El Descenso del Extra - Capítulo 391
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Capítulo 391: Santuario de Pruebas [1]
Pasó otro día, y Brandon miraba fijamente al techo, el dolor sordo de su cuerpo desvaneciéndose lentamente.
Las palizas habían cesado y nadie había entrado en su celda desde entonces.
«Parece que ya tienen su respuesta».
Para él era más que obvio. Sobre todo porque Illya lo había estado informando del mundo exterior todo el tiempo.
Aunque Illya no tenía toda la información clasificada, Brandon solo tuvo que atar cabos para llegar a una conclusión.
De repente.
Criiiiic…
La entrada de la habitación se abrió con un crujido, y la luz se derramó en la penumbra.
Él no se movió. Esperó, sin interesarle quién hubiera entrado.
—Levántate.
Resonó una voz profunda. No necesitó mirar para saber de quién se trataba.
—Es la hora.
Brandon se levantó con retraso y siguió a Isaac.
***
Santuario de Pruebas.
Lleno de peces gordos, importantes rankers, y líderes de gremios y militares.
En su centro, los Doce Ancianos se sentaban en una plataforma elevada, envueltos en túnicas oscuras.
No, por alguna razón, faltaba un asiento. Un Anciano ausente.
En cualquier caso, los Doce Ancianos, antes dieciséis, estaban compuestos por exrankers y exlíderes militares que habían superado la prueba del tiempo.
Cada uno presumía de un pasado comparable al de Lucian Frost y otros rankers estimados, pero ya habían pasado su apogeo.
Aun así, sus logros seguían siendo relevantes a día de hoy.
Había que decir que el difunto Director de la Academia Astrea también fue miembro de los Ancianos, cuando aún eran dieciséis.
Si había alguien que conocía los acontecimientos de este mundo, eran ellos.
Lo que a menudo había dejado a Bellion confuso. ¿Por qué no habían movido un dedo cuando la Santa Britania estaba bajo amenaza?
La Santa Britania estaba bajo su jurisdicción, pero no solo la Santa Britania, sino el mundo entero.
Tenían influencia en todos los países existentes. Para ellos, el conflicto entre la Santa Britania y Milis era probablemente como la pelea de dos niños.
Ni siquiera Milis se había atrevido a ponerles un dedo encima.
En cualquier caso, como familiar del acusado, Belle tenía todo el derecho a estar aquí.
Brianna insistió en ir, pero Belle temía que su frágil corazón pudiera hacerse añicos.
Amelia, por otro lado, como una Constantine, también tenía derecho a estar aquí.
Pero ahí terminaba todo, no eran más que público en el Tribunal Supremo.
—¿Cómo va tu investigación?
Preguntó Belle. Ella también había sufrido noches de insomnio, pues ambas trabajaban en distintos aspectos del caso.
Mientras Amelia investigaba el misterio tras el asesinato de Evelyn, Belle se centraba en la verdad tras el repentino aprieto de Evelyn.
La sala entera bullía de expectación, con murmullos resonando por todas partes. Por eso era difícil oírse, mientras intentaban bajar la voz todo lo posible.
Belle se inclinó más hacia Amelia, con voz tranquila.
—¿Cómo progresa tu investigación?
Amelia, escudriñando la sala con cuidado, susurró en respuesta.
—Se está aclarando. Estoy casi segura de que hay una tercera parte implicada. Sean quienes sean, están conectados con la masacre de la Luna Creciente de Sangre.
—¿Conectados cómo?
Belle enarcó una ceja.
Amelia miró a su alrededor para asegurarse de que nadie escuchaba.
—Solicité acceso a las grabaciones de vigilancia. Ciertos periodos de tiempo fueron borrados, deliberadamente. El personal no pudo explicarlo, pero no es una simple coincidencia. Creo que quienquiera que manipuló esas grabaciones es la misma persona implicada en la muerte de la señorita Evelyn.
Belle procesó la información en silencio.
—¿Estás diciendo que esa tercera parte no solo estuvo presente, sino que está intentando cubrir sus huellas borrando la vigilancia?
—Exacto. Pero no se trata solo de que falten las grabaciones. Es la precisión. Han desaparecido los momentos en que ocurrieron los sucesos clave. Es demasiado limpio.
Y había una cosa más de la que Amelia estaba segura.
Esa tercera parte…
—Está relacionado con la mujer con la que Ben Dover se veía en secreto.
—Ya veo.
—Investigué sus historiales de pacientes, pero nada de eso lleva a algo sustancial, hasta ahora. Las grabaciones desaparecidas, la repentina masacre y el asesinato de Evelyn… son todo piezas del mismo rompecabezas.
Belle se cruzó de brazos.
—Es una suposición atrevida, pero veo adónde quieres llegar. Claramente, la tercera parte está conectada a la masacre de la Luna Creciente de Sangre. Si es así, deben de estar apuntando a rankers de alto perfil.
Belle dio en el clavo. Eso era exactamente lo que rondaba por la cabeza de Amelia.
—Pero si se tomaron tantas molestias para borrar las grabaciones, no se detendrán ahí. Necesitamos más que teorías, Amelia. Necesitamos pruebas sólidas.
