iba manifestando mientras lo cuidaba.

Aunque sus pensamientos eran sus mayores enemigos, se consolada recordando lo habilidoso y bueno que es su hermano, lo bien que Agnes cuidara a Emily para que no se enferme y la entretendrá lo suficiente, lo bien que crecerá el niño bajo su cuidado, y en cómo él junto a Emily jugarán todos los días, animando más su casa.

Además, se repetía que debía convencer a su hermano para que él adopte al niño, una y otra vez.

Si pensaba positivamente y en un buen futuro, su ansiedad desaparecía mientras iba creciendo su relación unilateral con el niño.

Le contaba cosas de su vida, de Emily y de cómo serán hermanos, de su pueblo, y le alentaba a despertar, a recuperarse pronto para que vea a su nueva familia.

A veces le preguntaba en silencio si es que quería que fueran familia y tomaba su respiración tranquila como respuesta.

Aun así, pensaba, que sea como sea, todo sería decisión del niño.

Aurora se había quedado dormida en la silla junto a la cama del niño.

Había tenido un largo día cuidando y manteniendo un poco la casa, y al hacer su máximo esfuerzo en barrer la nieve del frente de esta, que por suerte era poca.

Era de madrugada, todas las luces estaban apagadas.

En medio de la noche, un goblin en estado de un frenesí silencioso por contaminación de maná rondaba la ventana de la sala, intentando entrar, sus ojos rojos iban y venían en la oscuridad tratando de ver aquello que quería ver.

Sus garras rasgaban el vidrio una y otra vez pero a este no le pasaba nada.

En sus cuatro patas corrió alrededor de la casa buscando otra forma de entrar, hasta que la presencia de lo que buscaba se hizo más fuerte, llegando a la ventana de la habitación donde estaban Aurora y el niño.

Como si fuera un detonante, su frenesí dejó de ser silencioso y empezó a soltar jadeos y aullidos como loco, con sus garras rasgando con más fuerza la ventana, creando más de una grieta.

Despertada por el aturdidor ruido, Aurora miró en dirección a la ventana, sentía peligro, no de la forma en la los cazadores lo sentirán, más bien la forma más primitiva e instintiva que su corazón podía sentir.

Mientras el loco goblin continuaba rompiendo de a poco la ventana.

Aurora envolvió la manta alrededor del niño con un ligero pánico en sus acciones, aun así, sus movimientos eran cuidadosos, lo alzó lentamente y salió de la habitación con rapidez cerrando la puerta de una patada.

El sonido del goblin parecía haberse calmado cuando salió.

Buscando una habitación, decidió ir al sótano ya que este no tenía ventanas, y había algunas herramientas de jardinería allí que podía usar como arma.

Mientras bajaba las escaleras, sintió que algo andaba mal, el silencio se volvió abrumador fuera de la casa, ni un solo insecto, ni el goblin loco de antes continuaban haciendo ruido.

Colocó con cuidado al niño en un rincón oculto del sótano junto a pequeñas cajas y con su manta gruesa hizo una especie de cuna.

Ya calmada y viendo a su alrededor, se colocó junto a él, como cuando estaban en la habitación y escuchaba con atención afuera, mientras sus preocupaciones iban y venían.

Los ruidos de la naturaleza y la criatura estaban en silencio, Aurora contuvo la respiración.

Un aullar fuerte y rasposo se escuchó alrededor de la casa, seguido de otro a la distancia, y otro y otro más.

Se escuchaban como más de quince, no, más.

Parecía que una ola de goblins había llegado a Nicel.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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