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El Descenso del Extra - Capítulo 318

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  4. Capítulo 318 - Capítulo 318: Guiverno [1]
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Capítulo 318: Guiverno [1]

Preocupada por la salud de su hermano, Belle decidió quedarse para ayudarlo después de que acabaron con la horda de monstruos.

En serio, ¿por qué siempre era Brandon el que corría peligro de muerte?

Belle estaba harta. No quería ver sufrir más a su hermano. Pero, por alguna razón, era como si el sufrimiento siguiera a Brandon allá donde iba.

O, mejor dicho, el propio Brandon se deleitaba en el sufrimiento.

Belle no podía hacer absolutamente nada al respecto. Lo había reprendido numerosas veces en el pasado. Sin embargo, siempre acababa igual.

«Por favor, para de hacerte daño».

Pero se lo guardó para sí. No tenía sentido regañar a su hermano ahora. Sobre todo, sabiendo lo que le estaba ocurriendo.

Belle también se había dado cuenta.

La fluctuante afluencia de su núcleo de maná.

Los signos de un Categoría S.

Era absurdo.

Y pensar que su hermano la había alcanzado, y que pronto la superaría.

Pero Belle no sintió ni una pizca de envidia. Por el contrario, estaba feliz y se sentía verdaderamente orgullosa de él.

Ella también tenía que ponerse al día. Sentía como si Brandon y Amelia la estuvieran dejando atrás.

En cualquier caso, centró su atención en Brandon.

Su complexión y estado general tenían mejor aspecto que hace una semana. Sobre todo después de que Belle lo ayudara a asearse para que tuviera un aspecto presentable.

Al fin y al cabo, Brandon parecía como si no se hubiera duchado en un año.

—Gracias, Hermana.

Brandon acababa de terminar la comida que Belle le había preparado.

—¿Cómo te sientes? —preguntó Belle.

Brandon flexionó los músculos.

—Mejor que nunca.

Al ver que tenía salsa en la comisura de los labios, Belle dejó escapar un profundo suspiro y se le acercó para limpiársela con su pañuelo.

—Ah.

Brandon parecía que acababa de darse cuenta, y Belle simplemente negó con la cabeza, restándole importancia.

Por muy fuerte que se volviera Brandon, siempre sería su hermano pequeño. Y como su hermana mayor, no podía evitar cuidarlo, apoyándolo en cada paso que diera hacia el éxito.

De eso no cabía duda.

Fue entonces, mientras los dos hermanos seguían charlando…

¡Hwoooooar!

¡…!

¡…!

***

Algunos monstruos, que al principio no se habían inmutado por la llegada del primer wyvern, habían vacilado en las sombras del bosque.

Pero ahora, mientras el segundo rugido resonaba por el claro, salieron en tropel de la densa maleza como una oleada.

El aire se cargó de tensión, y el suelo temblaba bajo el peso de la horda que se aproximaba.

Blandieron sus garras y armas contra los Cadetes, que se defendían desesperadamente.

Afortunadamente, los Cadetes de las clases A y B actuaron rápido, protegiendo a la clase C y dándoles tiempo para recuperarse mientras prestaban apoyo desde la retaguardia.

Era la misma situación que con el primer wyvern. Sin embargo, esta vez, todos mantuvieron la calma. Sabían cómo gestionar la situación de forma adecuada.

—¡Escuadrón B, retirada! —anunció un Cadete. Era uno de los líderes designados, un Cadete de la clase A.

—¡Escuadrón D, al relevo! —ordenó otro Cadete. Otro de los líderes designados, de la clase B.

Había cinco líderes por clase. Un total de quince líderes.

Magia elemental de todo tipo impregnaba el aire mientras resonaban los gritos de los monstruos.

Sin embargo, los Cadetes siguieron avanzando. Los combatientes cuerpo a cuerpo se abalanzaron, con el apoyo de la retaguardia.

—¡Al ataque!

Se oyó un grito y los Cadetes se lanzaron al ataque. Era como si ellos fueran los monstruos y los otros, los asediados.

No tuvieron dificultad en acabar con los monstruos. Hasta que, al final, el wyvern apareció a la vista de todos.

