El Descenso del Extra - Capítulo 395
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Capítulo 395: Santuario de Pruebas [4]
No fue tan difícil atar cabos.
Gracias a la información revelada por Illya, después de acosar a Amelia durante la última semana, Brandon se había dado cuenta de quién era el enemigo.
La Arzobispo del Pecado de Lujuria.
Había grabaciones de vigilancia de Ben Dover entrando en el hotel del amor y, además, entrando también en la habitación.
Pero no había grabaciones de una segunda persona entrando en esa habitación.
Por supuesto, podría haber otras variables sobre por qué Ben Dover entró en el hotel del amor.
Como que, quizá, buscaba un lugar barato para descansar.
Pero a medida que la investigación profundizaba, siguiendo el rastro de Ben Dover con varias cámaras callejeras, Ben Dover fue captado viniendo del centro comercial.
En múltiples ocasiones, se le vio comprando algo en los grandes almacenes del centro comercial y luego dirigiéndose directamente al hotel del amor justo después.
Esto llevó a Brandon a creer que los artículos comprados debían de ser regalos para la misteriosa amante de Ben Dover.
En cualquier caso, al parecer, todo fue gracias a Raven y a Claire, por seguir el rastro de Ben Dover dentro del centro comercial.
Después de todo, el centro comercial no era otro que el Centro Comercial Victoria.
«Illya es una acosadora de mucho cuidado…»
Su presencia ya era lo bastante sutil, pero potenciada por sus habilidades, era prácticamente inexistente.
En cualquier caso, la conclusión de Brandon era que la amante de Ben Dover podría haber sido la Arzobispo del Pecado de Lujuria.
Había sido seducido, le habían lavado el cerebro y lo habían manipulado muy probablemente con favores sexuales, lo que se correlacionaba con el pecado específico, que era la lujuria.
Todo era especulación por su parte, pero no había mucho más de lo que tirar.
La Arzobispo del Pecado de Lujuria había cubierto bien sus huellas; solo había metido la pata porque un testigo vio a Ben Dover entrar en el hotel del amor.
Era la única teoría plausible.
En cuanto al Arzobispo Pecado de Orgullo, ya estaba prácticamente confirmado gracias a Yi Jihyeon.
«¿Lo he hecho bien?»
Pensó Brandon para sí, mirando al techo con la vista perdida mientras se reclinaba en la silla.
«Señorita Evelyn».
***
Amelia y Belle no pudieron evitar mirarse la una a la otra.
Todo el juicio les subió la tensión al máximo.
Sobre todo Belle, que al principio había pensado que Brandon sería declarado inocente. Pero cuanto más se alargaba el juicio, más improbable parecía.
Pero las cosas cobraron sentido más adelante.
Lo más probable era que el consejo les hubiera dado falsas esperanzas, sabiendo las conexiones de Brandon con el Ejército Imperial, solo para que no intervinieran ni husmearan en el asunto.
Su objetivo, muy probablemente, era silenciar a Brandon Locke con respecto al asunto y demostrar al mundo que sus afirmaciones eran falsas.
Pero por lo que todo el mundo había visto hasta ahora, les había salido el tiro por la culata.
No, decir que les había salido el tiro por la culata era quedarse corto.
El consejo estaba totalmente derrotado.
Habían quedado expuestos ante el mundo después de que Brandon los antagonizara.
«¿Pero qué demonios le pasa?»
En serio.
Y, además, había provocado al enemigo, afirmando audazmente que acabaría con todos ellos.
Entre los Ancianos, los Mariscales del Ejército Imperial y los Líderes de Gremio, Brandon era el más débil del círculo.
Y, sin embargo, se enfrentó a los Ancianos con la cabeza bien alta como si nada.
—¿Va a estar bien?
—preguntó Amelia, sacando a Belle de sus pensamientos.
—Ya no estoy segura…
—Va a quedar libre, ¿verdad?
—… Creo que sí.
Belle había consultado internet de vez en cuando durante el juicio.
Y, claramente, Brandon se había ganado el corazón de la gente.
Si aun así lo declaraban culpable, se desatarían protestas y manifestaciones de la gente.
Lo que contrastaba directamente con el objetivo de los Ancianos de evitar el pánico masivo.
De hecho, si querían guardar las apariencias, no tendrían más remedio que dejar libre a Brandon.
Mientras el silencio se apoderaba de la sala, el aire se cargó de tensión y expectación.
La Anciana, una mujer de pelo plateado que se había opuesto a Brandon todo el tiempo, se levantó de su asiento.
Entonces, comenzó, con su voz retumbando en medio del silencio.
