El Descenso del Extra - Capítulo 386
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Capítulo 386: Evelyn Cessna [3]
Amelia estaba justo a la salida del restaurante, esperando a Brandon, cuando recibió un mensaje.
—Cancelémoslo. No me siento muy bien hoy.
—¿Qué?
Y así, le respondió con más mensajes, bastante confundida por la repentina situación.
—¿Eh?
—¿Qué pasó?
—Entiendo, ¿pero estás bien?
—¿Dónde estás? Iré para allá ahora mismo.
Sin embargo, sus mensajes solo se quedaban en «enviado». Brandon había dejado de leerlos después del primer mensaje.
—…
Pero en lugar de sentirse abatida, una repentina preocupación creció en su corazón.
Brandon siempre había sido diligente cada vez que salían en una cita.
Por lo que ella sabía, Brandon solo iba a recoger algo a casa de Evelyn.
¿Habría pasado algo allí?
No podía quitarse de encima la sensación de inquietud.
Pero Brandon no era de los que actuaban sin razón.
Sin duda, algo debía de haber pasado. Como que, ¿quizá tenía que entrenar y eso le ocuparía la mayor parte de su tiempo de forma inesperada?
Las mejillas de Amelia se hincharon, haciendo un puchero, mientras reflexionaba sobre esos pensamientos.
—Caray, tiene que aprender a tomarse un descanso.
Entrenar…, siempre entrenar…
Algunos días, Brandon volvía magullado y amoratado, y se quedaba dormido al azar por el apartamento.
Pensando que esperar allí sería una pérdida de tiempo, Amelia se guardó el móvil en el bolsillo, con su aliento visible en el aire frío mientras echaba a andar.
La ciudad bullía de emoción, la nieve caía suavemente mientras la gente pasaba deprisa, lista para el Año Nuevo.
Quedaban unas cinco horas para que el calendario cambiara.
Amelia rememoró los acontecimientos de este año.
Aunque el año había empezado de forma inestable, ahora estaba en un lugar mejor.
Y todo era gracias a Brandon.
Amelia levantó la cabeza al percatarse de una figura familiar que sostenía un paraguas. Un hermoso cabello rubio platino ondeaba en medio de la brisa fría, unos deslumbrantes ojos carmesí y una agradable fragancia que flotaba en el aire.
Era un rostro que quedaría grabado en la mente de cualquiera, incomparable a cualquier belleza que Amelia hubiera visto jamás.
—¿Señorita Lianna?
Una mujer que Amelia había conocido hacía poco durante la fiesta de Navidad que celebraron.
—¿Oh?
Lianna, al verla, cruzó la mirada con ella.
—Tú eres… Amelia, ¿correcto?
—Sí, soy yo.
—¡Qué coincidencia!
La voz de Lianna era suave. A pesar de su edad, su voz era un poco aguda y dulce.
—¿Qué haces aquí?
Preguntó Lianna.
—Oh, eh, nada. Ya me iba a casa.
Amelia se frotó las mejillas, avergonzada. No había forma de que pudiera decirle que la habían dejado plantada.
Era vergonzoso.
—¿Ah, sí? ¿Quieres venir conmigo? Estaba a punto de ir al centro comercial.
—¿Al centro comercial? ¿No vas a pasar el Año Nuevo con tus seres queridos?
—Ah… Jaja.
Lianna soltó una risa incómoda. Parecía que había dicho algo inoportuno. Al darse cuenta, Amelia se retractó.
En cualquier caso, como quedaba tiempo de sobra antes de Año Nuevo, Amelia fue al centro comercial con Lianna.
—Gracias por acompañarme. ¿Quieres algo? Yo invito.
—¿Ah? No pasa nada, señorita Lianna. No tiene por qué.
—No, no. Insisto. No sabía que intercambiábamos regalos durante la fiesta. Así que no pude comprar nada.
Lianna juntó las manos de Amelia entre las suyas, y su rostro brilló con una inocencia madura.
—Eh…
Amelia consideró la oferta. Por lo que sabía, Lianna era espantosamente rica.
Probablemente podría sacar un vestido caro de esto.
