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El Demonio más Poderoso de la Zona Este - Capítulo 6

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  4. Capítulo 6 - 6 La Caravana
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6: La Caravana 6: La Caravana El pánico se apoderó de todo Nicel.

Los aullidos se esparcian y continuaban de todas direcciones del pueblo, lejos y cerca.

Una ola de goblins se acercaba como una loca jauría de lobos hambrientos.

Muchos pueblerinos no podían permitirse el proteger sus casas con piedras de maná de fuego que espantaban a esas especies débiles, y mucho menos hechizos de protección contra demonios de parte de magos, lo contrario al viejo Abraham, el cual había guardado mucho dinero de su oficio.

Era bueno y solidario pero su profesión y dinero solo podían permitirle esas cosas para él, aunque quisiera, no podía regalar ese servicio a sus amigos.

Además, aunque tenía más de una piedra de maná, esas no harían nada como eso, solo eran basura que usaba para limpiar y aliviar un poco los dolores musculares a sus pacientes, además esas piedras costaban como diez de plata que fueron regalos por pacientes con un poco más de dinero.

Esos servicios, el viejo Abraham había insistido en instalarlo en el pueblo colaborando entre todos, pero la mayoría no quería prestar su dinero y el jefe del pueblo no podía insistir, pues después de todo, no eran propensos a esa clase de ataques.

Quien diría que todos se equivocarian.

Los gritos de los más lentos ya se escuchaban a la distancia.

Aurora, temblando, permaneció en el mismo lugar sin saber bien qué hacer.

La casa estaba rodeada de más aullidos, había más goblins salvajes intentando entrar ahí que en todas las demás casas.

¿Por qué?

¿Qué querían?

La casa no tenía nada que atraería a ese tipo de goblins, a no ser que Abraham tenga carne descompuesta contaminada con maná muerto, que suele ser la razón de las repentinas apariciones de goblins.

Pero Abraham no estaba en ese tipo de prácticas macabras como para tener esa carne, ni era científico o conocía a otros cazadores que no sean su hermano para conseguirlo y experimentar con el.

Entonces, ¿por qué?

No podía pensar en una razón apropiada más que los goblins se volvieron locos de repente o algo los asustó en las Afueras.

Al pensar en eso Aurora sintió un escalofrío.

“Estaremos bien siempre y cuando estemos aquí, la casa está protegida.” Repetía Aurora, para ella y el niño.

De la nada un fuerte sonido de madera rompiéndose llenó el espacio de arriba y Aurora saltó sorprendida.

“Oh, no.” Resultó que los goblins se habían apilado frente a la puerta, empujaban y rasgaban en equipo mientras gruñían, aullando con agresividad y saliva goteaba de sus hocicos por todas partes al sacudirse.

Las partes volaban por todos lados con un fuerte estallido y de inmediato corrieron por la casa causando desastre y oliendo por todos lados con agitación.

Aurora se colocó junto al niño con una rastrillo de heno que podía levantar, no podía realmente hacer algo útil con el, pero por dentro sabía que haría lo que sea necesario y aprovecharia el poco filo que tenía ese rastrillo con esas cosas de arriba, que destruian todo a su paso.

Apretando los dientes y su agarre, escuchó con temor como todos los pasos de los goblins se acoplaban arriba de las escaleras del sótano, seguido de rasguños y gruñidos.

La puerta era golpeada una y otra vez, cada vez más agrietada y apunto de abrirse.

Pero por un momento todos pararon.

Giraron con terror hacia una dirección, escucharon algo a la distancia que comenzaba a hacerse más fuerte.

¡Boom!

Una explosión de colores gigante se extiendio a unos kilómetros y los goblins se esparcieron aterrados rápidamente, aullando de una forma que decía a los otros goblins que era peligroso.

En unos instantes los goblins desaparecieron y la gente que no tuvo tanta suerte como Aurora de estar en una casa protegida, comenzó a llorar de alivio, por las pérdidas de sus familiares y conocidos, y por el terror que habían experimentado.

Pues todas eran personas comunes, Nicel era un pueblo lleno de humanos, y ningún cazador después de todo.