—Tras una deliberación exhaustiva, el consejo ha llegado a una decisión sobre los cargos imputados a Brandon Locke.
Un murmullo apagado recorrió la audiencia, pero la Anciana continuó sin detenerse.
—Por lo tanto, en interés de la justicia y para mantener la integridad de la ley del mundo, el consejo declara formalmente a Brandon Locke inocente de todos los cargos. Sus acciones, aunque poco convencionales, se consideraron dentro de sus derechos como defensor del pueblo.
La firmeza en el tono de la Anciana no dejaba lugar a dudas ni a réplicas.
—Se levanta la sesión.
***
Raven solo tuvo un pensamiento durante toda la retransmisión.
—¡Está jodidamente loco!
—¡No, está loco de remate!
—intervino Claire, que estaba sentada justo a su lado.
Raven, Claire y Reinhard se habían reunido en una cafetería para ver la retransmisión completa.
Claire quiso invitar a Rachel y Amy, pero se abstuvo de hacerlo. Después de todo, su familia acababa de reunirse hacía poco.
—Pues yo te subo la apuesta, él es…
—¡Cállate, Reinhard!
Claire cortó a Reinhard al instante.
***
Mientras el juicio aún estaba en curso…
Rachel y Amy, junto con sus padres, Samantha y Rafael, estaban sentadas en el sofá del salón, con los ojos pegados a la pantalla del televisor, que mostraba el juicio.
—Eso es…
Pero lo más desconcertante era su padre, Rafael, que tenía los ojos prácticamente pegados a la pantalla.
—¿Qué pasa, Papá?
—¿Lo conoces?
—Ah, no. Es que… tu amigo… es tan joven y, sin embargo, ya ha sido convocado en el Sanctum.
Día tras día, el estado de Rafael mejoraba. Aunque sus recuerdos seguían confusos, por fin se había acordado de sus hijas y de algunos de los asuntos importantes del mundo.
—No entiendo todos los detalles, pero sé que es inocente. Si de verdad conocieran a Brandon, verían que es imposible que haya matado a la señorita Evelyn. Siempre ha ayudado a la gente, sin querer nunca nada a cambio. Le estoy muy agradecida. Ahora, con su nombre por ahí, tenía que llegar a esto…
—comentó Rachel.
—¿Hm?
Pero no hubo respuesta. En su lugar, su familia la miraba, estupefacta.
—¿Qué?
—Nada… Jajá.
Samantha, la madre de Rachel, negó con la cabeza con indiferencia y se rio.
—Nunca has hablado tanto cuando estás con nosotros. Es sorprendente, sin más.
—¿Ah?
Al darse cuenta de que era cierto, Rachel tartamudeó, tapándose la boca.
Efectivamente, Rachel era bastante reservada delante de sus padres, insegura de cómo dirigirse a ellos, en total contraste con Amy, que era muy vivaz a su alrededor.
—¿Es así?
—Bueno… no somos tan cercanos a este… Brandon Locke. Pero si mi hija lo dice, entonces debe de ser cierto.
Rachel asintió con la cabeza tardíamente. Luego se giró para mirar a Amy, que le devolvió la mirada con una expresión de asombro.
—¿Qué?
Rachel frunció el ceño.
«¡¿No puede ser, todavía siente algo por él?!»
Es lo que Amy quería decir, pero se abstuvo de hacerlo, por miedo a tocar la fibra sensible.
No, no tenía miedo.
Solo intentaba encontrar las palabras adecuadas.
—¿Todavía te gusta?
—¿Eh?
—Oh, cielos…
—…
Las cejas de Rachel se alzaron, y una expresión de incredulidad se extendió por su rostro. Samantha se tapó la boca y los ojos de Rafael se abrieron de par en par como si acabara de darse cuenta de algo.
Samantha no pudo evitar preguntar.
—¿Es eso cierto, Rachel? ¿Hubo alguna historia oculta entre uste…
—No, no, no. En absoluto, no… ¡Uf!
Rachel miró de reojo a Amy, que tenía una expresión traviesa en la cara.
Apretando el puño, Rachel frunció los labios.
—Amy…
—Rachel.
Pero antes de que pudiera regañar a su hermana pequeña, Rafael la agarró de los hombros de repente.
Los ojos de Rachel se abrieron de par en par, y sus pupilas se movieron nerviosamente. El simple acto la había desconcertado y, al ver la expresión seria en el rostro de su padre, Rachel tragó saliva.
«Cierto, Papá siempre se opuso a que encontrara novio tan pronto».
Pero, al contrario…
—Lo apruebo.
—… ¿Eh?