La expresión de Amelia se endureció.
—Lo sé. Ahora mismo solo estoy dando palos de ciego, usando únicamente la pista que me dio Brandon para iniciar la investigación. Es difícil determinar quién mueve los hilos.
Belle pensó un momento, y luego se inclinó más
—¿Has intentado acceder a otros sistemas? ¿Quizá registros vinculados a la empresa de seguridad o a bases de datos gubernamentales de más alto nivel? ¿Tal vez las grabaciones de vigilancia de los alrededores del hotel?
—He estado moviendo algunos hilos, pero es delicado. No podemos permitirnos alertarlos. Quienquiera que esté detrás de esto, es hábil y tiene contactos. Si se dan cuenta de que nos estamos acercando, borrarán todo por completo. Quizá incluso…
Amelia no continuó. Era muy consciente de que se adentraba en un terreno peligroso.
Si por casualidad se acercaba demasiado a desenmascarar a la tercera parte, existía la posibilidad de que ella fuera el siguiente objetivo.
Pero si con ello podía demostrar la inocencia de Brandon en todo esto…
O, al menos, exponerle todo el panorama adecuadamente a los Doce Ancianos, entonces Amelia llegaría a tales extremos por él.
No tenían ni idea de a qué se enfrentaban.
—Entonces es mi turno.
Belle miró brevemente a Bellion, que estaba sentado delante de ellas, luego volvió a mirar a Amelia, se acercó y susurró.
—Este juicio… estoy bastante segura de que Brandon saldrá inocente.
—¿De verdad? Entonces—
Antes de que Amelia pudiera terminar la frase.
¡PUM!
Las enormes puertas del Santuario de Pruebas se abrieron de golpe con un estruendo ensordecedor, atrayendo toda la atención hacia la entrada.
Brandon apareció con dos guardias tras él. Unos Grilletes de Maná brillaban débilmente alrededor de sus muñecas.
Su rostro mostraba moratones, con ojeras oscuras bajo los ojos, muy probablemente por las noches de insomnio.
Tenía un aspecto completamente diferente. Su pelo era de un negro tinta, y sus ojos tenían un color hueco y apagado.
Amelia se quedó mirando los grilletes de maná.
Por lo que ella sabía, esta apariencia que Brandon adoptaba significaba que estaba bajo los efectos de la [Asimilación Elemental].
Había visto su forma revertir la primera vez que lo encadenaron.
Puede que los demás no lo supieran, pero Amelia estaba segura.
«Los grilletes no están funcionando».
Porque su [Asimilación Elemental] estaba activa.
En cualquier caso, a pesar del daño visible, su expresión permanecía indescifrable, fría e indiferente, como si las palizas no le hubieran afectado en absoluto.
Amelia lo observó con atención, y su respiración se entrecortó al verlo.
Podía ver más allá de los moratones y las heridas, más allá de la fría expresión.
Podía ver el peso de todo lo que cargaba, oculto bajo esa mirada vacía.
Pero lo verdaderamente alarmante era lo resignado que parecía. No estaba luchando. Ya no.
Su corazón se hundió en ese momento.
Ser juzgado por el asesinato de Evelyn, una persona que él apreciaba profundamente, como Amelia bien sabía; alguien semejante a una mentora, una figura de hermana y una segunda madre.
Solo pensar en ello le destrozaba el alma.
Y el mero hecho de haberla matado, aun cuando estaba claro que nunca quiso hacerlo…
Apretó el puño, pensando en toda la situación.
Brandon fue conducido al centro de la cámara, justo ante la plataforma elevada donde se sentaban los Doce Ancianos —o, más bien, Once Ancianos—.
La sala se sumió en un tenso silencio.
Brandon no tenía a nadie que lo defendiera. Estaba solo él para intercambiar palabras con los Ancianos.
La líder de los Ancianos, una mujer de pelo plateado, observó a Brandon durante un largo momento antes de hablar, con su voz resonando por toda la cámara.
—Brandon Locke, estás acusado del asesinato de Evelyn Cessna, una figura respetada dentro de nuestras filas. ¿Tienes algo que decir en tu defensa antes de que procedamos?
—…
La mirada de Brandon se alzó lentamente hasta encontrarse con la de ella.
Su voz, cuando finalmente habló, era tranquila, desprovista de emoción.
—Nada que vaya a hacerlos cambiar de opinión.
Un murmullo se extendió entre el público ante sus palabras. Amelia se puso rígida, con el corazón acelerado.
¿A qué estaba jugando Brandon? No podía quedarse ahí parado y dejar que esto sucediera, no sin luchar.
La expresión de la Anciana permaneció impasible.
—¿Admites el crimen?
Los labios de Brandon se crisparon ligeramente, no era una sonrisa, pero sí algo parecido.
—Admito haber estado allí. Pero la verdad es algo que ninguno de ustedes está preparado para oír.
El silencio que siguió fue denso, cargado de tensión.
Belle se inclinó hacia adelante, agarrando su asiento con fuerza. Amelia sintió el peso de todas las miradas de la sala sobre Brandon.
—Explícate, Locke.
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