El Descenso del Extra - Capítulo 329
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Capítulo 329: Fin del Primer Semestre [2]
Brandon llegó al edificio de la empresa.
Eran las 6:00 p. m.
—Joder, estás hecho una mierda.
—…
Zed lo miró con una expresión que Brandon no pudo descifrar del todo. Solo supo que, de repente, se encontró a sí mismo frunciendo el ceño.
Como respuesta, Brandon le levantó el dedo corazón.
Zed enarcó una ceja, riendo entre dientes.
—Yo también me alegro de verte. En fin, ¿siquiera deberías estar aquí? O sea, sé que te he llamado, pero es que de verdad estás hecho una mierda.
—Me las apaño.
Y la verdad es que sí. Puede que Brandon pareciera agotado, pero se estaba recuperando a un ritmo bastante decente.
—¿Puedes guiarme?
Zed asintió con la cabeza como respuesta y se puso en cabeza. Brandon lo siguió de cerca mientras miraba a su alrededor.
El lugar se había vuelto bastante animado desde la última vez que estuvo aquí.
Había caras nuevas —empleados contratados— que cumplían sus tareas afanosamente. Dirigieron su atención hacia él, extrañados por su repentina llegada.
El motivo era que no sabían que Brandon era en realidad el responsable de toda la operación.
No tenían ni idea de que era el CEO.
Al fin y al cabo, había acordado con Zed que él sería el CEO de cara al público. Después de todo, Brandon todavía tenía físicamente 17 años.
Por esa razón, los empleados podrían dudar en trabajar para una empresa dirigida por un chico de 17 años.
Jain ya era un ejemplo de cómo el mundo de los negocios lo subestimaba. Por suerte, tenía a Claire para que hablara bien de él.
—Está ahí.
Zed se detuvo junto a la puerta y la abrió para Brandon, que entró sin decir palabra.
Rafael Asami dormía profundamente. Su tez tenía mejor aspecto que la primera vez que lo vio.
Su pelo —que antes era largo— estaba recortado y bien arreglado.
Bip… Bip…
Había maquinaria conectada a él y el eco de un pitido resonaba en la sala.
Brandon se dio la vuelta. Zed estaba justo detrás de él, sosteniendo un documento.
Entonces, se lo dio a Brandon, que empezó a examinarlo.
Brandon hojeó el informe, y sus ojos captaron rápidamente los puntos clave.
El núcleo de maná de Rafael Asami había estado peligrosamente cerca de colapsar, causando fluctuaciones salvajes en su poder.
La cirugía había sido una apuesta necesaria, que implicaba reparar las grietas que lo habían estado debilitando lentamente.
Los detalles eran claros: la operación había estabilizado el núcleo de Rafael, pero su rango había descendido temporalmente a Rango C.
El proceso de recuperación llevaría meses, sin garantía de que su núcleo recuperara su antigua fuerza. Su estado era estable ahora, pero cualquier esfuerzo podría provocar otro colapso.
Brandon le devolvió el documento a Zed, con la mirada fija en la figura inmóvil de Rafael, conectada a las máquinas.
—Me alegro de que no hubiera problemas…
Brandon suspiró aliviado. Anteriormente, le preocupaba que hubiera otros problemas internos que fueran incapaces de reparar.
Como, por ejemplo, que su núcleo estuviera contaminado por un Espectro.
Pero por lo que podía ver, no parecía ser el caso.
—¿Alguna estimación de cuándo despertará?
Preguntó Brandon.
—Todavía es incierto. La cirugía terminó hace dos meses y aún no ha mostrado signos de despertar.
La mirada de Zed se detuvo en la maquinaria que emitía pitidos.
—Pero cada día su pulso se hace más fuerte y su salud mejora. Existe la posibilidad de que despierte pronto.
—Ya veo. Cuando despierte, lo trasladaremos a un hospital normal.
La mirada de Brandon se detuvo en Rafael.
