El Descenso del Extra - Capítulo 358
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Capítulo 358: Atemporal [6]
Al mirar hacia abajo, había una semilla situada en el centro, sobre la que brillaba la luz.
—¿Y cómo funciona esto?
—preguntó Raven, agachándose y observando la semilla desde todos los ángulos.
—Se supone que debo…
Extendiendo la mano, el maná empezó a fluir de Raven hacia un lado, y su mano emitió un brillo oscuro y violáceo, un tono similar al de sus sombras.
Fue entonces.
Brandon escrutaba la escena con los brazos cruzados.
La semilla empezó a brotar, y unos diminutos zarcillos verdes se abrieron paso a través de la tierra.
Sin embargo, al instante siguiente, a pesar de los esfuerzos de Raven, el brote comenzó a marchitarse.
—…
Sus hojas verdes se volvieron amarillas y luego marrones.
Los ojos de Raven se abrieron de par en par, y la frustración se apoderó de su rostro.
—¿Por qué se está marchitando…?
Brandon frunció el ceño y se acercó.
—Tus emociones, Raven. Aunque creas que estás tranquilo, puede que haya algo más profundo afectándote.
Raven apretó la mandíbula, intentando reprimir su molestia. El brote se marchitó aún más.
—Maldita sea…
—murmuró Raven, respirando de forma entrecortada.
Cerró los ojos con fuerza. El sudor comenzó a resbalarle por la cara.
Pero la semilla siguió marchitándose, y Brandon solo podía observar con el ceño fruncido.
—Esto no funciona. Déjame intentarlo a mí.
—Espera.
Pero Raven, a pesar de darlo todo, no tuvo éxito.
—¡Para! La semilla se va a marchitar más.
Al oír la exclamación de Brandon, Raven se apartó y respiró hondo.
—¿Cuál es el problema?
—preguntó Brandon.
Puede que hubiera discrepancias entre ellos durante sus ascensiones, pero Raven debería haber sido la mejor baza que tenían en el departamento de las emociones.
Siendo realistas, si Brandon tuviera que enfrentarse a este piso por su cuenta, no habría forma de que cumpliera el objetivo.
Su mente era un caos. La única razón por la que podía ocultarlo todo bajo la superficie era por las pastillas y relajantes que tomaba.
Eso, y que a menudo se obligaba a actuar con normalidad delante de todos.
Incluso de Amelia.
No quería preocuparla.
—No lo sé.
Pero Raven no pudo encontrar una respuesta a la pregunta que se planteó.
*Crujido*.
El sonido de raíces resonó desde alguna parte.
—¡…!
Brandon miró a su alrededor. Las flores que los rodeaban parecían haberse marchitado junto con la semilla.
Adoptaron una forma distorsionada, y luego se retorcieron aún más hasta convertirse en algo inexplicable.
*Crujido*.
—…
Los ojos de Brandon se abrieron de par en par al ver cómo las flores, antes marchitas, se retorcían, transformándose en criaturas grotescas.
*Crujido. Crujido*.
El sonido de su transformación resonó a su alrededor mientras se contorsionaban, alzándose en formas monstruosas, con enredaderas espinosas moviéndose como extremidades.
—Brandon, ¿por qué no lo intentas tú?
—preguntó Raven, mirando alternativamente a él y a las criaturas, con la frustración aún grabada en su rostro.
Brandon negó con la cabeza, con expresión tensa.
—No puedo. Sería una pérdida de tiempo. Solo nos quedan tres horas y media.
Raven se le quedó mirando y luego asintió, comprendiendo el peso de las palabras de Brandon.
—… De acuerdo.
Se volvió hacia la semilla, reenfocando su maná, e inspiró profundamente.
Brandon entrecerró los ojos mientras escrutaba a las criaturas que se cernían sobre ellos, con la mano apoyada en la empuñadura que llevaba en la cintura.
—Entonces yo los contendré.
—Juu… De acuerdo.
Raven respiró de forma constante y extendió la mano una vez más hacia la semilla.
¡SHIING!—
Brandon desenvainó su espada, cuya hoja brilló bajo la luz que se proyectaba desde el cielo.
—Entonces te lo dejo todo a ti.
—murmuró, dando un paso al frente.
Blandió la espada y cortó las extremidades espinosas de la criatura más cercana.
¡Fiu!— ¡Zas!—
Las enredaderas de la criatura cayeron, pero instantes después, empezaron a regenerarse, retorciéndose para recuperar su forma.
Brandon entrecerró los ojos.
—… Un cliché.
Otra criatura se abalanzó y él la atravesó sin esfuerzo, solo para que se regenerara.
—Esto no está funcionando…
Brandon siseó, con la frustración extendiéndose por sus facciones. Necesitaba más.