El suelo tembló cuando el wyvern salió del bosque, y sus enormes alas levantaron ráfagas de viento por todo el claro.

Las oscuras escamas de aspecto metálico de la bestia relucían bajo la luz, todas ellas afiladas y letales. Su cuerpo era largo y poderoso, con cuernos que se curvaban hacia atrás desde su cabeza y unos brillantes ojos rojos clavados en los Cadetes.

Cuando abrió las fauces, sus afilados dientes relucieron a la luz y brotó un profundo rugido que hizo temblar el aire a su alrededor.

¡Hwoooooar!

El sonido fue ensordecedor; hizo vibrar el aire y agrietó el suelo bajo su peso.

Las garras del wyvern se clavaron en el suelo al agazaparse. Su larga cola, rematada con púas, restalló en el aire.

Los Cadetes podían sentir el aplastante peso de la presencia de la criatura. Era más grande que el wyvern anterior, y los Cadetes sintieron que la dificultad había aumentado exponencialmente.

El miedo los invadió, pero se prepararon, armas en ristre, mientras las alas del wyvern se extendían, proyectando su sombra sobre el campo de batalla.

—¡Manténganse alerta! —gritó uno de los líderes, con una voz que rasgó la tensión.

Raven frunció el ceño. Tras examinar las escamas del wyvern, miró su daga.

Se preguntó si su daga sería realmente capaz de atravesar al wyvern.

Si bien el wyvern anterior solo había presentado una dificultad moderada, este, en cambio, estaba a otro nivel.

«Esto es una locura…».

Raven supuso que todo esto formaba parte del plan del Ejército Imperial.

¿Pero de verdad creían que los Cadetes podrían derrotar al wyvern? ¿Sobre todo cuando les había costado tanto matar al primero?

De todos modos, no tenían otra opción.

Ataques mágicos surcaron el aire en dirección al wyvern. Sin embargo, el wyvern, como si nada, recibió de lleno el impacto de los ataques.

Poco después, contraatacó.

¡Hwoooooar!

Un profundo grito gutural retumbó por todo el bosque. Raven sintió que le iban a estallar los tímpanos y se tapó los oídos.

El batir de sus alas generó una ráfaga de viento que mandó a volar a los Cadetes que habían bajado la guardia.

¡Xiu! ¡Xiu! ¡Xiu!

Flechas de llamas y escarcha surgieron de alguna parte para atravesar al wyvern. Sin embargo, se desvanecieron al impactar.

La defensa del wyvern no era ninguna broma. Aunque marcas de quemaduras quedaron grabadas en sus escamas tras recibir ataques de llamas y rayos, permanecía imperturbable y continuaba contraatacando.

Sus movimientos eran lentos, y sus grandes garras buscaban decapitar a los Cadetes. Sin embargo, los combatientes cuerpo a cuerpo eran ágiles y esquivaban con rapidez sus afiladas garras.

Un grupo de duelistas aterrizó sobre el lomo del wyvern. El acero de sus armas chirrió contra las escamas del wyvern mientras cargaban con un grito de batalla.

Raven aprovechó la oportunidad, se introdujo en la sombra de un Cadete y se teletransportó al instante para aparecer sobre el enorme cuerpo del wyvern.

Raven entrecerró los ojos mientras asestaba un corte preciso en el wyvern. Sin embargo, las alas del wyvern se batieron una vez más, desequilibrando a todos, que cayeron de su lomo.

En ese momento, una ráfaga de viento pasó junto a ellos, amortiguando su caída y llevándolos de vuelta a un lugar seguro.

Los Cadetes trabajaban al unísono, apoyándose mutuamente.

Los Cadetes se defendían de los implacables ataques del wyvern, mientras el campo de batalla resonaba con el entrechocar del acero, la magia y los ensordecedores rugidos de la enorme bestia.

Con cada batir de sus alas, potentes ráfagas de viento hacían rodar por el claro a los Cadetes con menos experiencia, y sus defensas apenas resistían la fuerza bruta.

Pero, por mucho tiempo que pasara, la sensación era que estaban perdiendo el tiempo.