Nadie estaba preparado ni se esperaba que pasara algo así en su pequeño pueblo, pues estaban en un lugar apartado de las rutas principales y de las Afueras, pero por desgracia, también de otros pueblos, prácticamente aislados e ignorantes.

El cielo se había vuelto naranja por la explosion de Maná controlada de un arma que se alimentaba del núcleo de una bestia demoníaca de rango medio.

El mismo color iluminaba la nieve repleta de sangre y cuerpos del pueblo de Nicel.

La caravana de tres carruajes con el simbolo del lobo negro, se acercaba a la distancia de la casa del viejo Abraham, descendiendo de un camino no registrado.

Su bandera negra y roja ondeaba con la velocidad de los caballos, y Yaal, que había disparado, miraba alrededor desde la ventana del primer carruaje, bajando con cuidado el cañón al asiento junto a él, pasándolo a unos compañeros que estaban ahí.

“Es aquí.” “Sí…

” Desde su lugar, sacó ligeramente la cabeza, y gritó.

“¡Preparen las cosas, después de unas cuantas casas, ya llegamos!” “¡Sí señor!” Aurora perdió la fuerza en sus piernas y cayó arrodillada en su lugar, el rastrillo cayó con un estruendo fuerte como si fuera realmente pesado, ella suspiró y miró al niño, cuya respiración seguía igual que en la mañana.

“Por el Duende…

” Una vez que bajaron el cargamento de provisiones y materiales, Yaal, cubierto en una capa negra que tenia una placa de lobo plateada, diferente a la bandera de su gremio, cuyo significado era que él era un cazador registrado, bajo y se dirigio a la puerta de la casa, tenia algunos ligeros copos de nieve caidos sobre su cabello negro.

Aurora salió con el niño en brazos, cubierto en gruesas mantas.

Sus manos temblaban y sus ojos desorbitados veían a su hermano acercarse.

Ambos pararon paralizados al ver la condición del otro.

Yaal vio el cuerpo de un niño pequeño ser envuelto y llevado por su hermana con un gran amor maternal.

Aurora vio a su hermano, con ojeras enormes, cansado, uno bellos de barba recién crecidos y descuidado, flaco y totalmente cubierto.

“Tú…

” Dijeron al unísono.

Luego de un breve silencio, Aurora habló primero, cuando Yaal, viendo a la figura en sus brazos iba a abrir la boca.

“¿Estás bien?

Has perdido peso…

” Yaal la miró un momento, luego suspiró y sonrió.

“Estoy bien…

Más importante, Aurora…

” Dijo mirando al niño.

Atrás de él, desde un carruaje, venían Misa, Agnes y una Emily dormida en brazos de está, aún más cubierta que el niño.

“Tenemos que hablar.” Dijo Yaal, borrando su sonrisa.

Aurora se sorprendió, iba a sonreír al ver a su hija y a Agnes, pero sus ojos comenzaron a ponerse rojos al ver las expresiones de todos los adultos que querían conversar con ella.

“De acuerdo…

Pasen.” Dijo, apretando aún más el agarre de las mantas gruesas del pequeño, y acercándolo más a su pecho, sintiendo ligeramente sus pequeños latidos, y de alguna forma, su nerviosismo se esfumó y logró relajarse.

Al entrar, de alguna forma todos se acomodaron en la desastrosa casa para hablar.

Aurora entró en una habitación no tan desordenada y colocó al niño cubierto en mantas sobre la cama.

Agnes iba a hacer lo mismo con la dormida Emily, pero Misa la detuvo.

“Agnes.” No dijo mucho pero la mirada ya lo decía todo.

Agnes dudó, pero al ver la mirada reprochadora de Aurora a Misa mientras salía de la habitación, apartó la mirada de Misa y solo colocó a Emily en la misma cama con cuidado.

Misa iba a estallar de ira y llamó a Yaal, esperando que él dijera algo al respecto.

Pero este solo se apartó y se acomodó en la desordenada sala.

“Ahora que los niños están fuera, los adultos podemos hablar en paz.” Una atmósfera hostil se sentía entre Misa y Aurora.

Aurora suponía que su hermano la apoyaba, pero aun así debía mantener las apariencias, así que actuaba seriamente y con autoridad.