De repente, Amelia sintió el maná fluctuar dentro de su cuerpo, y entre sus dedos y la mano de Lianna, se emitió un repentino y tenue resplandor.
Lo sintió.
El anillo que la unía a Brandon.
Se estaba activando.
Amelia retiró la mano y se dio la vuelta.
Allí estaba él, y se veía… diferente.
No, «diferente» no era la palabra correcta para describirlo.
Tenía el pelo hecho un desastre, con mechones cayendo al azar, pero lo que más destacaba era su antinatural color negro tinta.
Sus ojos, antes llenos de vida, ahora parecían vacías pozas negras.
Todo su ser parecía agotado como un cascarón vacío, como si toda la energía y el calor hubieran sido succionados de él.
La inquietud se hizo más profunda en su corazón.
Al mirar a un lado, lo notó por un brevísimo segundo.
Solo una fracción de segundo.
Pero Lianna parecía visiblemente alterada, antes de recomponerse.
—…¿Brandon?
Amelia lo llamó. Sin embargo, Brandon estaba mirando a otra persona.
A la mujer que estaba a su lado.
—¿Señorita Lianna?
—A-ah… ¿Hola?
Lianna alternaba su mirada entre los dos, perpleja por la repentina aparición de Brandon.
Entonces, se inclinó hacia el oído de Amelia y susurró.
—¿Quién es este? ¿Estás teniendo una aventura con otra persona llamada Brandon?
—¡¿Q-qué?!
Amelia tartamudeó. ¿Aventura? De ninguna manera haría eso. Pero la reacción de Lianna tenía sentido.
Después de todo, la persona que tenían justo enfrente apenas se parecía a Brandon.
—¿Qué haces aquí, Amelia?
—Oh, acabo de encontrarme con la señorita Lianna.
—¿Ah, sí?
Brandon se acercó a ella y la agarró de la muñeca.
—Como sea, vámonos. No tenemos mucho tiempo.
—¡A-ah…! Oye, esto es terriblemente grosero con la señorita Lianna.
—Solo hazme caso.
Brandon la arrastró a la fuerza. Amelia miró hacia atrás a Lianna, intentando arreglar el malentendido.
—¡Perdón! ¡Me he divertido! ¡Feliz Año Nuevo, señorita Lianna!
—¡S-sí! ¡Feliz Año Nuevo!
***
—¡Oye!
Brandon no tuvo tiempo de pensar en ello a fondo.
Lo único que le rondaba la mente era que no se podía confiar en nadie.
Sabía que no había tiempo. Y aunque no le habían visto la cara, había dejado un montón de pruebas por todas partes.
—Me estás haciendo daño…
Para ser precisos, su ADN.
Su ADN podía encontrarse por toda la habitación de Evelyn, y solo sería cuestión de tiempo que todo apuntara hacia él.
Tenía que prepararse a fondo para cuando llegara ese momento.
Si se trataba de la policía, el Ejército Imperial o los sabuesos, era muy probable que ya supieran su paradero en este mismo instante.
Tenían ojos y oídos por todas partes. Daba especial miedo en el caso de los sabuesos, que se disfrazaban de gente normal.
Hubo casos en el pasado en los que criminales habían vivido impunemente durante años, adoptando una identidad diferente, solo para ser arrestados por alguien de quien habían sido amigos durante años.
Con los artilugios que tenían, solo tardarían un brevísimo segundo en averiguar que él estuvo en la habitación.
Y con su red de información, todo lo que tenían que hacer era difundir la información.
—¡Brandon!
—¿Ah?
Amelia retiró el brazo y se frotó la muñeca.
Allí, Brandon pudo ver un ligero moratón en su muñeca.
Al darse cuenta de que probablemente le había apretado la muñeca con fuerza, sacudió la cabeza y desechó sus pensamientos.
—Lo siento.
—No pasa nada. Dime, ¿qué ha pasado? ¿Por qué te ves… así?
En ese momento, Brandon la sujetó por los hombros.
—Escúchame, Amelia.
Su rostro estaba bastante inexpresivo. Pero sus ojos temblorosos contaban una historia diferente.
—De ahora en adelante, pase lo que pase, cree en mí.