Había una razón calculada por la que había asumido personalmente la responsabilidad de supervisar su tratamiento.
El objetivo no era solo asegurar la recuperación de Rafael. Era vincularlo a Brandon, creando una deuda que no podría pagarse fácilmente.
El apellido Asami era influyente, y tener a alguien como Rafael en deuda con él podría resultar ventajoso más adelante.
Pero más allá de eso, su tecnología era muy superior a la de un hospital cualquiera.
El avanzado equipamiento utilizado en las instalaciones de Brandon significaba que las posibilidades de recuperación de Rafael eran considerablemente mayores.
Sin embargo, este no era un lugar diseñado para cuidar pacientes de la misma forma que los hospitales tradicionales.
Solo era posible en ese momento gracias al equipo cuidadosamente seleccionado que Zed había contratado. No obstante, el contrato terminaría tarde o temprano.
—Nnng…
Un gemido escapó de los labios de Rafael Asami, y la atención de Brandon y Zed se centró en él.
Rafael Asami frunció el ceño, como si estuviera teniendo una pesadilla, y extraños sonidos continuaron escapando de su boca.
—¿Es eso normal?
Preguntó Brandon.
—No.
Zed lo cortó en seco.
—Es la primera vez que obtenemos una respuesta.
***
Evelyn yacía en la mesa de operaciones; las brillantes luces del techo la hacían sentirse expuesta y vulnerable.
¡Bum… bum! ¡Bum… bum!
Su corazón se aceleró mientras los suaves pitidos de los monitores resonaban en la sala.
Acababa de firmar el consentimiento, reconociendo los riesgos. No había garantía de que la cirugía tuviera éxito.
Conocía los riesgos del procedimiento, especialmente con la complejidad de su núcleo de maná agrietado.
Los cirujanos, silenciosos pero eficientes, preparaban sus herramientas y equipos.
El cirujano jefe se acercó, y su voz tranquila y firme interrumpió sus pensamientos ansiosos.
—Estamos listos para empezar, señorita Evelyn. ¿Está segura de que está preparada?
Evelyn asintió levemente. Sentía la voz atrapada en la garganta, así que no habló.
No solo se arriesgaba al fracaso.
Lo arriesgaba todo.
Sus habilidades, su futuro y, potencialmente, su vida.
Pero no tenía otra opción.
Mientras se recostaba y cerraba los ojos, podía sentir la fría superficie de la mesa bajo ella.
Una de las enfermeras se acercó a su lado y ajustó el goteo intravenoso.
—¿Se encuentra bien?
La enfermera preguntó en voz baja, con un tono cálido, tratando de consolar a Evelyn.
—…
Evelyn tragó saliva y asintió lentamente.
El cirujano se puso los guantes quirúrgicos.
—Haremos todo lo que podamos. Necesito que se relaje, señorita Cessna. Respire tranquila y profundamente.
Se concentró en su respiración, intentando calmar su corazón desbocado. El zumbido de la máquina de anestesia sonaba a su lado mientras los médicos se preparaban para empezar.
El mundo a su alrededor empezó a desdibujarse, y sintió que se deslizaba hacia la inconsciencia.
Dentro de la sala, el tiempo se ralentizó cuando comenzó el procedimiento.
***
2 de diciembre de 2149.
Brandon regresó a la academia poco después.
Los instructores ya habían informado a los cadetes de que Evelyn estaría ausente durante un tiempo.
A pesar de saberlo, Brandon no podía quitarse de encima la preocupación que lo carcomía.
¿Por qué ahora?
Había una sensación de inquietud que no dejaba de molestarlo, a pesar de que la explicación que le dieron fue vaga.
Después de todo, lo último que Brandon había oído sobre Evelyn era que necesitaba «poner algunas cosas en orden».
No era mucho con lo que trabajar, pero era suficiente para plantear preguntas.