—Vamos al Sanctum, dondequiera que esté, y luchemos por su inocencia.
—¿Qué? No… ¡Uf! ¡Ya no me gusta! Y además, ya tiene novia, y es mucho más guapa que yo.
—Oh.
Rafael y Samantha bajaron la mirada, pensativos.
Amy, por otro lado, quería echar más leña al fuego. Con los ojos encendidos de intensidad, se inclinó hacia adelante.
—¡No puedes rendirte sin más! El amor no es fácil, es un lío y es complicado, pero merece la pena. Si de verdad te importa, no te alejas solo porque las cosas se pongan difíciles o porque haya otra en escena. Luchas. Luchas con todo lo que tien…
—¡Cállate, Amy!
Cuando se levantó la sesión del juicio, Brandon quedó libre de inmediato.
Amelia y Belle corrieron hacia él y lo estrecharon en un abrazo.
—¡Brandon!
Brandon les alborotó el pelo con suavidad y les dedicó una cálida sonrisa.
—¿Estás bien? ¿Te hicieron mucho daño? —preguntó Amelia.
—No es gran cosa. Estoy bien.
Brandon le restó importancia encogiéndose de hombros, y las dos se apartaron. Amelia y Belle parecían querer decir algo, muy probablemente sobre la muerte de Evelyn, pero se abstuvieron de hacerlo.
En su lugar, Amelia le hizo la misma pregunta, intentando averiguar sobre su salud mental, pero de forma indirecta.
—¿Estás… bien?
—Sí, estoy bien.
Brandon flexionó el bíceps.
—¿Ves?
Y le dedicó otra cálida sonrisa.
—Ah, vale…
No se refería a su estado físico… Pero Amelia dejó de preguntar ahí, y Belle permaneció en silencio.
Sabían que su sonrisa era una fachada, un intento de tranquilizarlas. Pero tras sus ojos, había un vacío que no podían describir.
—Escucha, Brandon… —Belle estaba a punto de hablar, cuando de repente Brandon avanzó.
—Bueno, vámonos. Estoy algo cansado.
—S-Sí, vale.
Brandon se alejó a grandes zancadas sin mirar atrás, como si no se hubiera dado cuenta de que las dos mujeres no lo seguían.
Amelia y Belle intercambiaron miradas, con una expresión de preocupación extendiéndose por sus rostros.
—¿Va a estar bien? —preguntó Belle.
—… No lo sé. Pero… siento que las cosas serán diferentes a partir de ahora.
Se les hizo evidente después del juicio, al ver todos los artículos y las publicaciones en las redes sociales sobre el mismo.
Los ojos del mundo entero estaban puestos en Brandon Locke.
***
Con las piernas cruzadas, después de que se levantara la sesión del juicio y terminara la retransmisión, Lujuria parpadeó, incapaz de procesar lo que acababa de suceder.
¿Cómo había atado cabos?
Pero la pregunta más importante que rondaba su mente era…
«¿De dónde sacó su conocimiento sobre los Arzobispos?»
Las cosas no habían salido según el plan en absoluto.
FIIIIII—
De repente, un portal se materializó detrás de su asiento, y un hombre emergió poco después, haciendo que Lujuria frunciera el ceño con asco.
—Tú otra vez…
Era Orgullo.
—La has cagado, pero bien.
—…
Lujuria había intentado negarlo para sus adentros, asegurándose a sí misma que, al final, había destrozado mentalmente a Brandon.
—Mira cómo las tablas han girado.
—…
A Lujuria le tembló un párpado. Se había equivocado. «Las tornas han cambiado», quiso corregirlo, pero no lo hizo. Sabía que solo intentaba provocarla.
Pero Orgullo no estaba del todo equivocado.
Había subestimado a Brandon.
Había planeado llevarlo al límite, destrozarlo por completo.
—La pequeña Lujuria pensando que todo estaba bajo control. ¿Cuál era tu lema? ¡Todo en este mundo me pertenece! ¿Verdad? ¡Ja, mírate ahora!
Orgullo, con su figura erguida y petulante, inclinó ligeramente la cabeza.
—Te volviste engreída. Pensaste que podías controlarlo todo.
Lujuria apretó más las piernas cruzadas, sintiendo la ira y la frustración bullir en su interior.
Había borrado todo rastro de su implicación, había matado a cualquiera que supiera demasiado.
A estas alturas, Brandon debería ser un hombre destrozado, incriminado por el asesinato de Evelyn y obligado a huir como un fugitivo.
¿Y adónde huiría?
Por supuesto, a Milis. La raíz de todos los problemas.
Esa era la totalidad de su plan.