—¿Qué estás…?
—Brandon Locke.
Una voz repentina sonó detrás de Brandon. Amelia se inclinó hacia un lado y escudriñó.
Allí, dos personas estaban de pie, sosteniendo grilletes de maná.
—Quedas arrestado por el asesinato de Evelyn Cessna.
Esposado con los grilletes de maná, Brandon sintió cómo todo el maná de su cuerpo era restringido. Mientras se lo llevaban, miró a Amelia y articuló con los labios:
«Confío en ti».
Amelia suplicó, desesperada.
—¿¡Por qué se lo llevan!?
La situación fue tan repentina que Amelia no tuvo tiempo de pensar.
—¿¡Qué significa esto!?
Había luchado por él, usando a su favor los privilegios del Ejército Imperial.
Pero todo fue inútil.
Porque estaban fuera del alcance del Ejército Imperial.
Una organización que operaba al margen de la jurisdicción de todos.
Al ver que Brandon ni siquiera intentaba resistirse, Amelia no tuvo más opción que no intervenir.
«¿¡Por qué, Brandon!?»
«¿¡Asesinato de Evelyn Cessna!?»
¡Era imposible que eso fuera cierto y, para empezar, Brandon ni siquiera sería capaz de hacer algo así!
«Entonces… ¿q…?»
Antes de que pudiera expresar ninguno de sus pensamientos, la voz vacía de Brandon llegó a sus oídos justo antes de que se lo llevaran.
—Confío en ti.
—…
Amelia solo pudo quedarse perpleja mientras desaparecían con Brandon poco después.
Era difícil procesar lo que acababa de ocurrir. Al darse cuenta de algo, Amelia sacó una cosa del bolsillo de su abrigo.
Unos papeles doblados.
Brandon los había metido en su bolsillo un rato antes, mientras la arrastraba fuera del centro comercial.
Estaba a punto de desdoblarlos cuando alguien la llamó.
—¡Amelia!
Amelia se dio la vuelta.
—Señorita Lianna…
—Lo vi todo, ¿por qué se llevaron a Brandon?
—… No estoy segura.
Amelia no tenía energía ni para conversar. Estaba realmente agotada mentalmente.
—Creo que debería irme a casa por ahora…
—Uh, de acuerdo…
Dicho esto, Amelia se dirigió a casa. En el momento en que entró en la sala de estar, se desplomó en el sofá, con la mente hecha un caos.
Los fuegos artificiales retumbaban fuera; todo el mundo estaba emocionado por el Año Nuevo.
Pero Amelia ya no podía sentir el espíritu de Año Nuevo.
—¿Ah, Amelia? Ya has vuelto. ¿Dónde está Brandon?
Belle salió de la cocina y miró a su alrededor.
Amelia abrió la boca, pero no le salieron las palabras. No podía articular bien las frases y, al recordar cómo Belle había arremetido contra Raven unas semanas atrás, temía que volviera a ocurrir.
Pero tenían derecho a saberlo.
—Belle, escucha…
Pero antes de que pudiera terminar la frase…
—¡Noticias de última hora!
Sonó el televisor.
—El asesinato de Evelyn Cessna, maga de alto rango y figura prominente de la ciudad, acaba de dar un giro sorprendente. Las autoridades han arrestado a Brandon Locke, estudiante del Ejército Imperial, como principal sospechoso. Las fuentes afirman que existen pruebas sustanciales que vinculan a Locke con la escena del crimen.
Amelia se llevó una mano a la boca. Belle, que estaba dejando un vaso de agua, se detuvo a medio movimiento, con los ojos como platos.
—¿Qué… qué acaban de decir?
Balbuceó Belle, con una voz apenas audible.
Amelia no respondió. No podía. Su mente daba vueltas, sentía el cuerpo desconectado, como si estuviera viendo que todo sucedía a distancia.
Belle corrió hacia el televisor y subió el volumen.
—Según los informes, Locke fue detenido esta tarde por una unidad especializada. No se han revelado más detalles sobre las pruebas o el motivo de Locke, pero este suceso ha conmocionado a toda la ciudad.