Su repentina ausencia, sobre todo durante una semana entera, parecía extraña.
¿Qué necesitaba poner en orden exactamente?
No podían ser solo asuntos personales, al menos no del tipo habitual.
Brandon tamborileó con los dedos sobre el escritorio, perdido en sus pensamientos.
El instructor sustituto estaba explicando las evaluaciones de mitad de trimestre, pero su atención seguía desviándose hacia la instructora ausente.
Había algo que necesitaba discutir con ella. Por esa razón, no podía evitar pensar en ella.
—¿Estás bien?
Preguntó Amelia, que había dejado de tomar notas.
—Sí.
Brandon asintió con la cabeza como respuesta.
—¿Es por la señorita Evelyn?
—¿Mmm? ¿Por qué lo crees?
Brandon enarcó las cejas. Amelia había dado en el clavo.
—Sé lo unidos que estaban durante nuestro tiempo en Astrea. Obviamente, estarías preocupado por su repentina desaparición.
—…Sí, tienes razón. Pero es más bien que necesito discutir algo con ella. Y no está por aquí.
Más concretamente, sobre su ascenso al rango S.
Quería su tutela para manejar eficientemente su nuevo poder.
Después de todo, si cada pelea que tuviera que afrontar le destrozara el cuerpo, pronto acabaría en una silla de ruedas.
¿O quizá era un problema interno?
Quizá necesitaba replantearse su estilo de lucha.
—Mmm… Ya veo.
Amelia golpeó el cuaderno con el bolígrafo y continuó.
—Aunque no creo que debas preocuparte. La señorita Evelyn es fuerte. Deben de haberla enviado a alguna misión.
Si ese fuera el caso, entonces sabía exactamente a quién preguntar.
Cuando la clase por fin terminó, Brandon salió del aula. Le había dicho a Amelia que no tardaría mucho.
Tan pronto como la familiar puerta entró en su visión periférica, Brandon llamó tres veces antes de que le dieran permiso para entrar.
—Adelante.
Al entrar en la habitación, Brandon frunció el ceño de inmediato.
—¿Qué puedo hacer por ti, Brandon?
Preguntó Bellion como si su despacho no fuera un completo desastre. Había papeles esparcidos por el escritorio, archivos apilados al azar y libros amontonados en las esquinas.
Pero eso no era importante en ese momento.
En cualquier caso, preguntó.
—¿Sabes dónde está Evelyn?
Bellion había estado ocupado preparando una misión importante.
Durante dos meses, se centró en reunir a los mejores oficiales para una operación encubierta.
El objetivo era simple: infiltrar espías en Milis, como respuesta al hecho de que Milis les había estado haciendo lo mismo.
Sabía que la operación debía manejarse con cuidado.
Con sumo cuidado, Bellion había seleccionado personalmente a los mejores oficiales de diversos sectores.
Cada uno había sido investigado a fondo, elegido por su lealtad, sus habilidades en el espionaje y su capacidad para mezclarse sin problemas en territorio enemigo.
Cada detalle importaba, sobre todo sabiendo que Milis ya tenía a su propia gente infiltrada en la academia o en el ejército.
Hasta el punto de que se encontraba extremadamente agotado.
«Ojo por ojo».
Pensó mientras caminaba de un lado a otro junto a su desordenado escritorio.
Estaba preocupado.
Preocupado de que pudieran ser descubiertos y que eso finalmente desencadenara el inicio de la guerra.
Bellion era muy consciente de por qué Milis no los había invadido directamente y, en su lugar, recurría a asuntos discretos.
Lo más probable era que temieran la interferencia de los demás países.
Después de todo, si asaltaban frontalmente a la Santa Britania sin motivo alguno, los demás países se pondrían sin duda del lado de la Santa Britania.
Por esa razón, Milis había recurrido al espionaje, intentando tenderle una trampa a la Santa Britania para que diera el primer paso, dándole así a Milis una razón para declararles la guerra.