El wyvern.

¡Hwoooooooar!

Era como si no hubiera sufrido daño alguno.

El corazón de Raven se aceleró mientras escrutaba rápidamente el enorme cuerpo del wyvern, cuyas escamas brillaban bajo la luz de los ataques de los cadetes.

Su mente trabajaba a toda prisa, intentando evaluar el mejor punto de ataque.

Una voz resonó en medio del caos; era uno de los líderes de la clase que gritaba.

—¡Necesitamos distraerlo! ¡Formen dos grupos! ¡Primer grupo, atraigan su atención! ¡Segundo grupo, pónganse detrás de él!

¡Bum!

Ataques mágicos surcaron el aire. Hechizos elementales de todo tipo explotaban al impactar.

Bolas de fuego, relámpagos y fragmentos de hielo acribillaban las gruesas escamas del wyvern, pero la bestia apenas se inmutó.

Se movía con lentitud, pero con una precisión aterradora; cada zarpazo de sus garras o coletazo hacía que los cadetes se apresuraran a esquivarlo para no ser aplastados.

—¡Uwaaa!

—Huu… Huuu….

Una vez más, Raven, junto con un grupo de duelistas, intentó saltar hacia el lomo del wyvern con las armas desenvainadas. Corrieron hacia él y atacaron sus escamas, pero sus hojas apenas arañaron la superficie.

—Tsk. Maldita sea.

Raven hizo una mueca mientras su daga arañaba inútilmente las gruesas escamas, parecidas a una armadura. La defensa del wyvern era impenetrable, su cuerpo parecía inmune a sus ataques.

—¡No podemos atravesarla!

Gritó uno de los cadetes, con el pánico creciendo en su voz.

Raven apretó los dientes, intentando mantener la calma a pesar de la creciente tensión.

—Tenemos que encontrar un punto débil.

Murmuró para sí, entrecerrando los ojos mientras escrutaba la enorme figura del wyvern.

Las alas, su vientre, quizá los ojos… pero acercarse lo suficiente para atacar cualquiera de esos puntos débiles parecía casi imposible.

—¡Hwoooooar!

El wyvern rugió de nuevo, un sonido gutural que reverberó por todo el bosque y sacudió el suelo bajo sus pies. Con un potente aleteo, envió otra onda de choque de viento a través del campo de batalla, dispersando a los cadetes.

—¡Huaaa!

—¡Mierda…!

En ese momento, justo cuando menos se lo esperaban…

¡Bum!

Un sinfín de espadas mágicas apareció de alguna parte, precipitándose hacia el wyvern. Todos se giraron con los ojos muy abiertos hacia el lugar de donde provenían.

Una mujer despampanante, de pelo rubio y ojos azules, entró en escena en medio del polvo de nieve. Sus impecables rasgos faciales brillaban, dejando a todos sin aliento.

Espadas mágicas flotaban a su alrededor, con el filo de las hojas apuntando directamente al wyvern. Sin perder tiempo, Amelia extendió la mano hacia delante. Las espadas mágicas salieron disparadas en rápida sucesión.

—¡Rápido, continúen el ata…!

¡Xiu!

Una flecha de carámbano cristalino atravesó el campo de batalla desde alguna parte. Su enorme tamaño y su superficie reflectante proyectaban una luz resplandeciente sobre el suelo nevado.

La flecha impactó con una fuerza que sacudió la tierra, incrustándose en el costado del wyvern y estallando en fragmentos de escarcha que hicieron erupción al chocar.

¡Bum!

La explosión envió una ráfaga de nieve y hielo por todo el campo, cubriendo el suelo con un brillo helado.

—¡Hwooooaar!

El wyvern rugió, su enorme cuerpo tambaleándose por el golpe, y, por primera vez, sus movimientos flaquearon.

Amelia, con expresión serena y concentrada, se mantuvo erguida en medio de la nieve que caía, con la mano aún extendida por el incesante aluvión de sus espadas mágicas.

Sin embargo, este simple acto por sí solo estaba agotando rápidamente su maná. Por suerte, se había centrado mucho en el crecimiento de su capacidad de maná.