Misa quedó callada y se puso a hacer guardia frente a la puerta de la habitación, viendo a todos como si estuvieran locos.

La seriedad se apoderó de la sala y otra vez, Aurora habló primero.

“¿Por qué trajeron a Emily?” Preguntó a Yaal y a Agnes.

“Pase por casa y no estabas, pero nos encontramos con Misa que nos lo dijo todo.

Además de las cartas de Agnes.

Al Emily saber donde estabas, quería venir de inmediato, así que decidimos venir con los miembros del gremio directamente, iba a ser más seguro para ella.” Al pensar en eso Aurora sonrió.

“¿Cuando llegaron?

Esta vez les tomó menos tiempo.” Al preguntar eso, Yaal calló de repente, la mirada de Misa se volvió fría entre él y Aurora.

Agnes solo podía apartar la mirada con lástima.

“Tuvimos…

pequeñas dificultades, pero nos las arreglamos para venir de inmediato, encontramos una gran cantidad de materiales y tesoros que ya fueron enviados al gremio.” “Eso-” “¿Pequeñas dificultades?

¡¿Por qué hablas como si no fuera nada cuando terminaste así?!” “¡Misa!” Gritó Yaal, para callarla.

“¿Qué?

No dijiste que estabas bien?

¿Qué tienes?” Preguntó angustiada Aurora.

Misa apretó los dientes.

“¿No lo ves por ti misma?

¡Estaba tan apurado por ti que terminó así!” Caminando rápidamente hacia Yaal, estiró su capa con habilidad, revelando una manga de camisa atada en un nudo en el lugar donde debería estar el brazo derecho de su hermano.

Aurora comenzó a derramar lágrimas.

“¡Tu brazo!” Yaal se reacomodo la capa y con incomodidad miró a Aurora.

“No es nada.” “¿Cómo puedes decir eso?

¿Estás bien?

¿Sanó correctamente?

No, no me digas que lo amputaron porque algo-” “No, nada de eso, calma.

Estoy bien, gracias a las pociones-” Misa interrumpió, de nuevo.

“Fue devorado por un Dreo, un tesoro que ese duende encondió, estaba en su guarida.” Antes de que pudiera hablar, reprocho a Aurora.

“¿Ves lo que hace tu bondad, Aurora?

¡Yaal perdió un brazo porqué estaba tan desesperado por volver a ti porqué estábamos en ese viaje caritativo sin sentido!” “Misa, deja a los dos hablar por favor.” Esta vez, Anges interrumpió.

Antes de comenzar a escuchar más regaños, mientras las lágrimas de culpa de Aurora seguían cayendo, Yaal habló.

“Nada de eso.

Lo que Aurora decidió fue bueno para todos.

Tú misma lo viste, cuando veníamos hacia aquí muchos a los que dieron provisiones nos agradecieron.

No vuelvas a decir algo así.

Además, mi brazo se fue, devorado por mi apuro, fui descuidado, pero te dije que lo explicaría yo mismo.

¿Por qué me interrumpes para decir cosas que hacen sentir mal a Aurora?” Miró a Misa con enojo.

Misa solo se retrago con culpa, sin cambiar su fea expresión.

“¿Entonces sí terminaste así por mi culpa?” Yaal se acercó a ella para medio abrazarla con su único brazo, lo que hizo que Aurora se sintiera peor y débilmente correspondió el abrazo.

“Nada de eso.

” Dijo él, sobre los cabellos dorados de ella.

Suspiró.

“Mira, estas cosas pasan en este tipo de trabajo, no tienen nada que ver contigo.

Además vinimos a hablar de algo diferente.

Dime ¿Qué piensas hacer con ese niño?” Preguntó, palmeando la espalda de Aurora mientras se separaba del abrazo.

Aurora, repleta de shocks, recordó lo más importante y decidió decir lo habia pensado todo este tiempo sobre el niño y lo que había planeado con Abraham.

Firmemente, e intentando recomponerse de toda la información repentina, limpiándose rápidamente las lágrimas de los ojos con sus mangas, dijo.

“Quiero que tu…

lo adoptes.”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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