Pero en cambio, él había convertido el juicio en una plataforma; una plataforma para exponer la verdad al mundo.
—…
—Te ha superado. El juicio que pensabas que acabaría con él no fue más que un escenario para que él lo derrumbara todo por completo.
El corazón de Lujuria latió más deprisa, pero esta vez, no era solo ira. Era otra cosa.
Su fuerza, su resiliencia… la excitaban.
Cuanto más se resistía, más lo deseaba.
Cuanto más la desafiaba, más anhelaba destrozarlo, hacerlo suyo en todos los sentidos.
Y ahora, después de todo, en lo único que podía pensar era en cuánto deseaba aplastarlo, hacer que suplicara su piedad.
Pero ¿cómo se las había arreglado para descubrirlo todo?
—¿Cómo lo sabía?
Masculló por lo bajo, más para sí misma que para Orgullo.
—Esa es la cuestión, ¿no es así? ¿Cómo sabe de nosotros? ¿De los Arzobispos?
Los puños de Lujuria se cerraron sobre su regazo.
Ese era el mayor misterio de todos. No debería haber ningún conocimiento público sobre los Arzobispos.
Llevaban años manipulándolo todo discretamente.
Sin embargo, de alguna manera, Brandon había atado cabos.
—Es… otra cosa…
Su voz era suave, casi reverente; su mente, una tormenta de emociones contradictorias.
Brandon lo había arruinado todo.
Había convertido su plan perfecto en un desastre y, sin embargo, no podía dejar de pensar en él.
No podía dejar de imaginárselo, erguido, desafiante ante ella, incluso mientras ella conspiraba para destruir lentamente todo a su alrededor.
Él era su obsesión.
—Lo tendré —susurró.
—Lo destrozaré. Y cuando lo haga, será mío.
Orgullo enarcó una ceja.
—¿Y si no se quiebra? ¿Qué harás entonces?
Los labios de Lujuria se curvaron en una sonrisa retorcida.
—Entonces disfrutaré cada momento. Cada momento hasta que lo haga. Este continente, puede arder hasta los cimientos.
Orgullo negó con la cabeza, suspirando mientras se erguía.
—Eres un caso perdido.
—…
Ella lo ignoró, con sus pensamientos ya volviendo en espiral hacia Brandon. El juicio había sido un contratiempo, pero no había terminado.
Puede que todo hubiera sido expuesto al mundo, pero su identidad aún permanecía en secreto.
—Para que lo sepas, parece que los Ancianos están de su lado, ¿tienes alguna forma de encargarte de eso?
—Lo sé. Ya he pensado en algunas contramedidas.
Pero cambiando de tema.
—¿Vas a quedarte de brazos cruzados? Sé que no estás asignado aquí, pero se ha opuesto a los Arzobispos por completo. ¿Qué hay de los otros? ¿Han dicho algo al respecto?
—No es mi trabajo limpiar tu desastre. Ya sabes cómo son los Arzobispos…
Todos tenían objetivos diferentes que se adaptaban a sus necesidades.
En otras palabras, hacían lo que les daba la gana.
Como si el mundo entero fuera su patio de recreo.
—Pero al final, has logrado para lo que estabas aquí en primer lugar.
Aunque todos habían operado por voluntad propia, los Arzobispos tenían un objetivo en común.
Encontrar el paradero de todas las razas humanoides.
Puede que la Santa Britania pensara que todos habían surgido de la calamidad de hacía un año.
Pero nada más lejos de la realidad.
Habían estado aquí todo el tiempo, ocultos a plena vista.
Ni siquiera los Ancianos actuales conocían este secreto.
Después de todo, los Ancianos que lo sabían llevaban mucho tiempo muertos.
—Alguien viene. He pensado en avisarte.
—¿Quién?
—Avaricia.
***
—¿Oh?
Un hombre sentado en un trono se frotó la barbilla con las cejas enarcadas.
Mechones fantasmales enmarcaban su rostro; su mirada, de un penetrante tono amatista, brillaba con interés.
—¿Podría ser?
Había visto la retransmisión por sí mismo.
El hombre no era otro que el Arzobispo del Pecado de Ira.
Al ver la provocación de Brandon Locke, un sinfín de pensamientos llenaron la mente de Ira.
No era más que una retransmisión, algo que podía ver en la pantalla.
Sin embargo, Ira podía estimar más o menos la fuerza de Brandon Locke.
Era débil.
Sin lugar a dudas.
Pero esa confianza…
Era similar al orgullo.
No, no exactamente.
Era la vanidad en sí misma.
—¿Es realmente…?
El pensamiento no abandonaba su mente.
—¿Vanagloria?
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