La visión de Amelia se nubló. Sintió que su respiración se volvía superficial mientras recordaba la escena en su mente.
Belle se volvió hacia ella, con el pánico creciendo en su voz.
—Amelia, ¿qué está pasando? Esto no puede ser verdad, ¿cierto?
Pero antes de que Amelia respondiera, finalmente, desdobló el papel que tenía en el bolsillo.
Leyó el contenido y, de inmediato, sus ojos se abrieron como platos.
—Ven aquí, Belle.
Le hizo un gesto. Belle tragó saliva y se sentó junto a Amelia. Con manos temblorosas, Belle leyó el contenido del papel.
—…
—¿Qué piensas?
Como si no pudiera creerlo, Belle dijo sin expresión:
—¿¡Mi hermano es un acosador!?
***
¡Zas!
—¡Ugh!
—¿Para quién trabajas?
En el momento en que Brandon fue detenido, lo bombardearon a preguntas. Como siempre negaba las acusaciones, lo trataron con rudeza.
Mantenía la cabeza gacha, con sangre goteando de su labio. Tenía los brazos fuertemente atados a la silla y el cuerpo dolorido por los repetidos golpes.
Cómo habían cambiado las tornas.
—Ya se lo he dicho. No trabajo para Milis…
¡Zas!
Otro puñetazo le dio de lleno en el estómago a Brandon, dejándolo sin aire.
—¿Por qué asesinaste a Evelyn Cessna?
—¿Crees que yo podría lograr algo así? Apenas pude decidirme entre dos mujeres hace un par de meses.
¡Zas!
—Responde a la pregunta.
Brandon tosió, escupiendo sangre al suelo. Levantó la cabeza, sonriendo con sorna a través del dolor.
Le siguió otro golpe en el estómago.
¡Zas!
—¿Por qué la mataste?
Al interrogador le tembló un ojo, pero permaneció en silencio, esperando más respuestas. Como no las obtuvo, agarró a Brandon por el cuello de la camisa, levantándolo ligeramente de la silla.
—Habla.
—¡Ptuh!
—…
¡Zas!
El cuerpo de Brandon se sacudió hacia adelante cuando otro puñetazo envió una onda de dolor a través de sus costillas. Gimió, pero no pudo evitar la sonrisa que se dibujó en su rostro.
Era demasiado gracioso.
La situación.
Era graciosa.
Todo había salido según los planes de la misteriosa entidad.
Realmente no se lo esperaba.
Pero ahora que sabía a qué se enfrentaba, Brandon tenía que hacer las cosas de otra manera esta vez.
Afortunadamente, en los últimos meses se había preocupado por establecer contactos.
Aunque no podía hacer nada por el momento, confiaba plenamente en Amelia.
—¿Crees que esto es divertido? Estás acusado de asesinar a una maga de alto rango, ¿y te pones a hacer bromas?
—De acuerdo, lo pillo.
—Entonces habla, y todo esto habrá terminado.
—Sí.
—¿Y bien?
—Acabo de hablar.
¡Zas!
—Tus huellas y tu sangre se encontraron en la escena del crimen. Por mucho que te niegues a ceder, tenemos pruebas circunstanciales de que fuiste tú. Simplemente estamos aquí para averiguar tu motivo. ¿Crees que no podemos ejecutarte aquí mismo?
—Probablemente puedan.
Una leve sonrisa se dibujó en el rostro de Brandon.
—Pero están totalmente convencidos de que soy un espía, ¿no?
Eso significaba que, de todos los convictos que tenían, Brandon era el que más valor poseía.
Para los sabuesos, Brandon era probablemente la figura más importante del continente.
—Está jugando con fuego, señor Locke.
Esta vez, no fue el interrogador quien habló. Un hombre, que había eludido la percepción de Brandon, estaba de pie junto a la entrada, con los brazos cruzados.
Brandon sabía sin duda quién era.
Era un sabueso cercano a Raven.
Un hombre que había capturado a los convictos más notorios hasta la fecha y que fue el responsable de la revelación de Lumian.
Un duelista cuya técnica de esgrima más se acercaba a la de Lucian Frost.
Isaac Solace.
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