——[Estado]——

∟ FUE: A+ —[23 %]

∟ PM: S- —[4 %]

∟ DEF: A- —[67 %]

∟ AGI: A+ —[0 %]

∟ INT: B+ —[0 %]

∟ CAR: SS —[44 %]

[PROM: A+]

———————————

Tarde o temprano, finalmente alcanzaría los Rangos S.

A su lado, Rachel se preparaba para tensar otra flecha. El maná alrededor de la chica de ojos carmesí se intensificó, hasta el punto de que Amelia se sorprendió a sí misma tragando saliva.

Acababan de unirse a la batalla tras acabar con una horda de monstruos que parecían haber escapado de la primera carga.

—¡Rachel! ¡General Amelia!

Un hombre de pelo rojo y ojos azules, con expresión agotada, corrió hacia ellas.

Era Reinhard.

En el exterior, Amelia quería que se refirieran a ella simplemente como Amelia.

Pero en el campo de batalla, los títulos honoríficos eran importantes, ya que significaban el orgullo de un individuo.

—¿Cuál es la situación?

Preguntó Amelia. Su voz era suave en medio del caos reinante, con ataques de atributos elementales lanzándose de fondo.

—La cosa no pinta bien. Se nos está agotando el maná rápidamente. Nos las hemos apañado cambiando con otro escuadrón a intervalos, pero tarde o temprano, nos va a pasar factura.

—Ya veo. ¿Y el wyvern? ¿Alguien ha descubierto su debilidad?

—No, pero sus defensas son muy resistentes.

Otra voz interrumpió. Era Raven, que apareció justo delante de él.

—En mi opinión, si seguimos bombardeándolo sin descanso con ataques potentes, sus defensas deberían flaquear pronto.

Amelia reflexionó mientras se frotaba la barbilla. Claramente, no había otra estrategia que seguir. Su fuerza por sí sola no bastaría para derribar al wyvern de un solo golpe certero.

Pero sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando Raven añadió:

—Sin embargo, General, eso se aplica a la magia. Durante uno de nuestros ataques, mi daga pareció arañar sus escamas, aunque fuera ligeramente.

—Así que dices que su defensa mágica es alta, ¿pero no ocurre lo mismo con su defensa física?

—Muy probablemente, General.

—Entiendo. Eso significa que deberíamos dar una importancia crucial a nuestros duelistas.

Entonces, Amelia miró a su alrededor antes de que sus ojos se posaran en Raven.

—¿Conoces a alguien que tenga una espada de repuesto que pueda tomar prestada?

Fue uno de esos momentos en los que Amelia lamentó no haber tenido nunca su propia espada física. Si la conjetura de Raven era correcta, entonces, aunque los impactos de su espada mágica eran inmensos, una espada física podría resultar mejor.

—Gracias. Bien, escuchen.

Tan pronto como Amelia recibió una espada, llamó rápidamente la atención.

—Necesito que ustedes tres transmitan esta información a todos los Líderes. Los Magos seguirán apoyando a los combatientes cuerpo a cuerpo desde la retaguardia. Tan pronto como encontremos una oportunidad, todos los duelistas presentes atacarán al wyvern una vez más.

Era una estrategia sencilla. Sin embargo, la principal diferencia sería su coordinación.

—Yo puedo ayudar con la distracción, General.

Otra voz interrumpió. Una voz de mujer. Provenía de la espesa maleza del bosque.

Su pelo morado estaba recogido en una coleta. Mientras, su abrigo de piel morada ondeaba con la brisa nevada.

Era Claire, que también acababa de llegar al campo de batalla tras ayudar a los cadetes heridos a retirarse.

Continuaron formulando su plan a pesar de que la batalla se desarrollaba frente a ellos.

—De acuerdo.

En cuanto terminaron, Amelia asintió con la cabeza y los cuatro se dispersaron poco después.

La mano de Amelia se extendió hacia delante y las espadas mágicas continuaron lloviendo sobre el wyvern. Si con eso podía dejar al descubierto grietas en él, Amelia no quería desperdiciar ni una sola oportunidad.