¡Fuuuush!—
Sin dudarlo, Brandon revistió su espada con llamas amatistas. La hoja estalló en un intenso resplandor amatista, proyectando un radiante brillo púrpura.
—Arde.
Blandió la espada, y las llamas amatistas atravesaron a la criatura. Esta vez, las enredaderas se convirtieron en ceniza. La regeneración se detuvo.
Pero al usar las llamas, un dolor abrasador le quemó por dentro, extendiéndose por su cuerpo. Apretó con más fuerza la empuñadura mientras rechinaba los dientes.
—Jaaa…
Exhaló bruscamente, con la visión borrosa. Las llamas estaban corroyendo su mente, quemándolo desde dentro.
Pero no tenía otra opción.
Parecía ser aún peor ahora en comparación a cuando todavía era un ranger de rango A.
Esto significaba que las llamas eran más fuertes.
Y más fuerte significa mejor.
Brandon se abalanzó hacia delante, blandiendo su hoja llameante contra el siguiente monstruo.
¡Fiu!—
—¡Hieeeek!
El torso de la criatura estalló en llamas, retorciéndose mientras se desintegraba.
Otra se abalanzó desde un lado. Brandon se giró, partiéndola por la mitad, y las llamas amatistas la consumieron por completo.
El dolor se intensificó, sentía el pecho como si estuviera en llamas, pero Brandon se obligó a concentrarse.
¡Zas!—
Otra criatura abatida. Podía sentir las llamas devorando su cordura, cada mandoble era como si sus nervios ardieran en llamas.
Pero cuanto más repetía el mismo proceso, más tolerable se volvía.
Su relación con sus [Llamas Malditas] siempre había sido así. Ya estaba acostumbrado.
Miró hacia atrás después de abatir a una criatura. Sin embargo, al ver la cara que ponía Raven, parecía que no había ningún progreso.
En ese momento, las flores retorcidas brotaron una vez más, contorsionándose en formas monstruosas, más grandes y grotescas que antes.
Brandon apretó con más fuerza la hoja de su espada, las llamas amatistas aún parpadeaban, quemándole las venas.
—Juu…
Ignoró el dolor y respiró hondo.
—¡Raven, concéntrate! ¡Mantén tus emociones estables!
—gritó Brandon, con la voz tensa, mientras esquivaba otra embestida y rebanaba la extremidad de la criatura.
¡Zas!—
***
—Tsk.
Raven apretó los dientes, intentando desesperadamente regular sus emociones.
La semilla brotaba, los zarcillos empujaban hacia arriba, pero cada vez, se marchitaba, volviéndose marrón antes de morir por completo.
—Juu…
Raven respiró hondo, cerrando los ojos, tratando de despejar su mente.
Pero los sonidos de la batalla en curso —el estruendo de los monstruos, los gruñidos de dolor de Brandon— rompían su concentración.
La flor brotó, solo para marchitarse de nuevo.
La frustración de Raven creció, y el tiempo se aceleró. El crecimiento era demasiado rápido, la planta frágil y débil.
Se derrumbó bajo la presión.
—No… ¡no…!
—murmuró Raven, mientras el pánico se apoderaba de él. Apretó los puños, pero eso solo empeoró las cosas.
El tiempo parecía haberse detenido para Raven. Sin embargo, el tiempo solo avanzaba.
Los recuerdos de su infancia se superponían en su mente, no conseguía tranquilizarse.
Especialmente por la presión del objetivo.
¿Mantener la mente tranquila y serena?
¿Emociones?
Cuanto más resonaba el objetivo en su cabeza, más lo presionaba, más malos recuerdos aparecían en sus pensamientos.
Su infancia: cuando su madre lo abandonó.
Así era como Raven lo interpretaba.
Su madre abandonándolo.
Dejándolo solo en este mundo frío.
Una vida sin lujos, sin dinero, con adultos despreciables aprovechándose de su vulnerabilidad.
Obligado a trabajar solo para alimentarse a la tierna edad de siete años.
Obligado a hacer «favores», solo para conseguir un aumento: un mísero aumento de tres cobres.
Sin embargo, su determinación nunca flaqueó. Raven sabía que vería la luz al final del oscuro túnel.
Estaba viviendo exactamente esa vida ahora.
Viviendo bajo un techo cálido, amado por las personas que lo acogieron.
Reina, los otros miembros del gremio de Fuerzas Especiales, Amy, la primera persona que le había confesado sus sentimientos.
Pero Raven, temeroso de no merecerla, nunca respondió a esos sentimientos.
Vivió una vida de dificultades.
Sus aspiraciones: solo vivir.
Vivir una vida decente.
¿Era su vida realmente decente ahora?
«Sí, mucho mejor que donde estaba hace diez años».
«Hace cinco años».
«Hace tres años».
Pero el trauma.
—Jaaa…
… lo carcomía.
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