Bellion estaba, sin duda alguna, preocupado por si la operación no daba resultados.
Necesitaba información.
El Ejército Imperial necesitaba información.
A pesar de escuchar las grabaciones de voz que Brandon había enviado sobre el interrogatorio de Zeke, lamentablemente, nunca habían descubierto el motivo de la hostilidad de Milis.
Bellion estaba a punto de volver a escuchar las grabaciones de voz, cuando alguien llamó a la puerta.
—Adelante —permitió.
La puerta se abrió y apareció la familiar figura de Brandon.
Brandon fue directo al grano.
—¿Sabes dónde está Evelyn?
—No.
Y Bellion se apresuró a desechar su pregunta, negando con la cabeza.
—Al menos ha informado de su repentina ausencia. ¿Explicó adónde iba?
—Por desgracia, no. Solo nos dijo que se iría y que, con suerte, volvería en una semana.
—Ya veo.
No es que no fuera importante tener una razón válida para ausentarse, pero conociendo la posición y la reputación de Evelyn, no había necesidad de cuestionar la privacidad de lo que fuera que la aquejara.
—En cualquier caso, en realidad quería hablar contigo —empezó Bellion, con la mirada alternando entre los documentos apilados en el escritorio y Brandon.
—He oído de tu despertar al Rango S–. Enhorabuena. Se está convirtiendo en la comidilla de Ranker Weekly mientras hablamos. Sinceramente, no me lo esperaba.
—Gracias. Ni yo me lo esperaba.
Brandon sonrió y se sentó frente a Bellion.
Bellion pudo percibir las indirectas de sarcasmo en su tono.
A decir verdad, aunque era una posibilidad poco destacable, Bellion lo había previsto.
Para un hombre del calibre de Brandon, despertar al Rango S– habría ocurrido tarde o temprano.
Por esa razón, Bellion no estaba sorprendido.
Sobre todo porque no era la primera vez que lo veía de cerca.
Lucian Frost.
Bellion también había visto su despertar a la misma edad que Brandon, seguido por Evelyn, que despertó a los dieciocho años.
Había que decirlo: cuanto más rápido progresas en tu juventud, más claro queda cuál es tu límite.
Bellion despertó a los veinte y actualmente es un clasificador de Rango SS–.
Y ese era su límite.
Ya rozaba los cincuenta. No podía despertar más, por mucho que lo intentara.
Cuanto más aumentaba el rango de un mago, más lento era el progreso.
Ese era Bellion.
Un clasificador de Rango SS–, con un núcleo de maná de octavo nivel.
En cualquier caso, Bellion dejó a un lado los elogios.
Era hora de ponerse manos a la obra.
—He hecho que mis hombres vigilen de cerca los movimientos de Lianna, but so far, I haven’t found anything outright illegal in her dealings.
Bellion hizo una pausa, escogiendo con cuidado sus siguientes palabras mientras revisaba los documentos de su escritorio.
—Es cuidadosa. Muy cuidadosa. Casi demasiado para alguien en su posición. O eso, o no tiene nada entre manos.
—¿Es así? Entonces, ¿crees que solo está ayudando a Reinhard ciegamente por pura buena voluntad?
—Podría ser el caso. Pero aun así, la situación me inquieta.
—Está asociada con el Ejército Imperial, ¿verdad? ¿A qué se dedica en particular? —preguntó Brandon.
—Tal y como descubriste, regenta un pub en el barrio rojo. Aparte de eso, es dueña de un casino bastante popular. Su capacidad financiera es la razón por la que aceptamos la asociación.
Porque necesitaban los fondos.
—Ya veo.
Brandon se cruzó de brazos, contemplando la situación.
—Un pub en el barrio rojo y un casino… Suena demasiado conveniente, ¿no crees? Lugares perfectos para tratos clandestinos.
Bellion asintió lentamente, reflexionando sobre las palabras de Brandon.