Pasó un rato y, en ese instante, los cadetes que blandían espadas dieron un paso al frente.

Esa era la señal.

Amelia, espada en mano, se abalanzó hacia delante para unirse al grupo de duelistas.

—¡Hwoooooar!

El suelo tembló bajo sus pies mientras el wyvern rugía de nuevo, sus poderosas alas enviaban ráfagas de viento que amenazaban con derribar a los cadetes.

Amelia evaluó rápidamente el campo de batalla. Sus agudos ojos azules captaron cada detalle.

Los Magos estaban posicionados estratégicamente en la retaguardia, lanzando ataques elementales al wyvern para mantenerlo distraído, mientras los duelistas avanzaban desde todos los flancos con las armas en ristre.

Sin embargo, también había otras dos que no encajaban del todo en el perfil.

—¿Estás lista, Amy?

—Sí.

Eran Claire y Amy. Aunque Claire pudiera tener su propio estoque, no encajaba del todo en la descripción de los duelistas, cuyos cuerpos están mejorados físicamente.

—¡Ahora!

¡Tzz!

A la llamada de Amelia, como una carga atronadora, Claire desapareció de su posición, dejando una estela de chispas moradas mientras revestía su cuerpo con un aura de un intenso y electrizante relámpago morado.

¡Clap! Al mismo tiempo, las manos de Amy se juntaron. Una pequeña parte del cielo, justo encima de donde se encontraba el wyvern, se oscureció de alguna manera.

—….

Las cejas de Amelia se alzaron al contemplar la escena. Nunca antes había visto algo así.

Y pensar que la mujer que se había presentado como su admiradora era capaz de este tipo de magia.

En ese instante, a pesar de la nieve que caía, la lluvia comenzó a caer suavemente al mismo tiempo que se lanzaban andanadas de todo tipo de ataques mágicos.

¡Bum!

Envuelta en una intensa cantidad de relámpago morado, Claire se lanzó contra el wyvern, clavándole su estoque por todas partes. Las chispas del relámpago fluyeron a través de las corrientes de lluvia, electrificando al wyvern.

Sin embargo, como represalia, la cola del wyvern barrió el suelo. Pero Claire, con rápidos reflejos, saltó a tiempo, esquivando por poco su ataque.

El suelo tembló intensamente mientras se partía y agrietaba, y los cadetes caían por el tremendo impacto.

En ese momento, la lluvia se congeló gradualmente y el pelo de Rachel ondeó, su tono cambiando lentamente de negro a blanco como la nieve.

El cielo se llenó de una sustancia helada, que lentamente se retorcía para formar lanzas. La tensión se apoderó de todos mientras esperaban el ataque de Rachel.

Y poco después…

¡Fiu! ¡Fiu! ¡Fiu!

Un sinfín de lanzas de hielo, asistidas por la magia de agua de Amy, llovió sobre el wyvern. Seguidas por una avalancha de ataques mágicos de los otros cadetes, los duelistas permanecieron con la respiración contenida, observando la escena mágica que nunca antes habían visto.

Brumas de nieve ocultaban su visión y, tan pronto como se disiparon, todos escrutaron al wyvern con los ojos entrecerrados y una tensión visible.

Ahí, empezaron a aparecer grietas por todas las escamas del wyvern. Por esa razón, sin perder ni un ápice del momento, los duelistas saltaron y se abalanzaron, blandiendo sus espadas mientras atacaban las escamas.

Pero para su horror.

—¡Hwoooooar!

Las escamas no eran más que una capa. La verdadera forma del wyvern se reveló mientras se despojaba de ellas y soltaba un profundo rugido gutural.

Sus alas aletearon, lanzando por los aires a los duelistas mientras jadeos audibles resonaban por todas partes.

Amelia también fue lanzada por los aires, pero se apoyó rápidamente clavando su espada en el suelo.

—….

Escrutó la escena.

Como si se burlaran de ellos y todos sus esfuerzos hubieran sido en vano, las grietas habían desaparecido. Había mudado sus escamas, revelando las pálidas y brillantes escamas del wyvern.

Escamas bajo las escamas.

—Maldita sea.

No era el final.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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