—Pensé lo mismo. Pero sin pruebas, poco podemos hacer. Por lo que sabemos, todo funciona sin problemas en la superficie. El Ejército se ha estado beneficiando de sus contribuciones, así que no hay razón para investigar más, al menos, no oficialmente.
Brandon enarcó una ceja.
—¿Así que crees que hay algo más en ella?
—La verdad es que no estoy seguro. Pero de todos modos, no le quites ojo.
—Entendido.
Brandon asintió con la cabeza.
Bellion tamborileó con los dedos sobre el escritorio, dejando que el silencio se asentara.
Entonces, al darse cuenta de que no había otros temas que tratar, Bellion se reclinó.
—Creo que eso es todo. Deberías ir a prepararte para tus exámenes finales. Y sobre Evelyn, no creo que debas preocuparte. Ya sabes cómo es ella, ¿no?
Brandon bufó y sonrió, justo cuando estaba a punto de levantarse.
—Sí, supongo que sí.
Así sin más, Brandon estaba a punto de marcharse cuando la voz de Bellion llegó a sus oídos.
—Bien, y no dejes que las pruebas te pongan a prueba.
—…
La expresión de Brandon se resquebrajó antes de que sus labios esbozaran una sonrisa.
—Solo tendré que dedicarle más tiempo al lápiz. No te preocupes, saldré de esta a base de tinta.
—¡Ja!
—Ja…
Bellion se rio entre dientes, negando con la cabeza.
—Vale, vale. Solo no vayas a borrar todo el progreso que has hecho.
—Lo tengo todo bien apuntado.
***
Raven deambulaba por los pasillos de la academia, sus pasos resonando suavemente en el silencioso corredor.
Acababa de repasar sus apuntes y en ese momento estaba buscando a alguien.
Su mente estaba ocupada con los próximos exámenes finales y, aunque confiaba en sacar las mejores notas en los teóricos, no sentía lo mismo con los prácticos.
Sobre todo teniendo en cuenta en qué clase estaba.
La Clase A estaba llena de cadetes mayores que tenían más experiencia que él.
La mayoría de ellos estaban en los Rangos A hasta los Rangos A+.
Raven, por otro lado, apenas estaba en el umbral del Rango A–.
Se detuvo junto a uno de los altos ventanales, mirando hacia los terrenos de la academia.
Los estudiantes bullían afuera; algunos practicaban sus hechizos, otros repasaban formas de combate.
Parecía que todo el mundo se lo estaba tomando en serio esta vez.
—Tengo que esforzarme más —murmuró para sí, apretando los puños.
Mientras seguía caminando, la puerta de cierto despacho se abrió y un hombre salió de él.
—Ah.
Era la persona que había estado buscando todo este tiempo.
—Brandon.
Corrió hacia Brandon, que acababa de fijarse en él.
—Eh, Raven. ¿Tú también necesitas algo de Bellion?
—No, en realidad. Te estaba buscando a ti.
—¿A mí? ¿Qué pasa?
—Eh…
Las palabras de Raven se apagaron.
Aunque sus siguientes palabras no se considerarían vergonzosas, a Raven le costaba que fluyeran.
Brandon acababa de despertar al Rango-S. Una hazaña que dejó a la mayoría de los cadetes asombrados, incluido Raven.
No eran los celos lo que lo frenaba, sino un sentimiento de ineptitud.
Aunque no se avergonzaba del éxito de Brandon, la realidad de sus diferencias de fuerza había empezado a pesarle.
Brandon se estaba disparando hacia adelante, y Raven sentía que estaba estancado.
La idea de quedarse atrás no solo era vergonzosa, era dolorosa.
—¿Qué pasa?
Brandon ladeó la cabeza, instando a Raven a hablar.
«Es ahora o nunca», pensó Raven para sus adentros.
Dicho esto, las palabras finalmente salieron de su boca.
—¿Puedes entrenarme?
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